
Qué ver en Tallin en 2 días: casco medieval, barrios de madera y Kadriorg
Casco medieval el primer día; Kalamaja, los mercados y el palacio de Kadriorg, el segundo.
Tallin es una de esas ciudades en las que el segundo día cambia por completo la impresión que te llevas. Con uno se recorre el casco antiguo, que es magnífico pero que muchos visitantes acaban confundiendo con la ciudad entera. Con dos aparece la otra Tallin: la de las casas de madera, los mercados, los antiguos complejos industriales reconvertidos y el mar.
Este itinerario reparte la ciudad en dos jornadas de carácter muy distinto. La primera se dedica al casco medieval. La segunda sale de las murallas hacia el norte y el este.
Antes de empezar¶
Cómo moverse
El casco antiguo se recorre entero a pie. Para el segundo día sí conviene usar transporte público, porque Kalamaja, Kadriorg y la zona del puerto quedan repartidos por el perímetro del centro.
La red de tranvías, autobuses y trolebuses de Tallin funciona muy bien. Hay tarjeta de transporte recargable, que se compra con una pequeña fianza reembolsable, y abonos por días que salen claramente a cuenta a partir de la segunda jornada. Es de las primeras gestiones que conviene hacer al llegar.
Qué llevar
Calzado cómodo y una capa de abrigo real, aunque viajes en julio. Tallin en verano se mueve con frecuencia entre los quince y los veinte grados, con un viento del Báltico que baja bastante la sensación térmica. Un impermeable ligero tampoco sobra: la lluvia aparece y desaparece varias veces al día.
Dónde alojarse
El casco antiguo es la opción cómoda pero también la más cara. Alojarse en Kalamaja o en el borde norte del centro sale mejor de precio, tiene mucho más ambiente local y queda a un paseo corto o a un par de paradas de tranvía.
Día 1. El casco antiguo medieval¶
La ciudad baja
Entra por la puerta de Viru, los dos torreones cubiertos de hiedra que quedan de la antigua puerta principal de la muralla, y sube por la calle Viru hasta Raekoja plats, la plaza del Ayuntamiento.
El edificio consistorial, terminado en 1404, es el único ayuntamiento gótico que se conserva en el norte de Europa. En una esquina de la plaza está la Raeapteek, la farmacia del ayuntamiento, documentada desde 1422 y todavía en funcionamiento, con una salita museo de entrada gratuita donde se exhiben remedios medievales entre curiosos y aterradores.
Sigue después por la calle Vene, la antigua calle de los mercaderes rusos, y entra en el pasaje de Santa Catalina, una callejuela cubierta por arcos con talleres de artesanía y las lápidas medievales de la antigua iglesia dominica apoyadas contra el muro.
Con dos días puedes permitirte callejear sin objetivo por Rataskaevu, Pikk y los patios interiores. Es la mejor manera de recorrer este barrio.
Toompea y los miradores
Sube a la colina de Toompea por la escalinata de Lühike jalg, la Pierna Corta.
Arriba está la catedral ortodoxa de Alexander Nevsky, construida a principios del siglo XX en plena política de rusificación del Imperio Ruso y que muchos estonios siguen mirando con sentimientos encontrados. Enfrente, el palacio de Toompea, sede del parlamento, con la torre medieval Pikk Hermann donde ondea la bandera nacional. Y detrás, la catedral luterana de Santa María, la iglesia más antigua del país, con su interior cubierto de escudos nobiliarios tallados en madera.
Los dos miradores imprescindibles están a cinco minutos uno del otro y son gratuitos. Kohtuotsa da la vista clásica de tejados rojos, campanarios y puerto, con los rascacielos asomando por detrás de la muralla. Patkuli ofrece una perspectiva más abierta hacia las torres y el mar.
Las murallas y la calle Pikk
Baja por el norte, donde mejor se conserva el sistema defensivo. El tramo de Suurtüki y Tolli concentra varias torres cilíndricas unidas por lienzos de muralla, con un jardín interior donde los vecinos tienden la ropa entre torreones del siglo XV.
Al final está la Gorda Margarita, el torreón artillero circular que defendía el acceso desde el puerto, con muros de casi cinco metros de espesor y que hoy alberga el museo marítimo.
Vuelve por la calle Pikk, la vía principal de la ciudad hanseática, donde se concentran los edificios de los gremios y donde muchas fachadas conservan las poleas de carga colgando de los aleros, porque estas casas eran a la vez vivienda y almacén.
