
Lahemaa y las turberas de Viru raba: excursión de un día desde Tallin
Musgo, lagos negros y una pasarela de madera a menos de una hora de Tallin, con baño incluido si el día acompaña.
A menos de una hora al este de Tallin empieza un paisaje que no se parece a nada de lo que se ve en el sur de Europa: llanuras de musgo con cientos de pequeños lagos negros, bosques de pinos enanos, aldeas de pescadores con casas de techo de paja y mansiones señoriales del siglo XVIII, algunas restauradas y otras cayéndose despacio.
Es el parque nacional de Lahemaa, el más grande de Estonia con más de setecientos kilómetros cuadrados, y es la mejor manera de entender que este país es mucho más que su capital medieval.
Qué es una turbera y por qué importa tanto aquí¶
Antes de nada conviene explicar qué se va a ver, porque el paisaje descoloca la primera vez.
Una turbera es un ecosistema formado por acumulación de materia orgánica que no llega a descomponerse. El musgo esfagno crece aproximadamente un milímetro al año, y la acidez y la falta de oxígeno del suelo impiden que lo que muere se pudra. El resultado es que bajo tus pies hay metros y metros de turba acumulada durante miles de años.
Estonia está cubierta por estas formaciones en más de un veinte por ciento de su superficie. Es un rasgo definitorio del país, tanto ecológica como culturalmente, y visitar una es una de esas experiencias que reordenan la idea que uno tenía del sitio.
Lo que se ve es una llanura sin escala reconocible: musgo hasta el horizonte, pinos raquíticos de aspecto envejecido que en realidad tienen decenas de años, y decenas de lagos pequeños de agua oscurísima repartidos aparentemente al azar. Algunos lo describen como un paisaje lunar. A mí me pareció más bien un paisaje sin edad.
Viru raba: la turbera más accesible¶
De todas las turberas de Lahemaa, Viru raba es la más visitada y la mejor acondicionada, y con razón.
El recorrido
Se atraviesa por una pasarela de madera elevada que permite recorrerla sin pisar el terreno, que es frágil y en muchos puntos impracticable. El itinerario completo son unos tres kilómetros y medio de ida y vuelta, llano, sencillo y apto para cualquiera.
A mitad de camino hay una torre de observación de madera desde la que se aprecia la extensión real de la turbera, el patrón de lagos dispersos entre el musgo y la línea de bosque cerrando el horizonte. Subir es obligatorio: desde el suelo no se entiende la escala del sitio.
El baño
El recorrido llega hasta un lago habilitado para el baño, con plataforma de madera para entrar al agua.
Aquí hay que decir algo sobre la temperatura. Con dieciocho grados de temperatura ambiente el plan no invita, y sin embargo el agua no está tan fría como cabría temer: estos lagos son poco profundos y de agua muy oscura, lo que hace que se calienten razonablemente con el sol del verano nórdico.
El color marrón té del agua se debe a los taninos del musgo y es completamente inocuo. Impresiona la primera vez y se olvida a los dos minutos.
Bañarse en una turbera estonia es una de esas oportunidades que no se presentan todos los días. Si el día acompaña mínimamente, lleva toalla.
Cuánto se tarda
Entre hora y media y dos horas con calma, incluyendo la torre y una parada en el lago. Con baño, algo más.
Qué más ver en Lahemaa¶
Las aldeas costeras
Altja es la más conocida y la más fotogénica. Es una aldea de pescadores con casas de madera y techo de paja, un antiguo cobertizo de redes con las balanzas tradicionales junto a la playa de piedras, y una taberna que es la mejor parada gastronómica del parque.
La costa de Lahemaa es de piedras y arena, con el Báltico gris al fondo y muy poca gente. No es una costa de baño, sino de paseo.
Las mansiones señoriales
Lahemaa concentra varias casas señoriales de los siglos XVIII y XIX levantadas por la nobleza germano-báltica, y su estado actual cuenta una historia interesante.
Palmse es la más conocida y está completamente restaurada, convertida en museo, con sus jardines, sus dependencias y su parque. Merece la visita aunque solo sea por el conjunto exterior.
Kolga, en cambio, está semiabandonada. El edificio principal, de finales del siglo XVIII, tiene las ventanas tapiadas en parte y una fachada que pide a gritos una restauración que llegará o no llegará. Tiene una belleza melancólica que la restaurada no tiene.
