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Open House Barcelona 2026
Cinco días en Barcelona para repetir como voluntarios en el 48H Open House: once edificios con pulsera de acceso prioritario, un turno de control de acceso en el monasterio de Pedralbes, la Font Màgica renovada, Mamma Mia! en el Tívoli y una fiesta de voluntarios en la Llotja de Mar.
Volver a Barcelona: segundo año en 48H Open House¶
Del jueves 22 al lunes 26 de octubre de 2026
El año pasado cerré el diario de Open House Barcelona 2025 con una frase: «La semilla está plantada». Varios organizadores nos habían dicho que ojalá repitiéramos, y nosotros volvimos a casa con las mismas ganas. Así que este octubre la semilla dio fruto y regresamos.
Para quien no lo conozca, Open House es un festival que nació en Londres en 1992 con una idea tan sencilla como brillante: durante un fin de semana, edificios que el resto del año están cerrados abren sus puertas y se visitan gratis. Hoy se celebra en más de sesenta ciudades del mundo. La edición barcelonesa, 48H Open House Barcelona, cumplía en 2026 diecisiete años y coincidía además con el año en que la ciudad es Capital Mundial de la Arquitectura, así que el programa venía cargado: según la nota de prensa (se abre en una ventana nueva), 217 edificios repartidos por seis ciudades del área metropolitana, 155 de ellos en Barcelona, y 224 actividades. El programa oficial numera 225 entradas entre edificios, espacios, itinerarios y visitas teatralizadas, que es la cifra que manejaban los organizadores. La letra pequeña que conviene saber: en los edificios más demandados no hay reserva posible, se hace cola y la puerta se cierra cuando se llena el aforo.
Rafa y yo volvimos a apuntarnos como voluntarios y volvieron a asignarnos control de acceso, con la misma limitación de siempre: desde Bilbao no podemos asistir a las visitas previas que se organizan para los voluntarios. Esta vez el turno nos tocó en el monasterio de Pedralbes, el domingo de 13:30 a 17:00. La otra novedad respecto a 2025 fue el alojamiento: en lugar de dormir en casa de amigos, reservamos una habitación en un piso compartido de L'Hospitalet de Llobregat.
Los vuelos, directos con Vueling: ida el jueves 22 a las 13:20 y vuelta el lunes 26 a las 21:35. Cuatro noches y un lunes entero por delante. Este diario cuenta esos cinco días y quiere servir también de pequeña guía: en cada lugar añado lo que he podido averiguar sobre su historia y, cuando tiene sentido, cómo llegar, si se puede visitar fuera del festival y cuánto cuesta. Los horarios y precios son los de octubre de 2026, así que conviene comprobarlos antes de ir.

Día 1. Llegada, kit de voluntarios y la Font Màgica¶
El vuelo fue de los que no dan para anécdota: despegue puntual a las 13:20 en Loiu y aterrizaje a las 14:30 en El Prat.

Qué billete de transporte comprar si llegas en avión
Antes de viajar habíamos hecho números con las opciones de transporte: la T-familiar, la T-casual y los pases ilimitados Hola BCN. La que mejor nos salió fue comprar dos T-usual, a 23,80 € cada una. Es una tarjeta personal e intransferible que da viajes ilimitados durante treinta días naturales desde la primera validación. Nosotros solo íbamos a estar cinco, pero tiene una ventaja decisiva cuando se llega en avión: es uno de los pocos títulos que valen en las estaciones del aeropuerto de la L9 Sud, junto con la T-día y la Hola BCN.
La T-casual y la T-familiar, en cambio, no sirven allí, y el billete de aeropuerto cuesta 5,90 €, frente a los 2,90 € de un sencillo normal. Eso explica los 5,70 € por persona que pagamos el año pasado por usar la T-familiar. Lección aprendida: si vas a estar varios días y entras o sales por El Prat en metro, la T-usual se amortiza casi sola.
Llegamos al alojamiento hacia las 15:30. Tiago, el anfitrión, nos dio las llaves con mucha amabilidad y salimos enseguida a comer algo.
El kit de voluntarios
Con el estómago lleno fuimos a la oficina de 48H Open House Barcelona a recoger el kit: un mapa con los edificios del festival, la credencial de voluntarios y la pulsera de acceso prioritario, la joya de la corona, que permite saltarse las colas en las visitas. Nos quedamos un buen rato charlando con los organizadores que conocíamos del año anterior y con nuestra coordinadora, tan amables como entonces y agradecidos de que viajemos desde Bilbao para echar una mano. Además nos regalaron dos entradas para la exposición del CCCB y algo de merchandising del último Open Barri.
Nuestro rol volvía a ser el control de acceso, esta vez en el monasterio de Pedralbes. Le dijimos a la coordinadora que llegaríamos con tiempo para conocer el edificio por nuestra cuenta, ya que, al vivir en Bilbao, no habíamos podido hacer la visita previa para voluntarios.
La acampada de la plaza de Catalunya
Hacia las 18:30 salimos a pasear y pasamos por la plaza de Catalunya, ocupada por la acampada por el acceso a la vivienda. Es una plaza con más historia de la que parece: el Ayuntamiento pidió urbanizar el solar en 1862, el permiso no llegó hasta 1889 y se construyó por fases, la primera a partir de 1902 y la segunda para la Exposición Internacional de 1929. Tampoco era la primera vez que se llenaba de tiendas de campaña: en mayo de 2011 la ocuparon los indignados del 15M, hasta su desalojo el 27 de mayo.
Esta acampada había arrancado el 29 de septiembre con una decena de tiendas. Según publicó El País por esos días, llevaba tres semanas en pie y ocupaba toda la plaza en círculos concéntricos: 360 tiendas según el Ayuntamiento, más de 600 según la organización. El mismo reportaje contaba que los propios acampados habían vallado el perímetro, con solo dos puntos de entrada y salida vigilados por unos guardas improvisados con chaleco. Cualquiera puede entrar, pero tiene que pasar por ellos; la organización lo justifica como una forma de saber quién entra y quién sale.
Reconozco que eso me chirrió. Entiendo la causa, pero que un movimiento que reclama compartir recursos acabe restringiendo el acceso a una plaza pública me pareció una contradicción con su propia filosofía.

