
Destinos · Hungría · Szentendre · Budapest
Excursión a Szentendre desde Budapest: cómo llegar y qué ver
Szentendre es la escapada más fácil desde Budapest: cuarenta minutos de tren de cercanías junto al Danubio para llegar a un pueblo de casas de colores con pasado serbio y una densidad de museos que no le corresponde por tamaño. Cómo llegar sin problemas con el revisor, qué ver y cuánto tiempo dedicarle.
Por qué Szentendre es la excursión que mejor funciona¶
De todas las escapadas posibles desde Budapest, Szentendre es la que mejor relación ofrece entre esfuerzo y recompensa. Está a unos veinte kilómetros al norte de la capital, se llega en cuarenta minutos con el tren de cercanías y no necesita coche, excursión organizada ni madrugón. Es el tipo de destino que encaja en media jornada y que permite volver a Budapest a tiempo de hacer algo más por la tarde.
Lo que la hace interesante no es solo el envoltorio, aunque el envoltorio sea bonito: casas de colores pastel, calles empedradas en cuesta y una plaza central donde se concentra buena parte de la vida del pueblo. Lo que le da personalidad propia es su historia. Desde el siglo XVIII, Szentendre acogió a refugiados serbios que huían del avance otomano hacia el norte, y aquella comunidad levantó varias iglesias ortodoxas que siguen en pie y en uso. Ese sustrato serbio-ortodoxo sobre un paisaje danubiano húngaro es lo que hace que el pueblo no se parezca a otros pueblos húngaros.
A esa capa se le sumó otra en el siglo XX, cuando se estableció aquí una colonia de artistas que convirtió el sitio en un pequeño centro cultural. El resultado es un pueblo de apenas veinticinco mil habitantes con más de una docena de museos y galerías, algo desproporcionado y bastante encantador. Que además esté situado en el arranque del Recodo del Danubio, donde el río gira bruscamente hacia el sur, le añade un valor paisajístico que se aprecia ya desde el tren.
Cómo llegar en tren y el detalle del billete que casi nadie explica¶
La forma normal de llegar es el HÉV, el tren suburbano de la red de Budapest. La línea es la H5 y sale de Batthyány tér, en la orilla de Buda, que conecta con la línea M2 de metro. El trayecto dura unos cuarenta minutos, los trenes salen con mucha frecuencia desde primera hora de la mañana hasta pasada la medianoche, y buena parte del recorrido discurre junto al río, lo que convierte el desplazamiento en algo más que un simple traslado.
Aquí viene el detalle que conviene conocer y que la información turística suele pasar por alto. Los abonos de transporte de Budapest, sean de veinticuatro horas, setenta y dos horas o una semana, solo cubren el trayecto dentro del término municipal, es decir, hasta la estación de Békásmegyer. El tramo que queda desde ahí hasta Szentendre exige un billete suplementario que se compra aparte, en las máquinas de la propia estación, y que hay que llevar encima junto al abono. Los revisores del H5 lo comprueban con bastante regularidad, y la multa por viajar sin título válido no es simbólica: ronda los cuarenta euros.
Es un suplemento barato, apenas unos cientos de forintos por trayecto, así que el problema nunca es el dinero sino el despiste. Lo lógico es comprar ida y vuelta en Batthyány tér antes de subir, porque en la estación de Szentendre también hay máquinas pero suele haber cola a la hora en que todo el mundo regresa. Si viajas sin abono urbano, necesitarás igualmente los dos títulos: el billete sencillo de Budapest y el suplemento.
Existen otras dos maneras de llegar. En verano funciona un barco por el Danubio que tarda unas dos horas desde el centro de Pest, mucho más lento y más caro pero considerablemente más bonito, y que tiene sentido como travesía de ida si vuelves en tren. Y hay autobuses desde la estación de Árpád híd, que no aportan nada frente al tren salvo cuando el H5 tiene obras. La estación de Szentendre está a unos cinco minutos andando del centro histórico: se cruza el paso subterráneo al final de las vías y se sigue recto.
Qué ver en el casco histórico¶
El centro de Szentendre se recorre entero en un par de horas de paseo tranquilo, y la mejor manera de abordarlo es sin plan. La plaza central, la Fő tér, es el punto de referencia, con su cruz de comerciantes del siglo XVIII y las fachadas barrocas alrededor. Desde ahí salen callejuelas estrechas que suben hacia la colina y que concentran las galerías, las tiendas de artesanía y las terrazas.
Merece la pena subir hasta la iglesia parroquial en lo alto del cerro, porque desde el mirador junto a ella se ve el pueblo, el Danubio y la isla de Szentendre en una sola panorámica. Es una subida corta pero en cuesta y con adoquines, así que conviene hacerla al principio de la visita y no cuando ya llevas horas de calle. En el descenso aparecen las iglesias ortodoxas serbias, la Blagoveštenska en la propia plaza y la Belgrád con su torre, que dan la medida de lo importante que llegó a ser aquella comunidad.
