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Open House Essen 2023
En octubre de 2023, tuve la increíble oportunidad de embarcarme en una aventura única que me llevó desde las calles de Bilbao hasta el corazón de Essen, Alemania.
Un Viaje de Arquitectura y Cultura con Open House Europe¶
Cómo un intercambio de voluntarios me llevó a descubrir la esencia de una ciudad alemana
Open House Europe une a once organizaciones culturales de ciudades tan distintas como Lisboa, Atenas, Estocolmo, Dublín, Milán, Vilna, Brno, Tesalónica, Tallin, Essen y Bilbao. El hilo que las conecta es simple: abrir edificios, crear conversación sobre el entorno construido, entender la arquitectura como algo que pertenece a todos. Después de seis años como voluntario en Open House Bilbao, la posibilidad de participar en el programa de intercambio internacional apareció en mayo de 2023. Coincidía con un viaje a Londres ya cerrado, así que me apunté para la edición de octubre. Me seleccionaron.
Open House Essen estaba programado para el 7 y 8 de octubre. Mi viaje se extendería del viernes 6 al lunes 9, cuatro días en una ciudad que no conocía de nada. El alemán era un obstáculo evidente para guiar visitas o controlar accesos, así que contacté con los organizadores para ver cómo encajar mejor. Acordamos que mi papel sería el de fotógrafo del evento: capturar imágenes para las redes sociales del festival. Una forma de contribuir sin necesitar el idioma.
Essen está en el corazón de la región del Ruhr, la gran cuenca industrial que durante el siglo XX fue sinónimo de carbón, acero y mano de obra. Hoy esa historia sigue visible en el paisaje: chimeneas que ya no humean, edificios de ladrillo rojo que han cambiado de función pero no de forma, el complejo Zollverein declarado Patrimonio de la Humanidad. La ciudad lleva décadas navegando esa transición de centro industrial a metrópolis cultural, y el Open House es una forma de hacer esa narrativa accesible y caminable.
La única contrapartida del viaje era perderme Open House Bilbao ese año. No podía estar en los dos sitios a la vez. Decidí enfocarlo como lo que era: una oportunidad de ver cómo funcionaba el festival desde fuera, en otro idioma, con otra escala urbana y otra historia detrás de cada edificio abierto.

Día 1. El viaje a Essen y un Festival de Luces¶
Vuelo desde Bilbao a las 14:55h, aterrizaje en Düsseldorf a las 16:55h. Nada más salir de la terminal, los organizadores de Open House Essen estaban esperando. De camino a Essen, en el coche, empezó el briefing informal: qué edificios se visitarían el sábado, cuál era el plan para el domingo, qué se esperaba del rol de fotógrafo. La ciudad que íbamos a recorrer el fin de semana empezaba a tomar forma antes incluso de verla.
Primera parada: el Motel One Essen, donde esperaba una voluntaria de intercambio llegada de Dublín. El bar del motel fue el primer espacio de trabajo real del viaje, el lugar donde se establecen las dinámicas de grupo antes de que empiece cualquier actividad. Entre cañas y expectativas, los tres fuimos perfilando qué papel iba a jugar cada uno durante el festival.
Después de cenar, salimos a dar una vuelta por el centro. No era un plan elaborado, solo estirar las piernas. Fue entonces cuando apareció el Essen Light Festival 2023: proyecciones de gran formato sobre las fachadas de los edificios históricos del centro, geometrías de color que transformaban la arquitectura en otra cosa, en algo menos permanente y más espectacular. No hubo tiempo de recorrerlo entero, pero bastó para entender que el fin de semana iba a tener dos festivales superpuestos, no uno.



El alojamiento definitivo no estaba en Essen sino en Mülheim an der Ruhr, el municipio vecino. Los eventos del fin de semana habían copado toda la oferta hotelera de la ciudad, así que el Hotel U en Mülheim era la opción disponible. Llegué al check-in con el tiempo justo antes de que cerrara recepción.
Ya en la habitación, con el portátil abierto, me puse a montar un formulario de inscripción online para futuros voluntarios de Open House Essen, con su código QR correspondiente. Era un encargo concreto, algo que podría quedar listo antes del festival y que los organizadores podrían usar durante el fin de semana para captar gente interesada en participar en próximas ediciones. Lo terminé bien entrada la noche, con las imágenes del festival de luces todavía dando vueltas.

