
El espectáculo de drones de Iberdrola en Bilbao
La noche de la Torre Iberdrola vista desde Pikotamendi
El viernes 12 de junio de 2026 Bilbao miró al cielo. Iberdrola celebraba sus 125 años con un festival gratuito en el parque de Doña Casilda y, para rematar la noche, 1.500 drones volando junto a su torre: el mayor espectáculo de este tipo que se había hecho hasta entonces en España.
Más de cuarenta mil personas lo vieron desde las orillas de la ría. Yo preferí hacerlo desde arriba y desde lejos, en Pikotamendi, uno de esos montes que Bilbao tiene a mano y que casi nadie pisa de noche. La idea era sencilla: huir de las aglomeraciones sin perderme nada.
Cuento aquí en qué consistió el espectáculo, por qué elegí ese sitio y qué recomendaría a quien quiera ver algo parecido la próxima vez sin acabar atrapado en la multitud.
Qué fue el espectáculo de drones de Iberdrola¶
La excusa era un cumpleaños. Iberdrola nació en Bilbao en 1901, entonces como Hidroeléctrica Ibérica, y quiso celebrar el aniversario en casa. El programa del día fue largo: desde las cuatro de la tarde, conciertos gratuitos en Doña Casilda con Süne, Rigoberta Bandini, Antonio Orozco y Juanes, y a las once de la noche, los drones.
Fueron 1.500 aparatos, cuatro veces más que los que se usaron en la inauguración de la torre de Jesús de la Sagrada Familia, volando durante unos veinte minutos alrededor de la Torre Iberdrola y sincronizados con una música compuesta para la ocasión. La propia compañía presumía de que todo funcionaba con energía renovable.
El guion era el esperable en una celebración de empresa: figuras en dos y tres dimensiones que repasaban su historia. Primero «Bilbao, 1901» junto al logotipo; después una presa, torres de alta tensión, placas solares, aerogeneradores y un coche eléctrico; luego un globo terráqueo girando, con los continentes reconocibles, y para cerrar, el lema de los 125 años en euskera.










Por qué elegí Pikotamendi¶
Los sitios recomendados para verlo eran los evidentes: la plaza Euskadi, el entorno del puente Euskalduna, la avenida de las Universidades y el monte Artxanda. Todos tenían el mismo problema, que era la gente. Con decenas de miles de personas en un espacio tan concreto, llegar es fácil y salir, no tanto.
Pikotamendi es la alternativa discreta. Es una cima modesta, de 232 metros, en la misma cordillera de Artxanda pero más al oeste, hacia el monte Banderas, con una vista limpia sobre la ría, el Ensanche y el Pagasarri al fondo. Arriba hay poco más que una pequeña zona de descanso con bancos y una fuente, que es exactamente lo que uno busca cuando quiere ver algo sin codazos.
Se sube sin dificultad desde Matiko, atravesando la Ciudad Jardín por el camino del Molino de Viento, o desde la estación superior del funicular de Artxanda, siguiendo la cresta. De noche conviene llevar linterna para la vuelta, porque no es un parque urbano: es monte.
Cómo se vio desde Pikotamendi¶
Desde allí arriba el espectáculo se veía pequeño, eso hay que decirlo, pero todo era nítido y reconocible: la presa, los aerogeneradores, el globo terráqueo. La distancia quita tamaño y no quita lectura. El único problema fue que las figuras más bajas quedaban parcialmente tapadas por algunos árboles, así que conviene elegir bien dónde se planta uno antes de que empiece.
La música no llegaba. Estaba pensada para quien estaba abajo, y a esa distancia los drones bailan en silencio, lo que le resta parte del efecto. A cambio se gana el conjunto: la torre como referencia, la ría debajo y toda la ciudad encendida alrededor.
En cuanto a la gente, había más de la que esperaba, porque no fui el único con la idea, pero sitio de sobra y ninguna aglomeración. Fui andando desde casa, sin colas ni transporte que esperar. Repetiría el sitio.
Un espectáculo correcto, un punto por debajo de otros¶
¿Y el espectáculo en sí? Correcto. Bien ejecutado, con figuras limpias y un guion claro, pero un punto por debajo de otros espectáculos de drones que he visto, como los de Disneyland Paris o el de la Nochevieja de 2025 en Tirana.
Que fuera el mayor de España por número de aparatos no lo convierte en el mejor. En esto pesa más lo que se cuenta que con cuántos drones se cuenta, y repasar la historia de una compañía eléctrica tiene menos magia que un cuento o una cuenta atrás de fin de año.
Consejos para la próxima vez¶
Si se repite algo parecido, mi primer consejo es decidir antes qué se quiere: cercanía o comodidad. Abajo se vive más, con música y ambiente; arriba se ve el conjunto, en pequeño y en silencio, y se vuelve a casa sin colas.
Para quien elija altura, los candidatos son el mirador de Artxanda, más cómodo y más lleno, y Pikotamendi, donde hubo más gente de la que esperaba pero sitio para todos. En cualquiera de los dos, ojo con los árboles: hay que buscar un punto con la vista despejada hacia la torre, porque las figuras bajas se pierden. Para quien prefiera quedarse a pie de ría sin meterse en el centro del lío, la avenida de las Universidades, en la orilla de Deusto, da distancia suficiente para ver las figuras completas.
Y dos cosas prácticas: llegar con tiempo, porque en junio a las once de la noche acaba de oscurecer y la subida se hace mejor con luz, y llevar algo de abrigo además de la linterna. En un monte de Bilbao, hasta en junio, refresca cuando se va el sol.