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Qué ver en Londres en 1 día: ruta a pie por lo esencial
Un día en Londres es poquísimo y aun así da para más de lo que parece si se camina en el orden correcto y se renuncia a entrar en casi todo. Ruta de Westminster a la Torre siguiendo el Támesis, con la única visita de pago que yo elegiría y los errores que hacen perder dos horas.
Qué es realista y qué no¶
Empecemos por lo que no va a pasar. En un día no vas a ver el British Museum, ni la Torre de Londres por dentro, ni los mercados, ni ningún barrio que no esté en el eje central. Londres no es una ciudad que se pueda arañar: es una capital de nueve millones de habitantes donde cada barrio da para una jornada.
Lo que sí se puede hacer, y muy bien, es recorrer el eje monumental que va de Westminster a la Torre de Londres siguiendo el Támesis. Son unos seis kilómetros a pie, todo llano, con la mayor concentración de iconos por metro cuadrado que tiene la ciudad, y con la ventaja de que buena parte de lo que se ve es exterior y no exige entrada ni cola.
La segunda decisión importante es cuántos interiores vas a hacer. Mi recomendación es uno, como mucho dos. Cada visita de pago en Londres se lleva entre hora y media y dos horas contando acceso, y las principales cuestan entre veinticuatro y treinta y siete libras. Con un solo día, cada interior que añades te quita un barrio entero de calle.
Antes de empezar¶
Dos cosas que hay que llevar resueltas. La primera es el permiso electrónico de entrada al Reino Unido, obligatorio para españoles y que hay que tener aprobado antes de embarcar. La segunda es el pago del transporte: acerca la misma tarjeta bancaria sin contacto al lector al entrar y al salir de cada trayecto, y el sistema calcula solo el tope diario, que en las zonas centrales está en 8,90 libras.
Y empieza temprano de verdad. Londres es una ciudad que amanece tarde en cuanto a turismo: a las ocho de la mañana los grandes escenarios están prácticamente vacíos y a las once son un hervidero. Con un solo día, esas tres horas de ventaja valen oro.
Mañana: Westminster y los parques reales¶
Sal en la estación de Westminster. Es una de las mejores llegadas del metro londinense: emerges de una estación de hormigón brutalista y de pronto, sin transición, tienes delante el Palacio de Westminster con la torre del Big Ben recortada contra el cielo. Después de años de andamios por la restauración, la torre volvió a verse limpia en 2022, así que la fotografía clásica ha vuelto a ser posible.
Desde ahí, la plaza del Parlamento y la abadía de Westminster, que es donde se coronan los reyes ingleses desde 1066. Entrar cuesta en torno a las veintisiete libras y se lleva hora y media larga; con un solo día, yo la vería por fuera.
Sigue por Whitehall, la calle del poder británico, donde están Downing Street tras sus verjas y la Guardia Montada, y desemboca en Trafalgar Square, con la columna de Nelson y los leones. Ahí está también la National Gallery, gratuita, y si vas a entrar en un museo en todo el día, ese es el más rentable: media hora bien elegida da para ver un puñado de obras maestras sin comprometer la jornada.
Después, The Mall hacia Buckingham, atravesando St James's Park, que es el más bonito de los parques centrales, con su lago y sus pelícanos. Si te interesa el cambio de guardia, comprueba antes el calendario: no se celebra todos los días y varía según la época del año y el tiempo. Y si vas, colócate con mucha antelación o asume que verás cabezas.
Mediodía: del centro al río¶
De Buckingham, vuelve hacia el centro por Green Park o por el propio Mall y sube a Piccadilly Circus, que es más pequeño de lo que las fotos sugieren y que se ve en cinco minutos, y de ahí a Leicester Square y Covent Garden. Este último merece un rato: el mercado cubierto, los artistas callejeros y las calles de alrededor son de lo más agradable del centro.
Para comer, no te sientes en un restaurante del West End salvo que quieras dejarte veinte libras por persona en algo mediocre. Los supermercados británicos venden almuerzos completos por poco dinero y estás a cinco minutos de varios parques. Es lo que hago yo casi siempre.
Tarde: la orilla sur, que es la mejor parte¶
Cruza el Támesis y camina hacia el este por la orilla sur. Este tramo es, para mí, lo mejor que se puede hacer en Londres con tiempo limitado: un paseo continuo de varios kilómetros con toda la ciudad monumental enfrente, al otro lado del agua.
Se empieza junto al London Eye, se pasa por el complejo cultural del South Bank con sus librerías de segunda mano bajo el puente, se continúa hasta la Tate Modern, gratuita y con una terraza en lo alto desde la que se ve San Pablo, y se cruza el Millennium Bridge, ese puente peatonal que en su inauguración se balanceaba tanto que hubo que cerrarlo para corregirlo.
Desde el puente, la catedral de San Pablo enfrente, con la cúpula de Christopher Wren que dominó el horizonte de Londres durante siglos. Entrar cuesta unas veinticuatro libras e incluye la subida a las galerías de la cúpula, más de quinientos escalones que rematan en una de las mejores vistas de la ciudad. Si vas a hacer un solo interior de pago en el día, este es mi candidato: combina monumento y mirador.
Sigue después por la orilla hasta el Tower Bridge, que es el puente que todo el mundo confunde con el London Bridge, y hasta la Torre de Londres, que con novecientos años encima es el edificio con más historia acumulada de la ciudad. La entrada ronda las treinta y cinco libras y necesita dos o tres horas: no cabe en este itinerario, pero el conjunto desde fuera, con la muralla y el puente al lado, ya justifica el paseo.
Al anochecer¶
Si te quedan fuerzas, cruza al otro lado y camina un poco por la orilla sur hasta el atardecer. Las luces de la City reflejadas en el agua, con el Tower Bridge iluminado, son el mejor cierre posible.
Y si el día incluye noche, considera una función en el West End. Las entradas de última hora o las compradas en rebaja se mueven entre las veinticinco y las cuarenta y cinco libras, y ver un musical es una de las cosas que Londres hace mejor que ninguna otra ciudad del mundo.
Errores que cuestan tiempo¶
El primero, coger el metro para trayectos cortos. El plano está deliberadamente deformado y muchas estaciones consecutivas del centro están a cinco minutos andando. Entre Covent Garden y Leicester Square se tarda menos a pie que bajando y subiendo escaleras.
El segundo, intentar entrar en dos o tres monumentos de pago. Con las colas de acceso y los recorridos, tres visitas se comen el día entero y te quedas sin ver la ciudad.
El tercero, hacer la ruta al revés. Empezar por la Torre y terminar en Westminster funciona igual de bien geográficamente, pero pierdes la mejor luz de la tarde sobre la orilla sur, que es donde está el paisaje.
Y el cuarto, no comprobar los días de cierre. Los grandes museos abren casi todos los días, pero algunos monumentos y muchos mercados no.
Y si tu día es una escala¶
Hay una variante que merece la pena mencionar, porque yo la he vivido. Si tu día en Londres es en realidad una escala larga entre vuelos, todo esto sigue siendo posible pero conviene invertir el reloj: aprovechar el amanecer, cuando la ciudad está vacía y la luz es extraordinaria, y volver al aeropuerto a mediodía.
Con un margen de diez u once horas entre vuelos da tiempo de sobra a hacer este recorrido, y verlo sin nadie delante es una experiencia distinta y mejor. Lo cuento con detalle en el artículo dedicado a Londres al amanecer.