Dia 2. Primera jornada de Open House Essen 2023¶
El sábado arrancó con un miembro de la organización recogiendo a los tres voluntarios en el hotel. Éramos el fotógrafo de Bilbao, la voluntaria de Dublín y una tercera venida de Lisboa. El programa del día era denso: varios edificios repartidos por distintos barrios de la ciudad, con tiempos ajustados entre visita y visita.
ECA-Siedlung, Essen-Schonnebeck
La primera parada fue la Siedlergemeinschaft ECA-Siedlung, un barrio residencial en Essen-Schonnebeck construido en la posguerra como parte del Plan Marshall. La ECA, Economic Cooperation Administration, fue el instrumento americano de reconstrucción económica de Europa occidental, y en la práctica significó, entre otras cosas, vivienda para los trabajadores de las minas y para los refugiados que llegaban de los territorios del este. El barrio lleva el nombre del programa que lo hizo posible.
Lo que da carácter al lugar no es la arquitectura en sí —casas unifamiliares modestas, tipología repetida con variaciones mínimas— sino el estado en que se encuentra hoy: jardines delanteros cuidados con precisión, fachadas mantenidas, una sensación de arraigo que pocas urbanizaciones de esa época han conservado. La comunidad de vecinos que gestiona el barrio lo cuida como si fuera un monumento vivo.





Iglesia del Espíritu Santo, Katernberg
La Heilig-Geist-Kirche en Katernberg es la obra que justificaría el día por sí sola. Gottfried Böhm la diseñó en 1957, tomando el relevo formal de su padre Dominikus en una línea de arquitectura religiosa que rompía con la tradición sin desprenderse de ella. La estructura remite a una tienda de campaña, a algo provisional y elevado a la vez, en referencia al versículo bíblico que habla de no buscar la ciudad permanente sino la futura.
Desde fuera, los planos de hormigón inclinados se cortan en aristas que apuntan hacia arriba. Dentro, la luz entra filtrada a través de grandes paños de vidrio y el espacio resulta a la vez íntimo y vertical. El órgano de dos manuales y 26 registros, fabricado por Eggert Orgelbau-Anstalt, ocupa el fondo de la nave con una presencia que pide que lo toquen. No hubo ocasión de escucharlo. La iglesia fue declarada monumento histórico en 2019, reconocimiento tardío para un edificio que lleva décadas siendo uno de los mejores ejemplos de arquitectura religiosa moderna de posguerra en Alemania.






Paseo guiado por ECA-Siedlung
Volvimos al barrio ECA para el recorrido guiado. El guía hablaba solo alemán, lo que convirtió la visita en una experiencia sobre todo visual: seguir al grupo, mirar las fachadas, observar qué elementos de la construcción original habían sobrevivido y cuáles habían sido sustituidos. Los jardines delanteros decían más que cualquier explicación: cada uno era distinto, cada uno era de alguien en particular.






Stiftung Zollverein
La Stiftung Zollverein es la fundación creada en 1998 por la ciudad de Essen y el estado de Renania del Norte-Westfalia para gestionar el patrimonio del complejo minero y coquerizas de Zollverein, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La visita fue a la sede de la propia fundación, no al complejo en su totalidad —eso vendría después—, y sirvió para entender la dimensión de la tarea: conservar, documentar y mantener vivos edificios que no tienen una función industrial original a la que volver.
Los edificios de ladrillo rojo y estructura de acero que rodean el recinto son el tipo de arquitectura que convierte la utilidad en estética sin proponérselo. Diseñados por Fritz Schupp y Martin Kremmer en estilo Bauhaus funcional, son el resultado de pensar en eficiencia y acabar produciendo monumentos.





Ayasofya Camii
La mezquita Ayasofya Camii tenía el exterior en obras, pero el interior estaba abierto. Dos salas de oración en plantas separadas —hombres en una, mujeres en otra— decoradas con diseños geométricos y caligrafía árabe. La luz entraba suave, el espacio funcionaba. Llegamos en el momento del rezo y nos quedamos a observar. Es la primera vez que asistí a una ceremonia completa, y la devoción sincera de los fieles no necesita traducción.
Después del rezo, hospitalidad sin reservas: té turco, baklava, conversación en varios idiomas mezclados. La mezquita no solo abría sus puertas para el Open House; las tenía abiertas desde antes.




