
Bilbonauta · Londres
Jerry Springer: The Opera en el Cambridge Theatre
Compramos las entradas a ciegas en la caseta de descuentos de Leicester Square, sin saber quién era Jerry Springer, y nos reímos toda la función sin entender ni la mitad de los chistes.
Hay experiencias que no se planifican, que no aparecen en ninguna guía ni en ninguna lista de recomendaciones. Simplemente ocurren. Y a veces resultan ser lo mejor de un viaje. Eso fue exactamente lo que nos pasó con Jerry Springer: The Opera en el Cambridge Theatre.
La caseta de Leicester Square¶
Una tarde, sin plan concreto para la noche, nos acercamos al TKTS de Leicester Square, el quiosco donde venden entradas con descuento para espectáculos del West End que no han llenado el aforo. La idea era sencilla: ver qué había disponible y dejarnos llevar.
El chico que nos atendió recomendó un musical del que no habíamos oído hablar en la vida: Jerry Springer: The Opera. Nos dijo que era divertidísimo, diferente a todo lo demás. Nos miramos, nos encogimos de hombros y dijimos "¿por qué no?". Compramos las entradas sin tener la más remota idea de lo que íbamos a ver.
El Cambridge Theatre¶
El Cambridge Theatre está en Earlham Street, en pleno corazón del West End londinense. Abrió sus puertas en 1930 y conserva ese estilo art déco que hace que entrar en él ya sea una experiencia antes de que empiece la función: líneas elegantes, una fachada con carácter, un interior que te recuerda que estás en un lugar con historia. Para alguien que viene de Bilbao y pisa Londres por primera vez, la densidad de teatros con carácter del West End — esa sucesión de marquesinas iluminadas, de gente haciendo cola para ver un espectáculo un martes cualquiera — resulta impresionante en sí misma.
¿Jerry qué?¶
Aquí viene la parte que hay que explicar para entender nuestra situación aquella noche. Jerry Springer, el presentador de televisión americano, no era absolutamente nadie en España en 2004. Su programa, un talk show basura donde los invitados se gritaban, se insultaban y de vez en cuando se liaban a golpes, era un fenómeno puramente estadounidense que no había cruzado el charco. En España teníamos nuestras propias referencias televisivas — programas como los de Patricia Gaztañaga, que ya eran lo suficientemente intensos para nuestro estándar —, pero el concepto del trash TV americano llevado al extremo nos era completamente ajeno.
Entramos, en todos los sentidos, completamente a ciegas.
El espectáculo¶
Jerry Springer: The Opera fue escrita por Richard Thomas y Stewart Lee. Había debutado en el Festival de Edimburgo y pasado por el National Theatre antes de aterrizar en el West End. La premisa es tan brillante como absurda: coger el formato del programa de Jerry Springer y convertirlo en un musical cantado de principio a fin. Todo cantado: las peleas, las confesiones, los insultos. La partitura mezcla pop, rock, algo de jazz y pinceladas de Broadway, con momentos corales que le dan una épica desproporcionada y deliberadamente ridícula a las miserias televisivas. Los invitados del programa cantando sus confesiones con la intensidad de una balada, el público del plató convertido en un coro que comenta la acción con armonías a todo trapo.
El primer acto ya era una locura. El segundo se desmadró hacia territorios que no voy a desvelar por si alguien tiene la oportunidad de verla, pero que involucran a Jerry Springer bajando al infierno para mediar entre Satanás y Jesucristo. No es una metáfora. La irreverencia era total, la provocación máxima.
Perdidos pero felices¶
Siendo honestos: probablemente nos perdimos la mitad de los chistes. El nivel de inglés necesario para pillar todos los juegos de palabras, los dobles sentidos y las referencias culturales británicas y americanas lanzadas a esa velocidad supera con creces el nuestro de 2004. Había momentos en los que sabíamos que algo era gracioso por el contexto, pero el remate verbal se nos escapaba por completo.
Y sin embargo, nos pasamos la función entera riéndonos. La risa es contagiosa. El público del Cambridge Theatre estaba absolutamente entregado, partiéndose de risa, aplaudiendo, disfrutando como niños. Esa energía te arrastra. No necesitas entender cada palabra cuando la señora de al lado se está ahogando de la risa y todo el patio de butacas ruge al unísono.
La polémica que vendría después¶
Lo que no sabíamos aquella noche era que el espectáculo ya generaba considerable controversia en el Reino Unido por su contenido religioso. El segundo acto, con Jesús y el Diablo en escena, no sentaba bien a ciertos sectores. Meses después, en enero de 2005, la BBC emitiría una versión televisada y aquello desataría una oleada de protestas masivas, con miles de quejas y manifestaciones a las puertas de la cadena.
Pero aquella noche de octubre de 2004, en el Cambridge Theatre, nada de eso existía todavía para nosotros. Solo había un teatro lleno de gente pasándoselo en grande con un espectáculo absolutamente desquiciado, y dos españoles que no entendían la mitad pero se reían igual.
¿Fue Jerry Springer: The Opera una obra maestra destinada a trascender? Probablemente no. Pero nos regaló una de las noches más divertidas del viaje, viniendo de una decisión tomada cinco minutos antes en una caseta de descuentos. Eso tiene un valor propio que ningún musical planificado con antelación puede garantizar.