
Bilbonauta · Londres
Les Misérables en el Queen's Theatre: brutal, sin más
Casi tres horas cantadas de principio a fin, con algún pasaje que se hace cuesta arriba, hasta un final que nos dejó sin hablar un buen rato al salir del teatro.
Si tuviera que describir Les Misérables con una sola palabra, sería "brutal". Si me dejaran usar dos, serían "absolutamente brutal". Es un musical que te arrastra, te zarandea emocionalmente durante casi tres horas y te deja salir del teatro con la sensación de haber vivido algo importante. Pero también tengo que ser honesto: tiene momentos que se hacen cuesta arriba. Vamos por partes.
El Queen's Theatre¶
Les Misérables se representa en el Queen's Theatre, en Shaftesbury Avenue, en pleno corazón del West End londinense. El teatro se inauguró en 1907, diseñado por el arquitecto W.G.R. Sprague, que fue responsable de varios teatros del West End. Les Mis se trasladó aquí en 2004 después de casi veinte años en el Palace Theatre, donde se había estrenado en 1985. El Queen's Theatre fue remodelado para la ocasión, adaptando el escenario y la maquinaria a las necesidades de una producción de esta envergadura.
El teatro tiene un aforo de poco más de mil localidades, lo que le da una intimidad que beneficia enormemente a un musical tan emocional como este. No estás lejos del escenario, sientes la cercanía de los actores, y eso hace que los momentos de mayor intensidad dramática te golpeen con una fuerza que un teatro más grande probablemente diluiría.
La historia detrás del musical¶
Les Misérables tiene una genealogía fascinante. La novela original de Victor Hugo, publicada en 1862, es una de las obras cumbre de la literatura francesa y universal: una epopeya de más de mil quinientas páginas que narra la historia de Jean Valjean, un exconvicto que intenta redimirse en la Francia post-napoleónica mientras es perseguido implacablemente por el inspector Javert. Hugo entrelaza la historia personal de Valjean con un fresco épico de la sociedad francesa del siglo XIX: la miseria, la injusticia social, las barricadas de la revolución de junio de 1832, la redención a través del amor y el sacrificio.
La versión musical nació en Francia. El compositor Claude-Michel Schönberg y el letrista Alain Bourbil crearon un álbum conceptual en 1980, que se representó como espectáculo en el Palais des Sports de París ese mismo año. El productor británico Cameron Mackintosh vio potencial en la obra, encargó una adaptación al inglés al letrista Herbert Kretzmer y la estrenó en el Barbican de Londres el 8 de octubre de 1985 con la Royal Shakespeare Company. Los críticos la destrozaron. La llamaron vulgar, simplista, sentimentaloide. Pero el público la adoró desde la primera noche, y las entradas se agotaron semanas antes del estreno. Desde entonces no ha dejado de representarse. En 2008 es la producción musical de mayor duración en el West End después de The Phantom of the Opera.
Las canciones: las mejores del teatro musical¶
No exagero al decir que Les Misérables contiene algunas de las mejores canciones que se han escrito para un escenario. La densidad de grandes números musicales por acto es abrumadora.
"I Dreamed a Dream" es probablemente la canción más conocida del musical, y con razón. Es el lamento de Fantine, la madre desesperada que recuerda un tiempo en que la vida prometía ser hermosa. La melodía asciende con una esperanza que se va desmoronando a medida que la letra revela la crueldad de la realidad. Es devastadora.
"One Day More" es el gran ensemble que cierra el primer acto, donde todos los personajes principales cantan simultáneamente sobre sus esperanzas y temores en la víspera de la revolución. Es una pieza de ingeniería musical formidable: Schönberg entrelaza hasta siete líneas melódicas diferentes que se superponen y se complementan en un crescendo que pone los pelos de punta. Es, posiblemente, el mejor final de primer acto de la historia del teatro musical.
"On My Own" es la canción de Éponine, la joven enamorada de Marius que sabe que nunca será correspondida. Es un tema de una tristeza contenida que estalla en el estribillo con una intensidad que te rompe por dentro.