Sant Felip Neri, una plaza con cicatrices
De allí fuimos a buscar la plaza de Sant Felip Neri, porque Rafa tenía especial interés en verla: aquí se rodó el 10 de octubre de 2003, en blanco y negro y con dirección de David Mould, la versión con banda del videoclip de My Immortal, de Evanescence.
Fuimos por el videoclip y nos encontramos con la historia. Es una plaza pequeña y recogida del Gótico, a un paso de la catedral, que durante siglos fue el cementerio de la catedral, hasta su clausura en 1816. La iglesia barroca la levantaron los oratorianos a partir de 1748, y su fachada todavía muestra las marcas de metralla del bombardeo del 30 de enero de 1938, en plena Guerra Civil. Murieron 42 personas, la mayoría niños que se refugiaban en el sótano, y hubo más de cien heridos. El Ayuntamiento atribuye el ataque a la aviación fascista italiana aliada de Franco.
Tras el bombardeo, el arquitecto municipal Adolf Florensa recompuso el entorno con fachadas renacentistas rescatadas de los derribos de la Via Laietana. En una de esas casas, la del antiguo gremio de zapateros, está hoy el Museu del Calçat. Merece la pena sentarse un rato junto a la fuente y mirar la pared de la iglesia con calma: pocas veces la historia está tan a la vista.
Para ir. Metro Liceu (L3) y a pie por el carrer de Sant Sever.


La Font Màgica de Montjuïc, renovada
Después de callejear un rato por el Gótico decidimos ir a ver el espectáculo renovado de la Font Màgica de Montjuïc, que ese jueves tenía sesión de 21:00 a 22:00.
La fuente la proyectó Carles Buïgas para la Exposición Internacional de 1929 y se construyó en menos de un año con más de tres mil obreros. Desde entonces ha vivido varias vidas: se restauró a mediados de los cincuenta, incorporó la música en los setenta, se apagó en 1993 y volvió a funcionar en 1998. La sequía la tuvo casi tres años parada, hasta que reabrió el 24 de septiembre de 2025 tras una inversión de unos tres millones de euros. La gran novedad fue pasar toda la iluminación a LED respetando los motores y prismas originales. Según eldiario.es, la potencia instalada bajó de 1.507 kW a 72, y un técnico citado por 3Cat calcula un ahorro eléctrico del 80 %. Este año han renovado además el sonido, con altavoces integrados en la propia fuente que reparten mejor la música y molestan menos a los vecinos.
La vimos sentados en las escaleras de la plaza, que estaban a rebosar, con muchísima gente de pie a los lados y en la zona más cercana a la plaza de España. El resultado es, sencillamente, espectacular: el agua cambia de color y de forma al ritmo de la música, y con el Palau Nacional iluminado al fondo la postal es difícil de superar.
Para ir. Plaça de Carles Buïgas, metro Espanya (L1 y L3). En otoño hay espectáculo de jueves a sábado, de 21:00 a 22:00, en dos pases de media hora. Es gratuito. Consejo: llegad un poco antes si queréis sitio en las escaleras.






Las Arenas, de plaza de toros a mirador
Para rematar el día, un paseo por Las Arenas, la antigua plaza de toros reconvertida en centro comercial, justo enfrente de la fuente. Se inauguró el 29 de junio de 1900, es de estilo neomudéjar, obra de August Font i Carreras, y llegó a tener casi quince mil localidades. Curiosamente, antes de que la comprara Balañà en 1927 y la dedicara a los toros, se usó sobre todo para veladas de boxeo. La última corrida se celebró el 19 de junio de 1977. Richard Rogers y Alonso Balaguer la transformaron en el centro comercial actual, inaugurado en 2011, conservando la fachada original.
El secreto mejor guardado es la terraza. Se sube gratis por las escaleras interiores (el ascensor panorámico cuesta 1,50 €) y desde arriba se disfruta de una vista de 360 grados sobre la plaza de España y Montjuïc, especialmente bonita de noche. Cenamos algo allí mismo y volvimos al alojamiento a descansar.
Para ir. Gran Via de les Corts Catalanes 373-385, metro Espanya (L1 y L3).




