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Uno de los frescos del patio interior del Ayuntamiento de Oslo, con figuras narrando la historia del pueblo noruego

Destinos · Noruega · Oslo

El Ayuntamiento de Oslo y por qué el Nobel de la Paz se entrega aquí

Todos los Premios Nobel se conceden en Estocolmo menos uno. El de la Paz se entrega cada 10 de diciembre en el Ayuntamiento de Oslo, un edificio de ladrillo rojo que por fuera decepciona y por dentro guarda una de las mejores visitas de la ciudad, además gratuita y sin reserva previa.

Lectura de 6 minutos

El Rådhuset es probablemente el edificio de Oslo que peor primera impresión causa. Dos torres macizas de ladrillo rojo, una fachada austera sin apenas decoración y un aire general que a más de un visitante le recuerda a la arquitectura soviética. Quien venga de ver el Ayuntamiento de Estocolmo, elegante y ceremonioso junto al agua, notará la comparación de inmediato y no saldrá favorecida.

Y sin embargo es una de las visitas que más gente recomienda al volver, por dos razones: lo que guarda dentro y lo que ocurre aquí cada diciembre.

Un edificio que es una declaración política

Las obras empezaron en 1931, y esa fecha importa. Noruega y Suecia habían estado unidas en una misma unión hasta 1905, cuando el país se independizó, y este edificio se concibió como símbolo de esa independencia: una capital que se dotaba de un ayuntamiento a la altura de un Estado propio.

Se inauguró en 1950, con la Segunda Guerra Mundial de por medio, y su ubicación junto al puerto lo convierte en punto de referencia visible desde toda la bahía. La austeridad exterior no es falta de ambición, sino una elección estética que encaja bastante bien con el carácter del país.

Lo que hay dentro

Nada más cruzar las puertas aparece el patio interior cubierto, y ahí es donde la impresión cambia de golpe. Los muros están recorridos por frescos monumentales que narran la historia del pueblo noruego, con obras de artistas de primer nivel, entre ellos el propio Edvard Munch.

La pieza que más impresiona es el mural dedicado a los años de la ocupación alemana entre 1940 y 1945, dividido en seis secciones que van desde los primeros momentos del control nazi hasta la liberación. Noruega fue ocupada durante cinco años, el gobierno se exilió en Londres y la resistencia interior fue persistente y organizada. Esos frescos no son decoración: son memoria pintada en el edificio donde se toman las decisiones de la ciudad.

La visita continúa por las salas superiores, cada una con su propia personalidad en decoración, mobiliario e iluminación, y con vistas al puerto desde los ventanales. Es un recorrido más corto que el del Stadshuset de Estocolmo, pero también más denso en contenido histórico reciente.

Un detalle que se cuenta en las visitas guiadas y que a mucha gente le sorprende: la familia real noruega es de origen danés, y el primer rey tras la independencia convocó un referéndum para que fuera el pueblo quien decidiera si quería mantener la monarquía. El resultado fue afirmativo, con cerca de un ochenta por ciento a favor. Una monarquía nacida de un referéndum tiene una relación distinta con la ciudadanía que una heredada sin preguntar, y eso se nota en cómo se habla aquí de la institución.

Por qué el Nobel de la Paz se entrega en Oslo

Esta es la pregunta que la gente escribe literalmente en el buscador, y la respuesta corta es que lo decidió Alfred Nobel y nadie sabe con seguridad por qué.

En su testamento de 1895, Nobel dispuso que los premios de Física, Química, Medicina y Literatura fueran concedidos por instituciones suecas, pero encargó el de la Paz a un comité designado por el parlamento noruego. En aquel momento Noruega y Suecia seguían formando parte de la misma unión, de modo que no se trataba de repartir entre dos países extranjeros, sino de repartir dentro de un mismo Estado.

Las hipótesis que manejan los historiadores son varias y ninguna concluyente. La más repetida es que Nobel quiso honrar la posición de Noruega como defensora de la paz: el parlamento noruego se había implicado activamente en el movimiento internacional de arbitraje y mediación de la época. También se ha apuntado que un comité designado por un parlamento tenía menos ataduras con la política de gran potencia que una academia sueca. Nobel no dejó explicación escrita, y el asunto sigue abierto.

Lo que sí está claro es la consecuencia: cada 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Nobel, mientras en Estocolmo se celebra el banquete de los demás premios en el Salón Azul del Ayuntamiento, en Oslo se entrega el de la Paz en este edificio. Dos ceremonias el mismo día en dos países distintos, y los premiados del Nobel de la Paz nunca ponen un pie en Suecia.

A pocos minutos andando está además el Centro Nobel de la Paz, un museo dedicado a los galardonados y a los conflictos contemporáneos, que funciona bien como complemento aunque tiene entrada de pago.

Cómo visitarlo: gratis y sin reserva

Aquí está la mejor parte para el bolsillo. El acceso al Ayuntamiento es gratuito y en temporada se organizan visitas guiadas también gratuitas, sin reserva previa: basta con presentarse. En una ciudad donde una entrada de museo ronda las doscientas coronas y una cerveza los diez euros, esto es probablemente la mejor relación entre lo que se recibe y lo que se paga de todo Oslo.

Los horarios varían según la temporada y el uso institucional del edificio, que sigue siendo la sede del gobierno municipal, así que conviene comprobarlo el mismo día. Las visitas guiadas se concentran sobre todo en los meses de verano.

Se llega andando desde prácticamente cualquier punto del centro. Está junto al puerto, entre Aker Brygge y Karl Johans gate, y es además el punto de partida del ferry a Bygdøy en temporada, lo que permite encadenar la visita con la península de los museos en la misma mañana.

Cuánto tiempo hace falta y con qué combinarlo

Entre cuarenta minutos y una hora, según se haga por libre o con guía. No es una visita larga y encaja perfectamente a primera hora de la mañana.

Lo lógico es empezar el día aquí y seguir el paseo por el frente marítimo: hacia el oeste, Aker Brygge y Tjuvholmen; hacia el este, la Ópera y el Barcode. Es exactamente el orden que proponen los itinerarios de qué ver en Oslo en un día y en dos días, y funciona porque va del interior monumental al aire libre según avanza la mañana.

Un último apunte sobre expectativas, porque en este edificio son determinantes. Si entras esperando el esplendor dorado del Ayuntamiento de Estocolmo, te va a parecer sobrio. Si entras sabiendo que estás en la sala donde se entrega el Nobel de la Paz, rodeado de frescos que cuentan una ocupación de cinco años y una independencia de 1905, la visita adquiere otra dimensión. Es el edificio que mejor resume el carácter de Oslo: nada espectacular por fuera, bastante más de lo esperado por dentro.