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Interior del mercado de Halės, con sus puestos de comida

Destinos · Lituania · Vilna

Comer barato en Vilna: bufés al peso, mercados y qué probar sin arruinarse

El truco de los bufés al peso de los supermercados, el mercado de Halės y precios reales por persona.

Lectura de 6 minutos

Vilna es una de las capitales más asequibles de la Unión Europea para comer, pero eso no significa que todo cueste igual. Entre una comida en una terraza del casco antiguo y una comida en un bufé de supermercado a doscientos metros puede haber una diferencia de tres a uno, y en un viaje de varios días eso se nota mucho en el presupuesto final.

Esta guía recoge los recursos que de verdad funcionan para comer bien y barato en Vilna, sin renunciar a probar la cocina lituana.

El gran truco: los bufés al peso de los supermercados

Este es el consejo que más dinero te va a ahorrar y el que casi ninguna guía menciona.

Varios supermercados del centro de Vilna, incluidos los de la avenida Gediminas y los de las cadenas grandes que hay repartidas por la ciudad, tienen una zona de bufé caliente con mesas para sentarse. El sistema es sencillo: coges una bandeja, te sirves lo que quieras de las cubetas, lo pesan en caja y comes allí mismo.

La oferta es amplia y muy casera: guisos, carne asada, albóndigas, pescado, patata en varias formas, verduras, ensaladas, sopas y a menudo alguna especialidad lituana. La calidad es la de un comedor decente, ni más ni menos, y eso es exactamente lo que se necesita a mediodía en mitad de una jornada de caminata.

El precio ronda los cinco o seis euros por persona comiendo con ganas. Para hacerse una idea, dos personas comen por poco más de once euros en total, que es lo que cuesta un solo plato en un restaurante turístico del casco antiguo.

Un par de advertencias. La zona de asientos suele ser pequeña y a la hora punta —entre la una y las dos— se llena de gente que trabaja por la zona, así que conviene ir un poco antes o un poco después. Y el peso engaña: las salsas y las patatas suman rápido, así que sírvete con cabeza si quieres que la cuenta se quede donde esperas.

El mercado de Halės

El mercado cubierto histórico de Vilna es la otra gran opción económica y, además, una visita interesante por sí misma.

Inaugurado a finales del siglo XIX, mantiene bajo su estructura de hierro y cristal los puestos de siempre: carne, pescado ahumado, encurtidos, quesos, miel, setas y bayas del bosque. Es el mejor sitio de la ciudad para ver qué come de verdad la gente aquí.

Pero además tiene una zona de puestos de comida preparada con cocinas de medio mundo, desde comida lituana hasta asiática, con precios muy contenidos y calidad bastante alta. Funciona estupendamente para desayunar o para comer rápido, y el ambiente es infinitamente mejor que el de cualquier cadena.

Está en el borde sur del casco antiguo, muy cerca de la estación de tren y de autobuses, así que encaja perfectamente en el primer o el último día de viaje.

Comprar en el supermercado y comer fuera

En Vilna hay supermercados por todas partes, incluido el casco antiguo, y los precios de la cesta básica son claramente inferiores a los de Europa occidental.

Resolver el desayuno con compra de supermercado es lo más rentable con diferencia y lo que hace la mayoría de la gente que viaja por libre: pan, embutido, queso, yogures y fruta por muy poco dinero. Y para las cenas, después de un día largo de caminata, comprar algo y cenar en el alojamiento es una opción perfectamente digna que además te evita salir otra vez.

Aprovecha también para los piscolabis de media tarde. Los productos locales que merecen probarse son el pan negro de centeno, los quesos ahumados, los arenques en conserva y, en verano, las bayas del bosque, que están por todas partes y a precios ridículos.

Los menús de mediodía

Muchos restaurantes lituanos, sobre todo los que están fuera del circuito más turístico, ofrecen menú de mediodía en días laborables. Se anuncia como pietūs y suele incluir sopa y plato principal por un precio muy inferior al de la carta.

Es la mejor manera de comer cocina lituana de verdad sin pagar precio de restaurante. Basta con alejarse dos o tres calles de Pilies y de la plaza del Ayuntamiento para encontrarlos.

Qué probar sin arruinarse

Comer barato en Vilna no obliga a renunciar a la cocina local. Estos son los platos que no deberías dejar de probar, todos ellos económicos.

La šaltibarščiai es la sopa fría de remolacha con kéfir, de un color rosa fucsia imposible que parece pintura y que resulta refrescante y ligeramente ácida. Se sirve con patatas cocidas calientes al lado, una combinación rara sobre el papel y perfecta en la práctica. Es plato de verano y en julio está en todas las cartas.

Los cepelinai son el plato nacional: grandes albóndigas alargadas de patata rallada rellenas de carne, servidas con crema agria y torreznos. Son contundentes hasta decir basta y con una ración se come de sobra.

Las ensaladas de arenque son otro pilar de la cocina báltica, con la potencia salina del pescado curado equilibrada con patata, huevo y remolacha.

Los kibinai son empanadillas rellenas de carne de tradición carea, típicas sobre todo de Trakai pero fáciles de encontrar también en Vilna. Perfectas como comida rápida de calle.

Y los šaltnosiukai o las šakotis, el pastel cónico con pinchos que parece un árbol, son los dulces que verás en cualquier mercado.

Cuánto cuesta comer en Vilna: precios de referencia

Para que puedas presupuestar con cifras concretas, estos son órdenes de magnitud realistas por persona.

Un desayuno resuelto con compra de supermercado sale por unos tres euros. Una comida en un bufé al peso de supermercado, entre cinco y seis. Una comida en el mercado de Halės, entre seis y ocho. Un menú de mediodía en un restaurante de barrio, entre ocho y doce. Y una cena completa en un restaurante de cocina tradicional en el casco antiguo, con bebida incluida, entre quince y veinte.

Combinando estos recursos, dos personas pueden cubrir todas las comidas de un día en Vilna por unos treinta euros en total sin pasar hambre y probando cocina local. Es una cifra difícil de igualar en cualquier otra capital europea.

Un apunte sobre las bebidas

Los refrescos y el café en terrazas del casco antiguo se van fácilmente a los tres o cuatro euros, que en proporción al resto de precios es lo más caro que vas a pagar en la ciudad.

La cerveza, en cambio, es una excelente relación calidad-precio. Lituania tiene una tradición cervecera muy potente y muy poco conocida fuera del país, con estilos tradicionales que no se parecen a nada del resto de Europa. Las brewery artesanales del casco antiguo son de las pocas cosas por las que merece la pena pagar precio de zona turística.

Y el agua del grifo es potable y de muy buena calidad, así que lleva botella rellenable y ahórrate el gasto en agua embotellada, que a lo largo de una semana caminando suma más de lo que parece.

Estos trucos encajan en cualquiera de nuestros itinerarios de uno, dos o tres días por Vilna.