Día 2. El CCCB, Mamma Mia! y una cena con amigos¶
Sabíamos que el fin de semana iba a ser intenso, así que el viernes lo dedicamos a disfrutar de la ciudad sin prisas. Nos levantamos sin despertador, desayunamos fuera y fuimos al CCCB a aprovechar las entradas que nos habían regalado la víspera.
El CCCB, un edificio que se mira a sí mismo
El Centre de Cultura Contemporània de Barcelona es casi tan interesante como lo que expone. Se entra por el edificio de la antigua Casa de la Caritat y se pasa después al cuerpo moderno de cristal; las escaleras mecánicas que suben a las salas regalan unas perspectivas magníficas del conjunto, con el patio antiguo reflejado en la cristalera.
La Casa de la Caritat fue una institución benéfica que Carlos IV autorizó en 1802 y que llegó a acoger a más de dos mil personas, financiada con sus propios talleres e imprenta. Entre 1991 y 1994, Helio Piñón y Albert Viaplana la reformaron y le añadieron ese prisma de cristal que hoy es su seña de identidad. El centro abrió sus puertas el 24 de febrero de 1994.
«El culto a la belleza»
La exposición que vimos, «El culto a la belleza», está abierta hasta el 8 de noviembre. Es la adaptación local de una muestra que Janice Li comisarió en 2023 para la Wellcome Collection de Londres, y recorre en tres partes cómo se han ido construyendo los ideales de belleza: los cánones, la industria de la autoimagen y los cuerpos que quedan fuera de la norma. Uno de los datos de los textos de sala da que pensar: en 2025, el mercado mundial de productos para aclarar la piel superó los 10.000 millones de dólares.
Hay piezas magníficas y otras más discutibles, o simplemente cuestión de gustos. Entre lo que más me gustó, una pared de fotografías de gran formato en tonos pastel —creo que de Juno Calypso, que figura entre los artistas de la muestra—, con escenas en baños azules y rosas, y un collage de san Sebastián con las flechas numeradas y garabatos blancos por todas partes, un guiño a la iconografía que el santo tiene desde hace décadas en la cultura gay. La parte dedicada a la cirugía estética preferí recorrerla de pasada. En resumen, no es una exposición imprescindible, pero nos tuvo entretenidos una hora y media larga.
Para ir. Carrer de Montalegre 5, metro Catalunya (L1 y L3) o Universitat (L1 y L2). Abre de martes a domingo, de 10:00 a 20:00. La entrada a una exposición cuesta 8 € por internet y 10 € en taquilla, y los domingos de 15:00 a 20:00 es gratis, con aforo limitado. Hay más en el artículo del CCCB.




Al salir dimos un paseo por el Raval y comimos algo por la zona.
Mamma Mia! en el Teatre Tívoli
A las 17:00 teníamos entradas para Mamma Mia! en el Teatre Tívoli. Yo ya lo había visto hace años en Bilbao —lo conté en Mamma Mia! en el Palacio Euskalduna—, pero esta era otra producción, en castellano y, por lo que tengo entendido, la misma versión actualizada que estuvo tres años en el Teatro Rialto de Madrid y ahora recorre España de gira.
Un poco de contexto para musicaleros: el espectáculo se estrenó en el Prince Edward Theatre de Londres el 6 de abril de 1999, con libreto de Catherine Johnson, las canciones de ABBA firmadas por Benny Andersson y Björn Ulvaeus y dirección de Phyllida Lloyd. La primera versión en castellano llegó a Madrid en noviembre de 2004. El teatro también tiene lo suyo: el Tívoli, en el carrer de Casp, es de 1919, lo proyectó Miquel Madorell i Rius, tiene unas 1.600 localidades y los cinéfilos lo reconocerán de Todo sobre mi madre, de Almodóvar. La temporada de Mamma Mia! arrancó allí el 26 de septiembre de 2026, con entradas desde unos 20 €.
Las nuestras costaron 49,80 € las dos y estaban en la última fila del piso de arriba: lo más lejos posible del escenario y con una visión muy en picado, pero fue la manera de verlo al precio más asequible. Salimos tarareando, aunque me pareció que no todo el elenco estaba a la altura. De eso hablo con calma en el artículo de Musicales: Mamma Mia! en el Teatre Tívoli de Barcelona.


Una cena con Idoia y Edu
A la salida del teatro habíamos quedado con Idoia, Edu y su hija. Idoia es la amiga de la que ya hablé en nuestro primer viaje juntos a Barcelona, en 2021. Cenamos en un Sandwichez, una cadena de sándwiches, y se nos fue el tiempo hablando y poniéndonos al día. Después, a casa, que al día siguiente empezaba lo bueno.

