
Bilbonauta · Londres
Joseph en el Adelphi: la sorpresa más agradable del viaje
El que menos esperaba disfrutar de los tres musicales del viaje resultó ser la sorpresa más agradable: nació como una cantata escolar de quince minutos y hoy llena el Adelphi.
De los tres musicales que hemos visto en este viaje, Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat era el que menos esperaba disfrutar. No lo conocía apenas, no había escuchado sus canciones previamente y lo había incluido en el programa casi como relleno, un tercer musical para completar la triple corona del viaje. Qué equivocado estaba. Joseph ha sido, sin ninguna duda, la sorpresa más agradable de estos cuatro días en Londres.
El Adelphi Theatre¶
El Adelphi Theatre tiene una historia larga y accidentada que se remonta a 1806, cuando se abrió como Sans Pareil Theatre en el Strand. A lo largo de más de dos siglos ha sido demolido y reconstruido varias veces. El edificio actual data de 1930, diseñado por el arquitecto Ernest Schaufelberg en un magnífico estilo Art Déco que se ha conservado notablemente bien. La fachada exterior, con sus líneas geométricas y sus relieves decorativos, es una joya del periodo de entreguerras. El interior mantiene gran parte de la decoración original, con detalles en latón, mármol y madera que le dan una elegancia que contrasta agradablemente con la naturaleza desenfadada del espectáculo que alberga.
El Adelphi ha sido históricamente un teatro asociado a las comedias musicales y los espectáculos populares, así que Joseph encaja perfectamente en su tradición.
Los orígenes: del cantata escolar al West End¶
La historia de cómo nació Joseph es casi tan entretenida como el propio musical. En 1968, un joven compositor llamado Andrew Lloyd Webber y un letrista igualmente joven llamado Tim Rice recibieron un encargo modesto: escribir una pieza musical de quince minutos para el coro de la escuela de St Paul's Junior School en Londres. Tenían veintiuno y veinticuatro años respectivamente, y era su primera colaboración seria.
Lo que escribieron fue una cantata pop de un cuarto de hora basada en la historia bíblica de José y su túnica de muchos colores, del Libro del Génesis. La pieza fue interpretada por los alumnos del colegio en marzo de 1968. Tuvo tan buena acogida que la fueron ampliando progresivamente: primero a veinte minutos, luego a media hora, luego a una hora. En 1972 se grabó un álbum completo y en 1973 llegó al West End por primera vez. Desde entonces ha tenido múltiples producciones, revivals y giras por todo el mundo.
Es fascinante pensar que esta pieza escolar de quince minutos fue el primer paso de una de las colaboraciones más fructíferas de la historia del teatro musical. Lloyd Webber y Rice seguirían trabajando juntos en Jesus Christ Superstar y Evita antes de separar sus caminos creativos.
La genialidad del pastiche musical¶
Lo que hace especial a Joseph es algo aparentemente simple pero extraordinariamente difícil de ejecutar bien: cada sección del musical está escrita en un estilo musical diferente. La historia de los doce hijos de Jacob y la rivalidad con su hermano favorito José se cuenta a través de un recorrido por los géneros musicales del siglo XX, y cada cambio de estilo funciona tanto como homenaje al género como como herramienta narrativa.
Hay country and western cuando los hermanos venden a José como esclavo. Hay calipso caribeño en la escena de la esposa de Potifar. Hay chanson française cuando el panadero francés cuenta su sueño en la cárcel. Hay rock and roll a lo Elvis Presley cuando el Faraón interpreta su número, con patillas, traje blanco y movimientos de cadera incluidos. Hay un tango, hay pop de los sesenta, hay gospel... Cada número es un cambio de registro que mantiene la atención del espectador permanentemente activa, porque nunca sabes qué va a venir después.
Y lo brillante es que no es un simple muestrario de estilos: cada género está elegido para complementar la escena dramática que ilustra. El country and western tiene una ironía naíf que suaviza la crueldad de los hermanos vendiendo a José. El calipso añade un humor sensual a la escena de la seducción. El rock del Faraón convierte a un personaje potencialmente intimidante en una figura cómica y entrañable. Lloyd Webber y Rice tenían veintipocos años cuando escribieron esto, y la madurez musical que demuestran es asombrosa.
