
Los mejores miradores de Vilna: dónde ver la ciudad desde arriba
Torre de Gediminas, Tres Cruces, la torre de San Juan y otros cinco miradores, con el orden y la luz que mejor funcionan.
Vilna es una ciudad de colinas, y eso tiene una consecuencia estupenda para el visitante: se puede ver entera desde arriba desde media docena de sitios distintos, y cada uno cuenta una historia diferente.
El casco antiguo es de los más extensos de Europa del Este, con su mar de tejados rojos y campanarios barrocos. A su alrededor hay bosque en pleno centro geográfico de la ciudad. Y al otro lado del río, a menos de un kilómetro, se levanta un barrio de rascacielos de cristal. Ese contraste brutal entre lo medieval y lo contemporáneo en un mismo campo visual es lo que hace que subir a los miradores de Vilna sea algo más que una colección de fotos.
Esta guía recorre los mejores, con lo que cuesta cada uno, cuándo conviene ir y cómo encadenarlos sin perder el día.
Los imprescindibles¶
La torre de Gediminas
Es el mirador icónico de Vilna y el que nadie debería saltarse.
La torre es el resto más visible del castillo alto, construido en el siglo XIV, y se ha convertido en el símbolo por excelencia del Estado lituano. Se levanta sobre la colina que domina la plaza de la Catedral, justo en el punto donde el río Vilnia desemboca en el Neris.
Se sube a pie por un camino empedrado que arranca detrás de la catedral, en unos diez minutos de cuesta suave. También hay funicular, con salida desde el patio del Museo Nacional, para quien prefiera evitar la subida.
Arriba hay dos niveles de vista. La explanada exterior es gratuita y ya ofrece una panorámica excelente. Y desde lo alto de la torre, con entrada de pago que ronda los seis euros, se tiene la vista completa de 360 grados: el casco antiguo desplegado a un lado con sus campanarios, el bosque del parque Kalnai al otro, el meandro del Neris y, al fondo, los rascacielos de Šnipiškės.
Es la mejor vista para entender la estructura de la ciudad de un solo golpe, y por eso conviene hacerla el primer día.
El mirador de las Tres Cruces
Enfrente de la torre de Gediminas, en la colina de al lado, están las tres cruces blancas que forman el otro gran mirador de Vilna. Y para mi gusto, el mejor de todos.
Se llega a pie desde el castillo atravesando el parque Kalnai por senderos entre árboles, en unos veinte minutos de paseo tranquilo con muy poca gente alrededor. Cuesta creer que estés en pleno centro de una capital europea.
El monumento tiene una historia dura. Se levantó en el siglo XVII en memoria de unos frailes franciscanos martirizados, fue demolido por las autoridades soviéticas en 1950 y se reconstruyó en 1989, en pleno proceso de recuperación de la identidad nacional. Hoy es a la vez punto turístico y símbolo político.
Las vistas son incluso mejores que las de la torre de Gediminas, porque desde aquí se ve el castillo en primer plano con el casco antiguo detrás, que es la composición más agradecida de la ciudad. Y es completamente gratuito.
Un aviso: es un mirador al aire libre sin cierre, pero conviene visitarlo de día. El paseo por el bosque de noche no es especialmente recomendable.
La colina de Bekešas
A pocos metros de las Tres Cruces, siguiendo el sendero, hay una segunda colina mucho menos visitada que ofrece una perspectiva ligeramente distinta y casi siempre vacía.
Se llama colina de Bekešas por el militar húngaro Kaspar Bekesch, capitán del rey Esteban Báthory, que fue enterrado allí en el siglo XVI en un mausoleo que el río acabó llevándose por delante.
Es gratuita, está a cinco minutos de las Tres Cruces y merece el desvío precisamente por lo poco que se conoce.
Los miradores de torre¶
El campanario de la catedral
En la plaza de la Catedral, el campanario exento es uno de los edificios más antiguos de la ciudad —su base es una torre defensiva del sistema de murallas del castillo bajo— y se puede subir mediante visita con entrada.
La vista desde arriba es muy distinta a la de las colinas: estás dentro del casco antiguo y no fuera, así que ves los tejados desde su misma altura, con la colina de Gediminas justo enfrente. Es la mejor perspectiva del conjunto castillo-catedral.
Comprueba horarios antes de ir, porque el acceso se organiza por franjas y a veces se suspende por celebraciones.
La torre de la iglesia de San Juan
Este es el mirador que menos gente conoce y uno de los mejores.
El campanario de la iglesia de San Juan, dentro del recinto de la Universidad de Vilna, es la torre más alta del casco antiguo con sus 68 metros. Se sube en ascensor hasta la parte alta y desde allí unos pocos escalones hasta la plataforma.