Día 3. Siete edificios con pulsera de acceso prioritario¶
El sábado arrancaba el festival. Como nuestro turno de voluntarios era el domingo, teníamos el día entero para visitar, y aquí la pulsera de acceso prioritario demostró lo que vale: nos ahorró colas largas, sobre todo en The One, en el Colegio de Abogados y en Betevé. Con un programa de 225 entradas hay que elegir, así que planteamos un recorrido que combinara arquitectura contemporánea, patrimonio y algún espacio de esos que no se pisan nunca. Vimos siete edificios, en este orden. Cada uno tiene su artículo completo en la sección de Destinos, enlazado en su apartado; aquí va un resumen de cada visita.
Juno House, un club privado en una antigua harinera
Empezamos por Juno House, en la calle Aribau. Desde la calle se ve un edificio de coliving, un modelo de vivienda en el que cada inquilino tiene su habitación y comparte cocinas y salones, con los servicios incluidos y contratos más flexibles que un alquiler convencional. La sorpresa llega al cruzar al patio interior: allí aparece el edificio de la antigua Farinera d'Aribau, una fábrica de harinas que hoy ocupa por completo Juno House, el primer club privado de Barcelona creado por y para mujeres. Según el Ayuntamiento (se abre en una ventana nueva), abrió en 2022 y cuenta con más de seiscientas socias.
Es justo el tipo de lugar que da sentido a Open House: al ser un club privado, el resto del año no se puede visitar. Hay más en el artículo de Juno House.


Casa SEAT, la embajada del coche en el Passeig de Gràcia
Casa SEAT ocupa la esquina del Passeig de Gràcia con la Diagonal (Passeig de Gràcia 109, aunque el programa de Open House la sitúa en Diagonal 446), en el antiguo edificio de oficinas del Deutsche Bank. Su reconversión fue un culebrón: la propiedad quiso primero hacer un hotel, el Ayuntamiento lo rechazó, después se planteó convertirlo en apartamentos y finalmente se lo quedó SEAT.
Carlos Ferrater lo reformó entre 2018 y 2020. Lo partió en dos volúmenes, abrió entre ambos un pasaje peatonal que conecta los Jardinets de Gràcia con la iglesia de Pompeia y lo revistió de bronce. SEAT lo inauguró en 2020 como su «embajada» en Barcelona, con unos 2.500 m² de espacios de trabajo, un bar, un auditorio y el CUPRA Garage. A mí me gustó mucho, sobre todo por sus ventanales, que meten la ciudad dentro del edificio. Cuando fuimos había expuestos un SEAT de rally y varias motos clásicas de competición.
En la cola me abordó una reportera de Betevé, la televisión municipal de Barcelona. Quería saber por qué habíamos elegido ese edificio y qué otros pensábamos ver. Le contesté que buscábamos algo moderno y diferente: tenemos Barcelona tan asociada al modernismo que resulta refrescante descubrir otros estilos.
Para ir. Passeig de Gràcia 109, metro Diagonal (L3 y L5). Abre de lunes a sábado, de 9:00 a 20:30, y se puede entrar libremente. Hay más en el artículo de Casa SEAT.




Hotel The One Barcelona
En la esquina de Provença con Pau Claris está The One Barcelona, un hotel de lujo de la cadena H10 que abrió en febrero de 2017, con 89 habitaciones y diseño de Jaime Beriestain, que firmó la arquitectura y el interiorismo. Lo que no te esperas desde la calle es su corazón: un atrio acristalado de líneas curvas que reparte la luz natural por los pasillos y las zonas comunes. Mirar hacia arriba desde el fondo del patio, con las barandillas de cristal repitiéndose planta tras planta, es de lo más fotogénico del día.
Aquí la pulsera nos ahorró una cola considerable. Al tratarse de un hotel en funcionamiento, fuera del festival no es un lugar para visitar, salvo que te alojes en él. Hay más en el artículo de The One Barcelona.



El Colegio de Abogados en el Palauet Casades
El Colegio de Abogados de Barcelona tiene su sede en el Palauet Casades, en el carrer de Mallorca 283. Se construyó entre 1881 y 1885 como residencia del industrial textil Carles de Casades, según proyecto de Antoni Serra, y el Colegio, fundado en 1833, lo compró en 1921, después de dejar su sede anterior en la Casa de l'Ardiaca. Por dentro es una maravilla, sobre todo el Patio de Columnas, cubierto por una claraboya y rodeado de columnas de mármoles de distintos colores.
La joya, sin embargo, es su biblioteca, que nació con el propio Colegio en 1833 y hoy reúne más de 350.000 volúmenes, entre ellos 28 incunables —libros impresos antes de 1501— y más de dos mil pergaminos. Durante la Guerra Civil, según cuenta el propio Colegio (se abre en una ventana nueva), un grupo de voluntarios bajó 60.000 volúmenes al sótano para protegerlos de los bombardeos. Con su doble altura, su balcón perimetral y su suelo de damero, es de esas bibliotecas en las que apetece quedarse a leer. También aquí agradecimos la pulsera.
Para ir. Fuera de Open House se visita en grupos de 15 a 25 personas, con reserva previa a través de Cases Singulars. Hay más en el artículo del Palauet Casades.




LCI Barcelona, un campus premiado en el 22@
Cambiamos de siglo y de barrio para ir al 22@, el distrito tecnológico que ha transformado el antiguo Poblenou industrial. Allí, en el carrer d'Àlaba 124, está LCI Barcelona, el campus de una escuela de diseño y artes visuales. Lo proyectó Circular Studio, abrió en 2024, tiene unos 11.000 m², capacidad para hasta 3.000 alumnos y costó 35 millones de euros. En 2025 recibió el Prix Versailles en la categoría de campus, uno de los premios de arquitectura más mediáticos del mundo, como nos contó con orgullo el guía.
Aun así, a mí no me pareció para tanto: el atrio de escaleras blancas tiene su gracia y la terraza ofrece buenas vistas a la Torre Glòries, pero fue la visita menos interesante del día. Hay más en el artículo de LCI Barcelona.




