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Galería del claustro de Pedralbes con arcos góticos y columnas esbeltas, con vistas al jardín de cipreses y a la galería de enfrente.

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Real Monasterio de Pedralbes: casi siete siglos de clarisas en un claustro gótico

El monasterio que fundó la reina Elisenda de Montcada en 1327, con uno de los claustros góticos más grandes del mundo, los frescos de Ferrer Bassa y un sepulcro real de doble cara. Historia, qué ver, las clarisas que lo habitaron hasta 2025 y cómo visitarlo.

Lectura de 10 minutos

El Reial Monestir de Santa Maria de Pedralbes es uno de los conjuntos góticos más importantes de Cataluña y una de las joyas menos masificadas de Barcelona. Lo fundó en 1327 la reina Elisenda de Montcada para una comunidad de monjas clarisas, que lo habitaron sin interrupción durante casi siete siglos, hasta febrero de 2025. Desde 1983 funciona como museo, y su enorme claustro de tres pisos, la capilla con los frescos de Ferrer Bassa y las estancias donde transcurría la vida cotidiana de las monjas permiten asomarse a una forma de vida que ha llegado casi intacta hasta nuestros días.

Una reina y su monasterio

Elisenda de Montcada fue la cuarta y última esposa del rey Jaime II de Aragón, con quien se casó en 1322. En enero de 1326 compró unos terrenos en las afueras de Barcelona, a los pies de Collserola, y ese mismo año obtuvo del papa Juan XXII la licencia para fundar un monasterio de clarisas, las monjas de la orden franciscana de santa Clara. Las obras avanzaron con una rapidez asombrosa gracias al respaldo económico de la reina, y el monasterio se inauguró con una misa solemne el 3 de mayo de 1327. Por eso unas fuentes dan 1326 como fecha de fundación y otras 1327.

Pocos meses después, en noviembre de 1327, murió Jaime II. Viuda, Elisenda se retiró a un pequeño palacio que se hizo construir junto al monasterio, sin llegar a profesar como monja, y vivió allí hasta su muerte, en 1364. En su testamento dispuso que el palacio se derribara y dejó buena parte de sus bienes a la comunidad.

La primera comunidad, formada en su mayoría por hijas de familias nobles, siguió la regla dictada por el papa Urbano IV, que permitía poseer bienes en común. Las donaciones de la reina y de la nobleza y la burguesía barcelonesas, que hacían ingresar en Pedralbes a sus hijas, dieron al monasterio un gran patrimonio y unas rentas elevadas durante sus primeros siglos. Junto a él vivía una pequeña comunidad de frailes franciscanos, en un edificio propio conocido como el Conventet, encargados del culto y de administrar los bienes de las religiosas; hoy es de propiedad privada.

Reformas, reinas y abadesas castellanas

Pedralbes fue durante siglos un reflejo del poder de los grandes linajes catalanes, y la abadesa solía ser una Montcada, en honor a la fundadora. En 1472 se firmaron allí las Capitulaciones de Pedralbes, que pusieron fin a la guerra civil catalana y reconocieron a Juan II como rey, después de que las tropas reales hubieran acampado en el propio monasterio y obligado a las monjas a refugiarse en la ciudad.

Con los Reyes Católicos llegó un intento decidido de controlar la comunidad. Inspirados por el cardenal Cisneros, Fernando e Isabel quisieron imponer una reforma que obligara a las monjas a la vida en común, a una clausura estricta y a una mayor austeridad. La resistencia de las religiosas fue tal que en 1494 los reformadores llegaron a encontrarse la puerta del monasterio cerrada. El rey destituyó entonces a la abadesa, sor Violante de Montcada, y nombró en su lugar a una clarisa castellana, Teresa Enríquez. Siguieron años de pleitos ante el papa, hasta que en 1515 Fernando el Católico impuso como abadesa a su propia hija natural, María de Aragón. La tradición atribuye a sor Violante una frase memorable al recibirla: que ambas eran demasiado altas para caber bajo un mismo techo.

Aquellas reformas dejaron huella en el edificio. Los libros de cuentas del monasterio registran la construcción de un nuevo locutorio, el refuerzo de la clausura con rejas y tapias, el derribo de las «celdas de día» que algunas monjas se habían construido para retirarse en privado, la fuente del Ángel del claustro, nuevos libros de coro copiados e iluminados en Montserrat y, en 1532, el tercer piso del claustro. A partir de finales del siglo XVI, las rentas del monasterio cayeron en picado y la comunidad atravesó épocas de verdadera penuria.

