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Vistas de Vilna desde la torre de Gediminas

Destinos · Lituania · Vilna

Qué ver en Vilna en 1 día: la ruta esencial a pie

Del casco antiguo a Užupis sin transporte público: la ruta continua para quien solo tiene veinticuatro horas.

Lectura de 9 minutos

Vilna es una capital muy agradecida para quien tiene poco tiempo. El casco antiguo es uno de los más extensos de Europa del Este, pero está tan concentrado que se recorre entero a pie sin agobios, y los tres o cuatro imprescindibles de la ciudad quedan casi en línea recta unos de otros.

Si solo dispones de un día —porque estás de escala larga, porque llegas en crucero o porque Vilna es una parada dentro de una ruta báltica más amplia—, esta guía te propone un recorrido continuo, sin transporte público, que empieza en el extremo sur del casco histórico y termina al otro lado del río al atardecer.

Antes de empezar

Cómo organizar el día

Todo el itinerario se hace andando. Son unos seis o siete kilómetros repartidos a lo largo de la jornada, con una única subida seria, la de la colina del castillo, que es corta.

Empieza pronto, sobre las nueve, y llegarás con margen a la parte final del día. El casco antiguo de Vilna no abre tarde ni cierra pronto: las iglesias suelen estar accesibles desde primera hora y el ambiente de calle se mantiene hasta bien entrada la noche en verano.

Lleva calzado cómodo, porque hay bastante empedrado, y una capa de abrigo incluso en julio: el clima báltico cambia rápido y las mañanas son frescas.

Cuánto cuesta

Este itinerario es prácticamente gratuito. La mayoría de las iglesias no cobran entrada, el Portal está en plena calle, Užupis es un barrio abierto y el único gasto real es el acceso a la torre de Gediminas, que ronda los seis euros por persona, y la comida.

Para comer barato, un truco muy útil: varios supermercados del centro tienen zona de bufé donde la comida se paga al peso y hay mesas para sentarse. Es comida casera y variada, y se come por poco más de cinco euros por persona.

Mañana: el casco antiguo de norte a sur

La Puerta de la Aurora

Empieza por el extremo sur, en la Puerta de la Aurora. Es el único acceso que se conserva de la antigua muralla y uno de los grandes centros de peregrinación católica de Lituania, con su capilla en el piso superior y la imagen de la Virgen que atrae a fieles de todo el país.

Es la mejor entrada posible a Vilna. Cruzas un arco y ya estás dentro del casco histórico, sin transición.

Bajando por Aušros Vartų y Didžioji

Desde la puerta, baja por Aušros Vartų y su continuación, Didžioji, que forman la espina dorsal del casco antiguo. Este tramo concentra una densidad de iglesias difícil de encontrar en ninguna otra ciudad europea de este tamaño.

En apenas quinientos metros te encontrarás la iglesia de Santa Teresa, la iglesia ortodoxa del Espíritu Santo —con un interior verde y dorado que no se parece a nada de lo demás y que merece la parada—, la iglesia uniata de la Santísima Trinidad y la de San Casimiro, el primer templo barroco de la ciudad.

No vayas en línea recta. Los patios interiores del casco antiguo se abren sin avisar a los lados de la calle y son una de las mejores cosas de Vilna. Cada portal que parezca accesible merece un vistazo.

El Portal de la plaza del Ayuntamiento

A mitad del recorrido está la plaza del Ayuntamiento, y en ella una de las cosas más originales que vas a ver en todo el viaje.

El Portal es una pantalla circular de gran tamaño que conecta en tiempo real con otras ciudades del mundo mediante una cámara y una retransmisión continua. No hay sonido ni chat ni interacción posible más allá de la imagen: tú ves lo que ocurre al otro lado y ellos te ven a ti. La gente saluda, hace el tonto o simplemente se queda mirando.

Es gratis, está en plena calle y tiene un efecto difícil de explicar hasta que lo vives. La guía completa del Portal cuenta su historia y cómo sacarle más partido. En una época en que todas las pantallas están diseñadas para venderte algo, encontrarte una que solo sirve para mirar y ser mirado resulta casi revolucionario. Dedícale quince o veinte minutos sin remordimientos.

Pilies y la plaza de la Catedral

Continúa por Pilies, la calle más animada y turística del casco antiguo, llena de terrazas, tiendas y puestos de ámbar, hasta desembocar en la plaza de la Catedral.

Es el gran espacio abierto de Vilna, el que separa el casco antiguo de la colina de Gediminas. La catedral, con su fachada neoclásica de columnas blancas, parece más un templo griego que una iglesia católica, y junto a ella se levanta el campanario exento, uno de los símbolos de la ciudad.

Entra y siéntate un rato. Es habitual encontrar música en directo o alguna celebración, y el interior tiene un ambiente mucho más vivo que el de la mayoría de catedrales europeas.

En el pavimento de la plaza, busca la baldosa marcada con la palabra stebuklas, milagro. Señala el punto donde terminaba la cadena humana que en 1989 unió Vilna, Riga y Tallin en protesta contra la ocupación soviética. La tradición dice que hay que pisarla y dar una vuelta sobre uno mismo pidiendo un deseo.

