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Ruta en coche por el Tirol y Salzburgerland en una semana
Innsbruck, la Großglocknerstraße, las cuevas de hielo, Hallstatt y los lagos del Salzkammergut en siete días de carreteras alpinas. El itinerario, las etapas realistas y los errores que conviene no cometer al volante en los Alpes.
La Austria que no es Viena¶
Hay dos Austrias muy distintas para el viajero y conviene no mezclarlas. Una es la imperial, la de Viena, con sus palacios, sus museos y su café con mármol. La otra es la alpina, la del oeste, y es un viaje completamente diferente: montaña, carretera, lagos, pueblos de madera y teleféricos.
Intentar juntar las dos en una semana es el error más común. Viena está a cuatro horas de Innsbruck y a tres de Salzburgo, y meterla en medio de una ruta alpina significa perder dos días en desplazamientos y ver ambas cosas a medias. Si tienes siete días, dedícalos a los Alpes. Viena merece su propio viaje.
Esta ruta recorre el Tirol y el estado de Salzburgo terminando en el Salzkammergut, y es la que yo haría hoy con lo que aprendí haciéndola.
Antes de arrancar: lo que hay que resolver¶
El coche. Lo lógico es volar a Innsbruck, Salzburgo o Múnich, que suele tener los vuelos más baratos y está a dos horas de Innsbruck, y alquilar allí. La ruta que propongo termina lejos del punto de partida, así que valora el recargo por devolución en otra ciudad frente a lo que te costaría volver.
La viñeta. Es obligatoria en autopistas y autovías austriacas y no se compra sobre la marcha en la carretera. La guía de conducir por Austria tiene el resto del sistema de peajes, incluidas las carreteras alpinas de pago que vas a usar en esta ruta. La de diez días cuesta 12,80 euros en 2026 y solo tres euros más que la de un día, así que es la compra evidente. Si la sacas digital por internet, revisa el plazo de activación antes de contar con ella. Y ten claro que la viñeta no cubre los túneles de peaje ni las carreteras alpinas privadas, que se pagan aparte y que en esta ruta suman bastante.
La temporada. Esto manda sobre todo lo demás. Las grandes carreteras alpinas solo abren de principios de mayo a principios de noviembre, y algunos teleféricos cierran por mantenimiento en primavera y otoño. La ventana buena es de junio a septiembre, con julio y agosto como los meses de más gente y más calor en los valles. Yo la hice a finales de agosto y el reparto de tiempo y temperatura fue muy bueno. La guía de cuándo viajar a Austria entra en el detalle mes a mes si tienes flexibilidad de fechas.
El cálculo de etapas. Aquí va el consejo que más se agradece: doscientos kilómetros alpinos no son dos horas, son un día. Las carreteras de montaña van encadenando curvas, hay tráfico lento y uno para constantemente porque el paisaje lo pide. Calcula al menos el doble del tiempo que te diga el navegador y no programes más de dos cosas grandes al día.
Días 1 y 2: Innsbruck y sus valles¶
Empieza por Innsbruck, que es la mejor base para la primera mitad del viaje y una ciudad que se ve entera en un día sin correr. El itinerario de un día en Innsbruck desarrolla esta jornada con tiempos y consejos.
El primer día, el casco antiguo medieval con el Tejadillo de Oro, la Hofkirche con el cenotafio de Maximiliano I y sus veintiocho estatuas de bronce a tamaño mayor que el natural, y la Maria-Theresien-Straße con esa vista de las montañas cerrando el fondo de la calle. A mediodía, la Hungerburgbahn de Zaha Hadid y los teleféricos que en veinte minutos te llevan del centro histórico a más de dos mil trescientos metros. Y la tarde para el trampolín de Bergisel, la otra obra de Hadid en la ciudad, o para el Schloss Ambras, ese castillo renacentista que alberga la cámara de las maravillas del archiduque Fernando II, uno de los primeros museos de Europa.
