
Los elevadores de Lisboa: guía de los funiculares históricos y el ascensor gratuito que nadie conoce
Lisboa lleva más de un siglo peleándose con sus colinas, y la solución que encontró fue una red de funiculares y ascensores que hoy son a la vez transporte público y patrimonio. Esta es la guía de los cuatro históricos —Santa Justa, Glória, Bica y Lavra—, de cuáles merecen la cola y cuáles no, y de los ascensores públicos gratuitos que ahorran la cuesta más dura de la ciudad y no aparecen en casi ninguna guía.
Por qué Lisboa se llenó de funiculares¶
A finales del siglo XIX, Lisboa tenía un problema práctico: era una ciudad en expansión construida sobre siete colinas, con desniveles que convertían trayectos de doscientos metros en ascensiones considerables. La solución que se adoptó, siguiendo lo que se hacía en otras ciudades europeas de topografía complicada, fue construir ascensores mecánicos.
Entre 1884 y 1902 se pusieron en marcha cuatro, tres de ellos funiculares de vía inclinada y uno vertical, y lo notable es que todos siguen funcionando hoy con el mismo trazado. No son reliquias musealizadas: forman parte del sistema de transporte público de la ciudad, están integrados en los abonos y los usan tanto los vecinos como los visitantes. Están además protegidos como monumento nacional, categoría bastante inusual para un medio de transporte en servicio.
La consecuencia práctica para el viajero es doble. Por un lado, son una atracción en sí mismos, con sus vagones de madera crujiente y su mecánica decimonónica. Por otro, y esto es lo que más se olvida, son herramientas: usarlos bien puede ahorrarte varias cuestas duras al día en una ciudad donde el cansancio se acumula en las piernas más que en los kilómetros.
Cómo pagarlos: la clave está en el abono¶
Antes de entrar en cada uno, lo importante. Los cuatro elevadores históricos están incluidos en el abono de 24 horas de transporte público, que se carga sobre una tarjeta física de coste simbólico y que cubre también metro, autobuses y tranvías.
El billete suelto de cualquiera de ellos es caro para lo que dura el trayecto, y en el caso del Santa Justa el precio individual se acerca bastante al del abono diario entero. Es decir: si piensas coger un elevador y hacer dos trayectos más en cualquier medio, el abono ya sale a cuenta. Si piensas coger dos elevadores, no hay discusión.
La Lisboa Card también los incluye, pero solo compensa si vas a encadenar además varios monumentos de pago. Para un uso puramente de transporte, el abono de 24 horas es la opción sensata.
El Elevador de Santa Justa: el famoso¶
Es el único vertical de los cuatro y el más conocido con diferencia. Lo construyó Raoul Mesnier du Ponsard, ingeniero formado con Eiffel, y se inauguró en 1902 para salvar el desnivel entre la Baixa y el Chiado. La estructura es de hierro forjado neogótico, la cabina de madera y vidrio conserva la decoración de época, y el ascenso dura poco más de un minuto. Originalmente funcionaba a vapor; hoy es eléctrico.
Es también el que peor relación ofrece entre lo que da y lo que cuesta en tiempo. A partir de media mañana la cola en la base puede pasar de la hora, y no exagero: es una de las esperas más absurdas que se pueden hacer en Lisboa, porque arriba se llega andando por la Calçada do Carmo en menos de diez minutos.
Mi recomendación es doble. Si quieres subir en él, ve a primera hora del día, cuando la cola es corta o inexistente. Y si llegas tarde, hazlo al revés: sube a pie al Largo do Carmo y baja en el elevador desde arriba, donde la espera suele ser mucho menor. La plataforma panorámica superior tiene entrada aparte; desde el Largo do Carmo, al lado y gratis, la vista es muy parecida.
El Elevador da Glória: el más práctico¶
Inaugurado en 1885, conecta la Praça dos Restauradores, en la Baixa, con el Bairro Alto, justo al lado del Miradouro de São Pedro de Alcântara. Es el funicular más utilizado de la ciudad y también el más útil, porque la pendiente que salva es de las que de verdad se notan y porque deja exactamente donde uno quiere ir: en la puerta de uno de los grandes miradores y a un paso de la vida nocturna del Bairro Alto.
El trayecto dura poco más de tres minutos y los vagones, con sus laterales cubiertos de grafitis que la ciudad ha terminado por asumir como parte del paisaje, tienen ese aire de máquina que lleva funcionando demasiado tiempo para preocuparse por su aspecto.
Si solo vas a coger un funicular en todo el viaje y quieres que además te resuelva un desplazamiento real, este es el que yo elegiría. Y si prefieres subir andando, la cuesta es perfectamente asumible: la Calçada da Glória corre en paralelo a la vía.
