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Atardecer sobre el Gran Puerto desde los Gardjola Gardens de La Valeta.

Destinos · Malta

Los mejores atardeceres de Malta: dónde ver la puesta de sol en la isla

Guía de los mejores sitios para ver la puesta de sol en Malta y Gozo: los acantilados de Dingli, el mirador de Popeye Village, la garita de Senglea frente a La Valeta, los Upper Barrakka sobre el Gran Puerto, las playas del oeste y los acantilados gozitanos. Con la orientación de cada uno, cómo llegar y el problema del último autobús.

Lectura de 10 minutos

Los mejores atardeceres de Malta

Malta es un sitio extraordinariamente bueno para ver ponerse el sol, y no es casualidad. Es una isla pequeña, así que nunca estás a más de veinte minutos de una costa; está lo bastante al sur como para que los días de verano se estiren hasta bien pasadas las ocho; y está construida entera con una piedra caliza de color miel que en la última hora del día se vuelve naranja y hace que hasta un bloque de pisos corriente parezca otra cosa. Esta guía recoge los mejores sitios para aprovecharlo, con la orientación de cada uno y el aviso práctico que casi nadie da, que es cómo volver después.

Los acantilados de Dingli, el mejor de todos

Si solo puedes elegir uno, este. Los acantilados de Dingli son el punto más alto de Malta, unos doscientos cincuenta metros de caída sobre el Mediterráneo en la zona de Ta' Dmejrek, orientados justo al suroeste. Enfrente está el islote deshabitado de Filfla, hoy reserva natural y durante décadas usado como campo de tiro por la marina británica, y al borde del vacío hay una capillita del siglo XVII, la de Santa María Magdalena, plantada ahí como si vigilase.

Lo que hace especial el sitio es lo que no tiene. No hay barandillas, ni miradores acondicionados, ni entradas, ni tiendas de recuerdos: hay un camino de tierra, campos de labor en terrazas que se cultivan desde hace siglos aprovechando cada palmo de suelo, y el mar abierto hacia el sur, sin nada entre esa piedra y Libia. La luz de la última hora allí arriba es de otra categoría, con la roca volviéndose naranja y el mar cambiando de color cada pocos minutos, y cuando el sol se va queda un silencio de campo que en una isla tan poblada como esta es un lujo raro.

Está a poco más de diez minutos en coche desde Rabat, con autobús directo, lo que permite encadenar una jornada en Mdina y Rabat con el atardecer aquí arriba. Es, en mi opinión, el mejor plan de un día que se puede montar en el interior de la isla. Un aviso: no hay iluminación de ningún tipo, así que conviene llevar el móvil cargado para volver andando hasta la carretera, y en invierno sopla viento de verdad.

El mirador de Popeye Village

En la costa noroeste, sobre Anchor Bay, hay un mirador de carretera que da una de las estampas más reconocibles del país: el pueblo de casitas de madera de colores encajado al fondo de una bahía cerrada por acantilados, con el agua turquesa debajo. Es el decorado del Popeye de Robert Altman, construido en 1979 y nunca desmontado, hoy convertido en parque temático.

La gracia, para lo que nos ocupa, es que la mejor vista del sitio está fuera y no cuesta nada. Desde el mirador, unos metros antes de bajar al aparcamiento, se abarca la bahía entera, y al atardecer el sol cae justo por detrás, recortando el perfil de los acantilados y encendiendo los colores de las casitas. Como atracción de pago, el pueblo interesa sobre todo con niños; como mirador, funciona para cualquiera.

Se llega con la línea 101, que pasa una vez por hora, o transbordando en Għadira desde las líneas que suben desde La Valeta y Sliema. Y aquí sí hay que mirar el horario de vuelta con cuidado, porque es una zona donde quedarse tirado después del anochecer es perfectamente posible.

La garita de Senglea, frente a La Valeta

Este es el atardecer urbano de Malta y para mí el más redondo de todos. En la punta de Senglea, una de las Tres Ciudades, están los Gardjola Gardens, un jardín pequeño de entrada libre encaramado sobre la muralla. En su esquina está la garita de vigía más fotografiada del país: una torreta de piedra del siglo XVI con un ojo, una oreja y una grulla esculpidos en los laterales, símbolos del centinela que todo lo ve y todo lo oye.

Desde ahí, La Valeta queda justo enfrente, entera y de perfil, con el Fuerte San Telmo cerrando la perspectiva. El sol no se pone delante sino a un lado, y eso es precisamente lo bueno: lo que se ve es la capital recibiendo la última luz de frente, con toda la piedra encendida, los cruceros maniobrando abajo y el agua del Gran Puerto devolviendo el color. Es un atardecer de ciudad, no de naturaleza, y no desmerece en absoluto.

La forma bonita de llegar es en barca desde el muelle de Lascaris, diez minutos y un par de euros, y la vuelta de noche con el puerto iluminado es un espectáculo por sí mismo. Con eso se cierra perfectamente una jornada que empiece en la capital.

Los Upper Barrakka Gardens, antes y después

Los Upper Barrakka son el balcón de La Valeta sobre el Gran Puerto y, aunque la orientación no es la del sol poniéndose sobre el mar, la hora dorada aquí es notable: desde la arcada se ve de una sola pasada la bahía, los diques, los astilleros y las Tres Ciudades enfrente, todo tomando color al mismo tiempo.