El segundo día, sal a los valles laterales con el coche. El Stubaital es un valle precioso de prados alpinos y arroyos donde se puede subir en teleférico al glaciar o simplemente caminar por la base, y Neustift es un pueblo tirolés de manual, con casas de madera, balcones cargados de flores y esas fachadas pintadas al fresco tan características.
Y no te saltes Hall in Tirol, a un cuarto de hora de Innsbruck. Fue durante siglos más importante que la propia capital gracias a sus minas de sal, tiene un casco antiguo espléndido y casi vacío de turistas, y en su torre de la ceca se acuñó el táler de plata, la moneda que acabó dando nombre al dólar.
Una lección aprendida a golpes: si el día amanece cubierto, no subas en teleférico. Pagar por asomarse a un muro de niebla es de las frustraciones más tontas de un viaje. Cambia el plan, haz una ruta por el fondo del valle y guarda la altura para cuando haya cielo.
Día 3: hacia el este por el Inn y el Achensee¶
Etapa de tránsito con paradas, hacia el estado de Salzburgo.
De camino, el mirador de Wiesing sobre el valle del Inn merece parar en el arcén, y desde Maurach sube el teleférico Rofanseilbahn hasta la zona de la Erfurter Hütte, con praderas de alta montaña y vistas de valles, lagos y cumbres nevadas a la vez. Cerca queda el Achensee, el lago más grande del Tirol.
Si tienes tiempo, las cataratas de Krimml, las más altas de Austria con sus casi cuatrocientos metros en tres saltos, quedan en esta dirección y merecen las dos horas largas que pide la subida a pie.
Termina la etapa en la zona de Mittersill o Zell am See, que es la base natural para el día siguiente. Si prefieres alargar un día más antes del Großglockner, Bad Gastein queda a un desvío razonable y es una de las paradas más singulares de todo el estado de Salzburgo: una cascada de más de trescientos metros atravesando un pueblo balneario de la Belle Époque.
Día 4: la Großglocknerstraße¶
El día grande del viaje y probablemente el más impresionante que se puede tener al volante en Europa. La guía práctica de la Großglockner Hochalpenstraße tiene todas las paradas, los precios y los horarios de temporada.
La Großglockner Hochalpenstraße son cuarenta y siete kilómetros con treinta y seis curvas de herradura desde Fusch, en Salzburgo, hasta Heiligenblut, en Carintia, cruzando el Parque Nacional Hohe Tauern. El paso del Hochtor está a 2.504 metros, el ramal de la Edelweißspitze sube hasta 2.572 y el mirador de la Kaiser-Franz-Josefs-Höhe queda a 2.369, frente al glaciar Pasterze y al Großglockner, la montaña más alta del país con sus 3.798 metros.
Es carretera privada y tiene peaje propio: 46,50 euros la entrada de día para coche en 2026, con tarifa reducida para eléctricos y un descuento notable si entras después de las seis de la tarde. Solo abre de principios de mayo a principios de noviembre y con horarios distintos según el mes, con la última entrada cuarenta y cinco minutos antes del cierre.
Reserva el día entero. Recorrerla sin parar son dos horas, pero eso sería absurdo: entre el Fuscher Törl, la Edelweißspitze, el centro de visitantes y algún paseo corto, la jornada se va completa. Lleva abrigo aunque salgas en manga corta y usa marchas cortas en la bajada.
Y detente en las marcas que señalan hasta dónde llegaba el glaciar hace diez, veinte y cincuenta años. Es la lección más contundente sobre cambio climático que vas a recibir en unas vacaciones.
Día 5: Eisriesenwelt y Werfen¶
Desde la zona de Salzburgo, en Werfen, están las Eisriesenwelt, las cuevas de hielo accesibles más grandes del mundo: más de cuarenta kilómetros de galerías, de los que se visita aproximadamente el primero. La guía de Eisriesenwelt entra en el detalle de horarios, reserva y qué llevar.
