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La estación de Ópera de la línea M1 del metro de Budapest, con su decoración de azulejo y hierro fundido de finales del siglo XIX

Destinos · Hungría · Budapest

La línea M1 de Budapest: el metro más antiguo del continente

Andenes de cincuenta metros, techos bajos, azulejo decorado y hierro fundido: la línea amarilla del metro de Budapest circula desde 1896, es Patrimonio de la Humanidad y cuesta lo mismo que cualquier otro billete. Cómo recorrerla, qué mirar en cada estación y dónde está el museo que casi nadie encuentra.

Lectura de 6 minutos

Una atracción turística que además te lleva a sitios

Hay pocas cosas en el turismo urbano tan agradecidas como una atracción que además es transporte. La línea M1 del metro de Budapest, la amarilla, se inauguró el 2 de mayo de 1896 y es el ferrocarril subterráneo más antiguo de la Europa continental, el segundo del mundo después del de Londres y el primero del planeta concebido desde el principio con tracción eléctrica. En 2002 la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad junto con la avenida Andrássy, bajo la que discurre.

Cumplió ciento treinta años en mayo de 2026 y sigue funcionando como lo que es: una línea de metro que usan a diario miles de budapestinos para ir al trabajo, no un tren turístico. Esa doble condición es exactamente su gracia. Se accede con cualquier billete sencillo o abono de transporte, sin entrada ni reserva, y te deja en tres de los puntos que ibas a visitar de todas formas.

Se construyó para las celebraciones del milenario húngaro de 1896, cuando Budapest quería demostrar al mundo que estaba a la altura de las grandes capitales. La razón de fondo era prosaica: se quería conectar el centro con el parque de la ciudad y el Ayuntamiento no permitía tranvías de superficie en la elegantísima avenida Andrássy recién inaugurada. La solución fue meterlos debajo.

Por qué parece un metro de juguete

Lo primero que sorprende al bajar es la escala. Los andenes miden apenas cincuenta metros, los techos están tan bajos que casi se tocan y las escaleras te dejan en el andén en cuestión de segundos, porque la línea discurre a unos cinco metros de profundidad. Se construyó con el método de zanja abierta: se levantó la calle, se hizo el cajón y se volvió a tapar. De ahí que hoy sea el metro más rápido de usar de la ciudad, porque prácticamente no hay que bajar.

Las estaciones conservan el diseño original de finales del XIX: azulejo cerámico decorado, columnas y vigas de hierro fundido con roblones a la vista, carteles con la tipografía de época y esa luz amarillenta que refuerza la sensación de estar en otro tiempo. Los trenes que circulan hoy son modernos, aunque diseñados como réplicas visuales de los originales, así que el conjunto mantiene la coherencia.

Hay una anécdota que los húngaros cuentan con gusto: el emperador Francisco José viajó en la línea el 8 de mayo de 1896, pocos días después de la inauguración, y concedió graciosamente que llevara su nombre. Una placa de mármol lo recuerda. Que un emperador se metiera en un túnel recién estrenado da la medida de lo que aquello significaba en su momento.

El recorrido, estación por estación

La línea tiene once paradas y cubre poco más de cuatro kilómetros entre Vörösmarty tér, en pleno centro de Pest, y Mexikói út, al otro lado del parque de la ciudad. Recorrerla entera lleva unos diez minutos, así que hacerla de punta a punta por el gusto de hacerlo cuesta muy poco tiempo.

El extremo sur, Vörösmarty tér, está en la plaza del mismo nombre, junto al café Gerbeaud y al final de la calle Váci. Es la estación más céntrica y la que mejor conserva el ambiente decimonónico. Una parada después, Deák Ferenc tér es el gran nudo de transporte de la ciudad, donde confluyen las líneas M1, M2 y M3.

La estación de Opera es la más fotografiada, con la salida justo delante del edificio de la Ópera Estatal, inaugurado en 1884. Un poco más adelante, Vörösmarty utca, que no hay que confundir con la plaza del mismo nombre, deja a un paso el número 60 de Andrássy, la Casa del Terror. Y el extremo norte de la parte interesante es Hősök tere, cuya salida da directamente a la Plaza de los Héroes, con el parque Városliget, el castillo de Vajdahunyad, el Museo Etnográfico y los baños Széchenyi a pocos minutos.

Esa es, de hecho, la mejor manera de aprovecharla: no como excursión sino como columna vertebral de una jornada. Bajas en Opera, subes a ver el edificio, vuelves a bajar, sigues hasta la Plaza de los Héroes y tienes resuelta media mañana sin caminar ni una cuesta.

El museo que está dentro de la propia estación

En el vestíbulo subterráneo de Deák Ferenc tér, en un tramo de túnel original que quedó fuera de servicio en 1955 durante las obras de otra línea, hay un pequeño museo dedicado a la historia del metro de Budapest. Abre de martes a domingo, cierra los lunes, y la entrada cuesta poco más que un billete sencillo.

Dentro se conservan varios coches originales de la línea, maquetas, documentos y fotografías, además de piezas rescatadas como el rótulo primitivo de la terminal del centro con su azulejo Zsolnay esmaltado. Lo mejor, sin embargo, es el propio contenedor: las paredes son las del túnel de 1896, así que la ambientación no está recreada sino que es la de verdad.

Es una visita de media hora, muy barata, perfecta para rellenar un hueco o para refugiarse de la lluvia, y está literalmente debajo del punto por el que vas a pasar varias veces durante el viaje. Cuesta entender por qué tan poca gente entra.

Lo que conviene saber antes de bajar

La M1 no es accesible. Las estaciones históricas no tienen ascensores ni rampas, y el acceso es siempre por escaleras. Para quien viaje con silla de ruedas, con carrito o con problemas de movilidad, la alternativa en ese eje es el autobús 105 por Andrássy, que hace un recorrido similar en superficie.

Los andenes son estrechos y cortos, y en hora punta se llenan bastante. Si vas a fotografiar, hazlo a media mañana o a media tarde, cuando hay menos movimiento, y ten en cuenta que la iluminación es escasa. Los trenes pasan con mucha frecuencia, así que no merece la pena apretarse en uno lleno.

Y hay algo que conviene tener en el radar a medio plazo: la línea tiene pendiente una reforma integral y una ampliación hacia el norte. El proyecto lleva años en fase preparatoria, con la financiación todavía sin cerrar, y la infraestructura no se toca a fondo desde hace tres décadas mientras los trenes superan los cincuenta años de servicio. Cuando esas obras arranquen, previsiblemente habrá cortes largos de servicio. Nada de eso afecta hoy, pero si lees este artículo dentro de unos años, conviene comprobarlo.

Un consejo final

Mucha gente coge la M1 sin darse cuenta de lo que está cogiendo, sale por las escaleras y se va a la Plaza de los Héroes sin haber mirado alrededor. Merece la pena hacer lo contrario: bajar diez minutos antes de lo necesario, recorrer el andén de punta a punta, fijarse en las columnas de hierro y en los azulejos, y dejar pasar un tren.

Es una de las pocas ocasiones en que el desplazamiento entre dos monumentos es tan interesante como los monumentos. Y de todas las cosas que se pueden hacer en Budapest por el precio de un billete de metro, esta es probablemente la mejor.