Del abandono a monumento nacional

El siglo XIX trajo la ocupación de las tropas napoleónicas, los saqueos y, en 1835, la pérdida de sus rentas con la desamortización, aunque la comunidad logró permanecer en el monasterio. A finales del siglo, una de las monjas, sor Eulàlia Anzizu, impulsó la restauración de la iglesia y escribió la primera historia del monasterio.

En 1931, el Gobierno de la Segunda República lo declaró monumento histórico-artístico nacional. Durante la Guerra Civil, la Generalitat se hizo cargo del edificio, que acogió el Archivo Histórico General de Cataluña, y el retablo mayor de la iglesia fue quemado.

Las clarisas y el museo

En 1972, apelando a un antiguo pacto entre la reina fundadora y el Consell de Cent, la comunidad firmó un acuerdo con el Ayuntamiento: la ciudad le construiría un nuevo convento en el antiguo huerto grande y, a cambio, el monasterio histórico se abriría al público. El nuevo convento se levantó en 1975 y en 1983 el monasterio abrió sus puertas como museo. Desde entonces se recorren las estancias donde vivió la comunidad durante siglos, junto con las obras de arte, objetos litúrgicos y muebles que las monjas fueron atesorando. Entre 1993 y 2004, el antiguo dormitorio y la sala de la Reina acogieron además una parte de la colección Thyssen-Bornemisza, que después se trasladó al MNAC. Desde 2012, el monasterio es un centro patrimonial dependiente del Institut de Cultura de Barcelona.

La presencia de las clarisas terminó en febrero de 2025. Por falta de vocaciones, la comunidad se había reducido a tres monjas de 66, 73 y 90 años, que se trasladaron al monasterio de Vilobí d'Onyar, en Girona. Con ellas desaparecieron tradiciones como la visita anual del alcalde de Barcelona, que les llevaba una ofrenda de huevos para pedir que no lloviera el día de Santa Eulàlia. En abril de 2026, la Generalitat declaró bien cultural de interés nacional el archivo del monasterio, uno de los fondos documentales más valiosos de su tipo.

El claustro

El claustro es la gran joya del monasterio y uno de los claustros góticos más grandes del mundo. Se organiza en tres pisos de galerías: los dos inferiores, del siglo XIV, con arcos apuntados sobre columnas esbeltas, y el superior, más sencillo, añadido en el siglo XVI a modo de desván para proteger las galerías de abajo. En el centro hay un jardín con cipreses y la fuente del Ángel, y en uno de sus lados, un estanque con nenúfares. Alrededor se abren las capillas, la sala capitular, el refectorio, la cocina, el dormitorio y la enfermería, y más allá se extienden los huertos, donde se siguen cultivando especies medievales.

Galería del claustro de Pedralbes con arcos góticos y columnas esbeltas, con vistas al jardín de cipreses y a la galería de enfrente. El claustro de Pedralbes con la torre del campanario al fondo, dos galerías de arcos y árboles en el jardín. Estanque del claustro con nenúfares, rodeado de árboles, con las galerías del claustro iluminadas por el sol al fondo.
El claustro de Pedralbes

La iglesia y el coro

La iglesia es un ejemplo de gótico catalán: una sola nave, con siete tramos de bóveda de crucería y un ábside heptagonal, luminosa y austera. Las monjas seguían los oficios desde el coro, separado de la nave. Hasta 1894, un muro con rejas los separaba por completo; ese año se eliminó su parte alta y se reforzó la inferior para instalar un órgano. El coro y las vistas de la nave desde lo alto forman parte de las zonas que normalmente no se visitan, y solo se abren en ocasiones excepcionales, como las visitas guiadas de 48H Open House Barcelona.

Nave gótica de la iglesia del monasterio vista desde un nivel elevado, con filas de bancos de madera, el ábside con vidrieras de colores y pinturas en los paños laterales.
La iglesia, vista desde un nivel elevado

La capilla de Sant Miquel y el sepulcro de Elisenda

En la capilla de Sant Miquel, en el claustro, se conservan las pinturas murales que Ferrer Bassa realizó en 1346. Fue la celda de una de las abadesas, y sus escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, en rojos y azules intensos, son una de las primeras muestras de la influencia de la pintura italiana del Trecento en Cataluña y una de las obras maestras del gótico catalán.

