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El centro histórico de Delft, la excursión de un día más habitual desde Ámsterdam.

Destinos · Países Bajos · Holanda del Norte · Holanda del Sur

Excursiones de un día desde Ámsterdam

En un país donde todo queda a menos de una hora en tren, salir de Ámsterdam por el día es casi gratis en tiempo. Estas son las escapadas que de verdad merecen la pena, cómo llegar a cada una y cuáles conviene descartar.

Lectura de 13 minutos

Por qué en los Países Bajos las excursiones no cuestan tiempo

Hay países donde una excursión de un día se come la jornada entera entre desplazamientos. Aquí no. Los Países Bajos son tan pequeños y su red ferroviaria tan buena que la mayoría de las escapadas desde Ámsterdam se resuelven en menos de una hora de tren por trayecto, con salidas cada diez o quince minutos y sin necesidad de reservar plaza.

Eso cambia por completo la forma de planificar. No hace falta madrugar a las seis ni cerrar horarios con antelación: te levantas, desayunas con calma, vas a la Estación Central y coges el siguiente tren. Y si el sitio no te convence, vuelves antes. Esa flexibilidad es un lujo que pocos destinos europeos permiten.

La consecuencia práctica es que cualquier viaje de tres días o más a Ámsterdam debería incluir al menos una salida. Y no por completar una lista, sino porque el país es bastante más variado que su capital: hay ciudades históricas intactas, hay una de las ciudades más audaces de Europa en arquitectura contemporánea, hay molinos, hay playa del mar del Norte y hay pueblos que parecen decorados. Todo dentro de un radio de una hora.

Cómo funciona el tren para estas escapadas

Antes de nada, lo práctico, que se resuelve rápido. En los trenes de NS se paga acercando una tarjeta bancaria contactless o el móvil al lector, fichando al entrar y al salir siempre con la misma tarjeta, y el sistema calcula el precio según la distancia. Si olvidas el check-out, te aplican una tarifa máxima por defecto que puede rondar los veinte euros, así que busca los postes amarillos del andén en las estaciones pequeñas, donde muchas veces no hay tornos. Las tarjetas American Express no funcionan en el transporte holandés.

Hay dos tipos de tren: el Intercity, que para en las ciudades principales, y el Sprinter, que para en todo y es el que necesitas para las estaciones pequeñas como la de Zaanse Schans. Existe además el Intercity Direct, que va por la línea de alta velocidad hacia Róterdam y lleva un pequeño suplemento que hay que fichar aparte en un poste rojo del andén.

Un par de consejos de ritmo. Sal temprano si el destino es de los concurridos, porque los autocares de excursión organizada llegan a media mañana y lo cambian todo. Evita las horas punta, de seis y media a nueve y media y de cuatro a seis, si puedes elegir. Y no intentes encadenar dos ciudades en un solo día: es técnicamente posible y casi siempre un error, porque acabas viendo dos plazas mayores y ningún sitio de verdad.

Haarlem: la excursión más fácil y la más infravalorada

Si solo vas a hacer una salida y quieres acertar sin complicaciones, Haarlem. Está a quince o dieciséis minutos de tren desde la Estación Central, con salidas constantes, y es una ciudad histórica preciosa que además tiene la virtud de ser una ciudad de verdad, con vecinos haciendo su vida y no solo turistas.

El centro gira en torno a la Grote Markt, una de las plazas mayores más bonitas del país, presidida por la iglesia de San Bavón, un templo gótico enorme cuyo órgano tocó Mozart siendo niño. Alrededor, fachadas escalonadas del Renacimiento holandés y el antiguo ayuntamiento. A pocos minutos está el Frans Hals Museum, dedicado al gran retratista del Siglo de Oro que vivió y murió aquí, y el Teylers Museum, que es el museo más antiguo de los Países Bajos y una maravilla en sí mismo: fósiles, instrumentos científicos y máquinas eléctricas del siglo XVIII expuestos en vitrinas de madera bajo luz natural, exactamente como se exponían hace doscientos años.

Haarlem se ve entera en media jornada, se come bien y barato, y tiene un ambiente relajado que después de dos días de multitudes en Ámsterdam se agradece muchísimo. Es la escapada que yo recomendaría a casi todo el mundo.

Zaanse Schans: los molinos que todo el mundo quiere ver

Los molinos de Zaanse Schans son la imagen que la mayoría de la gente tiene de Holanda en la cabeza, y están a dieciocho minutos en tren directo desde Ámsterdam, bajando en la parada Zaandijk Zaanse Schans y caminando un cuarto de hora. Más fácil, imposible.

Lo que hay que saber es qué es exactamente. No es un pueblo histórico, es una recreación: un conjunto de molinos, casas de madera verde y talleres tradicionales trasladados aquí desde distintos puntos de la región a partir de los años sesenta para conservarlos. Eso no le quita valor, los molinos son originales y funcionan de verdad, pero explica por qué tiene ese aire de decorado impecable. Pasear por el recinto es gratuito; entrar a los molinos, a la quesería o al taller de zuecos se paga aparte.

