
Excursiones de un día desde Viena
Viena está rodeada de viñedos, valles del Danubio, ciudades balneario y hasta otra capital europea a una hora de distancia. Estas son las escapadas que de verdad compensan, cómo llegar a cada una y cuáles conviene descartar por lejanas.
Cuándo tiene sentido salir de la ciudad¶
Viena da de sobra para tres días completos, así que la primera pregunta es si conviene gastar uno en salir. Mi respuesta es que sí, y por una razón muy concreta.
Viena es una ciudad de una perfección apabullante, ordenada, monumental y conservada al detalle, y después de dos días de grandiosidad imperial uno empieza a saturarse. Salir un día rompe esa acumulación y además ofrece algo que la capital no tiene: paisaje, escala pequeña y otro ritmo. Y desde aquí las opciones son tan variadas que hay una para cada tipo de viajero.
La red ferroviaria austriaca es excelente y puntual, con lo que casi todas estas escapadas se resuelven sin coche. Y algunas, como el Wachau, se hacen mejor en tren y barco que conduciendo.
El valle del Wachau: la mejor escapada desde Viena¶
Si solo vas a hacer una, que sea esta. El Wachau es un tramo del Danubio de apenas treinta y seis kilómetros entre Melk y Krems, declarado Patrimonio de la Humanidad, con viñedos en terrazas cayendo hacia el río, ruinas de castillos en lo alto y pueblos que parecen ilustraciones.
El itinerario clásico es un circuito de tren, barco y tren. Se va en tren desde Viena hasta Melk, algo menos de una hora, y se visita su abadía: un monasterio barroco enorme de fachada amarilla encaramado sobre una roca junto al río, con una biblioteca y una iglesia que están entre lo más impresionante del barroco centroeuropeo. Después se toma el barco por el Danubio hasta Dürnstein o Krems, aproximadamente hora y media navegando por el corazón del valle, y se vuelve a Viena en tren desde Krems.
Dürnstein merece la parada: es el pueblo de la torre azul de la iglesia y de las ruinas del castillo donde estuvo cautivo Ricardo Corazón de León tras la Tercera Cruzada. Y toda la zona es la principal región vinícola de Austria, famosa por su Grüner Veltliner y su Riesling, así que una parada en una taberna de vino es parte del plan.
Los barcos los operan compañías como DDSG Blue Danube y funcionan por temporada, generalmente de primavera a otoño, así que hay que comprobar horarios antes de organizar el día. Fuera de temporada, el autobús regional cubre el tramo entre Melk y Krems.
Bratislava: otra capital a una hora¶
Es la escapada que más sorprende a la gente. La capital de Eslovaquia está a poco más de una hora de Viena en tren o autobús, y hay también un catamarán rápido que baja por el Danubio en temporada, lo que convierte el trayecto en parte de la experiencia.
Bratislava tiene un casco medieval compacto y muy agradable, con la Plaza Mayor, la única puerta que sobrevivió a las murallas, la catedral donde se coronaron durante siglos los reyes de Hungría mientras Buda estaba ocupada por los otomanos, y una colección de estatuas de bronce repartidas por las calles que se han convertido en su seña de identidad, empezando por Čumil, el hombre que asoma de una alcantarilla. Sobre la colina, el castillo reconstruido, con la mejor vista del Danubio.
Voy a ser honesto sobre esta excursión: un día se le queda corto. Yo le dediqué cuatro días en un viaje y fue una de las mejores decisiones que tomé, porque la ciudad tiene bastante más fondo del que muestra en unas horas: el memorial de Slavín en la colina, el barrio de bloques prefabricados de Petržalka al otro lado del río, la orilla recuperada del Danubio, la arquitectura contemporánea del Eurovea. Con una jornada te llevarás la versión de postal, que está bien pero es incompleta.
Aun así, si tienes un solo día libre y te apetece cruzar una frontera, funciona perfectamente y es de las escapadas más baratas.
Baden bei Wien: la ciudad balneario de la corte¶
A media hora de Viena en un tranvía interurbano que sale del centro está Baden, la vieja ciudad termal donde la corte imperial pasaba los veranos y donde Beethoven compuso parte de la Novena Sinfonía.
