
Qué ver en Tallin en 3 días: la ciudad a fondo más una excursión
Dos días de ciudad y un tercero para elegir entre las turberas de Lahemaa y una escapada en ferry a Helsinki.
Tres días son el tiempo justo para conocer Tallin de verdad. Con uno se ve el casco medieval, con dos aparece la ciudad real de los barrios de madera y el mar, y con tres da tiempo a salir: al parque nacional de Lahemaa o, cruzando el golfo de Finlandia en ferry, a Helsinki.
Este itinerario reserva las dos primeras jornadas para la ciudad y dedica la tercera a la excursión, con las dos opciones explicadas para que elijas según lo que busques.
Antes de empezar¶
Transporte y tarjetas
Para tres días, saca tarjeta de transporte el primer día. Se compra con una pequeña fianza reembolsable y se carga con abonos por jornadas, y a partir del segundo día ya sale a cuenta. La red de tranvías, autobuses y trolebuses es densa, puntual y barata.
El casco antiguo se recorre entero a pie, pero Kalamaja, Kadriorg, el puerto y la estación de autobuses piden tranvía.
Qué llevar
Capa de abrigo real e impermeable ligero, incluso en julio. Tallin en verano se mueve con frecuencia entre quince y veinte grados, y el viento del Báltico baja bastante la sensación térmica. Es habitual acabar comprando un jersey sobre la marcha.
Dónde alojarse
El casco antiguo es cómodo pero caro. Kalamaja y el borde norte del centro salen mejor de precio y tienen mucho más ambiente de barrio. Si vas a hacer excursión el tercer día, mira también la zona cercana a la estación de autobuses o al puerto, según el destino.
Día 1. El casco antiguo¶
La ciudad baja
Entra por la puerta de Viru y sube por la calle Viru hasta Raekoja plats, la plaza del Ayuntamiento, presidida por el único ayuntamiento gótico que se conserva en el norte de Europa, terminado en 1404.
En una esquina está la Raeapteek, farmacia documentada desde 1422 y todavía en activo, con una salita museo gratuita donde se exponen remedios medievales. Sigue por la calle Vene y métete en el pasaje de Santa Catalina, con sus arcos, sus talleres de artesanía y las lápidas medievales apoyadas contra el muro.
Con tres días puedes permitirte el lujo de callejear sin lista por Rataskaevu, Pikk y los patios interiores, que es como mejor funciona este barrio.
Toompea
Sube a la ciudad alta por la escalinata de Lühike jalg. Arriba están la catedral ortodoxa de Alexander Nevsky, levantada a principios del siglo XX en plena política de rusificación; el palacio de Toompea, sede del parlamento, con la torre Pikk Hermann; y la catedral luterana de Santa María, la iglesia más antigua del país.
Los miradores de Kohtuotsa y Patkuli, ambos gratuitos y a cinco minutos uno del otro, dan las dos vistas clásicas de la ciudad.
Las murallas y los gremios
Baja por el norte, donde el sistema defensivo medieval se conserva mejor: el tramo de Suurtüki y Tolli, con sus torres cilíndricas unidas por lienzos de muralla, y la Gorda Margarita, el torreón artillero que defendía el acceso desde el puerto.
Vuelve por la calle Pikk, la vía principal de la ciudad hanseática, donde están los edificios de los gremios y donde muchas fachadas conservan las poleas de carga de cuando estas casas eran a la vez vivienda y almacén.
Si te sobra tiempo, con tres días caben también dos interiores que en itinerarios cortos se quedan fuera: la torre de la iglesia de San Olaf, que llegó a ser la construcción más alta del mundo en el siglo XVI, y el complejo de Kiek in de Kök, con sus túneles defensivos bajo la colina de Toompea.
Día 2. Kalamaja, los mercados y Kadriorg¶
Kalamaja y las casas de madera
Camina hacia el noroeste, a Kalamaja, el barrio que separa el casco antiguo del mar. Fue durante siglos zona de pescadores y después barrio obrero ligado a las fábricas y al ferrocarril, y su seña de identidad son las casas de madera de dos y tres plantas.
Hoy es uno de los barrios más apetecibles de la ciudad, con cafés pequeños, tiendas independientes y un ambiente de vecindario que el casco antiguo perdió hace tiempo.
