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Foz do Douro: el paseo junto al río hasta donde el Duero se encuentra con el Atlántico
Foz es el barrio donde el Duero desemboca en el océano después de casi novecientos kilómetros, y llegar caminando desde el centro de Oporto es uno de los mejores planes que ofrece la ciudad. Seis kilómetros llanos junto al agua, un faro rojo batido por el Atlántico y un atardecer sin nada que interrumpa el horizonte. Así se organiza la media jornada, a pie, en tranvía o en autobús.
El otro Oporto, el que mira al océano¶
Casi todo el mundo que visita Oporto se queda en el triángulo que forman la Ribeira, la catedral y Aliados, y se marcha sin saber que la ciudad tiene una fachada atlántica a media hora de allí. Foz do Douro es ese sitio: el barrio donde el río, después de recorrer casi novecientos kilómetros desde su nacimiento en tierras sorianas, entrega por fin sus aguas al océano.
Fue un pueblo pesquero independiente y hoy es uno de los distritos más acomodados de la ciudad, con casas señoriales, calles tranquilas, terrazas y un paseo marítimo largo por el que corre y pasea la gente de aquí. El ambiente no tiene nada que ver con el del centro histórico: hay muy pocos turistas, se respira sal y el ritmo baja varios puntos de golpe.
Y lo mejor es que llegar es parte del plan. Se puede ir en autobús en media hora, pero quien tenga las piernas en condiciones debería caminar, porque el paseo junto al Duero desde el centro hasta la desembocadura es, para mí, uno de los tres o cuatro mejores momentos que ofrece Oporto.
Cómo llegar: a pie, en tranvía o en autobús¶
El paseo a pie son unos seis kilómetros de recorrido llano, sin una sola cuesta, siguiendo la orilla del río por paseos bien acondicionados. Se tarda poco más de una hora caminando a ritmo tranquilo, con paradas incluidas, y el arranque puede ser la propia Ribeira o los Jardins do Palácio de Cristal, algo más arriba, según de dónde vengas.
Si no te apetece caminarlo entero, la línea 1 del tranvía histórico recorre buena parte de ese trayecto pegada al agua, entre el entorno de la Ribeira y el Passeio Alegre de Foz. Los coches son de madera, de principios del siglo pasado, y el viaje es en sí mismo una atracción, aunque tiene precio de atracción y no de transporte público. La opción práctica y barata es el autobús urbano, que conecta el centro con Foz en media hora larga y que funciona hasta bien entrada la noche.
Mi recomendación después de haberlo hecho de las dos maneras: ida caminando y vuelta en autobús. Se disfruta el paseo con luz de tarde, se llega a la desembocadura a tiempo para el atardecer y se evita el error de encarar doce kilómetros en el mismo día, que es un plan estupendo hasta el kilómetro nueve.
El paseo junto al Duero¶
El recorrido empieza entre edificios históricos, con las fachadas de colores de la Ribeira a un lado y el río con sus embarcaciones al otro, y va cambiando de carácter a medida que el centro se queda atrás. Los edificios antiguos dan paso a construcciones más recientes, el ambiente turístico se diluye y aparece la vida cotidiana de la ciudad: pescadores con sus cañas, familias paseando, corredores, gente sacando al perro.
Por el camino van apareciendo cosas que no salen en ningún mapa. Pequeñas playas fluviales donde la gente del barrio toma el sol, capillas junto al camino, esculturas que llevan décadas ahí sin que nadie les preste demasiada atención, antiguos almacenes reconvertidos. A mitad de trayecto pasa por encima el Puente da Arrábida, un arco de hormigón de doscientos setenta metros de luz inaugurado en los años sesenta que en su momento fue el mayor del mundo en su tipo y que hoy sigue impresionando visto desde abajo.
Si arrancas desde los Jardins do Palácio de Cristal, además, empiezas el paseo con uno de los mejores miradores de la ciudad: desde sus terrazas se ve el Duero serpenteando entre colinas antes de llegar al mar, con el Arrábida cerrando la perspectiva. Y muy cerca queda la Casa da Música de Rem Koolhaas, ese poliedro de hormigón blanco que aterrizó en 2005 en medio de una rotonda y que se puede visitar por dentro, por si te apetece añadir un contrapunto contemporáneo a la jornada.