Es una ciudad pequeña de arquitectura Biedermeier, con un parque termal enorme, un casino, balnearios de aguas sulfurosas todavía en funcionamiento y un aire de decadencia elegante muy agradable. No hay grandes monumentos que ver: el plan es pasear, sentarse en una terraza y quizá darse un baño termal.
Es la excursión perfecta para un día de piernas cansadas, y probablemente la más fácil de todas, porque el tranvía sale del propio centro de Viena y no hay que planificar nada.
Los Bosques de Viena y el Semmering¶
Al oeste y al sur de la ciudad se extienden los Wienerwald, los Bosques de Viena, con senderos, monasterios y pueblos vinícolas. La abadía cisterciense de Heiligenkreuz y el antiguo pabellón de caza de Mayerling, donde en 1889 murieron el príncipe heredero Rodolfo y su amante en un suceso que nunca se ha aclarado del todo y que precipitó la crisis sucesoria de los Habsburgo, se visitan bien en el mismo día.
Y para los aficionados a los trenes hay una joya poco conocida: el ferrocarril del Semmering, la primera línea ferroviaria de montaña de Europa, construida a mediados del siglo XIX y declarada Patrimonio de la Humanidad por su ingeniería, con viaductos de piedra y túneles excavados a mano. Hay un detalle actual que conviene saber: desde la apertura de la nueva línea de Koralm, los trenes rápidos hacia el sur evitan buena parte del trazado histórico, así que para hacer el recorrido escénico hay que coger específicamente los trenes regionales.
Otras opciones según lo que busques¶
El lago Neusiedl, a tres cuartos de hora en tren, es un lago estepario de aguas someras rodeado de viñedos y juncos, ideal para bicicleta y deportes acuáticos, y da acceso a Eisenstadt, la ciudad donde trabajó Haydn.
El castillo de Kreuzenstein, en dirección a Korneuburg, es un castillo medieval reconstruido en el siglo XIX que parece salido de una ilustración y al que se llega fácilmente en cercanías.
Y Linz, a poco más de una hora, combina un casco antiguo barroco con una escena de arte y tecnología contemporánea bastante interesante. Desde allí se puede llegar a Mauthausen, el campo de concentración convertido en memorial, una visita dura pero importante que en España tiene además una conexión directa: allí murieron miles de republicanos españoles deportados.
Las que yo no haría en el día¶
Y aquí viene la parte que las guías suelen evitar, porque estas excursiones se venden mucho.
Salzburgo está a dos horas y media de tren en cada sentido. Es técnicamente posible en el día y hay decenas de excursiones organizadas que lo hacen, pero significa cinco horas de transporte para tener cuatro o cinco en la ciudad. Salzburgo merece dos días. Si tu viaje solo te permite verla así, hazlo, pero sabiendo lo que estás sacrificando.
Hallstatt es directamente un mal plan como excursión de un día desde Viena. Son más de tres horas y media en transporte público con transbordos, más el ferry, para llegar justo a la franja horaria en la que el pueblo está más saturado y marcharte antes de que se vacíe. Hallstatt hay que verlo a primera hora o al atardecer, y eso exige dormir en la zona. Las excursiones de doce horas en autobús que combinan Melk y Hallstatt en la misma jornada son exactamente el tipo de turismo que ha llevado a ese pueblo de ochocientos habitantes a limitar los autocares diarios.
Budapest está a dos horas y media y hay quien la hace en el día. Es una ciudad extraordinaria que merece tres o cuatro jornadas como mínimo. Verla en seis horas es casi una falta de respeto hacia uno mismo.
Cómo elegir la tuya¶
Si solo tienes un día libre y quieres acertar sin pensarlo, el Wachau con el circuito tren, barco y tren. Si te apetece cruzar una frontera y ver algo distinto, Bratislava. Si vienes cansado de monumentos y quieres una jornada tranquila, Baden. Si te tira la naturaleza o los trenes, los Bosques de Viena y el Semmering. Y si quieres una visita con peso histórico, Mauthausen vía Linz.
Lo único que no recomendaría es encadenar dos de ellas en un mismo día ni convertir el día de excursión en otra maratón. La gracia de salir de Viena es precisamente bajar el ritmo.