El mercado de Balti jaam
En el límite del barrio está el Balti jaama turg, el mercado de la estación, con alimentación en la planta baja y, arriba, ropa de segunda mano y antigüedades. Es un archivo material extraordinario de la vida cotidiana soviética y uno de los mejores sitios de Tallin.
Telliskivi
Al lado, el antiguo complejo industrial ferroviario reconvertido en barrio creativo: naves rehabilitadas, estudios de diseño, restaurantes y mucho arte urbano de calidad.
Kadriorg y el mar
Por la tarde, tranvía hacia el este. El palacio de Kadriorg es una construcción barroca que Pedro el Grande mandó levantar a partir de 1718 para Catalina, y el parque que lo rodea, de acceso libre, tiene parterre francés, jardín de flores y un jardín japonés muy bien resuelto. En el mismo recinto está el KUMU, el museo de arte más importante del país.
Termina bajando al mar por el Reidi tee promenaad, un paseo marítimo reciente sin ningún monumento y con mucha gente local paseando, que es exactamente lo que lo hace bueno.
Con tres días puedes estirar este segundo día hasta Pirita, siguiendo la costa hacia el noreste, donde están las ruinas del convento de Santa Brígida y el puerto deportivo construido para los Juegos Olímpicos de 1980.
Día 3. La excursión: Lahemaa o Helsinki¶
Aquí hay dos opciones que no se parecen en nada. Ninguna es mejor que la otra.
Opción A. El parque nacional de Lahemaa
Lahemaa es el parque nacional más grande de Estonia, con más de setecientos kilómetros cuadrados de costa, bosque, turberas y aldeas dispersas, a menos de una hora al este de Tallin.
Lo más espectacular son las turberas. Viru raba es la más accesible: se recorre por una pasarela de madera que atraviesa una llanura de musgo esfagno, pinos enanos y decenas de pequeños lagos de agua oscurísima, con una torre de observación a mitad de camino. Es un paisaje sin escala reconocible, casi lunar, que no se parece a nada del sur de Europa.
El parque tiene además aldeas costeras de pescadores como Altja, con sus casas de madera y techo de paja, y varias mansiones señoriales de los siglos XVIII y XIX en estados muy dispares: unas restauradas como museos, como la de Palmse, y otras semiabandonadas, como la de Kolga.
El problema es el transporte. Con coche, Lahemaa es una excursión cómoda de un día. Sin coche, el transporte público que cubre el parque es testimonial y prácticamente obliga a contratar una excursión organizada. Tenlo en cuenta al planificar.
Opción B. Helsinki en ferry
Helsinki está a poco más de dos horas de travesía, con varias compañías cubriendo la ruta y salidas frecuentes durante todo el día.
Saliendo a primera hora y volviendo en el barco de la noche se dispone de unas diez u once horas en la ciudad, que dan de sobra para recorrer a fondo el centro: Katajanokka, la catedral ortodoxa Uspenski, la plaza del Senado con su conjunto neoclásico, el mercado del puerto, la Esplanadi y los barrios del sur. La guía del ferry y la ruta a pie por Helsinki en un día tienen todos los detalles.
El billete de ida y vuelta para dos personas ronda los 75 euros. Y un aviso importante: Finlandia es notablemente más cara que Estonia, con precios fácilmente un cincuenta o sesenta por ciento por encima. Presupuesta el día aparte.
Cuál elegir
Elige Lahemaa si buscas naturaleza, si tienes coche o no te importa contratar excursión, y si quieres ver la Estonia rural, que es muy distinta de la urbana.
Elige Helsinki si te apetece sumar un país y una capital a la lista, si el presupuesto lo permite y si prefieres una jornada de ciudad. La travesía en sí, con estos ferrys enormes del Báltico, es parte de la experiencia.
Si te sobra tiempo en la ciudad¶
Con tres días bien aprovechados Tallin queda cubierta, pero siempre queda algo.
El museo al aire libre de Rocca al Mare, en el oeste, reúne construcciones rurales tradicionales trasladadas desde todo el país. El Seaplane Harbour, en un antiguo hangar de hidroaviones junto al puerto, es uno de los museos marítimos más espectaculares del norte de Europa. Y el barrio de Kopli, en la península del norte, conserva casas de madera con un carácter muy particular y una historia de degradación y renacimiento que merece un paseo.
Tres días en Tallin dan para todo eso y para irse con la sensación, poco frecuente, de haber conocido una ciudad y no solo de haberla fotografiado.