Complejo Industrial de Zollverein
La última parada del día fue el Zeche Zollverein, el conjunto completo. El Pozo XII, con su torre de extracción de doble pilar, es el icono que aparece en todas las fotografías de Essen y que desde cerca resulta todavía más imponente que en imagen. Schupp y Kremmer lo terminaron en 1932, en plena crisis económica, y el resultado fue una estructura que definió visualmente lo que la arquitectura industrial podía ser: rigurosa, simétrica, despojada de ornamento pero no de ambición formal.
La mina cerró en 1986. Lo que vino después fue una reinvención por capas: primero la declaración UNESCO, luego los museos, las exposiciones, los estudios de diseño instalados en los edificios auxiliares. La piscina abierta en un antiguo depósito de carbón. El gasómetro reconvertido en jardín urbano, con plantas creciendo en el interior de la estructura metálica circular. Ese último espacio era el más difícil de anticipar y el más memorable: algo completamente vivo dentro de algo que fue construido para un proceso industrial pesado.








Cena
La jornada cerró con una cena compartida: los organizadores de Open House Essen y varios miembros de la mezquita que habíamos visitado por la tarde. Platos alemanes y turcos en la misma mesa, conversaciones en inglés, alemán y algo que era una mezcla de los dos. El día había empezado en un barrio de posguerra y terminaba con una cena que resumía bien lo que Essen es hoy: una ciudad formada por capas de historia y de gente que llegó de sitios muy distintos.


Día 3. Segunda jornada de Open House Essen 2023¶
El domingo empezó con una nave industrial abandonada en Schederhofstraße. Sin nombre en el cartel, sin función actual. Solo el edificio abierto, disponible para que la gente entrara y mirara.
Nave industrial en Schederhofstraße
La estructura de acero expuesta se alzaba sobre el espacio diáfano con una precisión que no es exactamente belleza pero se le parece. Las vigas formaban una cuadrícula que se perdía en la altura, los grandes ventanales industriales dejaban entrar la luz en ángulos que cambiaban dependiendo de dónde te situaras, el suelo de hormigón acumulaba décadas de desgaste. No había información sobre el edificio, no había guía que explicara nada. La experiencia era directa: ver qué pasa cuando un espacio construido para producción queda detenido y se convierte en otra cosa sin haber decidido todavía qué.
Es el tipo de edificio que el Open House muestra mejor que cualquier museo: no restaurado, no explicado, simplemente abierto.






Forum Kunst & Architektur: preparativos
El Forum Kunst & Architektur Essen es un espacio de galería y usos múltiples con un interior blanco y luminoso que contrasta físicamente con la nave que acabábamos de dejar. La tarde tenía programada una charla de arquitectura y una sesión de realidad virtual, así que la mañana fue de montaje: colocar sillas, ajustar la iluminación, preparar una mesa con vino y canapés. El café recién hecho ya olía cuando llegamos.


Sede de Funke Media Group
El edificio más técnicamente complejo del fin de semana fue la sede de Funke Media Group, un complejo de tres bloques diseñado para mil empleados en el centro de Essen. El elemento que define el edificio son los pilares en forma de V en la planta baja: no son decoración, son la solución estructural a un problema concreto. Debajo del edificio pasa una línea de metro poco profunda, lo que obligó a los ingenieros a distribuir las cargas con una losa combinada con pilotes para no afectar la infraestructura subterránea. Los pilares en V emergieron como respuesta a ese condicionante: transferir el peso de los forjados superiores evitando puntos de apoyo en el lugar incorrecto.
El resultado visible desde la calle es un edificio que parece flotar, con la planta baja casi libre. Los pisos superiores se abren en espacios de oficinas diáfanos con vistas panorámicas de la ciudad. La forma sigue al problema de ingeniería, y lo que queda es un edificio que resulta singular sin perseguir la singularidad como objetivo.




Paseo libre por el centro
Con un hueco en el programa, salí solo a explorar el centro. El teatro Colosseum, construido en 1892 como sala de conciertos, tiene una fachada neobarroca con columnas y decoración que habría resultado excesiva en cualquier otro contexto pero que aquí encaja con la escala de la calle. Ha sobrevivido dos guerras mundiales y varias renovaciones; sigue siendo un teatro en uso. A pocos metros, el edificio de BRYCK GmbH —vidrio, acero, líneas limpias— crea el contraste que en Essen aparece constantemente: lo que fue y lo que llegó después, coexistiendo sin que ninguno de los dos borre al otro.
La zona peatonal del centro tiene ese pulso de ciudad media que funciona: cafés con mesas fuera, bicicletas, tiendas de cosas concretas. Los edificios antiguos restaurados conviven con intervenciones contemporáneas. La ciudad no ha intentado disimular sus cicatrices ni tampoco convertirlas en reclamo turístico fácil.