Mediodía: la torre de Gediminas

Justo detrás de la catedral está la colina del castillo, coronada por la torre de Gediminas, el resto más visible del castillo alto de Vilna y el símbolo por excelencia del Estado lituano.

Hay funicular, pero la subida a pie por el camino empedrado es corta y merece la pena. Arriba, además de la torre de ladrillo octogonal, hay una explanada con vistas de 360 grados desde la que se entiende Vilna de un vistazo: el mar de tejados rojos y campanarios del casco antiguo a un lado, el bosque que ocupa buena parte del centro geográfico de la ciudad, el meandro del río y, al fondo, los rascacielos de cristal del barrio de negocios.

Pocas capitales europeas ofrecen un contraste tan brusco entre lo medieval y lo contemporáneo en un mismo campo visual, y con un solo día por delante esta es la mejor manera de hacerse una idea de conjunto.

Si te sobra energía, desde aquí se puede continuar caminando por el parque Kalnai hasta el mirador de las Tres Cruces, unos veinte minutos entre árboles. Las vistas son incluso mejores. Si vas justo de tiempo, déjalo para otra visita.

Tarde: Santa Ana, la calle de la Literatura y Užupis

El conjunto gótico de Santa Ana

Baja de la colina y dirígete al este del casco antiguo, donde están juntas la iglesia de Santa Ana y la de San Francisco de Asís.

Santa Ana es el edificio gótico de ladrillo más célebre de Lituania, con una fachada de una filigrana asombrosa construida con más de treinta tipos distintos de ladrillo. Hay una leyenda, seguramente falsa pero irresistible, según la cual Napoleón quiso llevársela a París en la palma de la mano.

La calle de la Literatura

A pocos metros está Literatų gatvė, la calle de la Literatura, una callejuela estrecha donde cada placa cerámica de la pared está dedicada a un escritor vinculado a Lituania. Son cientos de piezas, muchas de ellas obra de artistas distintos, y funciona como un pequeño museo al aire libre.

Es una parada corta pero una de las más fotogénicas de la ciudad.

Užupis, la república independiente

Cruza el río Vilnia y estarás en Užupis, un barrio que en 1997 se declaró república independiente, con su propia constitución, su bandera, su himno y su día nacional. Empezó como una broma de artistas ocupando una zona degradada y ha acabado convertido en una de las señas de identidad de Vilna.

Lo esencial está en la constitución, expuesta en placas metálicas traducidas a decenas de idiomas, incluido el español. Sus artículos van de lo absurdo a lo profundamente humano sin transición: el derecho a ser feliz, el derecho a no ser feliz, el derecho de todo perro a ser perro, el derecho a equivocarse. Léelas con calma, porque son la mejor parte.

El otro punto de referencia es el ángel de Užupis, la escultura que preside la plaza principal. La historia local cuenta que en ese pedestal hubo primero un huevo, que teóricamente eclosionó dando lugar al ángel actual. La guía de Užupis recoge la constitución completa y el resto de rincones del barrio.

Es el mejor sitio para terminar el día. El barrio tiene terrazas junto al río, galerías pequeñas y un ambiente mucho más relajado que el del casco antiguo, y con la luz de la tarde queda precioso.

Cena y cierre

Para cenar, la mejor opción con un solo día por delante es un restaurante de cocina tradicional lituana, que en Vilna se encuentran a precios muy razonables incluso en pleno casco antiguo.

Dos platos que no deberías dejar de probar. La šaltibarščiai es la sopa fría de remolacha con kéfir, de un color rosa fucsia imposible, refrescante y ligeramente ácida, servida con patatas cocidas calientes al lado: una combinación rara sobre el papel y perfecta en la práctica. Y los cepelinai, las grandes albóndigas de patata rellenas de carne que son el plato nacional, contundentes hasta decir basta.

Si te queda cuerpo después de cenar, el jardín de la Puerta de la Aurora es un espacio verde recogido justo al lado del arco por el que empezaste el día, y funciona muy bien como cierre del círculo.

Qué dejas fuera con un solo día

Conviene ser honesto: un día en Vilna da para lo esencial, no para la ciudad entera.

Se quedan fuera el mercado cubierto de Halės, el museo de las víctimas del genocidio en la antigua sede del KGB —que es la visita más reveladora de la ciudad y necesita al menos dos horas—, el mirador de las Tres Cruces, la antigua prisión de Lukiškės reconvertida en espacio cultural y el barrio de rascacielos de Šnipiškės, al otro lado del río.

Si puedes estirar la estancia una jornada más, todo eso cabe cómodamente en un segundo día. Y con tres días entra además una excursión a Trakai o a Kaunas, ambas a menos de una hora en tren.

Pero si de verdad solo tienes veinticuatro horas, este recorrido te deja una idea muy completa de por qué Vilna es una de las capitales más infravaloradas de Europa.