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Qué ver en La Haya en un día
La Haya no es la capital de los Países Bajos y sin embargo es donde está el gobierno, el parlamento y la justicia internacional. Suma a eso La joven de la perla, una ciudad en miniatura y una playa del mar del Norte, y tienes la excursión más variada del país.
La ciudad que gobierna sin ser capital¶
La Haya arrastra una de esas rarezas institucionales que encantan a quien viaja con curiosidad. La capital de los Países Bajos es Ámsterdam, así lo dice la Constitución, pero el gobierno, el parlamento, el Consejo de Estado, el Tribunal Supremo, la residencia del monarca y todas las embajadas están aquí. Ámsterdam tiene el título; La Haya tiene el poder.
Eso le da un carácter distinto a todo lo demás que vas a ver en el país. Aquí no hay el bullicio comercial de Ámsterdam ni la audacia arquitectónica de Róterdam: hay avenidas anchas, palacios discretos, embajadas con banderas, funcionarios internacionales de veinte nacionalidades comiendo en las terrazas y una solemnidad tranquila de capital administrativa. Es una ciudad elegante, algo formal y bastante menos turística de lo que le correspondería.
Y tiene, además, una combinación que ninguna otra ciudad holandesa ofrece en la misma jornada: uno de los mejores museos pequeños de Europa, un parque de miniaturas que engancha a cualquiera y una playa de verdad del mar del Norte a diez minutos en tranvía. Por eso funciona tan bien como excursión de un día.
Cómo llegar y cómo moverte¶
Desde Ámsterdam son unos cincuenta minutos en tren, con salidas muy frecuentes. Desde Róterdam o Delft, un cuarto de hora. Ojo con un detalle que despista: La Haya tiene dos estaciones principales, Den Haag Centraal y Den Haag HS, y no todas las líneas paran en las dos. Centraal es la que deja más cerca del Binnenhof y de los museos, así que salvo que tu tren te obligue, esa es la buena.
Dentro de la ciudad, la red de tranvías cubre todo lo que vas a necesitar, incluido el trayecto a Madurodam y a Scheveningen. Se paga como en el resto del país, acercando la tarjeta bancaria contactless al lector y fichando al entrar y al salir. El centro histórico en sí es perfectamente caminable.
El Binnenhof y el Hofvijver: lo que se ve y lo que no¶
El Binnenhof es el conjunto de edificios góticos donde se gobierna este país desde hace ocho siglos, levantado a partir del siglo XIII como castillo de los condes de Holanda y convertido después en el centro político de la República. En medio está la Ridderzaal, la Sala de los Caballeros, con su fachada de dos torres puntiagudas, donde cada tercer martes de septiembre el rey lee el discurso del trono. Al lado, asomado al agua, está el Torentje, el torreón que es el despacho del primer ministro. Y el conjunto se refleja en el Hofvijver, el estanque cortesano, en lo que es probablemente la estampa más reproducida del país.
Ahora la parte incómoda: el Binnenhof está cerrado al público por una renovación integral que arrancó en 2021 y cuya reapertura está prevista para 2028. Parlamento y gobierno se han mudado temporalmente a otras sedes, las visitas guiadas al interior están suspendidas y ni siquiera se puede acceder al patio. No es un detalle menor, porque muchas guías siguen describiendo la visita como si nada.
Lo que sí puedes hacer, y merece la pena, es lo siguiente. La estampa clásica desde la orilla del Hofvijver sigue intacta y es tan bonita como siempre. Y junto al estanque han levantado una torre de observación amarilla de veintiocho metros, con ciento cuarenta y ocho escalones, desde la que se ve el conjunto entero y el avance de las obras. Es una solución muy holandesa: si vas a tapar el monumento durante siete años, al menos monta un mirador para que la gente vea cómo lo arreglas.
El Mauritshuis: el museo pequeño perfecto¶
A cincuenta metros del Binnenhof está la verdadera razón por la que mucha gente viene a La Haya. El Mauritshuis es una mansión clásica del siglo XVII, elegante y de tamaño doméstico, que alberga una de las mejores colecciones del Siglo de Oro holandés que existen.
Aquí está La joven de la perla de Vermeer, ese retrato pequeño que en persona resulta desconcertante por lo poco que hay en él y lo mucho que transmite. Aquí está también la Vista de Delft del mismo pintor, que probablemente sea el mejor paisaje urbano de la pintura europea y que resulta emocionante si has estado en Delft el día anterior. Y hay más: El jilguero de Fabritius, la Lección de anatomía del doctor Tulp de Rembrandt, obras de Frans Hals, de Jan Steen, de Rubens.
La virtud del Mauritshuis es precisamente su escala. Se ve entero, con calma, en hora y media o dos horas, sin la fatiga de los grandes museos y con las obras colgadas en salas que fueron habitaciones de una casa. Es un museo que se disfruta, no que se resiste. Conviene sacar la entrada con antelación en su web, porque funciona con reserva y en temporada alta se llena.