Pinturas murales en rojos y azules con escenas de la vida de Cristo, entre ellas la Natividad y la Crucifixión, en las paredes y el techo de una capilla.
Pinturas murales de una capilla del monasterio

El sepulcro de la reina Elisenda es otra de las piezas singulares del monasterio. Está en el muro que separa la iglesia del claustro y tiene dos caras: hacia la iglesia, la reina aparece representada con sus atributos reales; hacia el claustro, como viuda y penitente. Ya estaba terminado cuando hizo testamento, en 1364, el año de su muerte.

Las estancias de la vida cotidiana

Lo que hace único a Pedralbes es que se puede recorrer la vida diaria de una comunidad religiosa femenina a lo largo de casi siete siglos. El recorrido incluye la sala capitular, el refectorio, la cocina, la enfermería, las celdas de día y el gran dormitorio, cubierto por un artesonado de madera que se instaló en el siglo XVI para combatir el frío de una sala orientada al norte. Los muebles, objetos litúrgicos y obras de arte reunidos por las monjas completan la visita.

Sala del monasterio con vigas de madera vistas, una claraboya, grandes arcos de piedra, suelo de baldosa y sillas con tapizado rojo junto a una mesa. Salón con filas de sillas de madera, lámparas de pantalla colgadas del techo de vigas y un cartel enrollable a la izquierda. Sala del monasterio con zócalo pintado en tonos verdosos, un tapiz en la pared, sillas de enea en círculo y una escalera de hierro a la derecha.
Algunas salas del monasterio

La restauración

La conservación del monasterio ha sido una tarea de siglos. En los últimos 120 años han intervenido en ella arquitectos como Joan y Geroni Martorell, Pallàs, Bassegoda, Ros de Ramis, Casanoves y López Íñigo, y desde 1988 dirige la restauración Josep Maria Julià, que en 2026 guio las visitas especiales de 48H Open House Barcelona. Las investigaciones arqueológicas y documentales siguen aportando datos sobre la evolución del edificio.

En los alrededores: la parroquia de Santa Maria Reina

A pocos pasos del monasterio se levanta la iglesia de Santa Maria Reina, también conocida como parroquia de Pedralbes, un contrapunto interesante a la arquitectura gótica. Nació como un nuevo monasterio benedictino de la Virgen de Montserrat, proyectado hacia 1920 por Nicolau Maria Rubió i Tudurí. Tras el exilio de Rubió durante la guerra, Raimon Duran i Reynals terminó la obra en los años cincuenta, con el campanario, la cúpula y los edificios anexos, hoy colegio mayor. Es una de las muestras más características del novecentismo de inspiración renacentista italiana: la iglesia se inspira en la capilla Pazzi de Brunelleschi, la cúpula en el baptisterio de Florencia y las logias de sus claustros en el Hospital de los Inocentes, mientras que su campanario recuerda al campanile de Venecia. El pórtico conserva las pinturas de Josep Obiols, con la Asunción de la Virgen flanqueada por santa Eulàlia y sant Jordi, patronos de Barcelona y de Cataluña.

Cómo visitar el monasterio de Pedralbes

Dirección. Baixada del Monestir 9, en el barrio de Pedralbes (distrito de Les Corts).

Horario. De octubre a marzo, de martes a viernes de 10:00 a 14:00, y sábados y domingos de 10:00 a 17:00. De abril a septiembre, de martes a viernes de 10:00 a 17:00, sábados de 10:00 a 19:00 y domingos de 10:00 a 20:00. Los festivos abre de 10:00 a 14:00, y cierra el 25 de diciembre y el 1 de enero. Los lunes cierra.

Precio. La entrada general cuesta 5,20 € y la reducida, 3,70 €. Es gratuita todos los domingos a partir de las 15:00, el primer domingo de cada mes, para menores de 16 años acompañados y en algunas fechas señaladas.

Cómo llegar. La estación más cercana es Reina Elisenda, de Ferrocarrils de la Generalitat (línea L12), a unos diez minutos a pie, y varias líneas de autobús paran en la zona.

Conté nuestra visita, y nuestro turno como voluntarios, en el diario de Barcelona 2026.