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Las letras I amsterdam junto a uno de los canales del centro, poco después de llegar en tren desde el aeropuerto de Schiphol.

Destinos · Países Bajos · Holanda del Norte · Holanda del Sur · Brabante

Cómo moverse por los Países Bajos

Tren, tranvía, bicicleta o coche: en un país donde todo está a menos de tres horas y donde la bici manda de verdad, elegir bien el transporte cambia por completo el viaje. Esta es la guía práctica que a mí me habría venido bien la primera vez.

Lectura de 12 minutos

Un país pequeño con la mejor red de transporte de Europa

Lo primero que hay que entender de los Países Bajos es la escala. El país entero se cruza de punta a punta en unas tres horas de tren. Ámsterdam y Róterdam están a cuarenta minutos. Delft, La Haya y Utrecht quedan todas dentro de la hora desde Ámsterdam. Eso significa que aquí no existe el concepto de "excursión de día completo" tal y como lo entendemos en España: aquí una excursión es media mañana de trayecto ida y vuelta incluida, como se ve en el detalle de cada una en excursiones de un día desde Ámsterdam.

Lo segundo, y esto tarda un poco más en asimilarse, es que la movilidad holandesa está pensada desde un principio distinto al nuestro. No es que hayan añadido carriles bici y trenes puntuales sobre un modelo de ciudad diseñado para el coche: es que la bicicleta y el tren son la columna vertebral, y el coche es lo que se ha ido acomodando alrededor. Cuando uno entiende eso, deja de pelearse con el sistema y empieza a aprovecharlo.

La consecuencia práctica para un viajero es simple y libera bastante: en los Países Bajos no necesitas coche para casi nada. Puedes recorrer las cinco o seis ciudades que todo el mundo quiere ver sin acercarte a una oficina de alquiler, y probablemente vayas más rápido, más barato y con muchísimo menos estrés.

El tren es la respuesta por defecto

La red ferroviaria holandesa, operada principalmente por NS, es un prodigio de frecuencia y puntualidad. Entre las ciudades grandes hay varios trenes por hora, muchas veces cada diez o quince minutos, lo que significa que no hace falta planificar horarios: llegas a la estación y coges el siguiente.

Hay dos tipos de tren que conviene distinguir. El Intercity para directamente en las ciudades principales y es el que usarás para casi todo. El Sprinter para en todas las estaciones, incluidos los pueblos pequeños, y es más lento pero indispensable para llegar a sitios menores. Ambos van con la misma tarifa y no hace falta reserva de plaza. Existe además el Intercity Direct, que circula por la línea de alta velocidad entre Ámsterdam, Schiphol, Róterdam y Breda y lleva un pequeño suplemento por trayecto: alrededor de tres euros en hora punta y menos de dos fuera de ella. Si pagas con tarjeta contactless, ese suplemento se ficha aparte en un poste rojo del andén antes de subir, y es uno de los pocos detalles que se le escapan a los que llegan por primera vez.

Los trenes tienen primera y segunda clase, y la segunda es perfectamente cómoda. Las horas punta, con los vagones llenos de verdad, van aproximadamente de seis y media a nueve y media de la mañana y de cuatro a seis de la tarde. Si puedes elegir, muévete fuera de esas franjas: viajarás sentado y con espacio.

Cómo se paga: OVpay y el final de la OV-chipkaart

Este es el cambio más importante de los últimos años y el que más confusión genera entre quienes viajaron aquí hace tiempo. Ya no hace falta comprar la clásica tarjeta azul OV-chipkaart. Desde la implantación del sistema OVpay, se paga acercando una tarjeta bancaria contactless o el móvil al lector, y funciona en absolutamente todo: trenes de NS, tranvías, metros, autobuses urbanos y regionales.

La regla de oro, y no admite excepciones, es que hay que fichar al entrar y fichar al salir, siempre con la misma tarjeta. El sistema calcula el precio según la distancia recorrida, así que si olvidas el check-out te aplican una tarifa máxima por defecto, que en tren puede rondar los veinte euros. En las estaciones grandes hay tornos, pero en muchas estaciones pequeñas no los hay y los postes de fichaje están sueltos en el andén: los de NS son amarillos, los de otras operadoras tienen otros colores. Es responsabilidad tuya buscarlos.

Hay tres advertencias que conviene llevar aprendidas. American Express no funciona en ningún servicio de transporte holandés, así que necesitas una Visa o una Mastercard. Algunos bancos españoles bloquean por defecto el contactless en lectores de transporte extranjeros como medida antifraude, y el lector se limita a poner una luz roja sin explicar nada, de modo que merece la pena avisar al banco antes de salir y llevar una segunda tarjeta de repuesto. Y cada viajero necesita su propia tarjeta: no se puede pagar por dos personas con la misma.