Edificio Media-TIC, la fachada que respira
El Media-TIC, en el carrer de Roc Boronat 117, lo proyectó Cloud 9, el estudio de Enric Ruiz-Geli, y se terminó hacia 2009. Es una incubadora de empresas tecnológicas y audiovisuales de más de 20.000 m², y en su día se convirtió en uno de los iconos del 22@ por su fachada experimental.
La idea es fascinante. En los lados más expuestos al sol, el edificio se recubre de cojines de ETFE, un plástico transparente y muy ligero. En la fachada sudoeste, esos cojines se inflan con aire y nitrógeno; al inyectarse, el gas forma una especie de nube en su interior que filtra la radiación solar y regula cuánta luz y calor entran. Es, literalmente, una fachada que se adapta al sol como si respirara.
Me interesó muchísimo su construcción, con fachadas y tecnologías distintas en cada orientación. Pero también me dio cierta pena: el edificio está envejeciendo mal, con la fachada muy sucia y los suelos exteriores con claros signos de óxido. El guía nos confirmó además que el sistema de inyección de nitrógeno de una de las fachadas ya no funciona. Una buena lección sobre lo difícil que es mantener la arquitectura más experimental.
Para ir. Metro Llacuna (L4) o tranvía T4 hasta Ca l'Aranyó. Hay más en el artículo del Media-TIC.




Betevé, entre platós y redacciones
Betevé es la televisión municipal de Barcelona. Emitió por primera vez el 3 de noviembre de 1994, como Barcelona Televisió, desde unos estudios en la Via Laietana, y desde 2005 trabaja en el 22@, en la plaza Tísner; en 2017 adoptó su nombre actual. Pertenece al cien por cien al Ayuntamiento y emite en catalán. Es una de las visitas con más tirón del festival: en 2023 la recorrieron unas 500 personas, en grupos de veinte y con guía.
Terminamos aquí el día y fue un broche divertidísimo: platós, camerinos, la sala de control llena de monitores y las redacciones en plena actividad. Para quien nunca ha visto cómo se hace la tele por dentro, es una visita muy recomendable. Hay más en el artículo de Betevé.
En la redacción nos reencontramos con la reportera que me había entrevistado en la cola de Casa SEAT, muy maja, que me contó que estaba montando la pieza y que quizá saldría esa misma noche. No he logrado verme, así que no sé si llegó a emitirse; imagino que, como mucho, seré unos segundos dentro de un reportaje sobre Open House.




Un paseo por Glòries
Para bajar revoluciones dimos un paseo por Glòries, pasando por delante del Museu del Disseny y de la Torre Glòries. Los dos los conocemos de viajes anteriores, pero la zona invita a pasear, y ahora más que nunca: tras casi veinte años de obras y unos 640 millones de euros, la nueva plaza se inauguró en abril de 2025 y ha pasado de ser un nudo de tráfico a un gran parque.
El Museu del Disseny, de MBM Arquitectes, abrió en 2014 y los barceloneses lo llaman «la grapadora» por su enorme voladizo, y no les falta razón. La torre es de Jean Nouvel con b720, mide 144,44 metros y se inauguró en 2005 como Torre Agbar; se llama Glòries desde 2017 y su mirador de la planta 30 abrió en 2022. Cenamos por la zona y a descansar, que el domingo tocaba trabajar.

Día 4. Pedralbes, Casa Adret y la fiesta de voluntarios¶
El Pabellón Illa, deporte encima de una escuela
De camino a Pedralbes paramos en el Pabellón Illa, el polideportivo municipal de L'Illa, en el carrer de Numància 142, en Les Corts. Lo proyectaron Anna Noguera y Joan Carles Navarro, con Albert Salazar, y lo inauguró el alcalde el 3 de septiembre de 2025, tras una obra de 16,3 millones de euros. Nos lo enseñó uno de los arquitectos, que además nos pasó un dosier en PDF sobre la reforma.
El reto era considerable. El antiguo pabellón era el único municipal del barrio homologado para competiciones y se había quedado pequeño, así que la solución fue construir un doble pabellón encima de las dependencias de una escuela, sin interrumpir las clases durante las obras. El resultado son dos pistas superpuestas, cada una divisible en tres, de modo que pueden jugarse seis partidos a la vez. Por fuera, el volumen nuevo, de policarbonato celular translúcido, parece flotar sobre una base de piedra rojiza, y de noche se ilumina como un farol. La estructura es de madera laminada y contralaminada, con una gran viga metálica que cruza toda la pista apoyada solo en dos pilares, para no cargar peso sobre la escuela de debajo.
Lo vimos por dentro, aunque con restricciones: había competiciones en marcha, así que solo pudimos acceder a la zona de espectadores y nos quedamos sin ver los vestuarios. Lo que más me interesó fue su apuesta energética. La cubierta en diente de sierra lleva placas fotovoltaicas con una potencia de 100 kWp y, en muchas épocas del año, produce más energía de la que consume el propio pabellón; el excedente se cede a los edificios municipales cercanos. Por eso está catalogado como edificio de consumo de energía casi nulo (nZEB). También me resultó curioso el sistema de cortinas que divide cada pista en tres.
Para ir. Es un equipamiento deportivo en uso, así que fuera de Open House solo se entra como usuario o espectador. Hay más en el artículo del Pabellón Illa.

