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El interior del Gran Mercado Central de Budapest, con su estructura metálica y los puestos de paprika y embutidos

Destinos · Hungría · Budapest

Gran Mercado Central de Budapest: qué comprar y a qué hora ir

El Nagycsarnok es uno de los mercados cubiertos más bonitos de Europa y también una de las visitas que peor se planifican: un sábado a mediodía es imposible disfrutarlo y los domingos ni siquiera abre. Cuándo ir, qué merece la pena comprar y qué planta se salta casi todo el mundo.

Lectura de 7 minutos

Un edificio que reconcilia con la arquitectura utilitaria

El Gran Mercado Central, el Nagycsarnok, se inauguró en 1897, cuando Budapest crecía a un ritmo que sus mercados al aire libre ya no podían abastecer. La ciudad decidió construir mercados cubiertos siguiendo el modelo de los grandes mercados parisinos de hierro y cristal, y este, obra de Samu Pecz, fue el mayor de todos: ciento cincuenta metros de largo, estructura metálica, arcos de ladrillo y tres plantas.

Lo que lo hace inconfundible desde fuera es la cubierta, un mosaico de tejas de cerámica de colores fabricadas por Zsolnay, la mítica fábrica húngara que también vistió la iglesia de Matías y medio centenar de edificios emblemáticos del país. La fachada neogótica de ladrillo rojo, con el escudo de la ciudad en el frontón, tiene ese aire de catedral laica que tenían las infraestructuras del siglo XIX cuando todavía creían en sí mismas.

Un detalle poco conocido: pocos días antes de la entrega, un incendio destruyó buena parte de la cubierta y hubo que rehacerla, retrasando la inauguración. En la Segunda Guerra Mundial volvió a sufrir daños, y la restauración integral que le devolvió el aspecto actual no llegó hasta los años noventa.

Las tres plantas, y la que casi nadie pisa

La planta baja es el mercado propiamente dicho y donde está el alma gastronómica del país. Montañas de paprika en todas sus variantes, dulce, picante y ahumada, colgada en ristras o envasada; embutidos y salchichas curadas colgando sobre los mostradores; foie gras húngaro a precios que en Francia parecerían un error de imprenta; quesos, encurtidos en salmuera y verdura de temporada. Sobre la paprika hay una historia que merece contarse: no llegó a Hungría hasta el siglo XVI, de la mano de los otomanos, y tardó siglos en pasar de especia exótica a ingrediente nacional. Hoy es imposible imaginar esta cocina sin ella.

La planta superior es la que más gente fotografía y la más turística. Ahí se concentran los puestos de bordados, manteles, muñecas y souvenirs, junto a una hilera de pequeños comedores donde se come de pie o en mesas compartidas. Es donde probar el lángos, esa torta de masa frita cubierta de crema agria y queso rallado que es la comida callejera húngara por excelencia, y también goulash, embutidos a la plancha o pörkölt. No es alta cocina ni pretende serlo, y los precios han subido bastante en los últimos años, pero funciona bien para comer rápido y barato en pleno centro.

Y luego está el sótano, que la inmensa mayoría de visitantes ignora por completo. Ahí abajo hay pescaderías, barriles de encurtidos, carnicerías y un supermercado, y es donde se ve cómo compra realmente la gente de Budapest. Bajar diez escalones cambia por completo la impresión que uno se lleva del edificio: arriba, atracción turística; abajo, mercado de barrio.

A qué hora ir, que es lo que decide la visita

Este es el consejo más importante del artículo, y lo doy escarmentado. Llegué un sábado a media mañana y los pasillos eran un cuello de botella continuo: imposible pararse a mirar un puesto sin bloquear a diez personas detrás, imposible fotografiar la estructura sin veinte cabezas de por medio, imposible tener la conversación mínima con un tendero. Un edificio que merece una hora larga se despachó en veinte minutos de agobio.

El horario general es de lunes a viernes de seis de la mañana a seis de la tarde, y los sábados desde las seis hasta media tarde. Los domingos y los festivos no abre, y ese es el error de planificación más común: aparecer un domingo y encontrarse las puertas cerradas.

El mejor momento es entre semana, entre las nueve y las once de la mañana. A esa hora los puestos ya están montados, todavía no han llegado los grupos organizados y se puede recorrer con calma. Las primeras horas, desde las seis, son incluso más auténticas pero con parte del mercado aún despertando. Y a partir del mediodía del sábado, mejor buscar otro plan.

Qué comprar y qué no

La paprika es la compra obvia y la que mejor viaja. Merece la pena fijarse en la diferencia entre las latas decorativas con paisajes húngaros, pensadas para el turista, y los envases sencillos que compran los locales, que suelen tener mejor producto por menos dinero. Pregunta si es édesnemes, la variedad dulce noble de uso general, o si buscas algo más picante. También se vende en pasta, en tubo, que es como la usan muchas cocinas húngaras.

El foie gras húngaro es de los mejores del mundo y aquí cuesta una fracción de lo que pagarías en Francia. El salami de invierno, el téliszalámi, es otro clásico exportable, igual que los encurtidos y las conservas de guindilla. Y el vino: además del Tokaji dulce que todo el mundo conoce, Hungría produce tintos interesantes de Villány y Eger y blancos secos del Balaton, y aquí se encuentran a precios razonables, aunque para una compra seria conviene ir a una vinoteca especializada.

Lo que no compraría son los souvenirs textiles de la planta superior, mayoritariamente producción industrial con motivos folclóricos, ni la comida en los puestos que dan directamente a la entrada principal, que son los más caros del edificio por pura posición. Y conviene comprobar precios: en los puestos más orientados al visitante, el mismo producto puede costar bastante más que veinte metros más adentro.

Los otros mercados, si buscas algo menos turístico

El Nagycsarnok es el más bonito, pero no el más auténtico. Si lo que te interesa es ver un mercado húngaro funcionando como tal, Budapest tiene varios mercados de distrito mucho menos visitados.

El más recomendable es el de la calle Hold, a pocos minutos de la basílica de San Esteban, un edificio de la misma época y del mismo estilo, mucho más pequeño, con clientela local y una planta superior de comedores que se ha convertido en uno de los sitios de moda para comer bien y barato en el centro. En el lado de Buda está el mercado de la calle Fény, junto a la plaza Széll Kálmán, que es puro mercado de barrio sin ninguna concesión al visitante.

Ir a uno de estos y al Nagycsarnok no es redundante, porque enseñan cosas distintas: uno es arquitectura monumental del XIX y el otro es la compra del martes.

Detalles prácticos

La entrada es libre y no hace falta reservar nada. Se paga con tarjeta en la mayoría de puestos, aunque algunos de los pequeños siguen prefiriendo efectivo, así que conviene llevar algunos forintos sueltos. Los aseos están en la planta baja y son de pago, con una cantidad simbólica.

Para llegar, el mercado está en la plaza Fővám, al pie del puente de la Libertad. Tiene parada propia de la línea M4 de metro y paran justo delante los tranvías 2, 47 y 49, además de varios autobuses. Está a diez minutos andando del extremo sur de la calle Váci, que es la forma habitual de encadenar la visita.

Calcula entre cuarenta y cinco minutos y una hora si solo quieres verlo, y hora y media si vas a comer. Y encájalo como primera parada de la mañana: es lo que mejor funciona, tanto por la afluencia como porque desde ahí el itinerario natural sube por Váci hacia el centro de Pest.