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Fachada con mural de Tintín en una calle de Bruselas

Destinos · Bélgica · Bruselas

La ruta del cómic en Bruselas: guía del Parcours BD

Cómo recorrer los murales de cómic de Bruselas: qué es el Parcours BD, dónde están las fachadas pintadas, por qué Bélgica es la capital mundial de la historieta y qué museos y librerías completan la visita. Una forma distinta de caminar la ciudad.

Lectura de 8 minutos

Hay una forma de recorrer Bruselas que obliga a hacer justo lo contrario de lo que hace el turista medio: en vez de ir de monumento en monumento con la vista al frente, hay que meterse por calles secundarias y levantar la cabeza. Es el Parcours BD, el recorrido de los murales de cómic, y es probablemente la actividad más singular que ofrece la ciudad.

No cuesta nada, no tiene horarios, no requiere entradas ni reservas y se puede hacer en una tarde o repartir en pequeñas dosis a lo largo de un viaje entero. Y de paso resuelve un problema que tienen muchos visitantes: qué hacer en Bruselas cuando ya has visto la Grand Place y todavía te quedan días.

Por qué Bélgica es la capital mundial del cómic

Para entender por qué una ciudad europea decide pintar cincuenta fachadas con viñetas, hay que entender el peso que tiene la historieta en este país. No es un adorno cultural: es una industria nacional con casi un siglo de historia y una lista de creaciones que cualquiera reconoce aunque no sepa que son belgas.

Tintín lo creó Hergé —pseudónimo de Georges Remi, nacido en las afueras de Bruselas— en 1929, para el suplemento infantil de un periódico católico, y se ha convertido en uno de los personajes de ficción más traducidos del mundo, con más de doscientos treinta millones de álbumes vendidos en más de setenta idiomas. Los Pitufos los creó Peyo en 1958 a partir de unos personajes secundarios de otra serie que acabaron devorando al protagonista. Lucky Luke, el vaquero que dispara más rápido que su propia sombra, es obra de Morris. Spirou, Gaston Lagaffe y el Marsupilami salieron de la escuela de Franquin. Todos belgas, todos referentes absolutos del noveno arte europeo.

Esa tradición tiene además una geografía interna: la llamada escuela de Bruselas, con la línea clara de Hergé y sus discípulos, frente a la escuela de Marcinelle, más caricaturesca y expresiva, agrupada en torno a la revista Spirou. Es una división que los aficionados discuten con la misma pasión con la que otros discuten de fútbol.

Qué es el Parcours BD y cómo funciona

Desde 1991, el Ayuntamiento de Bruselas viene encargando murales de gran formato pintados directamente sobre las medianeras y fachadas ciegas de edificios del centro histórico y los barrios adyacentes. La iniciativa nació como una forma de recuperar paredes desnudas y feas, y ha acabado convertida en una de las señas de identidad visuales de la ciudad. Hoy hay más de cincuenta murales repartidos por el casco antiguo, con varios metros de altura cada uno, y el número sigue creciendo temporada tras temporada.

No hay una ruta oficial única ni un orden establecido, y eso es exactamente lo que hace que funcione. La gracia no está en tacharlos de una lista sino en ir encontrándolos: doblar una esquina del Îlot Sacré y toparse con un personaje a escala monumental, o descubrir una fachada pintada en una calle de las Marolles por la que no habrías pasado nunca de otro modo.

La forma práctica de hacerlo es coger un mapa —la oficina de turismo de la ciudad distribuye uno específico del recorrido, y hay aplicaciones y mapas colaborativos que los tienen geolocalizados— y usarlo como excusa más que como guion. Yo lo plantearía así: elige una zona, camina por ella con el mapa a mano y déjate desviar. En tres o cuatro horas se ven perfectamente entre quince y veinte murales sin agobio.

Por dónde empezar y qué zonas cubren más terreno

La mayor concentración está en el centro histórico, en el entorno de la Grand Place, el Îlot Sacré y las calles que bajan hacia la Bolsa y Sainte-Catherine. Es la zona más cómoda para empezar porque los murales están cerca unos de otros y porque de paso recorres el casco antiguo por sus calles menos transitadas, que es donde está lo interesante.

El primer mural del recorrido, pintado en 1991 y considerado el arranque de todo el proyecto, está en el barrio del Marché au Charbon, muy cerca de la plaza mayor, y es un buen punto de partida simbólico. Otro imprescindible por motivos evidentes es el de Tintín, situado a pocos metros del Manneken Pis, en la misma calle por la que pasa todo el mundo camino de la estatua sin levantar la vista.