Día 2. La otra Tallin¶
Kalamaja y las casas de madera
Empieza el día caminando hacia el noroeste, a Kalamaja, el barrio que separa el casco antiguo del mar.
Fue durante siglos un barrio de pescadores —el nombre significa literalmente casa del pescado— y después una zona obrera ligada a las fábricas y al ferrocarril. Su seña de identidad son las casas de madera de dos y tres plantas, muchas de ellas del tipo llamado casa de Tallin, con un cuerpo central de piedra y las alas laterales de tablas pintadas. La guía de Kalamaja, Kopli y Telliskivi recorre estos barrios con más detalle.
Es hoy uno de los barrios más apetecibles de la ciudad, con cafés pequeños, tiendas independientes y un ambiente de vecindario que el casco antiguo perdió hace tiempo. Pasear sin rumbo por sus calles es el plan.
El mercado de Balti jaam
En el límite entre Kalamaja y el casco antiguo está el Balti jaama turg, el mercado de la estación, reformado hace pocos años y uno de los mejores sitios de Tallin.
La planta baja es alimentación: carne, pescado ahumado, verdura, panadería, puestos de comida preparada. Pero lo bueno está arriba, donde hay ropa de segunda mano y sobre todo antigüedades. Es un archivo material extraordinario de la vida cotidiana soviética, con objetos, juguetes, vajillas, cámaras y carteles que para cualquiera que creciera en los ochenta tienen un efecto de máquina del tiempo.
Se puede pasar allí más tiempo del previsto, y es el plan perfecto si llueve.
Telliskivi
Justo al lado está Telliskivi, el antiguo complejo industrial ferroviario reconvertido en el barrio creativo de la ciudad: naves rehabilitadas, estudios de diseño, tiendas independientes, restaurantes y muros llenos de arte urbano de buena calidad.
Funciona bien porque la escala industrial original se ha conservado y el conjunto no se ha convertido todavía en un parque temático. Hay también un museo de fotografía, aunque a mí el precio me pareció alto para su tamaño.
Kadriorg
Por la tarde, coge el tranvía hacia el este, a Kadriorg.
El palacio es una construcción barroca que Pedro el Grande mandó levantar a partir de 1718 para Catalina, y de ahí el nombre del conjunto, que significa valle de Catalina. Hoy alberga un museo de arte extranjero.
Pero lo mejor es el parque, y es de acceso libre. Tiene el parterre francés delante del palacio, un jardín de flores con setos recortados y estanques, y un jardín japonés más reciente y muy bien resuelto, con su grava rastrillada y sus arces. En el mismo recinto está también el museo de arte KUMU, el más importante del país, en un edificio contemporáneo notable.
Es un parque enorme y muy usado por los vecinos, ideal para pasar un par de horas.
El paseo marítimo de Reidi tee
Termina el día bajando desde Kadriorg hacia el mar, hasta el Reidi tee promenaad.
Es un paseo marítimo reciente, ancho, con carril bici, zonas de estar y el Báltico abierto delante. No aparece en las guías porque no hay ningún monumento ni ninguna atracción: solo hay locales paseando, corriendo y sentados mirando el agua.
Y precisamente por eso funciona tan bien. De esos sitios que se disfrutan simplemente andando y que dicen más de una ciudad que la mitad de sus museos.
Desde ahí se vuelve caminando a la zona del puerto y al casco antiguo en unos veinte minutos.
Alternativas si llueve¶
Tallin tiene lluvia con frecuencia y conviene tener un plan B para el segundo día.
El mercado de Balti jaam es el mejor refugio de la ciudad y puede ocupar varias horas por sí solo. Los museos de Kadriorg y el KUMU resuelven una tarde entera. Y hay un plan que suena absurdo y funciona sorprendentemente bien: coger un tranvía hasta el final de la línea, volver en otra, y así ir viendo barrios residenciales que ningún visitante pisa, sin mojarse y con la tarjeta de transporte ya pagada.
Y si tienes un tercer día¶
Con dos jornadas Tallin queda bien cubierta, pero hay dos opciones excelentes para un día más.
El parque nacional de Lahemaa, a menos de una hora al este, ofrece turberas con pasarelas de madera, aldeas costeras y mansiones señoriales. Es la mejor manera de ver la Estonia rural.
Y Helsinki está a poco más de dos horas en ferry, con salidas frecuentes durante todo el día. Da perfectamente para una excursión de jornada completa. Con un día más, el itinerario de tres días por Tallin detalla las dos opciones.