El monasterio de Pedralbes, nuestro turno de voluntarios
Llegamos con tiempo al monasterio de Pedralbes para unirnos a la visita guiada de las 12:15 con el arquitecto Josep Maria Julià, que incluía espacios cerrados al público: el coro, las oficinas y un salón de actos. Julià se ocupa de la restauración del monasterio desde 1988, siguiendo los pasos de arquitectos como Joan y Geroni Martorell, Bassegoda o López Íñigo, que han intervenido en él durante los últimos ciento veinte años. Habló largo y tendido de historia y de estilos constructivos, pero la visita fue íntegramente en catalán y hubo partes que se me escaparon.
La historia empieza con la reina Elisenda de Montcada, cuarta esposa de Jaime II de Aragón, que compró los terrenos en enero de 1326, obtuvo la licencia del papa ese mismo año y puso en marcha las obras con una rapidez asombrosa. El monasterio, de monjas clarisas, se consagró en 1327, y la comunidad vivió en él sin interrupción hasta 1983, cuando se abrió al público. Por eso hoy se recorren sus espacios más cotidianos, como las celdas, la cocina o la enfermería, y el Museu-Monestir reúne obras de arte, objetos litúrgicos y mobiliario que las monjas fueron acumulando durante siglos.
El claustro gótico, de tres pisos de galerías, es uno de los más grandes y bonitos de Europa. La iglesia tiene una sola nave con siete tramos de bóveda y un ábside heptagonal, y la capilla de Sant Miquel conserva los frescos que Ferrer Bassa pintó en 1346, una de las joyas de la pintura gótica catalana. No hay que perderse el sepulcro de Elisenda, que tiene dos caras: hacia la iglesia aparece como reina y hacia el claustro, como viuda penitente.
Lo que más me impresionó fueron el coro y la iglesia vistos desde arriba, y es una pena que no estén abiertos al público. De las zonas visitables, la capilla con los frescos, el claustro y los huertos forman un conjunto que justifica de sobra la visita.
Después llegó nuestro turno de control de acceso, de 13:30 a 17:00, la hora de cierre del monasterio ese domingo.
Para ir. Baixada del Monestir 9, en Pedralbes. De octubre a marzo abre de martes a viernes de 10:00 a 14:00 y sábados y domingos de 10:00 a 17:00. La entrada cuesta 5,20 € (3,70 € la reducida) y es gratuita todos los domingos desde las 15:00 y el primer domingo de cada mes. Hay más en el artículo del monasterio.








Un café en Salterio
Terminado el turno, pusimos rumbo al barrio Gótico para exprimir las últimas visitas antes de que los edificios cerraran a las 19:00. Antes de nada, una parada en Salterio, una tetería que entramos casi por casualidad, pasadas las cinco de la tarde y con prisa entre visita y visita. Es un local de muros de piedra, vigas oscuras y lámparas de colores, y el café no salió de una máquina, sino de una cafetera italiana puesta al fuego. Rafa dijo que era el mejor que había tomado en años. Un café y un refresco costaron 6 €. Hay más en el artículo de Salterio.
Casa Adret, ocho siglos en el Call
Salterio está puerta con puerta con Casa Adret, que suele presentarse como la casa habitada más antigua de Barcelona. Es una afirmación que repiten muchas guías, aunque yo no he encontrado documentación que la respalde, así que la tomo con cautela.
Lo que sí es seguro es que su historia da para novela. Está en el carrer de Salomó ben Adret, en pleno Call, la antigua judería, una calle que hasta 2018 se llamaba Sant Domènec del Call. Perteneció a Astruch Adret, un comerciante judío que en 1391, tras los asaltos a la judería de aquel año, tuvo que venderla y convertirse al catolicismo. Después fue funeraria e incluso burdel, hasta que en 2018 abrió como centro cultural judío. El programa de Open House la llama Casa Adret–Casa Mas y la presenta como sede de la asociación Mozaika.
Una reforma reciente le ha dado un interior moderno que convive con los restos de muros medievales, visibles tras cristaleras, y una pequeña terraza en lo alto con vistas a los tejados del barrio, preciosa al atardecer. Otro edificio en el que no habríamos entrado sin la pulsera. Hay más en el artículo de Casa Adret.






El Museu de Cultures del Món, en la calle Montcada
Desde allí llegamos justo a tiempo a la última visita guiada del Museu de Cultures del Món, en la calle Montcada, una de las más bonitas de la Barcelona medieval, la misma del Museu Picasso. El museo ocupa dos palacios góticos contiguos: el del Marquès de Llió, con origen en el siglo XIII, y el Palau Nadal, formado por dos casas del siglo XIV que Jeroni Nadal unió en 1637. La sede abrió en 2015 y en 2017 se integró con el Museu Etnològic de Montjuïc.
Para ir. Carrer de Montcada 12-14, metro Jaume I (L4), Liceu (L3) o Arc de Triomf (L1). Abre de martes a domingo, de 10:00 a 20:00, y la entrada cuesta 5,20 € (3,70 € la reducida). Es gratuita los domingos de 15:00 a 19:30 y el primer domingo de cada mes. Hay más en el artículo del museo.
Con los cuatro del domingo —el Pabellón Illa, Pedralbes, Casa Adret y el museo—, cerramos el fin de semana con once edificios en la mochila.