Vistas desde Kopstadtplatz
De vuelta al Forum, uno de los organizadores ofreció subir a la terraza de un edificio cercano en Kopstadtplatz. Desde arriba, el horizonte de Essen se desplegaba con claridad: tejados históricos en primer plano, las antiguas chimeneas industriales al fondo todavía en pie, edificios de oficinas más recientes dispersos entre medias. La vista aérea organiza lo que a nivel de calle aparece fragmentado. Essen no tiene un skyline homogéneo porque no tiene una historia homogénea.




Me pidieron que me quedara a cargo de la sala de exposiciones mientras el resto del grupo visitaba la universidad. Durante hora y media, actualicé las redes sociales del evento y atendí a los visitantes que se acercaban a la galería. Un trabajo tranquilo que permitía observar cómo la gente interacciona con el espacio cuando no hay nadie explicándoles qué mirar.
El arquitecto y la charla
Cuando el grupo regresó, lo acompañaba el arquitecto local Peter Brdenk. Desde el primer momento dejó claro, sin decirlo, que mi presencia no le interesaba: dirigía toda la conversación hacia las compañeras de Dublín y Lisboa, ignoraba mis intentos de participar con una eficacia que casi resultaba admirable en su consistencia. Intenté varias veces intervenir. Cada intento fue esquivado con destreza. Al final decidí no insistir y documentar el evento desde el lateral, que era lo que se suponía que tenía que hacer.
La charla de arquitectura que siguió fue otra cosa: sala llena, audiencia participativa, preguntas concretas sobre el futuro urbano de Essen. La sesión de realidad virtual que vino después reunió a gente de todas las edades mirando por los visores con la misma expresión de concentración y sorpresa.


El cierre del festival fue en el Cafe De Prins: los voluntarios, varios organizadores y algunos asistentes que se sumaron después de los actos. Lo que empezó como una copa de despedida se extendió hasta la una de la madrugada. Las conversaciones iban de la arquitectura a la política urbana, de los edificios que habíamos visto al estado de los festivales de arquitectura en cada país. El contraste con la experiencia del arquitecto Brdenk no podía ser más evidente: aquí nadie tenía que luchar por hacerse escuchar.

Día 4. Regreso y conclusiones¶
El vuelo de regreso salía de Düsseldorf a las 12:05h. Lo que debería haber sido un trayecto directo en tren desde Mülheim hasta el aeropuerto se complicó por las Herbstferien, las vacaciones de otoño escolares alemanas: cortes en la línea ferroviaria, sustituciones por autobús, dos horas de viaje con tres transbordos. Me encontré el primer retraso en la estación central de Mülheim con tiempo ya ajustado.
Opté por el Uber. Gasto no planificado, pero llegar al aeropuerto con margen valía la diferencia. El vuelo, por su parte, también llevaba retraso. Aterricé en Bilbao a las 3 de la tarde, casi una hora después de lo previsto. El viaje terminó como los viajes terminan habitualmente: con una pequeña dosis de caos logístico que no afecta al balance general.
Lo que el Open House Essen dejó
El equipo organizador de Essen funcionó bien. Desde el primer mensaje por correo antes del viaje hasta la última noche en el Cafe De Prins, la comunicación fue clara y el trato, sin reservas. Eso no es trivial cuando coordinas voluntarios que vienen de fuera, sin conocer la ciudad, sin hablar el idioma. La barrera del alemán, que me había preocupado antes de salir, resultó ser más un estímulo para observar mejor que un obstáculo real.
Los edificios que el Open House Essen seleccionó mostraban Essen desde ángulos que no aparecen en ninguna guía turística: el barrio de posguerra con su comunidad intacta, la iglesia de Böhm que merece más atención de la que recibe, la nave industrial sin restaurar, el gasómetro convertido en jardín. Esa selección intencionada es lo que distingue a un festival de arquitectura de un simple tour de edificios emblemáticos.
La visita a la mezquita Ayasofya Camii fue la experiencia que más se alejó de cualquier expectativa previa y la que más quedó. Asistir al rezo, ser recibido después con té y baklava, conversar con la comunidad en varios idiomas mezclados: el Open House había abierto una puerta que habitualmente permanece cerrada para quien llega desde fuera.
Cuatro días no son suficientes para conocer Essen. El festival, por su propia naturaleza, impone un ritmo de edificio en edificio que deja poco espacio para perderse. Lo que vi fue convincente: una ciudad que ha gestionado su desindustrialización sin fingir que no ocurrió, que conserva su pasado como parte visible del presente y que tiene una mezcla cultural real, no decorativa. Antes de embarcar tomé nota de volver, esta vez sin itinerario fijo.