En cuanto a museos, la oferta es amplia y desigual, así que conviene elegir uno o dos y no intentar abarcarlos. El Ferenczy expone pintura relacionada con la colonia de artistas, y hay un museo del mazapán que es lo que parece: una curiosidad amable con figuras de azúcar que funciona mejor si viajas con niños que si buscas contenido. El de cerámica de Margit Kovács, que era históricamente el más recomendable de todos, ha tenido cierres temporales en los últimos años, así que conviene comprobar si está abierto antes de contar con él.
Junto al río hay un paseo agradable con terrazas y, algo que sorprende a mucha gente, una zona de playa fluvial donde los vecinos se bañan y se tumban en verano. No es una playa en el sentido mediterráneo, pero es el sitio donde el pueblo deja de ser un decorado turístico y se comporta como lo que también es: una localidad donde vive gente.
El Skanzen, que no está en el pueblo¶
Conviene aclarar una confusión habitual. El Skanzen, el museo etnográfico al aire libre más grande de Hungría, se asocia siempre a Szentendre pero no está en el casco histórico: queda a varios kilómetros, en las afueras, y hay que llegar en autobús local desde la estación, con una media hora de trayecto entre espera y viaje.
Es un recinto enorme, de más de sesenta hectáreas, donde se han trasladado y reconstruido casas, granjas, talleres, molinos e iglesias de las distintas regiones del país para recrear cómo era la vida rural húngara entre los siglos XVIII y XX. Está muy bien hecho, tiene actividades y demostraciones de oficios, y para quien le interese la etnografía es una visita de medio día largo por sí sola.
Y ahí está la decisión. Szentendre pueblo y Skanzen no caben cómodamente en la misma jornada si además vas y vuelves desde Budapest. O se hace el pueblo con calma, que es lo que recomiendo para una primera visita, o se dedica el día al museo asumiendo que del casco histórico verás poco más que un paseo rápido. Intentar las dos cosas suele acabar en carrera contrarreloj. El Skanzen, además, cierra los lunes y tiene horario reducido fuera de temporada, así que hay que mirarlo antes.
Cuánto tiempo dedicarle y a qué hora ir¶
Para el casco histórico, media jornada es suficiente y es lo que yo recomiendo. Salir de Budapest sobre las nueve, llegar a las diez, recorrer el pueblo con calma, comer allí y volver a media tarde deja el resto del día libre en la capital. Encaja muy bien, por ejemplo, con dedicar la tarde-noche a la Isla Margarita, que además está a un paso de la estación de Batthyány tér.
Si viajas en verano, madruga más de lo que tenías pensado. Yo estuve en pleno julio y el calor en aquellas calles sin apenas sombra era considerable: después de comer, con el termómetro donde estaba, lo sensato fue dar por buena la visita y volver en lugar de forzar la situación. Es una decisión que en viajes largos hay que saber tomar. En primavera y otoño el problema desaparece y el pueblo se disfruta a cualquier hora.
El otro factor es el día de la semana. Los fines de semana Szentendre recibe tanto a los turistas de Budapest como a los propios budapestinos que salen a pasar el día, y las calles principales se llenan. Un martes o un miércoles por la mañana es otro pueblo. Los museos, en cambio, suelen cerrar los lunes, así que si tu interés es museístico ese día queda descartado.
Con qué expectativa hay que ir¶
Szentendre es bonito y está vivo, pero conviene ir sabiendo qué es. La calle principal y el entorno de la plaza están claramente orientados al visitante, con tiendas de souvenirs, heladerías y restaurantes con carta en cuatro idiomas. No es un pueblo escondido ni un descubrimiento, sino la excursión de proximidad más conocida de Budapest, y en temporada alta se nota.
Lo que sí ofrece es un contraste real con la capital. Después de dos o tres días de arquitectura monumental, memoria del siglo XX y ritmo urbano, un pueblo de casas bajas junto al río reordena el viaje. Y basta con apartarse dos calles del eje principal para que el ruido desaparezca y aparezcan patios, talleres y esa mezcla de barroco centroeuropeo e iglesias ortodoxas que no se ve en ningún otro sitio de Hungría.
Si te sobra tiempo en el viaje y te ha gustado la fórmula, el Recodo del Danubio continúa río arriba con Visegrád, con su ciudadela medieval sobre el meandro, y con Esztergom y su enorme basílica. Son visitas que exigen más desplazamiento y que se suelen combinar en una excursión de día completo, pero que confirman que la parte más interesante de Hungría fuera de Budapest está justamente en esta dirección.