La fiesta de voluntarios en la Llotja de Mar
El broche del festival fue la fiesta de voluntarios en la Llotja de Mar, otro edificio impresionante que nos trajo a la memoria la Lonja de la Seda de Valencia. Estuvimos de charla con otros voluntarios, con nuestra coordinadora y con los organizadores desde las 19:00 hasta cerca de las 21:30.
El parecido con Valencia tiene su explicación, y es una buena lección de historia. La sala gótica en la que celebramos la fiesta es la parte más antigua: los mercaderes propusieron construir una lonja en 1339, las obras empezaron en 1352 y en 1384 se retomó el proyecto bajo la dirección de Pere Arvei, con una sala de tres naves separadas por arcos de medio punto y techo plano de madera. Tras 1714 el edificio se usó como cuartel; en 1771 la Junta de Comercio lo recuperó y encargó a Joan Soler i Faneca el edificio neoclásico que hoy lo envuelve, inaugurado en 1802.
La Lonja de la Seda valenciana es aproximadamente un siglo posterior: se construyó entre 1482 y 1533, y su sala de contratación, obra de Pere Compte, se levantó entre 1483 y 1498. Comparte con la de Barcelona la idea de una gran sala gótica de tres naves para el comercio, pero se distingue por sus célebres columnas helicoidales y sus bóvedas de crucería, frente a los arcos de medio punto y el techo plano barceloneses.
Los organizadores nos contaron que no les había resultado fácil usar el espacio: por ejemplo, está prohibido apoyar un botellín de cerveza en los bancos de piedra, y les habían limitado mucho las opciones de servir comida, como pizzas o similares. Después fuimos a cenar y, por fin, a descansar.
Para ir. Passeig d'Isabel II 1. Desde el 23 de julio de 2026 la planta baja se puede visitar gratis todos los días de 11:00 a 17:00, por la entrada de Pla de Palau y siempre que no haya actos, y hay visitas guiadas a otras salas por 16 €. Hay más en el artículo de la Llotja de Mar.


Día 5. Palau Robert, Maldà y el regreso¶
El lunes tocaba dejar el piso a las 12:00 y, como el vuelo no salía hasta las 21:35, había que llenar el día con las mochilas a cuestas. Después de desayunar, buscamos un plan gratuito y a cubierto para la mañana: el Palau Robert y sus exposiciones.
Palau Robert, cuatro exposiciones gratuitas
El palacio, en el Passeig de Gràcia 107, se terminó en 1903 como residencia de Robert Robert i Surís. Es de estilo neoclásico y lo proyectó Henry Grandpierre. La Generalitat lo compró en 1981 y hoy es su centro de información turística y de exposiciones, con un jardín abierto al público que es un pequeño oasis en pleno Passeig de Gràcia. Abre de lunes a sábado de 9:00 a 20:00 y los domingos y festivos de 9:00 a 14:30. Un aviso importante: en mayo de 2026 Nació Digital informó de que el palacio cerrará un año y medio por una reforma integral, así que comprobad las fechas antes de ir.
Vimos cuatro exposiciones, todas gratuitas. La que más me gustó fue «Pau Casals, música per la pau», abierta hasta el 10 de enero de 2027 para conmemorar los 150 años del nacimiento del violonchelista. Recuerda, entre otras cosas, aquel 24 de octubre de 1971 en que estrenó en la ONU el Himne a les Nacions Unides, con texto de W. H. Auden, y tocó El cant dels ocells. Me encantó sobre todo el montaje: proyecciones sobre telas semitransparentes que dejan ver los objetos de detrás y crean un efecto tridimensional, atriles con partituras suspendidos del techo... Muy imaginativo.
La segunda que más disfrutamos fue «Un teatre Lliure», hasta el 17 de enero de 2027, que celebra el medio siglo del Teatre Lliure, nacido en 1976 como cooperativa en la Lleialtat de Gràcia y hoy instalado en Montjuïc. Merece mucho la pena por la evolución de sus carteles, el vestuario y la forma en que la compañía ha jugado con sus espacios.
Las otras dos son más especializadas. «Josep M. Castellet, personatge en grup», hasta el 24 de enero de 2027, celebra el centenario de Castellet (1926-2014), que durante treinta años fue director literario de Edicions 62 y supervisó más de 3.000 títulos. Y «Ciutats en trànsit. Repensar per regenerar», hasta el 10 de enero de 2027, forma parte de la programación de Barcelona Capital Mundial de la Arquitectura y muestra, con maquetas y planos, la regeneración de cinco ciudades medianas catalanas: Valls, Berga, Tremp, Balaguer y Palamós. Terminamos la visita sentados en el jardín, disfrutando del sol de otoño. Hay más en el artículo del Palau Robert.