La voz del protagonista¶
Una de las cosas que más me impresionó de esta producción fue la voz del actor que interpreta a José. Simplemente espectacular. "Any Dream Will Do", la canción de apertura y cierre del musical, requiere un registro amplio y una limpieza vocal que no están al alcance de cualquiera, y este intérprete la bordo. Desde las primeras notas te das cuenta de que estás ante un cantante de primer nivel, y esa sensación se mantiene durante toda la función.
Es un papel que exige mucho: José está en escenario prácticamente de principio a fin, tiene que cantar en múltiples estilos, transmitir la evolución del personaje desde la ingenuidad juvenil hasta la madurez, y además hacerlo con un carisma que sostenga la atención del público durante hora y media. El actor que vimos cumplió con creces en todos estos frentes.
La narradora y la participación del público¶
Otro elemento fundamental del musical es la figura de la Narradora, que guía la historia y actúa como hilo conductor entre las escenas. Es un papel que requiere una enorme presencia escénica porque la Narradora está siempre ahí, comentando la acción, interactuando con José y con el público. En esta producción, la actriz que interpretaba el papel tenía una energía contagiosa que contribuía enormemente al ambiente festivo del espectáculo.
Y eso me lleva a un aspecto que no esperaba en absoluto: la participación del público. Joseph es un musical que invita a la audiencia a formar parte del espectáculo, especialmente en los números finales. El mega-mix de cierre, donde se repiten los temas principales en versiones aceleradas, convierte el teatro en una fiesta donde el público canta y aplaude al ritmo de la música. Es imposible quedarse sentado sin mover un músculo. Incluso los espectadores más circunspectos acaban dejándose llevar.
Fácil de seguir, difícil de olvidar¶
Una de las grandes virtudes de Joseph para un espectador extranjero es lo fácil que resulta seguirlo. La historia bíblica es conocida universalmente, la narración es clara y lineal, las letras son comprensibles y la acción escénica es tan expresiva que incluso si te pierdes alguna frase entiendes perfectamente lo que está pasando. Después de las dificultades que tuve con algunos diálogos de Wicked, la accesibilidad de Joseph fue un alivio.
Y a pesar de esa accesibilidad, el musical no cae nunca en la simpleza. Es ligero, sí. Es divertido, absolutamente. Pero está construido con una inteligencia y un oficio que van mucho más allá de lo que su apariencia desenfadada sugiere. Las transiciones entre estilos musicales son impecables, la estructura dramática funciona como un reloj, y el arco emocional del personaje de José tiene profundidad genuina bajo la superficie colorida.
La comparación inevitable¶
Después de la intensidad emocional de Les Misérables y la ambición técnica de Wicked, Joseph podría parecer un musical menor. Y en términos de escala y pretensiones, probablemente lo es. No tiene la profundidad temática de Les Mis ni el espectáculo visual de Wicked. Pero tiene algo que ninguno de los otros dos tiene: una alegría pura e irresistible que te contagia desde el primer minuto y no te suelta hasta que sales del teatro con una sonrisa de oreja a oreja.
No todas las experiencias teatrales tienen que ser trascendentes o intelectualmente desafiantes. A veces lo que necesitas es un espectáculo brillantemente ejecutado que te haga pasar una hora y media de felicidad absoluta. Y eso es exactamente lo que Joseph nos dio esa noche en el Adelphi.
Valoración final¶
Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat es un musical que no debería funcionar tan bien como funciona. Es una pieza originalmente escrita para un coro escolar, basada en una historia bíblica conocida, sin pretensiones de grandeza ni ambiciones revolucionarias. Pero la combinación del talento precoz de Lloyd Webber y Rice, la variedad musical que mantiene el interés constantemente vivo, las interpretaciones de primer nivel y la energía contagiosa del espectáculo crean una experiencia teatral gozosa e irresistible.
Entré en el Adelphi sin expectativas y salí con la sensación de haber descubierto algo maravilloso. "Any Dream Will Do" lleva dos días sonando en bucle en mi cabeza y no tengo la menor intención de que pare. Si algún día vuelvo a Londres y Joseph sigue en cartel, repetiré sin dudarlo.