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Salou y PortAventura
En septiembre de 2017 disfrutamos de una escapada perfecta a la Costa Dorada, combinando la adrenalina de PortAventura y Ferrari Land con el relax de las playas de Salou.
Segunda vuelta a PortAventura, con más de una década de por medio¶
Introducción al viaje
Esta era mi segunda visita a PortAventura. La primera fue durante mi etapa barcelonesa, en una escapada de un día completo con Salou como alojamiento; desde entonces habían pasado más de diez años.
No soy un fan incondicional de los parques temáticos, pero tampoco los rechazo. Me parecen divertidos, ofrecen un buen puñado de experiencias distintas y sirven de maravilla para desconectar unos días. Lo que no soy es de los que los visita todos los años: creo que piden espaciarse, y en este caso el espacio entre visitas fue más que generoso.

Día 1. Camino a la Costa Dorada¶
El plan era sencillo: Norwegian desde Bilbao, tren desde El Prat y tres días en PortAventura. Vuelo de las 11:15, sin retrasos, una hora y cuarto, y a las 12:30 ya estábamos en Barcelona recogiendo mochilas.
De Barcelona a Salou
El tren regional desde Sants es la opción más cómoda. El trayecto dura algo menos de hora y media y te deja en la misma Salou. El paisaje va cambiando de ciudad a campos abiertos y a ratos asoma el mar antes de llegar.
El Hostal Montsant
El Hostal Montsant tenía todo lo que necesitábamos: habitación con terraza, nevera y una ubicación práctica, a pocos minutos a pie de los parques. Sin aire acondicionado, pero bien ventilada para la época. Lo primero que hicimos fue ir al Mercadona para abastecernos de agua, fruta y algo para comer dentro del parque los días siguientes, lo que se agradece bastante cuando ves los precios de la restauración en el recinto.
Salou de noche
Por la tarde-noche dimos una vuelta por el paseo marítimo. Salou en septiembre tiene ese bullicio de final de temporada: familias, parejas, grupos. El paseo está bien equipado, con palmeras y luz suficiente para caminar sin prisa. Cenamos en la terraza del hostal con lo que habíamos comprado.



Día 2. Aventuras en Ferrari Land y PortAventura¶
El Hostal Montsant está a un paseo corto de ambos parques, lo que simplifica bastante la logística. Salimos temprano con los bocadillos hechos en la mochila: dentro del recinto la comida es cara y saber que tienes algo decente para comer te quita presión.
Ferrari Land
Ferrari Land es pequeño comparado con PortAventura, pero tiene tres atracciones que justifican la entrada. Red Force es la pieza central: una lanzadera vertical que te sube a más de 112 metros y baja a 180 km/h. La subida es intensa por la aceleración; la bajada es donde el estómago hace lo suyo. No es la montaña rusa más larga del parque pero sí la más contundente por la física pura del lanzamiento. Flying Dreams es un simulador de vuelo en el que la pantalla curva y la plataforma móvil funcionan bien juntos; el truco está en no buscar el borde de la pantalla. Racing Legends es otro simulador, este recreando una salida de Fórmula 1, con butacas que vibran y sacuden al ritmo de lo que pasa en pantalla. Con las tres atracciones principales y algo de tiempo en el circuito junior, Ferrari Land se completa en una mañana sin agobios.




PortAventura por la tarde
Por la tarde cruzamos a PortAventura, que es otro orden de magnitud en tamaño y oferta. Con tiempo limitado nos centramos en las tres atracciones más grandes. Shambhala es la montaña rusa más alta del parque, con una primera caída larga y fluida; dicen que las vistas desde arriba son espectaculares, pero el descenso empieza antes de que te dé tiempo a comprobarlo. Dragon Khan es el clásico del parque, con ocho inversiones seguidas. Es más antigua y se nota en cómo sacude, pero sigue funcionando; al bajar puede quedar un mareo ligero. Furius Baco tiene una de las aceleraciones más bruscas que hemos probado en un parque: en menos de tres segundos pasa de parado a más de 130 km/h en horizontal. Es corta, pero ese primer impacto es difícil de olvidar.




Volvimos al hostal con las piernas cargadas y sin hambre para cenar demasiado. Dos parques en un día es mucho, pero tiene sentido hacerlo si el objetivo es aprovechar la entrada combinada.

