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Paisaje, ciudad, monumento o escena de Macedonia.

Destinos · Macedonia del Norte · Ohrid

El lago Ohrid: el más antiguo de Europa y un tesoro natural en peligro

Millones de años de historia geológica en aguas cristalinas

Lectura de 7 minutos

Hay lugares que superan las expectativas incluso cuando uno cree haberlas calibrado bien. El lago Ohrid es uno de ellos. Antes de visitarlo sabía que era bonito, que tenía fama de aguas cristalinas y que la ciudad que lleva su nombre merecía la pena. Lo que no sabía es que estaba a punto de encontrarme frente a uno de los fenómenos naturales más excepcionales del planeta, un lago que tiene más historia geológica que la mayor parte de los continentes que lo rodean y que alberga formas de vida que llevan aquí desde antes de que los humanos existiéramos.

Un lago formado hace entre dos y cinco millones de años

La mayoría de los lagos europeos son cuerpos de agua relativamente jóvenes en términos geológicos, formados durante las últimas glaciaciones hace entre diez mil y veinte mil años. El lago Ohrid es otra cosa completamente distinta. Su origen es tectónico: se formó como consecuencia de un intenso movimiento de placas que elevó el terreno hace entre dos y cinco millones de años, situándolo en una categoría que comparte únicamente con otros tres o cuatro lagos en todo el mundo, entre ellos el Baikal y el Titicaca.

Esa antigüedad extraordinaria lo convierte en lo que los científicos llaman un lago relicto, un ecosistema que ha sobrevivido intacto a través de eras geológicas completas, incluidas varias glaciaciones que borraron del mapa prácticamente toda la vida acuática de Europa. El lago Ohrid fue el refugio donde muchas especies sobrevivieron a esos periodos extremos, lo que explica por qué su biodiversidad es tan singular.

Físicamente, ocupa una superficie de 358 kilómetros cuadrados repartidos entre Macedonia del Norte y Albania, con forma de óvalo alargado de 30 kilómetros de longitud y algo más de 14 de anchura. Su profundidad máxima supera los 288 metros, lo que lo convierte en el lago más profundo de los Balcanes, aunque esta profundidad no es inmediata sino que aumenta progresivamente desde las orillas. Está situado a 695 metros sobre el nivel del mar, rodeado de montañas que en invierno alcanzan los 2.000 metros de altitud y se reflejan en sus aguas con una nitidez desconcertante.

Un museo de fósiles vivientes

Lo que hace verdaderamente excepcional al lago Ohrid desde el punto de vista científico es su biodiversidad endémica. El lago alberga más de 1.200 especies identificadas, de las cuales más de 200 son endémicas, es decir, no existen en ningún otro lugar del planeta. Esta concentración de endemismos es tan alta en relación a su superficie que algunos investigadores lo consideran el lago con mayor densidad de biodiversidad específica del mundo.

Entre esas especies endémicas hay gusanos, esponjas, caracoles y crustáceos que llevan aquí desde el Terciario y que los biólogos denominan fósiles vivientes porque su morfología apenas ha cambiado en millones de años. Los peces son quizás el grupo más conocido: el lago cuenta con 17 especies originales, de las cuales 10 son endémicas. La más famosa es la trucha de Ohrid, un pez que está tan ligado a la identidad local que aparece representado en las monedas de dos dinares y es el plato más solicitado en los restaurantes de la orilla. Junto a ella, la belvica es otro de los peces emblemáticos del lago, también endémica y también amenazada por la presión pesquera.

La extraordinaria claridad de las aguas contribuye a explicar esta riqueza biológica. El lago se alimenta en gran parte a través de filtraciones subterráneas procedentes del cercano lago Prespa, situado 155 metros más arriba en altitud. El agua pasa filtrada a través de las calizas del parque nacional de Galichica, que actúa como un sistema de depuración natural de gran escala. El resultado es un agua con un nivel bajísimo de fósforo que permite una visibilidad de más de veinte metros en algunas zonas, una cifra extraordinaria para un lago de estas dimensiones.

Patrimonio de la Humanidad por partida doble

La UNESCO declaró el lago Ohrid y la ciudad que lleva su nombre Patrimonio de la Humanidad en 1979, en lo que fue una de las primeras declaraciones que reconocía simultáneamente los valores culturales y naturales de un mismo sitio. En ese momento solo se incluyó la parte correspondiente a Macedonia del Norte. Cuarenta años después, en 2019, se amplió la declaración para incluir también la orilla albanesa del lago, completando así la protección de un ecosistema que no entiende de fronteras.

Esta doble categoría de patrimonio, natural y cultural, es relativamente rara en el sistema de la UNESCO y refleja bien la peculiaridad del lago Ohrid: es al mismo tiempo uno de los fenómenos naturales más singulares de Europa y el escenario sobre el que se construyó una de las culturas medievales más influyentes de los Balcanes. La ciudad de Ohrid fue durante siglos el centro intelectual y espiritual del mundo eslavo ortodoxo, y sus iglesias, monasterios y vestigios arqueológicos son inseparables del paisaje del lago.

Un ecosistema bajo amenaza

Toda esta singularidad no ha protegido al lago de las presiones que sufren los espacios naturales en Europa. La contaminación por nutrientes procedente de sistemas de alcantarillado deficientes y de la escorrentía agrícola está aumentando los niveles de fósforo en el agua, lo que favorece el crecimiento de fitoplancton y amenaza la transparencia que caracteriza al lago. La sobrepesca está reduciendo las poblaciones de las especies endémicas, incluyendo la trucha de Ohrid, cuyo futuro preocupa a los científicos.

El turismo masivo del verano genera una presión adicional sobre las orillas, que en algunos tramos han perdido el cinturón de juncos que actúa como filtro natural entre la tierra y el agua. Los planes de desarrollo urbanístico en las zonas próximas al parque nacional de Galichica han provocado en los últimos años un debate intenso entre la comunidad científica y las administraciones locales sobre los límites del crecimiento turístico. La amenaza de que la UNESCO incluya el lago en su lista de Patrimonio en Peligro ha sobrevolado varias veces sobre Ohrid en la última década, aunque de momento el sitio mantiene su estatus ordinario.

Visitar el lago Ohrid con este contexto en mente cambia un poco la experiencia. No lo hace menos hermosa, pero sí le añade una capa de responsabilidad que va más allá del placer inmediato. Estar frente a un ecosistema que lleva aquí cinco millones de años y que podría deteriorarse irreversiblemente en las próximas décadas por causas completamente evitables tiene algo de advertencia que cuesta sacudirse.

Cómo aprovechar el lago en una visita

Para quienes visiten Ohrid en verano, el lago ofrece posibilidades que van mucho más allá de contemplarlo desde la orilla. Los cruceros panorámicos permiten ver la ciudad y sus iglesias desde el agua, con una perspectiva completamente diferente a la del paseo terrestre. En la bahía de los huesos, un yacimiento arqueológico de poblados lacustres prehistóricos sobre pilotes, hay un centro de buceo donde es posible nadar sobre las estructuras sumergidas, una experiencia bastante difícil de igualar en cualquier otro lugar de Europa.

El monasterio de San Naum, en el extremo sur del lago junto a la frontera albanesa, merece una excursión específica si se dispone de más de un día en la región. Situado sobre un acantilado con los manantiales del río Drin Negro brotando entre la vegetación, es uno de los lugares más evocadores de toda Macedonia del Norte. En invierno las visitas en barco no están disponibles, pero el entorno mantiene toda su belleza en la quietud de la temporada baja.