Mi Experiencia con Open House Bilbao y el Programa de Intercambio¶
Cómo un festival de arquitectura local me llevó a explorar ciudades europeas
Open House nació en Londres en 1992 con una premisa directa: durante 48 horas al año, edificios de interés arquitectónico abren sus puertas al público de forma gratuita. Sin inscripción, sin guía obligatorio, sin filtro de conocimiento previo. Cualquiera puede entrar y mirar.
Open House Bilbao
Bilbao se incorporó a la red en 2017. Desde entonces el festival ha ido ampliando el concepto: no solo edificios emblemáticos, sino también estudios de arquitectura, proyectos en proceso, formas de ejercer la profesión que no pasan por construir. Lo que en la primera edición eran 47 edificios y 36.000 visitas fue creciendo edición a edición, con temas anuales que orientan la selección: la ciudad saludable, la ciudad de los sentidos, la ciudad inmaterial.
El voluntariado es la columna vertebral del festival. Más de 500 personas en las últimas ediciones, distribuidas entre puntos de información, control de acceso, acompañamiento de visitas y documentación fotográfica. Llevo seis años en esa estructura. Es el tipo de implicación que te da una perspectiva diferente del evento: ves los edificios desde dentro, pero también ves cómo funciona el festival como mecanismo de mediación entre la arquitectura y la gente.
Las ediciones por año, para quien quiera seguir el rastro:
- Primera edición (2017): 47 edificios abiertos, más de 36.000 visitas.
- Segunda edición (2018): 67 espacios en Bilbao y Barakaldo, más de 35.000 experiencias.
- Tercera edición (2019): 81 edificios en Bilbao, Barakaldo y Getxo, superando las 34.000 visitas.
- Cuarta edición (2020): Adaptada a la pandemia, 26 espacios abiertos con foco en el espacio público.
- Quinta edición (2021): 49 espacios, centrada en "La ciudad saludable".
- Sexta edición (2022): 64 espacios, bajo el lema "La Ciudad de los Sentidos".
- Séptima edición (2023): Enfocada en "Ciudad (in)material", reflexionando sobre sostenibilidad.
Además de las visitas, el festival incorpora itinerarios en bicicleta, recorridos guiados ciudad-naturaleza, talleres familiares, paseos en barco y visitas de autor con los arquitectos de los propios edificios.
El programa de intercambio de Open House Europe
En 2023 Bilbao se sumó al proyecto Open House Europe, una red de once organizaciones culturales europeas. El programa incluye un intercambio de voluntarios: personas de un festival viajan a participar en el festival de otra ciudad. La primera convocatoria fue en mayo, para la edición de primavera. Coincidía con un viaje a Londres que tenía cerrado desde antes. Me apunté para la de octubre, en Essen. Me seleccionaron.
Seis años de voluntariado en Bilbao tienen algo de ventaja acumulada cuando se trata de demostrar que sabes lo que implica trabajar en este tipo de evento: no es turismo, es trabajo real en un entorno que cambia cada hora. En Essen ese bagaje sirvió para arrancar desde cero en otro idioma y encontrar igualmente el encaje.
Agradecimiento
Open House Bilbao apostó por mí para representar al festival en Essen. Eso no es un detalle menor: el programa de intercambio es la cara internacional de algo que en Bilbao lleva años construyéndose con trabajo silencioso. Que esa confianza se tradujera en cuatro días en el Ruhr, visitando edificios que no habría conocido de otra forma y trabajando con un equipo que no hablaba mi idioma, fue exactamente el tipo de experiencia para la que el voluntariado de largo recorrido tiene sentido.