Las Galerías Maldà, otra vez
Después fuimos a las Galerías Maldà a buscar un regalo para una amiga. Fueron las primeras galerías comerciales cubiertas de Barcelona: se abrieron en 1942 o 1943 dentro del palacio del barón de Maldà, con accesos por el carrer del Pi, la plaza del Pi y la calle Portaferrissa. Su gran problema es que la propiedad está muy fragmentada, con cada local en manos de un dueño distinto. En 2015 el Ayuntamiento recordaba que son privadas y que cualquier propuesta de revitalización debía partir de los propietarios; ese año, 25 de sus 66 locales estaban cerrados.
El renacer llegó en octubre de 2017 con la tienda de Harry Potter de Reino de Juguetes, que convirtió las galerías en un templo del coleccionismo y de las tiendas frikis. Pero en 2024, según Metròpoli Abierta, esa cadena cerró casi todos sus locales y se quedó con tres. El declive ya se notaba el año pasado, como conté en el diario de 2025, y ahora es evidente: muchísimos locales cerrados, tiendas genéricas de recuerdos y apenas un par de comercios con personalidad que resisten. En marzo de 2025 la propiedad aseguraba que los cierres eran menos graves de lo que se contaba y que habían abierto tiendas nuevas; lo que yo vi este año no me lo parece.
Diagonal Mar y vuelta al aeropuerto
Cambiamos de estrategia y nos fuimos a Diagonal Mar, donde sí encontramos el regalo y aprovechamos para comer. Después paseamos por los alrededores, por delante del NAT, de la torre de Telefónica y hasta las vistas al mar.
Diagonal Mar es un barrio nuevo levantado sobre una zona industrial degradada del Poblenou, con casi todo listo para el Fòrum Universal de las Culturas de 2004. Su arquitectura es un pequeño catálogo de firmas. El NAT, el Museu de Ciències Naturals, ocupa el edificio Fòrum de Herzog & de Meuron, un triángulo de 180 metros de lado y 25 de alto que abrió en 2011 como Museu Blau. La torre de Telefónica, de 110 metros, la proyectó Enric Massip-Bosch y se terminó en 2011. Y la gran pérgola fotovoltaica de Elías Torres y J. A. Martínez Lapeña, de 2004, tiene casi 3.000 paneles y evita la emisión de 440 toneladas de CO₂ al año.





Volvimos al centro en la T4, el tranvía que desde el 10 de noviembre de 2024 llega hasta Verdaguer por la Diagonal, nos tomamos un piscolabis sentados en una plaza de la zona y pusimos rumbo al aeropuerto. El regreso, sin incidencias.

Conclusiones de un segundo año¶
Lo que nos llevamos de Barcelona
Lo hemos pasado muy bien. Hemos disfrutado del festival, de la ciudad y de la gente, y volvemos a casa con once edificios más en la memoria, varios de ellos imposibles de visitar el resto del año. Para quien le guste la arquitectura, 48H Open House Barcelona sigue siendo una cita imprescindible, y hacerlo como voluntario es la mejor manera de vivirlo por dentro.
Consejos para disfrutar de 48H Open House Barcelona
Si os animáis a ir, lo primero es preparar el recorrido con el programa en la mano. Con más de doscientos edificios es imposible verlo todo, así que conviene agruparlos por barrios para no perder el tiempo en desplazamientos: nosotros dedicamos el sábado al Eixample y al 22@ y el domingo a Les Corts, Pedralbes y Ciutat Vella. Los edificios más populares, como hoteles, sedes institucionales o televisiones, acumulan colas larguísimas, y como no admiten reserva, lo mejor es llegar antes de la apertura o dejarlos para última hora.
La otra opción es hacerse voluntario. A cambio de un turno de unas horas recibes la pulsera de acceso prioritario, que te permite saltarte las colas el resto del fin de semana, y además conoces el festival desde dentro y a la gente que lo hace posible. Eso sí, si venís de fuera tened en cuenta que las visitas previas para voluntarios son entre semana, y que la mayoría de las visitas guiadas se hacen en catalán.
El idioma, la asignatura pendiente
Y es que no todo fue cómodo. Todas las visitas guiadas que hicimos este año fueron en catalán. El año pasado lo apunté como un pero menor; este año, repetido a lo largo de todo el fin de semana, acabó por cansarnos, porque hubo explicaciones que se nos escaparon en edificios que nos interesaban mucho.
Hubo además algún momento incómodo: en ciertos lugares nos exigieron hablar catalán por el hecho de ser voluntarios. Venimos de otra comunidad a colaborar, pagando nuestro viaje y poniendo nuestro tiempo, y que nos lo echaran en cara nos sentó mal. A alguna de esas personas acabé respondiéndole en euskera, para que entendiera que apoyo el uso de las lenguas propias, pero que no se le pueden exigir a quien viene de visita. Por suerte, también hubo muchísima gente encantadora, empezando por los organizadores y nuestra coordinadora, pero esos roces nos han supuesto un desgaste importante.
Y el año que viene
Ahora mismo no pensamos repetir en 2027. La idea es explorar otros Open House: barajamos Málaga, Lisboa u Oporto, dos ciudades que ya conocemos como turistas pero que seguro que guardan muchas puertas cerradas por descubrir. Incluso Valencia, aunque después de un año con todas las visitas en catalán, igual no nos apetece encontrarnos con lo mismo en valenciano. Ya os contaré dónde planta raíces la semilla.
























