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Perspectiva de la avenida de la Libertad en Kaunas

Destinos · Lituania · Vilna

Qué ver en Vilna en 3 días: la ciudad a fondo más una excursión

Dos días de ciudad sin prisa y un tercero para elegir entre el castillo de Trakai y la Kaunas de entreguerras.

Lectura de 11 minutos

Tres días en Vilna son un lujo tranquilo. Con uno se ve lo esencial, con dos se entiende la ciudad, y con tres da tiempo a recorrerla sin ninguna prisa y a añadir una excursión que cambia por completo la percepción del país.

Este itinerario reserva las dos primeras jornadas para Vilna —casco antiguo y Užupis una, miradores y memoria la otra, como en el itinerario de dos días— y dedica la tercera a salir de la capital. Las dos excursiones posibles, Trakai y Kaunas, están a menos de una hora en tren y cuestan una fracción de lo que costarían en cualquier país de Europa occidental.

Antes de empezar

Cómo moverse y qué llevar

Vilna se recorre a pie casi por completo. Solo necesitarás transporte público para el aeropuerto y tren para la excursión del tercer día. El casco antiguo es de los más extensos de Europa del Este pero está muy concentrado, así que las distancias reales son cortas.

Calzado cómodo por el empedrado, y una capa de abrigo real incluso en julio. Verano en el Báltico no significa calor: las medias son suaves pero la variabilidad es enorme y puede caer un chaparrón en cualquier momento.

Dónde alojarse

Duerme dentro del casco antiguo o en su borde inmediato. Las estaciones de tren y autobús quedan a un paseo corto por el sur, lo cual es muy práctico para la excursión del tercer día y para continuar viaje después.

Un apartamento decente para dos personas en zona céntrica se encuentra por unos treinta y cinco o cuarenta euros la noche en temporada alta. Comprueba siempre la ubicación exacta en el mapa antes de reservar: las descripciones que dicen "cerca de" un monumento sin dar dirección suelen esconder quince minutos de paseo.

Cuánto cuesta

Tres días en Vilna con excursión incluida salen muy baratos. La mayoría de iglesias no cobran entrada, el Portal está en la calle y Užupis es un barrio abierto. Los gastos fijos son la torre de Gediminas, unos seis euros; el museo de las víctimas del genocidio, otros seis; y el tren de la excursión, entre tres y ocho euros por persona según destino.

Para comer barato, aprovecha los supermercados del centro con zona de bufé, donde la comida se paga al peso y hay mesas para sentarse: unos cinco euros por persona. Más trucos en la guía de comer barato en Vilna.

Día 1. El casco antiguo y Užupis

Del sur al centro histórico

Empieza en la Puerta de la Aurora, el único acceso que se conserva de la antigua muralla y uno de los grandes centros de peregrinación católica del país. Baja después por Aušros Vartų y Didžioji, la espina dorsal del casco antiguo.

En quinientos metros pasarás por la iglesia de Santa Teresa, la iglesia ortodoxa del Espíritu Santo —cuyo interior verde y dorado merece la parada—, la iglesia uniata de la Santísima Trinidad y la de San Casimiro, el primer templo barroco de la ciudad. Desvíate cada vez que veas un portal abierto: los patios interiores son una de las mejores cosas de Vilna y con tres días puedes permitirte perder el tiempo en ellos.

El Portal y la plaza de la Catedral

A mitad de camino, en la plaza del Ayuntamiento, está el Portal: una pantalla circular que conecta en tiempo real con otras ciudades del mundo mediante una cámara y una retransmisión continua. Sin sonido y sin interacción posible más allá de la imagen. Tú ves lo que ocurre al otro lado y ellos te ven a ti. Tiene artículo propio con toda su historia.

Sigue por Pilies hasta la plaza de la Catedral, el gran espacio abierto que separa el casco antiguo de la colina de Gediminas. Entra en la catedral y siéntate un rato, porque es habitual encontrar música en directo o alguna celebración. En el pavimento de la plaza busca la baldosa marcada con la palabra stebuklas, milagro, que señala el final de la cadena humana que en 1989 unió las tres capitales bálticas contra la ocupación soviética.

