
Bilbonauta · Londres
Wicked en el Apollo Victoria: impresionante pero oscuro
El número que debía dejarme boquiabierto, «Defying Gravity», se desarrolló en una penumbra tan cerrada que pasé el momento entrecerrando los ojos en vez de disfrutarlo.
Wicked era el musical que más expectativas generaba de los tres que íbamos a ver en este viaje. Llevaba tiempo queriendo verlo, había escuchado algunas de sus canciones y todo el mundo hablaba maravillas de la producción. La noche del lunes, primer día en Londres, nos sentamos en las butacas del Apollo Victoria Theatre dispuestos a dejarnos impresionar. Y en muchos aspectos lo consiguieron, pero no sin reservas.
El Apollo Victoria Theatre¶
El teatro en sí merece un párrafo. El Apollo Victoria se inauguró en 1930 como cine, diseñado por el arquitecto Ernest Walmsley Lewis en un estilo Art Déco que en su momento fue revolucionario. El interior original estaba concebido para evocar un palacio submarino, con iluminación indirecta en tonos azules y verdes que creaban una atmósfera acuática. A lo largo de las décadas fue cambiando de uso: cine, sala de conciertos, teatro. En 2006 se convirtió en el hogar permanente de Wicked en el West End londinense, y la producción ha transformado completamente el interior del teatro, incluyendo el vestíbulo, que está decorado con toda la temática del musical desde que cruzas la puerta.
La historia que cuenta Wicked¶
Para quien no lo conozca, Wicked cuenta la historia que hay detrás de El Mago de Oz, pero desde la perspectiva de las brujas. Está basada en la novela de Gregory Maguire de 1995, que reimagina el universo creado por L. Frank Baum y explora la amistad entre dos jóvenes brujas en la tierra de Oz: Elphaba, que acabará siendo conocida como la Bruja Mala del Oeste, y Glinda, que se convertirá en la Bruja Buena del Sur. La pregunta central del musical es fascinante: ¿y si la Bruja Mala no fuera tan mala? ¿Y si todo lo que creíamos saber sobre Oz fuera propaganda del Mago?
La música es de Stephen Schwartz, un compositor con un currículum impresionante que incluye Godspell y Pippin, además de las letras de las canciones de Pocahontas y El jorobado de Notre Dame de Disney. El libreto es de Winnie Holzman. El musical se estrenó en Broadway en octubre de 2003 en el Gershwin Theatre, donde sigue representándose, y llegó al West End en septiembre de 2006.
Las canciones¶
El repertorio musical de Wicked tiene momentos absolutamente brillantes. "Popular" es un número cómico delicioso en el que Glinda intenta enseñar a Elphaba a ser popular, con una letra ingeniosa y un ritmo pegadizo que te acompaña días después. "Defying Gravity", el número que cierra el primer acto, es una de las canciones más potentes del teatro musical contemporáneo: ese crescendo final donde Elphaba decide abrazar su destino y desafiar al sistema es pura electricidad.
"For Good" es el dúo emocional del segundo acto, donde las dos brujas reconocen cómo se han cambiado la una a la otra. "The Wizard and I" es la canción de presentación de Elphaba, llena de esperanza e ingenuidad. "No Good Deed" es un estallido de rabia y frustración. Y "What Is This Feeling?" es un número divertidísimo sobre la mutua antipatía inicial entre las dos protagonistas.
Las canciones son, sin duda, el punto fuerte del musical. Schwartz tiene un talento genuino para crear melodías que se clavan en la memoria y letras que funcionan tanto a nivel narrativo como emocional.
Lo que me convenció¶
La producción es técnicamente impresionante. Los decorados son enormes y detallados, el vestuario es espectacular, las interpretaciones de las dos protagonistas son potentísimas. La mecánica del espectáculo funciona como un reloj: los cambios de escenario son fluidos, los efectos especiales están bien integrados en la narrativa y la orquesta suena de maravilla.
La historia también funciona bien. La idea de subvertir un cuento tan conocido como El Mago de Oz y convertirlo en una reflexión sobre los prejuicios, la manipulación política y el precio de la independencia de pensamiento es inteligente y tiene momentos genuinamente conmovedores. La relación entre Elphaba y Glinda, que evoluciona de la antipatía al afecto profundo, está muy bien construida.
Lo que no me convenció¶
Y aquí viene la parte difícil. Tengo que ser honesto: hay aspectos de la producción que me dejaron insatisfecho.
El primero es el idioma. Aunque mi inglés es razonable, en los pasajes más rápidos del diálogo me perdía. Los musicales tienen la ventaja de que las canciones son más fáciles de seguir —la melodía ayuda a captar el sentido general incluso cuando no pillas todas las palabras—, pero los diálogos hablados van a una velocidad que a veces me superaba. No es culpa del musical, es culpa de mis limitaciones con el idioma, pero afectó a mi experiencia.
El segundo, y más importante, es la oscuridad. Y me refiero a oscuridad literal. Buena parte de la producción se desarrolla en una penumbra que por momentos resulta difícil de descifrar visualmente. Entiendo la decisión artística: la historia tiene un tono oscuro, Elphaba es un personaje que vive en las sombras, Oz no es el lugar luminoso que conocíamos del cuento original. Pero hay momentos en los que la oscuridad del escenario dificulta genuinamente ver lo que está pasando.
El caso más flagrante es "Defying Gravity", el gran número que cierra el primer acto. Es el momento cumbre del musical: Elphaba levita sobre el escenario mientras canta el tema más poderoso de la función. Debería ser un instante de puro impacto visual y emocional. Y sin embargo, la escena se desarrolla en una oscuridad casi total, con focos puntuales que más que iluminar parecen estar diseñados para confundir la vista. El efecto de levitación se produce en las tinieblas, de forma que es muy difícil apreciar cómo se logra, lo cual probablemente es intencional —ocultar los cables y la maquinaria— pero el resultado para el espectador es que el momento más espectacular de la función se convierte en un juego de sombras confuso.
Entiendo que hay un compromiso entre revelar el truco y crear magia teatral. Pero creo que se podría haber encontrado un punto intermedio que permitiera al público disfrutar más visualmente de ese momento. Salí del primer acto pensando "debería haberme quedado con la boca abierta, y en su lugar estuve entrecerrando los ojos intentando ver algo".
Valoración final¶
Wicked es un musical que merece la pena ver. La música es excelente, la historia es inteligente, las interpretaciones son de primera línea y la producción es ambiciosa. Pero no me ha dejado con la sensación de haber vivido una experiencia redonda. La oscuridad de la puesta en escena y mis problemas con los diálogos en inglés han restado puntos a lo que debería haber sido una noche perfecta.
Quizá soy injusto al juzgarlo con tanta severidad. Es posible que si lo viera una segunda vez, con mejor conocimiento de la trama y los diálogos, y sentado más cerca del escenario, la experiencia fuera completamente distinta. Pero hablo de lo que viví esa noche, y lo que viví fue un musical técnicamente impresionante que no terminó de emocionarme como esperaba. Bueno, pero no redondo.