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Bath con poco presupuesto: qué ver sin pagar entradas
Bath es cara y no lo disimula: la atracción principal supera las treinta libras, la abadía ya cobra y cualquier menú se va a las veinte. Pero la mejor visita guiada de la ciudad es gratuita, la arquitectura que la hizo Patrimonio de la Humanidad está en la calle y hay trucos concretos para comer sin arruinarse.
Una ciudad cara, y conviene decirlo¶
Bath tiene bastante más turismo que las ciudades de su tamaño en el suroeste inglés, y el comercio lo nota: más boutiques, más cafés con mesas en la acera, más tiendas de recuerdos y precios en consecuencia. Comparada con Bristol, que está a doce minutos de tren, es notablemente más cara en todo.
A eso se le suma que las entradas han subido de forma sostenida. Las termas romanas funcionan con precios dinámicos que superan holgadamente las treinta libras en las franjas más solicitadas. La abadía, que hasta hace poco funcionaba con donativo sugerido, ha pasado a cobrar una entrada fija de unas seis libras y media. Y el balneario moderno ronda las cuarenta y cinco libras la sesión de dos horas.
La buena noticia es que se puede pasar un día completo y muy satisfactorio en Bath sin pagar prácticamente nada, porque lo que hizo a esta ciudad Patrimonio de la Humanidad no está dentro de ningún recinto: está en la calle.
La mejor visita guiada de la ciudad es gratis¶
Este es el consejo principal y el que más gente desconoce. El cuerpo de guías honorarios del ayuntamiento organiza recorridos a pie por el centro histórico dos veces al día, todos los días salvo Navidad, sin necesidad de reservar. Duran unas dos horas y cubren los principales puntos de interés histórico y arquitectónico.
Y son gratis de verdad, no gratis con propina esperada al final. Los guías son voluntarios que llevan haciendo esto desde los años treinta y tienen instrucciones explícitas de no aceptar propinas, lo que en el panorama actual de los tours a pie europeos resulta casi exótico. Ellos mismos avisan de que otros recorridos que se anuncian como gratuitos sí esperan dinero al terminar.
Salen del patio de la abadía, junto a la entrada de las termas, donde hay un cartel indicándolo. Conviene llegar diez minutos antes. Cada guía le da su propio enfoque, así que dos personas que hagan el mismo recorrido en días distintos oirán cosas diferentes. En temporada alta añaden recorridos vespertinos y otros dedicados específicamente al ensanche de Pulteney.
Si solo vas a hacer una cosa en Bath, que sea esta.
La arquitectura, que está toda fuera¶
The Circus, la plaza circular de John Wood el Viejo con sus tres órdenes clásicas superpuestas y sus quinientos emblemas tallados en el friso, es una calle pública. El Royal Crescent, treinta casas georgianas en arco con ciento catorce columnas jónicas, también: se pasea por delante, se cruza el césped y no hay taquilla en ninguna parte. Solo se paga si quieres entrar en el número 1, que funciona como museo de casa histórica.
Lo mismo vale para el Pulteney Bridge, que se cruza como cualquier calle, y para el Pulteney Weir, la presa en herradura desde la que se hace la fotografía clásica de la ciudad y donde se pueden pasar quince minutos viendo a los cisnes remontar la corriente por los escalones. Y para Great Pulteney Street al otro lado del puente, trescientos metros de fachadas georgianas continuas por los que apenas pasa nadie.
Entre todo eso está lo esencial del conjunto que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1987. Se recorre en dos horas y cuesta cero.
Parques y miradores¶
Bath está encajada entre colinas y eso se traduce en miradores gratuitos. El más accesible es Alexandra Park, al sur de la ciudad, inaugurado en 1902 para conmemorar la coronación de Eduardo VII. Se sube andando desde el centro en unos veinte minutos de cuesta y la vista abarca la ciudad entera. Con una advertencia honesta: los árboles han crecido bastante y recortan el horizonte más de lo que sugiere el nombre del mirador. Sigue mereciendo el paseo, pero conviene rebajar expectativas.
El Royal Victoria Park, junto al Royal Crescent, es el gran parque urbano, con jardines botánicos, un obelisco levantado en 1837 por el decimoctavo cumpleaños de la princesa Victoria y espacio de sobra para tumbarse. Es el sitio natural para el picnic de mediodía.