La ventaja sobre todos los demás miradores es la posición: estás en el centro geométrico exacto del casco antiguo, no en su borde. Eso significa que los tejados, los patios interiores y los campanarios quedan literalmente debajo de ti, y se aprecia la densidad del barrio como no se aprecia desde ninguna colina.
Aprovecha para recorrer también los patios de la universidad, que son de acceso independiente y de los rincones más bonitos de Vilna.
La torre de televisión
Para quien quiera la vista más amplia posible y no le importe salir del centro, la torre de televisión de Vilna, en el barrio de Karoliniškės, tiene 326 metros de altura y una plataforma de observación acristalada a unos 165.
Desde ahí no se ve el casco antiguo con detalle —queda lejos— pero se ve la ciudad entera y su entorno, incluidos los bosques que la rodean. Hay un restaurante giratorio en la misma planta del mirador, que da una vuelta completa en menos de una hora.
La torre tiene además un valor histórico de primer orden: fue el escenario de los sucesos de enero de 1991, cuando las tropas soviéticas asaltaron el edificio y catorce civiles desarmados murieron defendiéndolo. Hay un memorial en la base. La historia de Lituania cuenta ese episodio y toda la lucha por la independencia.
Se llega en autobús desde el centro en unos veinte minutos.
Los miradores gratuitos y poco conocidos¶
El mirador de Subačiaus
Justo en el borde del casco antiguo, camino de Užupis, hay una plataforma sobre la ladera que ofrece una de las mejores vistas de la ciudad y a la que casi no sube nadie.
Desde aquí se ve el casco antiguo desde el sur, con la torre de Gediminas y las Tres Cruces al fondo, y además se domina buena parte de Užupis. Es gratuito, está abierto siempre y encaja perfectamente en el paseo hacia el barrio bohemio.
La orilla de Šnipiškės
La vista más contemporánea de Vilna se tiene desde el otro lado del río Neris, en el barrio de negocios.
Aquí no hay mirador propiamente dicho, sino un paseo fluvial desde el que se ve la ciudad histórica al otro lado del agua con los rascacielos a tu espalda. Es la perspectiva que mejor explica lo que ha pasado en este país en treinta años: una capital que ha saltado de la órbita soviética a ser uno de los centros digitales de la Unión Europea sin dejar de tener un casco medieval intacto a quinientos metros.
Al atardecer, con las luces encendiéndose a ambos lados, es de lo mejor de Vilna.
Los tejados y las azoteas
Vilna tiene varios bares y terrazas en altura, sobre todo en hoteles del centro moderno, que ofrecen vistas del casco antiguo con una copa en la mano. Los precios son los de cualquier azotea de este tipo, es decir, altos para el estándar lituano y baratos para el europeo.
No sustituyen a ningún mirador de los anteriores, pero funcionan muy bien como cierre de un día de caminata.
Cómo encadenarlos: la ruta de los miradores en medio día¶
Si quieres hacerlos en una sola mañana, este es el orden que mejor funciona.
Empieza en la plaza de la Catedral y sube andando a la torre de Gediminas. Desde arriba, en lugar de bajar por donde has venido, continúa hacia el este por el parque Kalnai hasta el mirador de las Tres Cruces, con la parada rápida en la colina de Bekešas. Baja después hacia Užupis, pasa por el mirador de Subačiaus y entra en el casco antiguo por el sur.
Termina con la subida a la torre de San Juan, en la universidad, que te da la vista interior del barrio después de haberlo visto desde fuera. Son unas tres o cuatro horas con calma y unos seis kilómetros de caminata.
Cuándo subir: la cuestión de la luz¶
Un apunte que cambia mucho el resultado de las fotos.
Los miradores del este —Tres Cruces, Bekešas y la torre de Gediminas— tienen el casco antiguo hacia el oeste, así que funcionan mejor por la mañana, cuando el sol ilumina las fachadas de frente. Por la tarde tendrás el sol de cara y las torres a contraluz.
El mirador de Subačiaus y la orilla de Šnipiškės, en cambio, dan lo mejor de sí al final del día.
Y en verano, ten en cuenta que en Vilna el sol se pone muy tarde. En julio hay luz hasta pasadas las diez de la noche, lo que da un margen enorme para encadenar miradores sin prisa y para disfrutar de esa hora larga y dorada que en el Báltico dura mucho más que en el sur de Europa.
La torre de Gediminas y las Tres Cruces están incluidas en nuestros itinerarios de uno, dos y tres días por Vilna.