"Do You Hear the People Sing?" es el himno revolucionario de los estudiantes, una marcha que empieza como un susurro y va creciendo hasta convertirse en un grito colectivo de libertad. Es imposible no sentir un escalofrío cuando todo el coro la canta a pleno pulmón.
Y luego están "Bring Him Home" (la oración de Valjean por Marius en las barricadas, cantada en un falsete desgarrador), "Stars" (el tema de Javert, frío y obsesivo como el propio personaje), "Empty Chairs at Empty Tables" (el lamento de Marius por sus amigos muertos), "A Little Fall of Rain" (la muerte de Éponine en brazos de Marius)... Cada una de estas canciones sería el punto culminante de cualquier otro musical. En Les Mis se suceden una tras otra sin descanso.
La puesta en escena¶
La producción es extraordinaria. El escenario giratorio, que fue una innovación revolucionaria cuando se introdujo en 1985, sigue funcionando como un mecanismo narrativo brillante: permite transiciones fluidas entre escenas, crea profundidad espacial y en la escena de las barricadas se convierte literalmente en el campo de batalla, girando para mostrar ambos lados del conflicto.
La escena de las barricadas es el corazón visual del musical. La construcción de la barricada, con los actores amontonando muebles y objetos mientras cantan, es un momento de una energía escénica descomunal. Y cuando llega el asalto final, la combinación de la música, las luces, los disparos y el escenario giratorio crea una secuencia de una intensidad que te clava en la butaca.
Lo que se hace cuesta arriba¶
Y aquí tengo que ser sincero, porque no todo es perfecto. Les Misérables es un musical sung-through, es decir, no tiene diálogos hablados: absolutamente todo está cantado. Esto, que es parte de su grandeza y le da una continuidad emocional única, también tiene su contrapartida: hay pasajes donde la melodía se vuelve recitativa, casi monocorde, y la narración se arrastra durante minutos que se hacen largos.
Son los momentos de transición entre los grandes números, las escenas que sirven para avanzar la trama pero que musicalmente no tienen la fuerza de las canciones principales. En esos pasajes, especialmente si no dominas el inglés al cien por cien y te pierdes parte de la letra, la atención decae. El formato sin diálogos hablados es exigente para el público: no hay pausas, no hay momentos de respiro donde procesar lo que acabas de oír. Todo es música continua durante casi tres horas.
Esto no es una crítica al musical en sí, sino una observación honesta sobre la experiencia de verlo. Los pasajes líricos más reposados son necesarios narrativamente, pero producen cierta fatiga en un espectador que no está acostumbrado al formato sung-through. Creo que es un musical que mejora con las revisiones, cuando ya conoces la historia y puedes anticipar los grandes momentos.
El golpe emocional final¶
Pero luego llega el final. Y el final de Les Misérables es demoledor. La muerte de Valjean, la reprise de "Do You Hear the People Sing?" con todo el elenco, el último acorde... Sales del teatro emocionalmente vaciado. Y entonces te das cuenta de que los momentos de fatiga que sentiste durante la función son completamente irrelevantes comparados con la potencia del conjunto. Les Mis no es un musical que juzgas por sus partes: es una experiencia total que se mide por el impacto que deja cuando se apagan las luces.
Valoración final¶
Les Misérables no es un musical para principiantes ni para fans del teatro musical ligero. Es exigente, es largo, es intenso y no hace concesiones. Pero es esencial. Absolutamente esencial para cualquiera que se tome en serio el teatro musical. Lo que Schönberg y Bourbil crearon, lo que Cameron Mackintosh convirtió en un fenómeno global, es una de las grandes obras del teatro del siglo XX. Con sus momentos de fatiga incluidos, la experiencia global es arrolladora.
Salimos del Queen's Theatre mi chico y yo sin hablar durante un buen rato, procesando lo que acabábamos de vivir. Eso, para mí, es la mejor crítica que puedo hacer de un espectáculo: que te deje sin palabras.