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Qué ver en Róterdam en un día
Róterdam es lo contrario de lo que uno espera de una ciudad holandesa: sin canales de postal, sin casco medieval y sin ninguna intención de gustar a quien busque lo pintoresco. Por eso es la ciudad más interesante del país para quien mire con otros ojos.
La ciudad que no se parece a ninguna otra de Holanda¶
Hay un momento concreto en el que entiendes Róterdam, y suele llegar al salir de la estación. Vienes de Ámsterdam, con la cabeza llena de casas estrechas e inclinadas, canales concéntricos y ladrillo del siglo XVII, y de pronto tienes delante rascacielos de cristal, puentes atirantados y una estación que parece una nave espacial clavada en el suelo. El contraste es tan brutal que descoloca.
La explicación está en una fecha: el 14 de mayo de 1940. El bombardeo alemán arrasó el centro histórico de la ciudad en cuestión de horas y dejó apenas unos pocos edificios en pie. Róterdam se enfrentó entonces a una decisión que otras ciudades europeas resolvieron de otra manera: podía reconstruir lo que había, imitando lo perdido, o podía construir algo distinto. Eligió lo segundo, y lleva ochenta años sin arrepentirse.
El resultado es una ciudad que funciona como un museo de arquitectura contemporánea al aire libre, con obras de Rem Koolhaas, Renzo Piano, Norman Foster, Álvaro Siza o MVRDV repartidas por el tejido urbano. No gusta a todo el mundo, y conviene decirlo antes de que nadie compre el billete: quien busque lo pintoresco se irá frustrado. Pero a quien le interese la arquitectura, el urbanismo o simplemente ver cómo puede ser una ciudad europea que no vive de su pasado, Róterdam es probablemente la mejor escuela práctica del continente.
Cómo llegar y cómo moverte¶
Desde Ámsterdam son cuarenta y un minutos con el tren más rápido, el Intercity Direct que va por la línea de alta velocidad, y algo más de una hora con el Intercity convencional. Ese tren rápido lleva un pequeño suplemento que, si pagas con tarjeta contactless, hay que fichar aparte en un poste rojo del andén antes de subir. Desde Schiphol son poco más de veinte minutos, así que si llegas en avión puedes plantarte aquí sin pisar Ámsterdam.
La propia Rotterdam Centraal, inaugurada en 2014, ya es la primera parada arquitectónica del día: una cubierta enorme de acero inoxidable que se levanta en punta hacia el centro de la ciudad como la proa de un barco, con un vestíbulo de madera clara que resulta cálido y luminoso a partes iguales.
Dentro de la ciudad, casi todo lo importante se cubre andando, aunque las distancias son mayores que en Ámsterdam porque la escala del urbanismo es otra. Hay metro, tranvía y autobús operados por RET, y se paga igual que en el resto del país, acercando la tarjeta bancaria al lector y fichando al entrar y al salir. Y hay una peculiaridad muy de aquí: el taxi acuático, unas lanchas rápidas que cruzan el Nieuwe Maas y son a la vez transporte y atracción.
Las casas cúbicas y el Markthal¶
Empieza por la zona de Blaak, que concentra dos de los edificios más fotografiados del país a cincuenta metros el uno del otro.
Las casas cúbicas de Piet Blom, levantadas a principios de los ochenta, son treinta y ocho cubos amarillos girados cuarenta y cinco grados sobre uno de sus vértices y apoyados en pilares hexagonales. La idea era representar un bosque, con cada casa como un árbol y el conjunto como una copa continua sobre el espacio público. Son viviendas reales, con gente que vive dentro, y una de ellas está habilitada como museo, la Kijk-Kubus, donde se ve lo que significa habitar un espacio en el que ninguna pared es vertical. Es una visita corta, barata y bastante divertida.
Enfrente está el Markthal, inaugurado en 2014, que es a la vez mercado y edificio de viviendas: una herradura gigantesca de apartamentos que se curva sobre el espacio del mercado, con las dos fachadas abiertas cerradas por vidrio. Lo espectacular es el techo, cubierto por un mural digital enorme de frutas, flores y semillas que la gente ha bautizado como la Capilla Sixtina de Róterdam. Debajo hay puestos de comida de medio mundo, y es un sitio perfecto para comer algo rápido a mediodía, aunque los precios son claramente de zona turística.
Y a un paso de ambos está la Laurenskerk, la iglesia de San Lorenzo, uno de los poquísimos edificios medievales que sobrevivieron al bombardeo. Verla rodeada de arquitectura contemporánea, sola y desubicada, cuenta la historia de la ciudad mejor que cualquier panel explicativo.
El Erasmusbrug y la orilla sur¶
Desde Blaak baja hacia el río. Pasarás por el Leuvehaven, uno de los viejos puertos interiores convertido hoy en zona museística, y desembocarás en el Erasmusbrug, el puente Erasmo.