Un consejo práctico que a mí me funcionó muy bien: en algún punto del recorrido hay supermercados a pie de calle. Comprar pan, queso, embutido y fruta antes de llegar a Foz permite cenar frente al océano por cuatro euros y sin buscar mesa, que es exactamente lo que hay que hacer allí al atardecer.
Qué ver en Foz do Douro¶
Lo primero es el Passeio Alegre, el jardín histórico junto a la desembocadura, con sus palmeras, su quiosco y su ambiente decimonónico de balneario venido a menos, que tiene un encanto considerable. Desde ahí arranca el paseo marítimo hacia el norte, ancho y bien acondicionado, que sigue la costa entre pequeñas playas y roqueríos.
El punto que hay que buscar es el rompeolas y el Farol de Felgueiras, el pequeño faro rojo del siglo XIX que marca la entrada del río desde el mar. Es una construcción modesta en tamaño y enorme en fotogenia, sobre todo cuando el Atlántico se pone serio: los días de mar embravecido las olas rompen contra el dique creando explosiones de espuma que superan con mucho la altura del faro, con un estruendo que se oye desde bastante lejos. Es hipnótico y es también el motivo por el que cada cierto tiempo alguien se lleva un susto serio, así que conviene mirar desde donde no llega el agua y resistirse a la tentación de caminar el espigón cuando hay temporal.
Siguiendo hacia el norte por el paseo se llega a las playas urbanas, la Praia dos Ingleses y las siguientes, con sus terrazas y sus rocas, y en el extremo aparece el Castelo do Queijo, el fuerte del siglo XVII que marca ya la frontera con Matosinhos. Ese tramo completo, del faro al castillo, es un paseo de una media hora larga que da la medida exacta de lo que es la costa de Oporto.
El atardecer, que es el motivo real de venir¶
Aquí está la razón de fondo para dedicarle una tarde a Foz. En Oporto hay dos grandes atardeceres y son completamente distintos. El del Jardim do Morro, al otro lado del puente Luis I, es urbano: la ciudad de frente, las fachadas encendiéndose y el río convertido en un espejo. El de Foz es oceánico: el sol bajando directamente hacia la línea del horizonte marino, sin montañas ni edificios que interrumpan nada, tiñendo el cielo de naranja, rosa y morado, con algún velero volviendo a puerto recortado contra esa luz.
Tener los dos en el mismo viaje es uno de los mejores argumentos para quedarse en Oporto más de dos días. Y el de Foz tiene una ventaja añadida: se disfruta igual de bien en invierno que en verano. La primera vez que estuve allí fue un diciembre, con la playa vacía, una temperatura que permitía caminar en manga larga y una luz baja de invierno que le sienta al Atlántico mejor que la de agosto.
Para verlo hay dos opciones y las dos funcionan. Una es sentarse en una de las terrazas del paseo marítimo, que a esa hora se llenan. La otra es buscar un banco en los jardines, resguardado del viento por algún muro de piedra, y sacar la cena comprada por el camino. Yo me quedo con la segunda sin dudarlo.
Cuánto tiempo necesitas y con qué combinarlo¶
Foz es media jornada larga: salir del centro a media tarde, caminar el paseo, recorrer la desembocadura, ver el atardecer y volver en autobús. Eso deja la mañana libre para lo que quieras y cierra el día de la mejor manera posible.
Si vas a estirar el plan hacia el norte, ten en cuenta que del Castelo do Queijo a Matosinhos hay un paso natural, así que se puede encadenar todo en una jornada completa de costa. Y si tu viaje es corto, este paseo encaja bien como segundo día, porque no compite con el centro histórico sino que lo complementa: es el otro Oporto, el que mira al océano en lugar de al río.
En los itinerarios de dos días está integrado dentro de un fin de semana completo, en el pilar sobre excursiones desde Oporto aparece comparado con el resto de escapadas, y en los diarios de mis dos viajes, el de diciembre de 2019 y el de mayo de 2022, están contadas las dos visitas a Foz sobre el terreno, una en invierno y otra en primavera. Última recomendación práctica: mira el horario del último autobús de vuelta antes de acomodarte a ver el atardecer, porque desde Foz hasta el centro hay un buen trecho para hacerlo andando de noche.