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Vista exterior del Palacio Bidarte, antigua residencia de los Ybarra y hoy centro cívico de Deusto

Bilbao

El Palacio Bidarte de Deusto

El chalé de los Ybarra que hoy es centro cívico

En Deusto todo el mundo ha entrado alguna vez en Bidarte: a renovar un papel, a la biblioteca, a llevar a un crío a la ludoteca o a un cursillo. Es el centro cívico del distrito y, como pasa con los edificios que se usan a diario, casi nadie se para a mirarlo. Merece la pena hacerlo, porque antes de ser ventanilla municipal fue hospital, y antes de ser hospital fue una de las grandes residencias de la burguesía bilbaína, obra de Severino de Achúcarro.

Lo construyeron en 1897 para Ramón de Ybarra, en una finca enorme que llegó a tener, dicen, hasta un pequeño hipódromo. En Bilbao, tan dados a quitarnos importancia cuando conviene, a aquel palacio lo llamamos chalé, y con ese nombre sigue en una placa de la fachada. Después vinieron la guerra, las cruces en el tejado y décadas de bata blanca, cuando media ciudad lo conocía como el 18 de Julio.

Cuando Deusto era un pueblo de chalés

Hasta 1925 Deusto no fue un barrio de Bilbao, sino una anteiglesia con ayuntamiento propio, huertas, caseríos y una ribera aguas abajo de la villa. A finales del siglo XIX, sus zonas más cercanas, Botica Vieja y San Pedro, funcionaban como una prolongación natural del Campo Volantín y de La Cava, donde se habían instalado algunas de las familias que estaban haciendo fortuna con las minas, los barcos y el hierro.

Aquella burguesía quería aire, jardín y distancia, y Deusto ofrecía las tres cosas a un paseo de los despachos. De esos años son el chalet de los condes de Zubiría, el palacio Gossens, la llamada casa del Cónsul o la villa María Luisa. Bidarte, cuyo nombre viene a significar «entre caminos» en euskera, fue de los más ambiciosos.

Miguel de Unamuno, que de niño pasaba allí los veranos en una casa de campo de su abuela, recordaba ese Deusto como un lugar bucólico. Cuesta creerlo hoy, entre la avenida, el metro y la universidad, pero el parque que rodea el edificio da todavía una idea.

El encargo de Ramón de Ybarra a Achúcarro

El cliente fue Ramón de Ybarra Arregui, miembro de una de las familias que más pesaron en la industrialización vizcaína y que ya tenía raíces en Deusto, en la zona de La Cava. El arquitecto, Severino de Achúcarro, era en 1897 el nombre de referencia en la ciudad: el del plan del Ensanche, la biblioteca de Bidebarrieta, la estación de La Concordia o la ampliación del Banco de Bilbao en San Nicolás, que le ocupó por esos mismos años.

La finca era de las grandes. Superaba los cincuenta mil metros cuadrados, con bosques y jardines alrededor de la casa, y algunas crónicas aseguran que tenía incluso un pequeño hipódromo. Verdad comprobada o adorno de cronista, da la medida de lo que se podía permitir aquella Bizkaia de fin de siglo, en la que parecía no haber freno.

Que a semejante casa se la llamara chalé tiene su gracia. La placa de la fachada lo sigue diciendo, y el nombre ha sobrevivido a todos los usos posteriores. Yo prefiero quedarme con las dos palabras: chalé por cómo se nombró y palacio por cómo se construyó.

Qué mirar por fuera: un chalé inglés con acento bilbaíno

Achúcarro lo planteó como un edificio exento, rodeado de jardín por los cuatro lados, siguiendo el modelo de las residencias privadas inglesas que tanto gustaban entonces en Bilbao. Se nota en la silueta, con grandes cubiertas de fuerte pendiente y volúmenes que se distinguen unos de otros, pensada para verse entre árboles y no alineada a una calle.

Los materiales son los de la casa: piedra y ladrillo combinados, y pizarra en unas cubiertas tan inclinadas que permitieron aprovechar el espacio bajo el tejado para más habitaciones. En algunos cuerpos asoman cerchas y aleros de madera, y hay quien ve en el tratamiento de los materiales un primer guiño al modernismo. Quien haya leído lo que conté del Palacio San Nicolás reconocerá la mano: el mismo arquitecto, los mismos años y el mismo gusto por la piedra, el ladrillo y la pizarra.

Un consejo: rodearlo entero. El edificio está en una ladera, y lo que por un lado parece una casa de planta baja, piso y bajo cubierta, por el otro gana una altura más, porque el sótano sale a la luz con sus propias ventanas en la parte baja de la pendiente. De ahí que unas fuentes hablen de tres plantas y otras de cuatro, y que las dos tengan razón.