Día 3. Explorando PortAventura a fondo¶
El día anterior habíamos combinado Ferrari Land y PortAventura con el paso acelerado de quien sabe que no le va a dar tiempo a todo. Este tercer día lo dedicamos entero a PortAventura, que tiene una extensión suficiente como para llenarlo sin problema.
Las zonas del parque
PortAventura está dividido en seis zonas con ambientaciones diferenciadas: Mediterrània hace de entrada y conecta con el Far West americano, Polynesia, México, China y SésamoAventura. La ambientación no es homogénea; algunas zonas están mucho más trabajadas en arquitectura y detalle que otras, pero en conjunto da una estructura clara al recorrido y ayuda a orientarse sin mirar el mapa constantemente.
Atracciones del día
Tutuki Splash, en la zona de Polynesia, es una atracción de agua con barcas circulares que recorre un canal hasta terminar en una caída. Con el calor de septiembre, salir empapado es un alivio neto. La cola era corta y repetimos.
Hurakan Condor es una torre de caída libre de casi 100 metros. La subida es lenta y da tiempo a ver el parque desde arriba; la caída dura pocos segundos pero es contundente. Vale la espera, aunque la cola se alarga bastante a mediodía. El Diablo - Tren de la Mina, en el Far West, es una montaña rusa más clásica y menos extrema que las del día anterior. Curvas, pequeños descensos, sin inversiones. Buen ritmo para intercalar entre atracciones más intensas.




Los espectáculos
Entre atracciones paramos a ver dos shows. El de acrobacias acuáticas en la zona de China tiene buena factura: plataformas sobre el agua, saltos y coreografías con músicos en directo. No es algo que esperas encontrar en un parque temático y funciona bien. El show del Oeste en el Far West es más desenfadado, con actores cayendo de balcones y bastante humor. Están bien planificados para que encajen en los descansos de media mañana y media tarde.




Comer dentro del parque
Esta vez comimos dentro. En la zona de México pedimos nachos con guacamole y fajitas en uno de los restaurantes temáticos. Los precios son altos, como en cualquier parque de este tipo, y la comida es correcta sin más. La decoración del local es parte de la experiencia y eso algo aporta. Para un día largo con muchas atracciones por delante, comer sentados con tiempo tiene su lógica.
Cuando oscureció, el parque cambia de aspecto con la iluminación nocturna y las zonas adquieren otra escala. Salimos tarde, con las piernas cargadas de un día completo.



Día 4. Salou, sol y playa¶
Después de dos días en los parques, el cuarto lo dedicamos a Salou. Sin agenda concreta, sin colas, sin mapa de atracciones.
Playa Llevant por la mañana
La playa Llevant es la principal de Salou: arena fina, agua clara, paseo marítimo bien mantenido con duchas y zonas de sombra. En septiembre las aglomeraciones ya han bajado respecto a agosto y se puede caminar por la orilla con comodidad. El agua estaba en una temperatura razonable para bañarse sin que doliese entrar.
Por el centro
Caminando por el centro paramos en la Torre Vella, una torre de defensa del siglo XVI que hoy funciona como espacio cultural. En el momento de la visita tenía una exposición de arte contemporáneo. La estructura exterior, con sus muros de piedra, contrasta bastante con lo que expone dentro. Desde las partes altas hay buenas vistas sobre el pueblo.
Cerca está la Fuente Luminosa, un monumento de principios del siglo XX que de día es una fuente grande con cierto empaque. De noche tiene iluminación de colores, pero no coincidimos con eso. También pasamos por el Parque Municipal, que sirve sobre todo para descansar a la sombra en un día caluroso.



La tarde en la playa
Comimos cerca del paseo marítimo y volvimos a la playa por la tarde con toallas y protector solar. Pocas decisiones. El contraste con los dos días anteriores era completo: sin colas, sin ruido de atracciones, sin nada que gestionar. Nos quedamos hasta que el sol bajó y la luz cambió de color. Salou en ese momento, con poca gente y el cielo naranja sobre el agua, está bien.

Día 5. Regreso y reflexiones¶
El día de vuelta. Check-out del Hostal Montsant, mochilas recogidas, y un paseo corto por la playa antes de ir a la estación. A esa hora de la mañana la playa Llevant estaba prácticamente vacía. Lo aprovechamos para caminar un rato por la orilla sin prisas.


De vuelta a Barcelona
El tren desde Salou a Barcelona Sants funciona bien y el trayecto es cómodo. En el aeropuerto de El Prat teníamos tiempo antes del vuelo de Norwegian de las 20:20, así que lo usamos para tomar algo y repasar las fotos del viaje. El vuelo salió puntual, hora y veinte de vuelo, y aterrizamos en Bilbao a las 21:40.
El viaje había sido exactamente lo que era: dos días en un parque de atracciones más uno de playa, con la logística resuelta desde un hostal bien situado. Sin pretensiones de otra cosa, y sin que hiciera falta.

