
Bilbonauta · Nueva York
Sweet Charity en el Ambassador Theatre
Fui sin saber nada de la obra y solo conociendo a Christina Applegate por Kelly Bundy, y salí tarareando «If My Friends Could See Me Now».
La única referencia que tenía de Christina Applegate era Kelly Bundy en Married with Children. No había visto la película original de Sweet Charity con Shirley MacLaine, y de la obra en sí no sabía prácticamente nada. Con ese bagaje entré al Ambassador Theatre la quinta noche del viaje.
Charity Hope Valentine, bailarina de salón con mala suerte crónica¶
Sweet Charity se estrenó en Broadway en 1966, con libro de Neil Simon y música de Cy Coleman. La protagonista es Charity Hope Valentine, una bailarina en un salón de baile de pago en Nueva York —un "taxi dance hall"— que encadena relaciones con hombres que invariablemente la decepcionan o la abandonan, pero que sigue creyendo que el siguiente será distinto. No es exactamente una historia optimista, aunque el tono del musical lo sea.
El número que abre la obra, y que la mayoría conoce aunque no sepa que es de Sweet Charity, es "Big Spender": las bailarinas del salón apoyadas en la barra, con ese movimiento de cadera lento y mecánico, cantando a los clientes que entran. Es un número que funciona con una precisión casi coreométrica —los gestos repetidos, la ironía en la letra— y esa noche arrancó aplausos espontáneos antes de que acabara.
Christina Applegate cambiando de registro¶
Lo que sorprendía de Applegate no era que bailara bien —era obvio que se había preparado a fondo— sino que hacía funcionar el personaje emocionalmente. Charity no puede ser solo simpatica y torpe: necesita que el espectador se la crea cuando las cosas van mal, que la mala suerte acumulada tenga peso. Applegate lo tenía. "If My Friends Could See Me Now", cuando Charity está en el apartamento de un famoso al que acaba de conocer, salió del teatro conmigo esa noche.
Las coreografías, firmadas por Wayne Cilento sobre las originales de Bob Fosse del estreno, tenían ese estilo Fosse reconocible: los sombreros, los guantes, los ángulos, la sensualidad contenida. El reparto de bailarines era sólido y los números de conjunto funcionaban como tales.
La salida del Ambassador¶
Nuestros asientos no estaban en las primeras filas pero la acústica del Ambassador es buena y no se perdía nada. Salimos en buen humor, que es lo que se pide de un musical un martes por la noche. La lluvia del día se había reducido a llovizna para entonces.