La segunda zona en densidad son las Marolles y los alrededores del Palacio de Justicia, más al sur, donde los murales aparecen entre edificios de barrio, tiendas de segunda mano y talleres. Aquí el recorrido gana mucho porque el entorno acompaña: es el Bruselas popular, sin barniz turístico, y ver un mural monumental sobre una medianera de vivienda social le da una dimensión distinta al asunto.

Y hay una tercera capa, más dispersa, en barrios alejados del centro, para quien quiera hacer del Parcours BD el eje de un día entero. Ahí ya conviene combinar caminata con algún tramo de tranvía.

El Centro Belga del Cómic y otros museos

Para completar el tema, la parada obligada es el Centre Belge de la Bande Dessinée, el museo del cómic, y su edificio es tan interesante como su contenido. Se instaló en unos antiguos almacenes de tejidos que Victor Horta diseñó en 1906 en pleno Art Nouveau, con estructura de hierro vista y grandes vanos acristalados pensados para dejar entrar la luz del norte. El edificio quedó abandonado durante años y se rehabilitó como museo del cómic en 1989, de modo que la visita sirve simultáneamente para ver arquitectura modernista de primer nivel y para recorrer la historia de la historieta belga.

Dentro hay exposición permanente sobre los grandes autores y los orígenes del medio, muestras temporales, biblioteca y librería. Si tienes cualquier apego a la tradición del cómic europeo, calcula dos horas. Si no lo tienes, entra igualmente a ver la escalera y la estructura de Horta, que valen la entrada por sí solas.

Muy cerca de la Gare Centrale hay además un museo dedicado a las figuras y objetos de coleccionismo del cómic belga, con reproducciones a tamaño real que funcionan muy bien si viajas con niños. Y a menos de una hora de Bruselas, en Louvain-la-Neuve, está el Museo Hergé, monográfico sobre el creador de Tintín, en un edificio contemporáneo de Christian de Portzamparc: es una excursión de medio día y solo la recomendaría a quien sea aficionado de verdad.

Librerías, tiendas y dónde comprar álbumes

Bruselas es una de las mejores ciudades del mundo para comprar cómic, y no solo por las tiendas oficiales de personajes que hay junto a la Grand Place, que están bien para el souvenir pero poco más.

Lo interesante son las librerías especializadas del centro, con fondo de novedades, ediciones integrales, reediciones de clásicos y material en francés y neerlandés que en España cuesta encontrar. Y para el coleccionista, la vía real son los rastros: en el mercadillo diario del Jeu de Balle, en las Marolles, aparecen con frecuencia álbumes antiguos, tebeos y material gráfico de la edad de oro de la historieta belga, a precios que no tienen nada que ver con los de una librería de viejo.

Si tu presupuesto es otro, existe también un mercado consolidado de planchas originales y serigrafías firmadas, con galerías especializadas en el centro. Es un nicho caro pero fascinante de visitar aunque no compres.

Consejos prácticos para hacer el recorrido

Es una actividad de calle, así que depende del tiempo. Bruselas tiene lluvia fina con frecuencia y en invierno anochece hacia las cuatro y media, lo que limita bastante las horas útiles: si viajas en diciembre, haz el recorrido a primera hora de la tarde y guarda la noche para los mercados de Navidad.

Calzado cómodo, porque son varias horas de adoquín, y batería en el móvil, porque entre el mapa y las fotos se consume rápido. Para fotografiar los murales conviene tener en cuenta que muchos están en medianeras estrechas y que hay que cruzar la calle o buscar el ángulo desde la acera de enfrente; el gran angular ayuda bastante.

Y una recomendación de actitud: no intentes verlos todos. El Parcours BD funciona como juego de descubrimiento, no como checklist, y el placer se agota rápido si uno lo convierte en una carrera por tachar posiciones de un mapa.

Por qué merece una tarde entera

Lo mejor de esta ruta no son los murales en sí, aunque algunos son excelentes. Es lo que te obliga a hacer con la ciudad. Caminando en busca de fachadas pintadas acabas en calles secundarias del centro, en barrios que no aparecen en ninguna lista de qué ver y en esquinas donde de repente entiendes cómo vive Bruselas cuando no está posando para nadie.

Y hay un componente emocional que a cierta edad pesa: encontrarte de golpe con Tintín a diez metros de altura, o con Lucky Luke cabalgando por una medianera de ladrillo, tiene una carga de nostalgia que pilla desprevenido. Son personajes que la mayoría leímos de niños sin saber que eran belgas ni que existía una escuela detrás. Verlos aquí, a escala monumental y en su ciudad de origen, cierra un círculo que uno no sabía que tenía abierto.