Dentro de Ámsterdam, la red urbana la opera GVB y existe un tope diario de unos diez euros, así que por muchos tranvías que cojas en un día no pagarás más que eso. Ese tope solo se aplica si usas siempre la misma tarjeta. Y ojo con una confusión habitual: los billetes urbanos de GVB no valen para el tren, ni siquiera para el trayecto al aeropuerto.

Del aeropuerto al centro, y del aeropuerto a cualquier parte

Schiphol tiene la estación de tren integrada bajo la propia terminal, bajando una planta desde la zona de llegadas, y esto lo cambia todo. No solo hay trenes directos a Amsterdam Centraal cada pocos minutos, con un trayecto de quince o veinte minutos por poco más de seis euros, sino que también salen directos a Róterdam, La Haya, Utrecht, Delft o Leiden.

Eso tiene una consecuencia que mucha gente no aprovecha: si tu viaje empieza o termina en otra ciudad, no necesitas pasar por Ámsterdam. Puedes aterrizar en Schiphol y plantarte en Róterdam en menos de media hora sin salir del aeropuerto más que para bajar unas escaleras. Los aeropuertos secundarios de Eindhoven y Róterdam-La Haya funcionan con autobús hasta la estación de tren más cercana, algo menos cómodo pero igual de eficaz.

Coger un taxi desde Schiphol al centro de Ámsterdam cuesta entre seis y diez veces más que el tren y tarda más si hay tráfico. No se me ocurre ningún motivo para hacerlo salvo llevar mucho equipaje y poca paciencia.

Dentro de las ciudades: tranvía, metro y los pies

Ámsterdam tiene una de las redes de tranvía más densas de Europa, con paradas cada pocos centenares de metros, además de cuatro líneas de metro entre las que destaca la 52, que cruza bajo el río hasta Ámsterdam Norte. Róterdam y La Haya tienen sus propias redes, operadas por otras compañías, y todas funcionan con el mismo sistema de fichaje.

Dicho esto, en la mayoría de los cascos históricos holandeses acabarás andando. Son ciudades pequeñas, llanas y muy caminables, y en Ámsterdam el centro entero se cruza a pie en poco más de media hora. El tranvía lo usarás sobre todo para llegar al Museumplein, para volver al hotel con las piernas cansadas o para desplazamientos concretos, no como medio habitual.

Un detalle que merece la pena conocer: los ferris que cruzan el IJ desde la parte trasera de la Estación Central de Ámsterdam hacia el barrio norte son gratuitos y no hay ni que fichar. Te subes, cruzas, y tienes una de las mejores vistas del agua de la ciudad sin pagar un céntimo. Es el mejor plan gratis del centro.

La bicicleta: cuándo sí, cuándo no y qué nadie te cuenta

Aquí toca ser honesto, porque hay mucha literatura romántica sobre alquilar una bici en Ámsterdam y la realidad tiene matices.

La bicicleta es de verdad la columna vertebral del país. Hay más bicis que habitantes, la gente se mueve así al trabajo, a la compra y a los bares, y los carriles bici no son un añadido cosmético sino infraestructura principal, con sus propios semáforos, sus propias reglas y una velocidad de circulación bastante alta. Un ciclista holandés va rápido, va en silencio y no espera que te cruces por delante. Los turistas dubitativos en mitad del carril bici son un problema real y una fuente constante de sustos.

Mi consejo, después de años viendo aquello, es sencillo: si montas en bici habitualmente en tu ciudad, alquila sin dudarlo, porque es la forma más rápida, más barata y más auténtica de moverte, especialmente fuera del centro de Ámsterdam. Si no montas a diario, no empieces aquí. El alquiler ronda los diez o veinte euros al día en las tiendas normales, y hay que llevar dos candados, uno para el cuadro y otro para la rueda: el robo de bicicletas sigue siendo endémico. Hay un viejo consejo local que se repite desde hace décadas y que sigue siendo verdad, y es que del presupuesto que tengas para la bici, la mitad debería irse en el candado. Y nunca, bajo ningún concepto, compres una bici a alguien que te la ofrezca por la calle: será robada y la infracción es tuya.

Sobre el OV-fiets, ese sistema nacional de bicis públicas que hay en casi trescientas estaciones de tren y que cuesta menos de cinco euros al día, conviene aclarar algo que casi nadie explica: requiere una OV-chipkaart personal vinculada a una cuenta bancaria holandesa, así que en la práctica no está al alcance del viajero de paso. Es una maravilla para residentes y una frustración para turistas.