Es una de las obras civiles más elegantes construidas en Europa en las últimas décadas: un puente atirantado blanco de casi ochocientos metros con un pilón asimétrico e inclinado que los rotterdameses llaman el Cisne. Se inauguró en 1996 y desde entonces es el símbolo de la ciudad, la silueta que aparece en todas las postales y en el logotipo de medio comercio local. Crúzalo a pie, que tiene acera ancha y carril bici, porque las vistas del skyline desde la mitad del puente son la mejor foto que te vas a llevar del día.
Al otro lado está la Kop van Zuid, el antiguo distrito portuario que quedó en desuso cuando el puerto principal se trasladó a la desembocadura del Rin, y que a partir de los noventa la ciudad decidió reinventar a base de rascacielos. Aquí está De Rotterdam, ese bloque enorme de Rem Koolhaas concebido como una ciudad vertical, con tres torres desalineadas que parecen deslizarse unas sobre otras. Y aquí está también el Hotel New York, el antiguo edificio de la Holland America Line desde cuyos muelles zarparon durante décadas los barcos de emigrantes europeos hacia Nueva York. Hoy es hotel y restaurante, con la decoración original conservada, y es un sitio estupendo para comer o simplemente tomar algo mirando el agua.
Los museos: qué está abierto y qué no¶
Aquí hay que ser preciso, porque la situación museística de Róterdam es peculiar ahora mismo.
El Museum Boijmans Van Beuningen, el gran museo de arte de la ciudad, con obras de El Bosco, Rembrandt, Van Gogh, Dalí o Magritte, lleva años cerrado por una reforma integral y no se espera que reabra hasta finales de 2028 como pronto. Es decir: si vas ahora y esperabas ver esa colección, no vas a poder.
Lo que sí está abierto, y es probablemente el edificio más impactante de la ciudad, es el Depot Boijmans Van Beuningen, inaugurado en 2021 al lado del museo cerrado. Es el primer almacén de arte del mundo abierto al público: un cuenco gigantesco de casi cuarenta metros de altura, forrado por completo de paneles espejados que reflejan el parque y el cielo de forma que el edificio parece disolverse en su entorno. Dentro se conservan las más de ciento cincuenta mil piezas de la colección, y la gracia es que se visita el almacén tal cual, con las estanterías, los sistemas de clima y los restauradores trabajando a la vista. En la azotea hay un jardín con restaurante y una de las mejores vistas de la ciudad.
Además está el Kunsthal, obra de Rem Koolhaas, dedicado a exposiciones temporales de arte contemporáneo; Het Nieuwe Instituut, centro de arquitectura y diseño; y el Maritiem Museum, que cuenta la historia del que fue durante décadas el puerto más grande del mundo. Están todos en la zona del Museumpark y hay entrada combinada.
Delfshaven, el trozo que sí sobrevivió¶
Si te queda tiempo o si el exceso de hormigón te empieza a pesar, coge el metro hasta Delfshaven. Es el único barrio de Róterdam que conserva su aspecto histórico, con casas del XVII asomadas a un canal, un molino en pie y el aire de puerto antiguo que el resto de la ciudad perdió en una noche de mayo.
Tiene además un peso histórico enorme que casi nadie conoce: fue desde aquí, en 1620, desde donde los Padres Peregrinos zarparon rumbo a Inglaterra antes de embarcar en el Mayflower hacia América. La iglesia desde la que se despidieron sigue en pie, y hay quien viene desde Estados Unidos solo por eso.
Delfshaven es también el mejor sitio de la ciudad para tomar algo con calma junto al agua al final del día, sin las multitudes del centro y con una luz preciosa al atardecer.
Comer y salir¶
La calle de referencia es la Witte de Withstraat, que concentra galerías, bares, terrazas y restaurantes de todo tipo, y que por la noche tiene el ambiente más animado de la ciudad. La zona de Katendrecht, al sur, era el viejo barrio portuario de mala fama y hoy es una de las áreas gastronómicas más interesantes, con antiguos almacenes reconvertidos.
En general se come mejor y más barato que en Ámsterdam, con una escena internacional muy fuerte que refleja lo que es esta ciudad: un puerto donde han desembarcado personas de todo el mundo durante siglo y medio.
Cuánto tiempo necesitas y para quién es¶
Un día completo da para lo esencial si lo organizas bien: mañana en la zona de Blaak con las casas cúbicas y el Markthal, mediodía bajando al río y cruzando el Erasmusbrug a pie, tarde en el Depot y en el Museumpark, y atardecer en Delfshaven o en Katendrecht. Son unos seis o siete kilómetros andando, todo llano.
Si vienes desde Ámsterdam en el día —todas las opciones están comparadas en excursiones de un día desde Ámsterdam—, sal temprano y no intentes encajar además Delft o La Haya en la misma jornada. Están a quince minutos, sí, pero acabarías viendo tres sitios a medias.
Y una última advertencia honesta, que ya adelantaba al principio. Róterdam es una ciudad que divide. Si viajas buscando encanto, callejuelas y fachadas antiguas, esta no es tu ciudad y probablemente Delft o Utrecht te den mucho más. Pero si te interesa cómo se construyen las ciudades, cómo se reinventa un lugar que lo perdió todo, o simplemente ver algo que no habías visto antes, aquí vas a pasar uno de los mejores días de tu viaje.