Y para quien tenga día completo y ganas de andar, existe una ruta señalizada que rodea la ciudad por las colinas durante casi diez kilómetros, atravesando prados y bosques con vistas continuas sobre el valle. Es gratuita, está bien marcada y es probablemente la mejor manera de entender por qué la ciudad está donde está.
Interiores que no cuestan nada o casi nada¶
El panorama aquí es más limitado que en Bristol, pero hay opciones.
La galería de arte municipal tiene tradicionalmente acceso libre a su colección permanente, con obras de paisajistas y retratistas británicos, y cobra solo por las exposiciones temporales. Conviene comprobar su situación antes de ir, porque ha tenido periodos de cierre por obras.
El museo de artes decorativas instalado en un edificio georgiano al final de Great Pulteney Street abre gratis en franjas concretas, habitualmente los miércoles a partir de media tarde y alguna noche al mes. Merece la pena mirar el calendario y encajar la visita ahí.
El mercado cubierto del Guildhall, bajo una rotonda acristalada victoriana, es de entrada libre y ocupa un emplazamiento donde se comercia desde hace siglos: puestos de productos frescos, artesanía, antigüedades y algún establecimiento que lleva generaciones en la misma familia. Es también un buen refugio si empieza a llover.
Y la abadía, aunque ahora cobre entrada para la visita turística, sigue siendo gratuita para quien entre a un oficio religioso o a rezar. Es una vía legítima si te interesa el edificio, con la evidente condición de respetar lo que allí está pasando y no convertirlo en una visita encubierta con cámara en mano.
Comer sin arruinarse¶
Cualquier menú en el centro de Bath se va con facilidad a las veinte libras. La solución más pragmática que encontramos en nuestro viaje, y que recomiendo sin ningún complejo, es el supermercado grande del centro, que tiene una pequeña zona con mesas y microondas donde calentar platos preparados. Sin glamur ninguno, pero eficiente, y en una excursión de un día la diferencia se nota mucho.
La otra opción razonable son los puestos de comida del mercado cubierto, bastante más baratos que los restaurantes de la calle y con clientela local. Y la tercera, la más agradable con buen tiempo, es comprar en cualquier supermercado y hacer picnic en el Royal Victoria Park, que está justo debajo del Royal Crescent y tiene una de las mejores vistas de la ciudad sin pagar por ella.
Sobre el desayuno y el café, alejarse dos o tres calles del eje que va de la abadía al Royal Crescent baja los precios de forma inmediata.
Cómo llegar barato¶
Si tu base es Bristol, el tren tarda doce minutos y el billete ronda las diez libras por trayecto, con bastante variación según hora y antelación, así que comprarlo con días de margen y evitar las franjas punta abarata. Existe además un autobús que conecta Bath con el aeropuerto de Bristol, útil si llegas en avión.
Dentro de la ciudad no necesitas transporte: el centro histórico se recorre entero a pie y desde la estación al corazón de la ciudad hay diez minutos de cuesta suave. Si en algún momento coges autobús, en Inglaterra rige un tope nacional de tres libras por trayecto sencillo durante 2026, que baja a dos libras desde enero de 2027.
Un día completo por casi nada¶
Para que se vea que no es un ejercicio teórico, así queda la jornada: recorrido guiado gratuito de dos horas por la mañana, paseo por The Circus, el Royal Crescent y Great Pulteney Street, picnic en el parque, mercado cubierto, un rato largo en el Pulteney Weir viendo la cascada y subida a Alexandra Park al atardecer.
El gasto total: el tren de ida y vuelta y lo que compres para comer. Y es, sinceramente, un día muy bueno en una de las ciudades más bonitas de Inglaterra.
Si además quieres pagar una cosa, mi recomendación no serían las termas romanas sino el balneario moderno, porque de ahí sales habiendo hecho algo y no habiendo visto algo. Pero eso ya es otra conversación, y la tengo desarrollada en el artículo dedicado a si merece la pena pagar las termas. Y si quieres verlo con números reales, ahí está el presupuesto completo de aquel viaje a Bristol, con esta excursión a Bath incluida.