De casa de los Ybarra al 18 de Julio

La vida de palacio no llegó a los cuarenta años. En 1936, con la Guerra Civil, Bidarte se convirtió en hospital de sangre para atender a los heridos, y de entonces vienen las cruces del tejado, que se colocaron para que la aviación lo identificara como centro sanitario y no lo bombardease. Me lo contaron así en la visita de Open Bilbao, y es el mismo recurso que se ve en las cubiertas del hospital de Basurto.

En esos años treinta se le añadió un edificio anexo y se eliminó la escalera principal, dos decisiones que dicen mucho de lo rápido que la casa dejó de ser una casa. Acabada la guerra siguió siendo hospital: oficialmente fue la clínica de maternidad de la Seguridad Social, pero en Bilbao todos lo conocíamos como el 18 de Julio, el nombre que llevaba entonces y el que se le quedó.

Mantuvo ese carácter asistencial durante casi medio siglo, hasta que hacia 1984 se quedó vacío.

Abandono y segunda vida como centro cívico

Como tantos edificios sanitarios cuando dejan de serlo, Bidarte pasó unos años cerrado y deteriorándose. Lo salvó el Ayuntamiento, que se hizo con él y lo reabrió en 1998 como Centro Municipal de Deusto. En 2002 llegaron la ampliación y la restauración que le dieron su aspecto actual.

Hoy es de los edificios con más vida del distrito. Acoge la oficina municipal, los servicios sociales, un centro de mayores, espacios para niños y jóvenes, salón de actos, sala de exposiciones, aulas, locales para asociaciones y una biblioteca que abrió en 1998 y hubo que ampliar a los cuatro años. Figura además en el inventario vasco del patrimonio arquitectónico, que es lo que le da cierta protección.

Hay algo de justicia poética en el recorrido: una casa levantada para una sola familia, en medio de su finca, que acaba siendo el sitio del barrio donde entra todo el mundo.

Por dentro: no busques el palacio

Conviene ir avisado. Quien entre esperando artesonados, chimeneas o una escalera señorial se va a llevar una decepción, porque del interior original no queda nada reconocible. Entre el hospital, los años de abandono y la reforma, la casa de los Ybarra desapareció por dentro.

Lo que hay son oficinas, salas de reuniones, aulas, una ludoteca: un centro cívico moderno y funcional, sin un solo guiño al pasado. Lo recorrí en la visita de Open Bilbao y no vi nada que pareciera original.

No lo digo como reproche. El edificio cumple de sobra con lo que el barrio le pide, y la biblioteca, en la parte alta, tiene ventanas con buenas vistas sobre Deusto. Pero es bueno saberlo: Bidarte se disfruta por fuera y desde el parque, y por dentro se usa.

El parque de Bidarte y el busto de Unamuno

De la finca de más de cinco hectáreas queda un parque de casi diez mil metros cuadrados, que sigue siendo uno de los pulmones del barrio. Lo mejor son los plátanos centenarios, de más de treinta metros de altura, que hacen de techo en verano y dan al conjunto ese aire de jardín antiguo que el interior del edificio ha perdido.

Hay fuentes, bancos, juegos infantiles y caminos para pasear, y por la noche una iluminación de neón bastante más moderna que todo lo demás. Es un parque de barrio en el mejor sentido de la palabra.

Al final del paseo espera un busto de Miguel de Unamuno. La placa recoge una frase suya que ahorra explicaciones: «Por vacaciones de verano, me iba con mi familia a una casa de campo que mi abuela tenía en Deusto, cerca de Bilbao». Cerca de Bilbao. Ahí está resumido todo lo que ha cambiado.

Cómo visitar Bidarte

El centro cívico está en la avenida Lehendakari Aguirre, 42, con la estación de metro de Deusto al lado. Al ser un equipamiento municipal se puede entrar libremente en su horario de apertura, aunque, como ya he dicho, lo que interesa está fuera: la vuelta completa al edificio y el parque no piden más de media hora.

Para una visita explicada, la ocasión es Open Bilbao. En la edición de 2026 Bidarte ha estado en el programa el sábado por la mañana, de 10:00 a 14:00, con visitas de media hora en grupos de quince personas y sin inscripción previa. El edificio es accesible.

Queda además bien situado para alargar el paseo. Bajando hacia la ría se llega a la Universidad de Deusto y, cruzando el puente Frank Gehry, a la isla de Zorrotzaurre y sus fábricas recicladas. Y quien quiera seguir el rastro de Achúcarro tiene en el Casco Viejo el Palacio San Nicolás y la biblioteca de Bidebarrieta.