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Las casas tradicionales de Hallstatt apiladas junto al lago, con las montañas envueltas en niebla al fondo.

Destinos · Austria · Austria occidental

Hallstatt: cómo visitarlo sin formar parte del problema

Hallstatt es probablemente el pueblo más fotografiado de Europa y también uno de los más castigados por su propia fama: ochocientos habitantes recibiendo hasta decenas de miles de visitantes al día. Se puede visitar bien, pero hay que hacerlo de otra manera.

Lectura de 7 minutos

El pueblo que la roca dejó existir

Hallstatt está encajado entre un lago y una montaña, en una franja de terreno tan estrecha que durante siglos no hubo sitio ni para enterrar a los muertos. Las casas se apilan unas sobre otras en la ladera, con los tejados de una a la altura de los cimientos de la siguiente, y el conjunto se refleja en el agua del Hallstättersee formando una imagen que, sencillamente, no parece real.

Esa es la primera impresión y hay que decir que está justificada. Es un sitio extraordinario. Lo que ocurre es que millones de personas han llegado a esa misma conclusión, y ahí empieza la parte incómoda de este artículo.

Su origen es mucho más antiguo que su fama. Aquí se han explotado minas de sal durante más de siete mil años, y la cultura de la Edad del Hierro europea, entre los siglos VIII y V antes de Cristo, se llama precisamente cultura de Hallstatt porque fue en el cementerio prehistórico de este pueblo donde se documentó por primera vez. El conjunto del paisaje cultural de Hallstatt-Dachstein Salzkammergut es Patrimonio de la Humanidad desde 1997.

El problema, con números

Hallstatt tiene alrededor de ochocientos habitantes y las estimaciones hablan de entre diez mil y treinta mil visitantes al día en temporada alta. Basta hacer la proporción para entender la magnitud.

La mayoría llega en autocar por la mañana, pasa entre una y dos horas haciéndose fotos en el mismo mirador y se marcha. El ayuntamiento ha tenido que tomar medidas: hay un límite de cincuenta y cuatro autobuses turísticos al día, con prioridad para los grupos que pernoctan, se ha restringido el acceso de vehículos al centro y en algún momento se llegó a instalar una valla en el punto de fotos más saturado para desalentar las aglomeraciones, algo que dio la vuelta al mundo y que dice bastante de hasta dónde había llegado la situación.

Digo todo esto no para desanimarte, sino porque cambia por completo la forma correcta de visitarlo. Hallstatt se puede disfrutar muchísimo. Lo que no se puede es visitarlo como visita la mayoría.

Las tres decisiones que lo cambian todo

Primera: la hora. Los autocares llegan a media mañana y se van a media tarde. Si estás en el pueblo antes de las nueve o después de las cinco, es otro sitio. Literalmente otro. Las calles se vacían, el lago se queda quieto y se entiende por qué este lugar fascina a la gente.

Segunda: la temporada. Julio y agosto son lo peor. Mayo, principios de junio, septiembre y octubre siguen teniendo buen tiempo y bastante menos gente. Y en invierno, con niebla o nieve, Hallstatt es un sitio melancólico y precioso donde casi no hay nadie, aunque algunos servicios cierran.

Tercera, y la más importante: duerme allí. Esta es la diferencia entre ver Hallstatt y conocerlo. Quien se queda a dormir tiene el pueblo entero para sí desde las cinco de la tarde hasta las nueve de la mañana siguiente, que son las mejores horas del día con diferencia. Además, el alojamiento es la forma más directa de que tu visita deje algo en un pueblo que soporta todos los inconvenientes del turismo y solo una parte de sus beneficios.

Cómo llegar

La llegada más bonita, y no es una opinión discutible, es en tren y barco. La estación se llama Hallstatt pero está en la orilla opuesta del lago, y desde ella un pequeño ferry cruza hasta el centro del pueblo. Los horarios del barco están coordinados con los de los trenes, así que no hay que planificar nada: sales del andén, bajas al embarcadero y esperas unos minutos. El trayecto de ida y vuelta ronda los ocho euros.

Ver aparecer las casas sobre el agua desde la cubierta del barco es una de esas llegadas que se quedan grabadas, y además es la opción más sostenible.

