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Qué ver en Londres en 5 o 6 días: itinerario completo
Con cinco o seis días Londres deja de ser una carrera y empiezan a caber las cosas que de verdad la distinguen: Greenwich, los estudios de Harry Potter, los mercados del este, los miradores y varias noches de teatro. El reparto que he ido puliendo en siete viajes.
La duración en la que Londres funciona¶
He ido a Londres siete veces desde 2004, en estancias de uno a ocho días, y mi conclusión es que la ciudad se disfruta de verdad a partir del cuarto. Antes de eso uno va tachando: el Big Ben, la Torre, el museo. A partir del cuarto empiezan a caber los barrios, las excursiones dentro de la propia ciudad y esa cosa impagable que es volver dos veces al mismo sitio con luz distinta.
Con cinco o seis días también cambia el ritmo. Ya no hace falta encadenar tres cosas por jornada, se puede dedicar una mañana entera a un mercado sin sensación de estar perdiendo el tiempo, y se puede reservar teatro varias noches sin que eso desmonte la agenda diurna.
El reparto que propongo mantiene los tres primeros días del itinerario corto y añade los dos o tres que marcan la diferencia.
Los tres primeros días, en resumen¶
El primero, el eje del Támesis: Westminster, la abadía, Whitehall, Trafalgar, Buckingham y los parques por la mañana, y la orilla sur entera por la tarde hasta el Tower Bridge y la Torre de Londres, entrando en uno de los dos grandes interiores de pago.
El segundo, museos y City: el British Museum por la mañana con estrategia de tres o cuatro salas, el Leadenhall Market y las ruinas ajardinadas de St Dunstan in the East a mediodía, y por la tarde los miradores gratuitos de los rascacielos, que exigen reserva con semanas de antelación.
El tercero, barrios y mercados: Camden al norte o Spitalfields y Brick Lane al este, con Primrose Hill al atardecer si te has quedado por el norte.
Los tienes desarrollados en el artículo sobre qué ver en Londres en tres días.
Día 4: Greenwich, que es casi otra ciudad¶
Greenwich está al sureste y merece una jornada completa, no un rato. Se llega en tren ligero, en tren de cercanías o, si el tiempo acompaña, en barco por el Támesis, que además es transporte público y se paga con la misma tarjeta.
Lo que hay allí justifica el desplazamiento. El Cutty Sark, el último gran clíper del té que se conserva, en dique seco y con el casco suspendido de manera que se puede caminar por debajo. El Old Royal Naval College, un conjunto barroco de Christopher Wren con una sala pintada que llaman la capilla Sixtina inglesa. Y sobre todo la subida al Observatorio Real, en lo alto de la colina del parque, donde está el meridiano cero y desde donde se obtiene una de las mejores panorámicas de Londres: el parque en pendiente, el conjunto barroco abajo, el río y los rascacielos de Canary Wharf al fondo.
Esa vista, con el contraste entre el siglo XVII en primer plano y los rascacielos detrás, es de las imágenes que mejor resumen la ciudad.
Greenwich tiene además un mercado cubierto pequeño y muy agradable, y un ambiente de pueblo dentro de la ciudad que en Londres escasea. Con un día entero da tiempo a todo sin prisa. Lo cuento con mucho más detalle, incluida la mejor forma de organizar la jornada, en el artículo dedicado a Greenwich.
Día 5: la excursión que elijas¶
Aquí es donde el itinerario se personaliza, porque con cinco días ya cabe una salida grande.
La opción más popular son los estudios de cine de Harry Potter, en Leavesden, al noroeste de la ciudad. No es un parque de atracciones sino los decorados, el vestuario, los objetos y los efectos originales de las películas, conservados en las propias naves donde se rodaron. Se recorre el Gran Comedor, el callejón Diagon, el bosque, los despachos. Es una visita larga, fácilmente cinco o seis horas contando el desplazamiento, y exige comprar la entrada con mucha antelación porque se agota con meses de anticipación. Para quien tenga cualquier vínculo con esas películas, es de las mejores experiencias temáticas que existen. Todos los detalles prácticos, de las reservas a lo que se ve dentro, están en el artículo dedicado a los estudios de Harry Potter.