Santa Ana, la calle de la Literatura y Užupis

Por la tarde, el este del casco antiguo. Juntas están la iglesia de Santa Ana, el edificio gótico de ladrillo más célebre de Lituania, y la de San Francisco de Asís. A pocos metros queda Literatų gatvė, la calle de la Literatura, con sus cientos de placas cerámicas dedicadas cada una a un escritor vinculado al país.

Cruza después el río Vilnia hacia Užupis, el barrio que en 1997 se declaró república independiente, con su propia constitución, bandera, himno y día nacional. Lo esencial está en la constitución, expuesta en placas metálicas traducidas a decenas de idiomas, incluido el español, con artículos que van de lo absurdo a lo profundamente humano sin transición. La guía de Užupis la recorre entera.

Con tres días por delante, dedícale la tarde entera y quédate a tomar algo en las terrazas junto al río. Es un barrio pequeño pero lleno de galerías, murales y rincones que solo aparecen si no llevas prisa.

Día 2. Miradores, mercado y memoria

El mercado de Halės y la torre de Gediminas

Desayuna en el mercado de Halės, el mercado cubierto histórico de la ciudad, con sus puestos de carne, pescado ahumado, encurtidos, quesos, miel, setas y bayas del bosque bajo una estructura de hierro y cristal de finales del siglo XIX.

Sube después a la torre de Gediminas, el resto más visible del castillo alto y el símbolo por excelencia del Estado lituano. La explanada superior ofrece vistas de 360 grados que resumen la ciudad: tejados rojos y campanarios a un lado, bosque en el centro geográfico, el meandro del río y los rascacielos de cristal al fondo.

Las Tres Cruces

Desde el castillo, continúa a pie hasta el mirador de las Tres Cruces por el parque Kalnai. Son unos veinte minutos de sendero entre árboles y prácticamente sin gente.

El monumento fue levantado en el siglo XVII, demolido por las autoridades soviéticas en 1950 y reconstruido en 1989, en pleno proceso de recuperación de la identidad nacional. Es a la vez mirador y símbolo político, y las vistas son mejores que las de la torre de Gediminas.

El museo de las víctimas del genocidio

Reserva la tarde para el museo instalado en la antigua sede del KGB, en la avenida Gediminas. El edificio fue cuartel general de la Gestapo durante la ocupación nazi y después, durante décadas, sede de los servicios de seguridad soviéticos.

El recorrido incluye las celdas originales, la celda acolchada, la sala de ejecuciones y la documentación sobre las deportaciones masivas a Siberia. Calcula al menos dos horas. Es dura, y es la visita que mejor explica por qué la independencia se vive aquí como algo que todavía hay que cuidar.

Lukiškės y Šnipiškės

Con tres días caben dos paradas más que en un itinerario corto se quedan fuera.

La antigua prisión de Lukiškės, cerrada hace pocos años y reconvertida en espacio cultural con bares, terrazas y estudios de artistas, ofrece visitas guiadas al interior que hay que reservar con antelación y que cuentan la historia reciente del país mejor que muchos monumentos. Comprueba los horarios al planificar el día.

Y para cerrar, cruza el río Neris hacia Šnipiškės, el barrio de negocios: torres de oficinas, cristal y las sedes de varias empresas tecnológicas. Cero turístico y precisamente por eso interesante, porque es donde se ve el salto que ha dado el país en treinta años. Cena en un local de barrio de la zona y vuelve por el Puente Verde, cuyos pedestales vacíos, antaño ocupados por grupos escultóricos soviéticos retirados en 2015, dicen tanto como decían las estatuas.

Día 3. La excursión: Trakai o Kaunas

El tercer día se sale de la capital, y hay dos opciones muy distintas entre sí. Ninguna es mejor que la otra: depende de qué busques.

Opción A. Trakai, castillo y lagos

Trakai es la excursión más popular y la más relajada. El tren tarda media hora desde Vilna y cuesta poco más de tres euros por persona, y deja en la estación del pueblo, a unos veinte o veinticinco minutos andando del castillo. La guía completa de la excursión responde además a si compensa pagar la entrada al castillo.

Ese paseo es la mitad de la excursión. Se atraviesa el pueblo por su calle principal, con casas de madera pintadas en colores vivos, muchas construidas siguiendo la tradición carea, la comunidad turca de origen crimeo que el gran duque Vytautas trajo hasta aquí en el siglo XIV. Las viviendas careas tradicionales se reconocen por tener tres ventanas en la fachada que da a la calle: una para Dios, una para el gran duque y una para la familia.

