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Qué ver en Bristol en 3 o 4 días, con excursión a Bath
Cuatro días es la medida justa para Bristol: da tiempo a la ciudad completa, a la escapada a Bath en doce minutos de tren y a un cuarto día que puedes orientar hacia el arte urbano, la ingeniería de Brunel o los miradores del desfiladero. El reparto y las alternativas.
Por qué Bristol aguanta cuatro días¶
Bristol no está en las listas de escapadas europeas y esa es precisamente su ventaja. Nosotros fuimos casi por accidente, con un crédito de vuelo a punto de caducar y sin más información que la de que era una ciudad portuaria del suroeste inglés y que de allí era Banksy. Cuatro días después salíamos convencidos de que había sido uno de los mejores viajes que habíamos hecho, y no por ningún monumento concreto sino por acumulación. Cuento el viaje completo, día a día, en el diario de Bristol.
La ciudad tiene tamaño suficiente para no agotarse en dos jornadas y una densidad de cosas gratuitas que permite improvisar sin mirar el presupuesto. Y tiene, a doce minutos de tren, una de las ciudades más espectaculares de Inglaterra, que además funciona en un registro completamente opuesto: si Bristol es portuaria, mestiza y desordenada, Bath es georgiana, uniforme y monumental. Ese contraste, hecho en el mismo viaje, es lo que convierte cuatro días en algo más que cuatro días.
El reparto que propongo mantiene las dos primeras jornadas del itinerario corto, dedica la tercera a Bath y deja la cuarta abierta, porque el cuarto día no debería ser el mismo para todo el mundo.
Los dos primeros días, en resumen¶
La primera jornada recorre el eje oeste-centro. Empieza arriba, en el puente colgante de Clifton, la obra con la que Brunel arrancó su carrera a los veinticuatro años, y baja hacia el Floating Harbour, el sistema de dársenas construido a comienzos del siglo XIX para que los barcos dejaran de quedar varados sobre el fango con cada bajamar. Ahí está el SS Great Britain, primer transatlántico de casco de hierro y hélice, y la única entrada de pago importante de la ciudad. La tarde se va en el centro, entre College Green, la catedral y la subida gratuita a la Cabot Tower.
La segunda baja de norte a sur. Stokes Croft y Montpelier por la mañana, con el Banksy más antiguo de la ciudad y los murales del barrio; los Christmas Steps y las casas de beneficencia del siglo XV; el Bristol Museum & Art Gallery a mediodía, gratuito como todos los municipales; y por la tarde el M Shed, en los muelles, y el arte urbano de Bedminster, donde se celebra el mayor festival de arte callejero de Europa.
Ambas están desarrolladas con horarios y detalle en los artículos sobre qué ver en Bristol en un día y en dos días.
Día 3: excursión a Bath¶
Tienes esta excursión desarrollada entera, con horarios y precios, en el artículo sobre qué ver en Bath en un día. Aquí el resumen.
Los trenes salen de Bristol Temple Meads, que conviene mirar antes de entrar porque es un edificio notable por sí mismo: lo diseñó Brunel en 1840 como terminal del Great Western Railway y la parte original, hoy fuera de servicio, es la terminal ferroviaria más antigua del mundo que sigue en pie, con una fachada Tudor de mentira y un techo de madera de treinta metros de luz sostenido por ménsulas de hierro colado.
El trayecto son doce minutos para dieciséis kilómetros, por una línea que Brunel trazó tan llana que sus contemporáneos la apodaron la mesa de billar. El billete ronda las diez libras por trayecto, con bastante variación según la hora y la antelación con que se compre, así que merece la pena mirarlo con tiempo. También existe un autobús directo desde el aeropuerto a Bath, útil si decides dormir allí una noche.
Bath es la ciudad más uniforme que he visto: casi todos los edificios del centro histórico están construidos con la misma piedra caliza color miel, porque en el siglo XVIII un empresario llamado Ralph Allen compró casi todas las canteras de Combe Down y financió después buena parte de la reconstrucción georgiana con su propio material. La ciudad entera salió de la misma veta. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1987.
Un día da para lo esencial. Del río, el Pulteney Weir, la presa en forma de herradura que crea una cascada continua en pleno centro y desde la que todo el mundo fotografía la ciudad, y el Pulteney Bridge de 1774, uno de los pocos puentes habitados que quedan en el mundo, con tiendas ocupando por completo ambos lados; la paradoja es que al cruzarlo no parece un puente sino una calle, y solo se entiende viéndolo desde abajo. De la ciudad monumental, la abadía, donde en el edificio anterior fue coronado en el año 973 Edgar el Pacífico en la primera ceremonia de coronación de un rey de toda Inglaterra, y cuya fachada oeste tiene esculpidos unos ángeles trepando por escalas de piedra. Y de la arquitectura georgiana, The Circus, la plaza circular que John Wood el Viejo empezó en 1754 y no vivió para ver terminada, y el Royal Crescent, treinta casas en arco con ciento catorce columnas jónicas que fue el primer conjunto de este tipo de la historia y que después se copió por toda Gran Bretaña.