La alternativa, si Harry Potter no va contigo, es una excursión fuera de la ciudad. Windsor, con su castillo, está a menos de una hora. Oxford y Cambridge, con sus universidades, algo más. Y Bath, con su conjunto georgiano y sus termas romanas, está a hora y media larga en tren y es una de las ciudades más bonitas de Inglaterra.
Y una tercera opción para quien prefiera no salir: dedicar el día a un Londres distinto. Notting Hill y el mercado de Portobello por la mañana, Hyde Park y Kensington Gardens a mediodía, y los museos de South Kensington por la tarde, con el Museo de Historia Natural y su edificio de catedral victoriana a la cabeza. Todos gratuitos.
Día 6: la ciudad a tu ritmo¶
Si tienes un sexto día, mi consejo es no llenarlo. Déjalo para volver a lo que más te haya gustado, que es un lujo que los viajes cortos no permiten.
Algunas ideas que a mí me han funcionado. Volver al mismo mirador o al mismo puente a otra hora del día, porque Londres cambia radicalmente con la luz. Dedicar una mañana a los canales de Camden hasta Little Venice. Recorrer el túnel de arte urbano de Leake Street, bajo la estación de Waterloo, donde pintar es legal y las paredes cambian cada semana. O subir a Canary Wharf, que es la otra piel de la ciudad, con sus rascacielos, sus muelles reconvertidos y sus espacios verdes escondidos entre torres.
Y si el viaje termina con vuelo de tarde, aprovecha la última mañana para algo cercano al alojamiento en lugar de meter una visita grande con la maleta a cuestas.
El teatro, que es transversal¶
Con cinco o seis días caben tres funciones sin forzar nada, y esa es una de las mejores razones para alargar el viaje. Londres es la capital mundial del teatro musical y la oferta va desde los grandes clásicos hasta producciones originales en salas diminutas.
Mi recomendación es mezclar registros: un gran título consolidado, un espectáculo puro de despliegue técnico y una producción pequeña de la que no sepas nada. Las tres experiencias son distintas y la tercera suele ser la que más se recuerda.
Reserva por internet con antelación y busca códigos de descuento antes de completar la compra: entre hacerlo bien y hacerlo mal hay unas doscientas libras de diferencia por pareja en tres funciones.
Cómo cambia el presupuesto¶
Con seis días, el transporte se optimiza mucho: el tope semanal de las zonas centrales está en 44,70 libras, así que si tu estancia va de lunes a domingo el transporte urbano tiene techo. Ojo con las salidas a las afueras, porque un solo trayecto lejano puede recalcular al alza la tarifa de toda la semana; para esos casos conviene el abono de zonas 1 y 2 más extensión puntual.
En visitas, con seis días es fácil que la partida de entradas se dispare si uno encadena atracciones de pago. Mi criterio es elegir tres o cuatro que de verdad interesen y llenar el resto con la enorme oferta gratuita: museos, parques, mercados, miradores y barrios.
Y si viajáis dos personas y vais a hacer varias visitas de pago, mirad la promoción de dos por uno que se activa con un abono de transporte de papel comprado en una estación de tren, porque en un viaje largo puede ahorrar cifras de tres dígitos.
Lo que aprendí después de siete viajes¶
Dos cosas. La primera, que Londres premia volver: hay ciudades que se agotan en una visita y esta no. Cada vez que he vuelto he encontrado barrios nuevos, edificios que no existían y sitios que en el viaje anterior no me habían interesado.
Y la segunda, que las mejores horas no son las de los monumentos. La luz del amanecer sobre el Tower Bridge sin nadie delante, un picnic en un parque, un mercado a primera hora antes de que llegue nadie o la salida de un teatro a las diez y media de la noche valen más, en el recuerdo, que cualquier cola de acceso.