Para llegar hay que tomar un teleférico y después subir a pie unos veinte minutos por una cuesta considerable. Dentro, la temperatura ronda los cero grados incluso en pleno agosto, así que pasas de sudar a tiritar en cuestión de minutos: lleva abrigo, no es una recomendación de manual. La visita se hace con lámparas de carburo que el guía va encendiendo, y las formaciones aparecen ante ti a medida que avanzas: cascadas congeladas, columnas de varios metros, paredes de cristal. Frío, silencio y una oscuridad que solo existe lejos de cualquier ventana.
Solo abren en temporada, aproximadamente de mayo a octubre. Calcula media jornada larga contando desplazamiento, teleférico y caminata.
Un aviso desde la experiencia: no metas la Großglocknerstraße y Eisriesenwelt el mismo día. Yo lo hice y aunque fue una jornada memorable, acabé destrozado entre los brazos de las curvas y las piernas de la subida. Se puede, pero se paga.
Cerca queda además el castillo de Hohenwerfen, encaramado sobre una roca con exhibiciones de cetrería, si te sobra la tarde.
Día 6: Hallstatt y el Salzkammergut¶
Entra en el Salzkammergut, la región de lagos, y hazlo despacio, porque la mayoría de la gente la atraviesa a toda velocidad camino de una foto.
El Vorderer Gosausee es un lago de agua turquesa con el macizo del Dachstein reflejado al fondo, y a mi juicio es un paisaje más impresionante que el propio Hallstatt con una fracción de la gente.
Hallstatt hay que visitarlo, pero de otra manera. El pueblo tiene ochocientos habitantes y recibe entre diez mil y treinta mil visitantes al día en temporada, hasta el punto de que el ayuntamiento limita a cincuenta y cuatro los autocares diarios. La clave está en la hora: antes de las nueve o después de las cinco es literalmente otro sitio. Lo ideal es dormir allí, que te regala el pueblo entero al amanecer y al atardecer. Y no te saltes el osario del cementerio, con más de mil cráneos pintados con guirnaldas y nombres, que es la visita que menos gente hace y la que más se recuerda. La guía de cómo visitar Hallstatt va más allá de la foto de postal.
Completa la zona con Sankt Wolfgang, Strobl y Bad Ischl, la vieja ciudad balneario donde la corte imperial pasaba los veranos, todos ellos desarrollados en la guía del Salzkammergut.
Día 7: Salzburgo¶
Cierra el viaje en Salzburgo, que es una ciudad para caminar: el casco antiguo Patrimonio de la Humanidad, la Getreidegasse con la casa donde nació Mozart en 1756, la catedral y la Residenzplatz, los jardines del palacio de Mirabell y, arriba, la fortaleza de Hohensalzburg, a la que se sube en funicular y desde la que se ve la ciudad entera con los Alpes detrás. La guía de qué ver en Salzburgo explica por qué esta última jornada debería ser en realidad dos.
Yo tengo una deuda pendiente con Salzburgo: la visité con fiebre y la recuerdo entre brumas, así que si algún día vuelvo a esta ruta será para dedicarle los dos días que merece en lugar de uno.
Desde allí, el aeropuerto de Salzburgo está a diez minutos y Múnich a hora y media larga, así que el cierre logístico es sencillo.
Variantes según los días que tengas¶
Con cinco días, elimina el día de tránsito por el Achensee y acorta Innsbruck a una jornada: Innsbruck, Großglockner, Eisriesenwelt, Hallstatt y Salzburgo.
Con diez días, añade una parada en Carintia bajando desde Heiligenblut, con los lagos de Wörthersee y Millstätter, y súbele un día más a Salzburgo y otro al Salzkammergut, que es donde más se agradece la calma.
Y si viajas fuera de temporada, entre noviembre y abril, olvídate de esta ruta tal cual: las carreteras alpinas están cerradas. Ese es otro viaje distinto, el de la nieve, y pide otro planteamiento.