El motivo de esa diferencia es histórico. Durante la etapa soviética el Estado expropió todas estas mansiones. Al terminar aquel periodo, muchas se devolvieron a los herederos legítimos, pero en un número muy alto de casos esos herederos no tenían ni de lejos la capacidad económica para mantener un edificio de esas dimensiones. El resultado son decenas de casas señoriales repartidas por Estonia en estados dispares: unas convertidas en museos u hoteles, otras cayéndose despacio.
Otras turberas y rutas
Lahemaa tiene más senderos además de Viru raba, incluidos itinerarios costeros, rutas por bosque de coníferas y la zona de los bloques erráticos, enormes rocas dejadas por los glaciares.
Con un día no da tiempo a más de dos o tres paradas, así que conviene elegir.
Cómo llegar: el problema del transporte¶
Esta es la parte incómoda de la excursión y hay que decirla clara.
Con coche
Es la manera natural de visitar Lahemaa. Está a menos de una hora de Tallin por buena carretera, los aparcamientos de los principales puntos de interés son gratuitos y con vehículo propio se pueden encadenar tres o cuatro paradas en una jornada sin agobios.
Si vas a alquilar coche en algún momento de tu viaje por Estonia, este es el día para hacerlo. La guía de cómo moverse por Estonia tiene el resto de opciones de transporte.
En transporte público
Es posible pero limitado. Hay autobuses desde Tallin hacia la zona, pero las frecuencias son bajas, no llegan a la mayoría de los puntos de interés y encadenar varias paradas en un día es prácticamente inviable.
Si vas sin coche y solo quieres ver Viru raba, se puede hacer: hay paradas de autobús en la carretera principal a distancia caminable del inicio de la pasarela. Pero comprueba los horarios de vuelta con muchísimo cuidado, porque quedarse tirado ahí no es una opción divertida.
Con excursión organizada
Es la solución más habitual para quien no tiene coche. Hay excursiones de día completo desde Tallin que cubren la turbera, alguna aldea costera y una o dos mansiones, con guía y transporte incluidos.
Pierdes flexibilidad y ganas tranquilidad. Para un solo día, es una opción perfectamente razonable.
Con alguien de allí
Si tienes la suerte de conocer a alguien local con coche, es la mejor versión posible de este día. No solo por la logística, sino porque el contexto que aporta alguien que vive en el país —la historia de las mansiones, cómo se vivió la etapa soviética, qué significan estos paisajes para la gente de aquí— convierte una excursión bonita en un día memorable.
Qué llevar¶
Calzado cómodo, aunque la pasarela es fácil y no hace falta calzado de montaña. Capa de abrigo e impermeable, siempre. Repelente de insectos en verano, porque cerca del agua hay mosquitos.
Toalla y bañador si te planteas el baño, agua y algo de picar. Y ten en cuenta que dentro del parque la cobertura móvil no es uniforme.
Dónde comer¶
La taberna de Altja, en la aldea costera, es la parada gastronómica clásica del parque. Es un edificio de madera con techo de paja y cocina estonia tradicional: contundente, honesta y muy buena. Carne, patata, encurtidos, pan negro.
No es barata para el estándar estonio, pero es de esos sitios donde el precio se justifica solo.
Cuándo ir¶
De mayo a septiembre es la temporada natural, con días larguísimos y temperaturas manejables. Julio y agosto son los meses de bayas del bosque, que en las turberas incluyen arándanos rojos y camemoros.
El otoño tiene un atractivo específico, porque el musgo y la vegetación de la turbera cambian a tonos rojizos y ocres que transforman el paisaje por completo.
En invierno, con nieve y las pasarelas heladas, el sitio es espectacular pero exige preparación.
Por qué merece la pena¶
Tallin es una ciudad extraordinaria y podría llenar tres días sin problema. Pero Estonia no es Tallin.
Este es un país donde el bosque cubre más de la mitad del territorio, donde las turberas ocupan un quinto de la superficie y donde la relación de la gente con la naturaleza es un rasgo cultural de primer orden, no un añadido de fin de semana. Salir de la capital una jornada es lo que separa haber visitado una ciudad de haber conocido un país.
Y caminar sobre una pasarela de madera en mitad de una llanura de musgo de diez mil años, con lagos negros a los lados y absolutamente nadie alrededor, es de esas cosas que se recuerdan mucho después de que las fotos de las murallas se hayan quedado en el disco duro.
Es una de las dos opciones del tercer día en nuestros itinerarios de dos y tres días por Tallin.