El coche: cuándo compensa de verdad

Con un coche en los Países Bajos se cubre casi cualquier distancia en menos de dos horas, y hay situaciones en las que compensa claramente: recorrer los molinos de Kinderdijk, moverse por Zelanda, llegar a Giethoorn o a los parques naturales del interior, o hacer una ruta rural con varias paradas pequeñas que el tren no enlaza bien. Para eso, alquilar está muy justificado.

Para lo demás, el coche es un lastre. Aparcar en el centro de Ámsterdam es de lo más caro de Europa, los cascos históricos están llenos de zonas peatonales y accesos restringidos, y las ciudades han ido implantando zonas de bajas emisiones y de cero emisiones que ya afectan a Ámsterdam, Róterdam, Utrecht, La Haya, Eindhoven y una larga lista más. De momento las restricciones estrictas apuntan sobre todo a vehículos comerciales, pero conviene comprobar la normativa de la ciudad concreta antes de entrar con un coche antiguo, especialmente si es diésel. La solución razonable, y la que usan hasta los holandeses, son los aparcamientos disuasorios de la periferia, los P+R, desde donde se entra al centro en transporte público.

Si conduces, hay una norma que sorprende a todo el mundo y que se paga cara: el límite en autopista es de 100 km/h entre las seis de la mañana y las siete de la tarde en prácticamente toda la red, y solo por la noche sube a 120 o 130 según el tramo. Es una medida ambiental que está en vigor desde 2020 y sigue vigente. Un conductor español que ponga el crucero a 130 por costumbre va treinta por encima, y este es uno de los países con más control por tramo de Europa, esos radares que miden la velocidad media entre dos puntos a lo largo de kilómetros y que no perdonan un frenazo puntual. Dentro de poblado son 50, y cada vez más zonas urbanas están a 30.

Lo bueno es que no hay peajes de autopista ni viñeta que comprar, con la excepción de un par de túneles concretos en el sur. Y una advertencia final de convivencia: en zona urbana el ciclista tiene prioridad en muchísimas situaciones, y los carriles bici a veces se meten entre la calzada y la acera de formas que despistan. Antes de abrir la puerta del coche, mira.

La fórmula que yo recomiendo

Si tuviera que resumir en un párrafo cómo organizar la movilidad de un viaje de una semana por los Países Bajos, sería este: elige una ciudad base, muévete en tren para todo lo demás, camina dentro de cada ciudad y olvídate del coche salvo que tu plan incluya campo, molinos o pueblos aislados. Ámsterdam funciona bien como base por conexiones, pero Róterdam, Utrecht o La Haya funcionan igual de bien, suelen ser más baratas en alojamiento y dejan todas las demás ciudades a menos de una hora.

Y si el viaje sí incluye una parte rural, la combinación óptima es mixta: transporte público para los días urbanos y coche alquilado solo para los dos o tres días de campo, recogiéndolo y devolviéndolo en una estación de tren de las afueras en lugar de en el centro de la ciudad. Sale más barato, evita el peor tráfico y ahorra el suplicio de buscar aparcamiento en un casco histórico holandés.

Cuatro cosas que conviene saber antes de llegar

La primera es que las aplicaciones de NS y de 9292 resuelven prácticamente cualquier duda de horarios y combinaciones, incluidas las de autobuses regionales de otras compañías, y funcionan mejor que cualquier mapa impreso.

La segunda es que la puntualidad aquí es real y se da por supuesta. Si el tren sale a las 10:14, sale a las 10:14, y nadie espera al que viene corriendo por el andén. Las conexiones ajustadas de cinco minutos entre trenes funcionan de verdad, cosa que en otros países sería temeraria.

La tercera es que el viento es un factor de transporte, aunque no lo parezca. En un país sin montañas y abierto al mar del Norte, un día de viento en contra convierte un paseo en bici de veinte minutos en una prueba física. Los holandeses lo asumen con naturalidad; los que venimos de fuera no lo vemos venir.

Y la cuarta, quizá la más importante, es que aquí el peatón distraído es el que estorba. Mirar el móvil mientras cruzas un carril bici, pararte en medio para hacer una foto o caminar por la franja de asfalto rojizo son las tres formas más rápidas de llevarte un timbrazo y una mirada de reproche. Los carriles bici están señalizados y son inconfundibles: aprende a reconocerlos el primer día y el resto del viaje irá rodado.