El problema real es la masificación. Es uno de los sitios más visitados del país y a media mañana está desbordado de autocares. La solución es sencilla y funciona: ve a primera hora, en el primer o segundo tren del día, o déjalo para el final de la tarde. Con el recinto medio vacío y la luz baja sobre el agua del Zaan, es un sitio genuinamente bonito. A las doce del mediodía en agosto, es una feria.

Utrecht: la ciudad que compite con Ámsterdam y casi nadie visita

A poco más de media hora de tren está Utrecht, que a mí me parece la ciudad más subestimada del país. Fue durante siglos el centro religioso de los Países Bajos y tiene un casco histórico medieval intacto, pero lo que la hace única es su canal de dos niveles.

Los canales de Utrecht tienen, por debajo del nivel de la calle, una plataforma que originalmente eran los muelles de descarga de las bodegas de los comerciantes, y que hoy están ocupados por terrazas, restaurantes y bares a ras de agua. Es una solución urbana que no existe en ninguna otra ciudad europea, y pasear por ese nivel inferior mientras la ciudad sigue su vida cinco metros por encima es una experiencia rara y estupenda.

Preside todo la Domtoren, la torre de la catedral, la más alta del país con sus más de ciento doce metros, separada del resto del templo desde que un huracán derribó la nave central en el siglo XVII. La ciudad tiene además vida universitaria, buena escena gastronómica y bastantes menos turistas que Ámsterdam. Si buscas una excursión que no sea la obvia, esta es.

Delft: la joya pequeña entre dos ciudades grandes

Delft está a menos de una hora de tren y es una de esas ciudades que se recorren enteras en un par de horas sin perderse nada importante. El centro se organiza en torno a la Markt, una plaza rectangular con la Nieuwe Kerk en un extremo y el ayuntamiento en el opuesto, rodeada de fachadas escalonadas del siglo XVII. El desarrollo completo está en qué ver en Delft en medio día.

Sus dos grandes reclamos son Vermeer y la cerámica. Johannes Vermeer nació, vivió y murió aquí sin salir prácticamente nunca, pintó las vistas más famosas de la ciudad y está enterrado en la Oude Kerk, esa iglesia cuya torre lleva siglos inclinada de forma bastante alarmante. La lápida es sencilla, casi humilde, para alguien que fue prácticamente desconocido en vida y solo se redescubrió en el siglo XIX. Y a las afueras del centro está Royal Delft, la única fábrica original superviviente de las que producían la famosa cerámica azul: una visita muy pedagógica donde se ve el proceso completo y a los pintores aplicando a mano los motivos tradicionales.

Delft combina muy bien con Róterdam o con La Haya, que están a quince minutos, pero si es tu primera vez yo la haría sola y con calma. Es una ciudad para pasear despacio junto a canales bordeados de tilos, no para cronometrar.

Róterdam: el contraste absoluto

Si Ámsterdam te enamora por lo histórico, Róterdam te conquista por lo contrario. La ciudad fue arrasada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y se reconstruyó con una audacia arquitectónica que la ha convertido en un museo de arquitectura contemporánea al aire libre. Está a cuarenta y un minutos con el tren más rápido, algo más con el Intercity normal. El itinerario completo está en qué ver en Róterdam en un día.

Lo imprescindible cabe en un día largo y andando. Las casas cúbicas de Piet Blom, esos cubos amarillos girados cuarenta y cinco grados sobre sus vértices que son viviendas reales y de las que se puede visitar una. El Markthal, ese mercado con forma de herradura gigante cubierto por un mural interior enorme. El Erasmusbrug, el puente atirantado blanco de pilón asimétrico que es una de las obras civiles más elegantes construidas en Europa en las últimas décadas, y que se cruza a pie hasta la Kop van Zuid, el antiguo distrito portuario reconvertido en barrio de rascacielos firmados por Renzo Piano, Norman Foster o Álvaro Siza. Y para acabar, la Witte de Withstraat, la calle de galerías, bares y ambiente que concentra la vida nocturna.

Róterdam no gusta a todo el mundo: quien busque lo pintoresco se irá frustrado. Pero a quien le interese la arquitectura, es probablemente la mejor escuela práctica de Europa. Si vas por los museos, conviene comprobar antes qué está abierto, porque la ciudad lleva años con proyectos museísticos en obras y traslados.

La Haya y Scheveningen: instituciones, Vermeer y mar del Norte

La Haya queda a unos cincuenta minutos y tiene un carácter distinto a todo lo demás: es la sede del gobierno, del parlamento y de los tribunales internacionales, con esa solemnidad de capital administrativa aunque oficialmente no sea la capital del país. El itinerario completo, con Madurodam y Scheveningen incluidos, está en qué ver en La Haya en un día.

El centro histórico gira en torno al Binnenhof, el complejo de edificios góticos donde se gobierna desde hace ocho siglos, asomado a un estanque que es una de las estampas clásicas del país. Lleva tiempo sometido a una reforma integral de gran envergadura, así que conviene comprobar qué se puede visitar antes de ir. Al lado está el Mauritshuis, un museo pequeño y perfecto donde cuelga La joven de la perla de Vermeer, que probablemente sea la razón principal para venir.