Sobre las Termas Romanas, una decisión que conviene tomar informado: la entrada es cara, superaba las veinticinco libras cuando estuvimos y ha subido desde entonces, y no permite bañarse, porque el agua no está tratada y el recorrido es museístico. Nosotros preferimos no entrar y no lo lamentamos: el vapor se ve desde la calle y la fachada victoriana que envuelve las ruinas ya cuenta parte de la historia. Si lo que quieres es meterte en agua caliente, el balneario moderno que está a dos calles tiene una piscina en la azotea con vistas sobre los tejados.
Un truco para comer sin arruinarse en una ciudad donde cualquier menú se va fácilmente a las veinte libras: el supermercado grande del centro tiene una zona con mesas y microondas donde calentar platos preparados. Nada de glamur, mucha eficiencia. Y para terminar, la subida a Alexandra Park, al sur, con vistas sobre la ciudad, aunque conviene saber que los árboles han crecido y recortan bastante el horizonte que promete el nombre del mirador.
Día 4, opción A: Brunel y el Bristol industrial¶
Si lo que te ha enganchado de la ciudad es la ingeniería, hay una jornada temática completa. El SS Great Britain ocupa fácilmente media mañana entre la nave, el dique seco y los dos museos, y el billete permite volver durante un año, así que si lo visitaste el primer día puedes entrar otra vez sin pagar.
Desde ahí, un paseo por los muelles con las grúas portuarias de los años cincuenta conservadas en su sitio, fabricadas por una empresa de Bath que durante más de un siglo suministró grúas a medio mundo. Después, el M Shed si te faltaba, y por la tarde cruzar el desfiladero hasta Leigh Woods para ver el puente de Clifton desde el otro lado, que es la vista que no se consigue estando encima de él. Es un paseo de bosque con miradores sobre el Avon y una perspectiva completamente distinta de la estructura.
Día 4, opción B: arte urbano y la ruta de Banksy¶
Si viniste por las paredes, un día entero se queda corto. Bedminster merece la mañana completa, recorriendo North Street y East Street y las laterales, donde los murales de las sucesivas ediciones de Upfest se acumulan y se superponen.
Por la tarde, la caza de los Banksy que siguen en la calle. Hay tres relativamente accesibles: el oso de peluche con el cóctel molotov en Stokes Croft, de 1999; el hombre desnudo colgado de una ventana en la fachada de una clínica de salud sexual junto a Park Street, que se ve mejor desde el puentecillo sobre Frogmore Street; y la versión de la joven de Vermeer con una alarma antirrobo por pendiente, junto al puerto, cerca de la marina. Hay además dos piezas retiradas de la calle y expuestas en el M Shed. Su estado cambia con el tiempo, así que conviene comprobar antes de salir cuáles siguen visibles.
Banksy nació y creció aquí, empezó a pintar a comienzos de los noventa y desarrolló la técnica de plantilla precisamente para reducir el tiempo de exposición mientras pintaba. En el M Shed aparece mencionado como figura relevante de la historia de la ciudad, junto a John Cabot y otros, sin revelar su identidad, lo que dice bastante de la relación de Bristol con ese anonimato.
Día 4, opción C: una segunda excursión¶
Bristol está bien conectada y tiene alrededor varias opciones de media jornada o jornada completa. Cardiff está a menos de una hora de tren cruzando el Severn, y es otra capital con otro idioma cooficial y otro carácter. Wells, la ciudad catedralicia más pequeña de Inglaterra, y la garganta de Cheddar quedan al sur, en Somerset, y se hacen en autobús. Y por la costa, Clevedon y Weston-super-Mare tienen esos muelles victorianos sobre el agua tan característicos del balnearismo inglés.
Ninguna de ellas la hicimos nosotros, así que esta opción va como pista y no como recomendación probada. Pero si repites ciudad o si el tiempo acompaña, el suroeste inglés tiene mucho más que Bristol y Bath.
Cómo decidir y qué dejar preparado¶
Si es tu primera vez y viajas cuatro días, mi orden sería el que he descrito, con la opción A o la B en el último día según lo que te haya interesado más en los tres primeros. Con solo tres días, quitaría el cuarto entero y mantendría Bath, porque la excursión aporta un contraste que ninguna jornada adicional en Bristol te va a dar.
Y dos cosas que hay que dejar resueltas antes de salir de casa. La primera es el permiso electrónico de entrada al Reino Unido, la ETA: veinte libras por persona, obligatorio para españoles, hay que tenerlo aprobado antes de embarcar y va asociado al pasaporte, que es ahora el único documento válido. La segunda es el margen para volver al aeropuerto: el autobús exprés tarda entre treinta y cuarenta minutos sobre el papel, pero a nosotros nos llegó con media hora de retraso y luego se quedó parado veinte minutos en el aparcamiento de la terminal. Coge el anterior al que te parezca razonable y no tendrás que correr.