El Elevador da Bica: el más bonito¶
Funciona desde 1892 entre la Rua de São Paulo, cerca de Cais do Sodré, y el Largo de Calhariz, en la parte alta del Bairro Alto. Es, sin discusión, el más fotogénico de los cuatro y probablemente una de las imágenes más reconocibles de Lisboa: una calle estrechísima y muy empinada, con las vías por el centro, casas a ambos lados, ropa tendida en los balcones superiores y el pequeño vagón amarillo ascendiendo por medio.
El recorrido dura menos de dos minutos, pero desde la ventanilla se ven los tejados bajando hacia el Tajo y la calle abriéndose por detrás. Y desde fuera, la estampa de la calle con el vagón subiendo es la fotografía que todo el mundo intenta hacer, así que si te interesa el resultado conviene ir temprano.
Combinado con el Time Out Market, que queda a cinco minutos, y con la Pink Street, que está en medio, forma un pequeño circuito de mañana muy agradable en la zona de Cais do Sodré.
El Elevador da Lavra: el más antiguo y el más solitario¶
Inaugurado en 1884, es el más viejo de los funiculares lisboetas y el que casi nadie coge. Conecta la Avenida da Liberdade, a la altura del Largo da Anunciada, con la Calçada do Lavra, subiendo una pendiente considerable en menos de dos minutos.
Yo lo descubrí por casualidad, bajando la avenida, porque un cartel amarillo me desvió la atención. El vagón tiene la madera vieja, cruje, se inclina, y no hay que esperar prácticamente nada para subir. Arriba aparecen calles estrechas y en pendiente por las que los turistas no suben, con bares pequeños y sin pretensiones donde se come bien y barato entre vecinos que no te miran dos veces.
Es exactamente el tipo de sitio que justifica desviarse del itinerario, y su gran ventaja es que ofrece la misma experiencia que sus hermanos famosos sin ninguna cola.
El secreto: los ascensores públicos del Elevador Castelo¶
Y llegamos a lo que a mí me parece la información más útil de todo este artículo, porque no aparece en casi ninguna guía y ahorra una de las subidas más duras de Lisboa.
Se llama Elevador Castelo y son dos ascensores públicos completamente gratuitos. El primero está en la Rua dos Fanqueiros, muy cerca de la Praça da Figueira, y sube hasta la Rua da Madalena. Desde allí, un breve paseo lleva hasta un segundo ascensor que asciende hasta la Costa do Castelo, a pocos minutos de la entrada del Castelo de São Jorge.
El sistema existe desde los años dos mil y se construyó pensando sobre todo en los vecinos, que tienen que salvar esa pendiente cada día. Está abierto a cualquiera, no hay que pagar nada, no hay colas y te deja en pleno corazón de la colina de Alfama, ahorrándote una cuesta que a media tarde y con calor puede arruinarte el día.
Si vas a subir al castillo o a los miradores de la zona alta, este es el camino. Y si además ese día tenías previsto hacer también el Elevador de Santa Justa, ten en cuenta que aquí no vas a esperar ni un minuto.
Los tranvías, que son otra cosa¶
Conviene no confundirlos con los funiculares, aunque compartan sistema y estética. El tranvía 28 funciona desde 1914 con los mismos vagones articulados de madera y conecta Campo Ourique con Martim Moniz pasando por el Chiado, la Baixa y Alfama. No es un elevador sino una línea urbana completa, y su gracia está en el recorrido: sube pendientes que parecen imposibles para un vehículo de ese tamaño y se mete por calles tan estrechas que desde la ventanilla se leen los azulejos de las fachadas.
Sobrevivió por la combinación de ser insustituible en el trazado del casco histórico y haberse convertido en atracción antes de que nadie lo decidiera conscientemente, cuando en los años setenta y ochenta Lisboa desmanteló buena parte de su red de tranvías como hizo el resto de Europa.
Dos consejos prácticos. Para conseguir asiento hay que subir en una de las paradas iniciales, porque en temporada alta va lleno desde la primera intermedia. Y hay que llevar la mochila delante y el móvil guardado, porque es el escenario preferido de los carteristas de la ciudad. El otro tranvía que conviene tener localizado es el 15, que va a Belém desde la Praça da Figueira y que mucha gente confunde con el 28.
Cuáles coger si tienes poco tiempo¶
Si solo puedes hacer uno, el da Bica, por la estampa. Si quieres que además te sirva de algo, el da Glória, que te deja en el mirador de São Pedro de Alcântara. Si buscas la experiencia sin gente, el da Lavra. Y el Santa Justa solo a primera hora o de bajada.
Los ascensores del castillo no son opcionales: cógelos siempre que subas a Alfama alta, porque son gratis y te ahorran la peor cuesta de la zona.
Todos ellos están integrados en los itinerarios de un día, dos días, tres días y una semana, y contados sobre el terreno en el diario de mi viaje de diciembre de 2023. Precios, horarios y frecuencias cambian con cierta regularidad, así que conviene confirmarlos en la web del operador antes de viajar.