Y luego está la parte que hace de La Haya una excursión distinta. Madurodam es una ciudad en miniatura donde está todo el país reproducido a escala: el puerto de Róterdam con barquitos que navegan, Schiphol con aviones que se mueven, molinos que giran de verdad, trenes que circulan. Suena a plan infantil y lo es, pero el nivel de detalle es tan obsesivo que engancha a cualquiera. Y a diez minutos está Scheveningen, el gran balneario del mar del Norte, con su paseo marítimo, su Kurhaus decimonónico y un muelle acristalado que se adentra varios centenares de metros en el agua. Poner los pies en la arena del mar del Norte después de tres días de canales es un cambio de aire estupendo.

Volendam, Marken y Kinderdijk: postal, pueblo y patrimonio

Si lo que buscas es la Holanda de puerto pesquero y traje regional, Volendam y Marken están a media hora en autobús desde la Estación Central de Ámsterdam, no en tren. Volendam es un puerto reconvertido casi por completo al turismo, con casitas de madera y locales donde te fotografías con el traje tradicional; Marken, una antigua isla unida hoy por un dique, es más pequeña y bastante más auténtica. En temporada alta hay un barco que conecta ambas y permite hacer el circuito completo sin repetir camino. Es una excursión bonita pero muy turística, y yo la pondría por detrás de Haarlem o Utrecht en cualquier lista de prioridades.

Kinderdijk es otra cosa. Es un conjunto de diecinueve molinos del siglo XVIII declarado Patrimonio de la Humanidad, y el paisaje de pólder con los molinos alineados junto al agua es el más impresionante del país. La pega es la logística: se llega mucho mejor desde Róterdam, con el waterbus fluvial, que directamente desde Ámsterdam. Si vas a dedicar un día a Róterdam y te sobra tiempo, esta es la combinación perfecta.

Keukenhof: solo si viajas en primavera

Los jardines de Keukenhof, en Lisse, abren apenas ocho semanas al año coincidiendo con la floración de los tulipanes. En 2027 será del 18 de marzo al 9 de mayo. Fuera de esas fechas, sencillamente no existe, y sorprende la cantidad de gente que llega en agosto preguntando por los campos de tulipanes. El resto del calendario del país, mes a mes, está en cuándo viajar a los Países Bajos.

Se llega con los autobuses KeukenhofBuzz, que salen de Ámsterdam RAI, de Haarlem, de Leiden y de Hoofddorp, y lo razonable es comprar un billete combinado de entrada más autobús, que ronda los treinta y cinco euros. Funciona con franjas horarias reservadas y los días de máxima floración se agotan, así que hay que comprar con antelación. Y un consejo que marca la diferencia: llega antes de las diez y media o después de las cuatro, y ve entre lunes y miércoles si puedes elegir.

Las que yo no haría en el día

Hay destinos que aparecen en muchas listas y que, siendo honesto, no compensan como excursión desde Ámsterdam.

Eindhoven es el caso más claro. Está a hora y veinte de tren y es una ciudad industrial y de diseño, la ciudad de Philips, sin casco histórico que justifique el desplazamiento. Yo viví allí unos meses y le tengo mucho cariño, pero precisamente por eso puedo decirlo con conocimiento: tiene interés para quien vaya buscando arquitectura contemporánea, diseño o la Dutch Design Week de octubre —el itinerario está en Eindhoven en 1 día—, no para quien tenga un día suelto y esté eligiendo entre esto y Haarlem, que queda a quince minutos.

Maastricht es una ciudad magnífica, quizá la más europea del país, pero está a dos horas y media larga en tren, en el extremo sur. Merece dos noches, no un día. Giethoorn, ese pueblo sin carreteras donde todo se mueve por canales, es precioso en las fotos y está a más de dos horas y media con transbordos, además de estar completamente desbordado en temporada. Y la isla de Texel, en el norte, exige ferry y demasiadas horas para lo que cunde.

La regla es sencilla: si el trayecto de ida supera la hora y cuarto, deja de ser una excursión y empieza a ser un viaje que merece dormir allí.

Cómo elegir la tuya

Si solo tienes un día libre y quieres acertar sin pensarlo mucho, Haarlem. Si quieres la foto de los molinos, Zaanse Schans a primera hora. Si te interesa el urbanismo y la arquitectura, Róterdam sin dudarlo. Si prefieres una ciudad histórica con menos turistas que Ámsterdam y un ambiente más local, Utrecht. Si vas con niños o te apetece un día ligero con playa incluida, La Haya con Madurodam y Scheveningen. Y si viajas en primavera, mete Keukenhof aunque tengas que sacrificar otra cosa, porque solo se puede ver ocho semanas al año.

Lo único que no recomiendo es la excursión por obligación. Si has llegado al tercer día con las piernas cansadas y las ganas de un café tranquilo en el Jordaan, quédate. Ámsterdam da de sobra y las escapadas seguirán ahí la próxima vez, que en un país tan bien conectado como este siempre acaba habiendo una próxima vez.