El castillo de Trakai es la imagen icónica de Lituania: una fortaleza gótica de ladrillo rojo sobre una isla del lago Galvė, unida a tierra por una pasarela de madera. Y aquí va una recomendación honesta: se puede disfrutar de Trakai sin entrar al castillo. El exterior, la pasarela, el reflejo de los muros en el agua y el paisaje de lagos y bosques justifican de sobra la excursión por sí solos. Si vas con presupuesto ajustado o has visto ya muchos castillos, el interior es prescindible; si te interesa la historia del gran ducado, entonces sí compensa.

Aprovecha para probar los kibinai, las empanadillas careas rellenas de carne que son la especialidad local, y dedica un rato a rodear el lago por el paseo de la calle Karaimų, desde donde las vistas del castillo son mejores que las que se tienen desde dentro.

Es una jornada corta, así que se puede volver a Vilna a media tarde y rematar el día con lo que te haya quedado pendiente en la ciudad.

Opción B. Kaunas, la antigua capital

Kaunas es una excursión mucho más intensa y, si te interesa la arquitectura, más recompensante. El tren tarda algo más de una hora y cuesta unos ocho euros por persona. La ruta completa de un día en Kaunas detalla toda la visita.

La ciudad fue capital provisional de Lituania entre 1920 y 1939, mientras Vilna estaba en manos polacas, y aquel periodo dejó una concentración extraordinaria de arquitectura moderna de entreguerras reconocida por la Unesco.

El recorrido natural empieza en la plaza de la Independencia, presidida por la iglesia de San Miguel Arcángel, el llamado Soboras, un templo neobizantino de cúpula azul construido como catedral ortodoxa para la guarnición del Imperio Ruso. Desde ahí arranca Laisvės alėja, la avenida de la Libertad, un eje peatonal de casi dos kilómetros bordeado de tilos.

A media altura conviene desviarse al Museo de la Guerra Vytautas el Grande, que conserva los restos del Lituanica, la avioneta con la que Darius y Girėnas cruzaron el Atlántico en 1933 y que se estrelló poco antes de completar el vuelo hasta Kaunas. Y muy cerca está la parada que no sale en las listas: la Kiemo galerija, el patio interior de unas viviendas corrientes convertido en galería de arte al aire libre, con murales, instalaciones y placas que recuerdan a las familias judías que vivieron allí antes de ser expulsadas al gueto en 1941. Es gratuita y es lo mejor de la ciudad.

Después, baja al río Nemunas, cruza hacia el puente de Vytautas el Grande y visita la iglesia del mismo nombre, el templo más antiguo de Kaunas, con las marcas de las grandes crecidas del río todavía visibles en los muros. Desde ahí se entra directamente en el casco antiguo, con su plaza del Ayuntamiento y el edificio consistorial blanco conocido como el Cisne Blanco, y al fondo el castillo del siglo XIV, en el punto donde el Neris desemboca en el Nemunas.

Kaunas da para más de un día, así que ve con la idea de dejarte cosas. Es una ciudad con menos postal que Vilna pero con más vida propia.

Cuál elegir

Si viajas por primera vez a Lituania y quieres paisaje, tranquilidad y la foto icónica del país, elige Trakai. Si te interesan la arquitectura, la historia del siglo XX y las ciudades reales por encima de los monumentos, elige Kaunas.

Y si tuvieras un cuarto día, cabrían las dos.

Y si te sobra tiempo en la ciudad

Con tres días bien aprovechados Vilna queda muy cubierta, pero siempre queda algo. El Museo Nacional de Lituania, junto a la colina del castillo, ofrece un recorrido general por la historia del país. El cementerio de Rasos, al sureste, es uno de los camposantos históricos más bonitos de Europa del Este. Y el barrio de Žvėrynas, al otro lado del Neris, conserva un conjunto notable de casas de madera de principios del siglo XX que casi ningún visitante llega a ver.

Tres días en Vilna dan para todo eso y para volverse con la sensación, poco frecuente, de haber conocido una ciudad de verdad y no solo de haberla visitado.