Si te sabe a poco, a cinco minutos andando está Escher in Het Paleis, instalado en un antiguo palacio real y dedicado a M. C. Escher, con sus escaleras imposibles y sus teselados. Y algo más lejos, el Kunsthuseum Den Haag guarda la mayor colección de Mondrian del mundo, incluida su última obra inacabada.
La Haya internacional: el Palacio de la Paz¶
En la parte norte de la ciudad está el Vredespaleis, el Palacio de la Paz, un edificio neorrenacentista de 1913 financiado por el filántropo Andrew Carnegie para albergar la Corte Permanente de Arbitraje. Hoy es también la sede de la Corte Internacional de Justicia de la ONU, y es el símbolo de lo que hace de esta ciudad algo singular: aquí se juzga, se arbitra y se negocia buena parte del derecho internacional del planeta.
Por razones obvias de seguridad, el interior no se visita libremente. Hay un centro de visitantes con exposición y audioguía, y en algunos fines de semana al año se abren las puertas al público, pero lo habitual es verlo desde fuera. Aun así, plantarse delante de esa verja sabiendo lo que se decide detrás tiene su peso.
Cerca queda también el Palacio de Noordeinde, la sede de trabajo del monarca, cuyos jardines suelen ser accesibles y son un sitio agradable para descansar un rato.
Madurodam: los Países Bajos a escala¶
Suena a plan infantil y no lo es del todo. Madurodam es un parque donde está reproducido el país entero a escala 1:25, con un nivel de detalle obsesivo: el Binnenhof en miniatura, el Rijksmuseum, los canales de Ámsterdam, el aeropuerto de Schiphol con avioncitos que ruedan por las pistas, el puerto de Róterdam con barcos que navegan de verdad, molinos que giran, trenes que circulan y tranvías que recorren calles de veinte centímetros.
Lo que engancha no son las maquetas en sí, es entender el país mirándolo desde arriba. Ves de golpe cómo funciona un territorio ganado al mar, cómo se relacionan las ciudades entre sí, qué escala tiene el puerto. Después de un par de días recorriendo Holanda, verla entera en veinte minutos de paseo tiene algo muy satisfactorio. Se tarda entre hora y media y dos horas, y está en el trayecto del tranvía hacia la playa, así que encaja perfecto a media tarde.
Fue construido en 1952 como memorial a George Maduro, un estudiante judío neerlandés muerto en Dachau tras luchar en la resistencia, y los beneficios siguen destinándose a causas benéficas. Es un detalle que casi nadie sabe y que le cambia el tono a la visita.
Scheveningen: el mar del Norte a diez minutos¶
Y para terminar el día, la playa. Scheveningen es el gran balneario de la costa holandesa, unido a La Haya por tranvía en un cuarto de hora escaso, con un paseo marítimo largo, el Kurhaus decimonónico presidiéndolo todo y un muelle acristalado que se adentra varios cientos de metros en el agua, rematado por una noria y una torre de salto.
No esperes agua turquesa ni arena caribeña: esto es el mar del Norte, con el viento que le corresponde y una luz gris y dorada a ratos que es exactamente la que pintaron los paisajistas holandeses. Precisamente por eso funciona tan bien como cierre. Después de un día de instituciones, museos y maquetas, bajar a la arena, caminar un rato junto al agua y sentir el salitre en la cara reordena la jornada.
Hay restaurantes de pescado por todo el paseo, y aquí es donde de verdad tiene sentido probar el kibbeling o un arenque recién curado. Y si viajas en otoño o invierno, ir igual: un paseo marítimo del norte de Europa bajo un cielo cargado tiene una belleza melancólica que la playa en agosto no alcanza.
Un día bien repartido¶
El reparto que funciona es este: llegar temprano y empezar por el Mauritshuis nada más abrir, cuando aún está tranquilo; salir y dar el paseo por el Hofvijver, el Binnenhof desde fuera y el centro histórico, con parada en la Passage, esa galería comercial cubierta del siglo XIX que es la más antigua del país; comer por la zona del Plein o del Lange Voorhout; coger el tranvía a media tarde hacia Madurodam; y terminar en Scheveningen con la última luz.
Si viajas con niños, invierte el orden y dales Madurodam antes de que se cansen. Si vas por el arte, sustituye Madurodam por Escher in Het Paleis o por el Kunstmuseum. Y si vienes desde Ámsterdam, La Haya combina muy bien con Delft, que está a quince minutos, aunque entonces tendrás que renunciar a la playa o a los museos. El resto de opciones de excursión desde la capital están comparadas en excursiones de un día desde Ámsterdam.
La Haya es la excursión más variada que se puede hacer desde Ámsterdam, y probablemente la más infravalorada. No tiene el encanto de postal de Delft ni la potencia visual de Róterdam, pero tiene un cuadro que justifica el viaje por sí solo, una atmósfera institucional que no encontrarás en ninguna otra ciudad holandesa y el mar del Norte a diez minutos en tranvía. No está nada mal para un día.