Pero la recomendación de verdad es volver un rato después. Los Upper Barrakka de noche son otra visita distinta: el puerto iluminado, las grúas de los astilleros recortadas contra el cielo, los reflejos en el agua y una fracción de la gente que hay a mediodía. Volver al mismo sitio con dos o tres horas de diferencia es de las cosas que más rentabilizan una jornada en la capital.

Justo al lado, los Lower Barrakka Gardens ofrecen una versión más tranquila y con menos público, junto al monumento de la Campana del Asedio. Y si la idea es cenar después, la zona de Strait Street tiene terrazas animadas a pocos minutos andando.

La costa oeste y las playas del norte

Para el atardecer clásico de sol hundiéndose en el mar, hay que ir a la costa noroeste. Golden Bay es la opción más accesible, con bus directo, servicios y un hotel encima, y con la puesta de sol justo enfrente de la arena. Al lado, bajando el centenar largo de escalones de Għajn Tuffieħa, se consigue lo mismo con bastante menos gente y un entorno mucho menos urbanizado; el promontorio que separa las dos bahías es el mejor punto de todo el tramo.

Más al norte, en lo alto del acantilado de Marfa, la Torre Roja de Santa Águeda domina el canal que separa Malta de Comino y Gozo. Desde su azotea, o simplemente desde el campo que la rodea, se ve el archipiélago entero recortado contra la luz, y el sendero del parque de Majjistral permite alargar el paseo hasta que se va del todo la claridad.

En estas dos zonas, más que en ninguna otra, hay que resolver la vuelta antes de sentarse a mirar. Son sitios mal comunicados a última hora, los autobuses de la tarde en verano van llenos de gente que baja de la playa y un Bolt desde ahí no siempre aparece rápido.

Gozo, donde el sol se pone sobre el campo

En Gozo hay dos atardeceres que merecen el viaje. El primero es Dwejra, en la costa oeste, donde estaba la Ventana Azul hasta que se derrumbó en 2017 y donde siguen el Mar Interior y la Roca del Hongo: la luz de última hora sobre esas formaciones de piedra es lo mejor que le queda al sitio, aunque hay que planificar con cuidado porque la línea de autobús tiene muy pocas frecuencias y quedarse allí de noche sin coche es un problema serio.

El segundo es Xlendi, un pueblo de pescadores encajado al final de un valle estrecho, con un paseo de restaurantes junto al agua y senderos que suben por los acantilados. Es el sitio más cómodo de la isla para ver ponerse el sol y cenar a continuación sin moverse. Y para quien camine, los acantilados de Ta' Ċenċ, en el sur de la isla, dan una versión gozitana de Dingli: altura, campo, nada de infraestructura y silencio.

Mdina, el atardecer que sigue después

Termino con uno distinto, porque no es exactamente una puesta de sol. Los bastiones de Mdina no miran al oeste, así que lo que se ve desde ahí no es el sol hundiéndose sino media isla recibiendo la última luz, con la cúpula de Mosta a media distancia y La Valeta al fondo en los días claros. Es un mirador magnífico, con la terraza del Fontanella colgada de la muralla para quien quiera tomar algo, muy turística y con precios acordes, pero con una de las mejores vistas del país.

Lo bueno viene después. Cuando cae la noche y se van los autobuses de excursión, Mdina se convierte en otra ciudad: calles vacías, farolas amarillas, la piedra caliza tomando ese color de miel y un silencio en el que lo único que se oye es el propio eco entre los palacios. La llaman la Ciudad del Silencio y de noche se lo gana de sobra. Es gratis, se entra a cualquier hora y es, sin discusión, la mejor cosa que se puede hacer en Malta después de que se ponga el sol.

Cuándo, y sobre todo cómo volver

Un par de cosas prácticas. En verano el sol se pone pasadas las ocho y la luz aguanta hasta cerca de las nueve, con lo que las tardes cunden muchísimo; en invierno anochece sobre las cinco, lo que permite encajar un atardecer sin renunciar a nada del día pero obliga a llevar algo de abrigo, porque en los acantilados y en las murallas el viento es constante.

Y el aviso importante, que vale para todos los sitios de esta lista salvo los de La Valeta: el transporte público maltés no acompaña a los planes que terminan de noche. Los autobuses acumulan retrasos, las últimas frecuencias hacia las zonas rurales son tempranas y en Gozo lo son todavía más. La regla que a mí me funciona es sencilla: comprobar el horario de vuelta antes de acomodarse, tener descargada la aplicación tallinja para ver la posición real de los autobuses y asumir que en algún momento la solución más barata en tiempo va a ser pedir un Bolt, que en trayectos cortos ronda entre cinco y quince euros y salva la tarde entera. Los detalles de tarjetas, horarios y frecuencias están en la guía de transporte público en Malta.

Curiosamente, una vez pasada la hora punta, el transporte maltés funciona bastante bien: sin tráfico, los autobuses de la noche suelen ser puntuales y directos. El problema no es volver a las once, es volver a las ocho y media desde un sitio con una línea que pasa cada hora.

Los horarios y frecuencias mencionados corresponden a 2026 y pueden variar según la temporada. Conviene confirmarlos en la aplicación oficial de Malta Public Transport antes de planificar un regreso nocturno.