Desde Salzburgo no hay tren directo: hay que hacer transbordo, normalmente vía Attnang-Puchheim o combinando el autobús 150 hasta Bad Ischl con el tren local. El conjunto ronda las dos horas y media. Desde Viena son unas tres horas y media. En coche, hora y cuarto desde Salzburgo y unas tres horas desde Viena.

Si vas en coche, asume dos cosas: el acceso al centro está restringido y hay que dejar el vehículo en los aparcamientos de la entrada del pueblo, que cuestan en torno a diez o quince euros al día y se llenan pronto en temporada. Y una vez allí no lo vas a necesitar, porque Hallstatt se recorre entero andando en veinte minutos. Es la etapa 6 de la ruta en coche por el Tirol y Salzburgerland.

Qué ver cuando estés allí

El pueblo en sí es el atractivo principal, y lo mejor que se puede hacer es pasear despacio por la orilla, meterse por las escaleras que suben entre las casas y sentarse un rato a mirar el lago.

Hay tres visitas concretas que merecen la pena. La mina de sal, la más antigua del mundo en explotación, se alcanza en funicular desde el pueblo e incluye un recorrido subterráneo con los toboganes de madera por los que bajaban los mineros. Es una visita larga, de unas dos o tres horas contando el desplazamiento, y hay que reservar en temporada.

El Skywalk, la plataforma panorámica de mirador que sobresale de la montaña junto a la estación superior del funicular, ofrece la vista aérea del pueblo y el lago que ilustra media internet. Es gratuita si ya has subido.

Y la que menos gente hace y a mí más me marcó: el osario del cementerio, el Beinhaus. Como no había espacio para enterrar a nadie de forma permanente, durante siglos se exhumaban los restos pasados unos años, y los cráneos se limpiaban, se pintaban con guirnaldas de flores y el nombre del difunto, y se colocaban ordenadamente en una capilla. Hay más de un millar, muchos decorados con una delicadeza que desarma. Es una lección brutal sobre lo que significa vivir en un sitio donde la roca decide cuánto espacio hay para todo, incluidos los muertos.

Los alrededores, que casi nadie ve

Si vas a dedicarle más de unas horas a la zona, sal del pueblo.

El Vorderer Gosausee está a media hora en coche y es un lago de agua turquesa con el macizo del Dachstein reflejándose al fondo. Es, para mi gusto, un paisaje más impresionante que el propio Hallstatt y tiene una fracción de la gente.

Y el Salzkammergut entero es una región de lagos que merece dos o tres días: Sankt Wolfgang con su iglesia y su tren de cremallera, Strobl, Bad Ischl con su pasado imperial de balneario, Sankt Gilgen. Es una de las zonas más bonitas de Austria y la mayoría de la gente la atraviesa a toda velocidad camino de la foto de Hallstatt. Le dedico un artículo aparte, la guía del Salzkammergut.

Cómo comportarse, que aquí sí importa

Esto no suele aparecer en las guías y en este caso hace falta. Hallstatt no es un decorado, es un pueblo donde vive gente que tiene la casa convertida en fondo de fotografía todo el año.

No entres en propiedades privadas ni en los jardines para conseguir un encuadre mejor. No uses drones, que están restringidos. No hagas fotos por las ventanas de las casas. No dejes basura y no aparques donde no debes. Y baja el volumen, que las calles son estrechas y el sonido rebota entre las fachadas.

Suena a obviedad y sin embargo el ayuntamiento ha tenido que poner carteles pidiéndolo. Hay una diferencia real entre visitar un lugar y consumirlo, y en Hallstatt esa diferencia se nota en cada gesto.

¿Merece la pena ir?

Sí, con condiciones. Si tu plan es bajar de un autocar a mediodía en agosto, hacer la foto y volver a subirte, te llevarás una versión empobrecida de un sitio extraordinario y habrás contribuido justo al problema que hace que la experiencia sea mala.

Si llegas en tren y barco, duermes allí, paseas al amanecer o al atardecer, entras en el osario y dedicas otro día al Gosausee y al Salzkammergut, Hallstatt será uno de los recuerdos más nítidos de tu viaje a Austria.

Yo lo tengo así grabado, y no por la foto. Por el silencio.