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El autobús 100E que conecta el aeropuerto de Budapest con el centro

Destinos · Hungría · Budapest

Cómo moverse por Budapest: abonos, metro y aeropuerto

El transporte público de Budapest es barato, denso y fácil de usar, pero tiene tres o cuatro trampas que pillan a casi todo el mundo: el autobús del aeropuerto que ningún abono cubre, el suplemento del tren de cercanías y la obligación de validar. Guía práctica para no pagar de más ni llevarte una multa.

Lectura de 9 minutos

Un sistema bueno, barato y con un par de trampas

Budapest tiene uno de los mejores sistemas de transporte público de Europa Central y, sobre todo, uno de los más baratos. Cuatro líneas de metro, una red de tranvías densísima, autobuses, trolebuses, trenes de cercanías y hasta barcos por el Danubio, todo bajo la misma autoridad, la BKK, y todo con el mismo sistema tarifario. Con la ciudad además bastante compacta, la combinación de caminar y coger algún transporte puntual resuelve cualquier itinerario turístico sin necesidad de taxis.

Dicho esto, el sistema tiene particularidades que conviene conocer antes de llegar, porque casi todas las quejas de los viajeros vienen de las mismas tres o cuatro cosas: que el autobús directo del aeropuerto no está incluido en ningún abono, que los abonos urbanos no cubren los trayectos fuera del término municipal, que hay que validar el billete físicamente y que los inspectores existen y trabajan. Con eso resuelto, moverse por Budapest es tan sencillo como parece.

Una aclaración previa que evita confusiones: no es lo mismo el abono de transporte, que se llama Budapest-travelcard y es un producto de la BKK, que la Budapest Card, que es la tarjeta turística e incluye transporte más descuentos en museos y atracciones. La segunda cuesta varias veces lo que la primera y solo compensa si vas a encadenar muchas visitas de pago. Para la mayoría de viajeros, el abono simple es la elección correcta.

Qué abono comprar según los días que estés

El billete sencillo ronda los 450 forintos, algo más de un euro, y vale para un trayecto sin transbordos salvo dentro de la red de metro. A partir de tres o cuatro desplazamientos diarios deja de tener sentido y conviene pasar a un abono por tiempo.

Las opciones son básicamente tres. El abono de veinticuatro horas cuesta unos 2.500 forintos, poco más de seis euros, y se amortiza desde el tercer viaje del día. El de setenta y dos horas ronda los 5.500 forintos, unos catorce euros, y es la opción evidente para una escapada de fin de semana largo o para tres días completos. Y existe un abono semanal para estancias más largas, además de opciones mensuales que ya solo tienen sentido para quien se queda a vivir. Todos ellos son válidos para metro, tranvía, autobús, trolebús y tren de cercanías dentro de los límites de la ciudad.

Un aviso derivado de mi propia experiencia: la oferta de abonos cambia sin previo aviso y no todos aparecen en todas las máquinas. En un viaje encontré que existía un abono de quince días que costaba apenas doscientos forintos más que el de tres, una ganga evidente, y cuando llegué a la máquina había desaparecido del menú. Si no encuentras la modalidad que esperabas, no pierdas media hora peleándote con la pantalla: compra la inmediatamente superior, porque la diferencia de precio suele ser irrelevante frente al tiempo perdido.

Se compran en las máquinas moradas que hay en todas las bocas de metro y en muchas paradas de tranvía, que aceptan tarjeta y tienen interfaz en inglés, o desde la aplicación BudapestGO, que además sirve para planificar rutas con horarios en tiempo real. La aplicación es la opción más cómoda si tienes datos, porque evita el papel y la validación física.

Validar, o cómo evitar una multa de cuarenta euros

Budapest no funciona con tornos de entrada y salida como Londres o Madrid. El sistema se basa en la validación previa y en la inspección posterior, y esa diferencia es la que pilla a los turistas.

Si compras un billete sencillo en papel, tienes que picarlo en la canceladora antes de acceder al andén del metro o nada más subir al tranvía o al autobús. Si compras un abono en papel, hay que validarlo una sola vez, la primera, para activarlo. Si lo compras en la aplicación, se activa desde el móvil. En ningún caso vale llevar el billete sin más en el bolsillo.

Los inspectores se colocan sistemáticamente en lo alto de las escaleras mecánicas de las estaciones de metro y suben con frecuencia a los tranvías más turísticos. La multa por viajar sin título válido está en 16.000 forintos, unos cuarenta euros, y no admiten explicaciones sobre la buena fe del viajero. Es una de esas cosas que solo hay que entender una vez.

Del aeropuerto al centro: las dos opciones y cuál elegir

El aeropuerto Ferenc Liszt está a unos veinte kilómetros al sureste del centro y hay dos maneras razonables de llegar en transporte público, con una diferencia de precio considerable.

La cómoda es el autobús 100E, que sale de la terminal y llega directo a la plaza Deák Ferenc, el nudo central donde confluyen tres líneas de metro, en unos cuarenta y cinco minutos. Funciona las veinticuatro horas. Y aquí está la trampa más conocida del sistema: el 100E exige un billete propio, que ronda los 2.500 forintos, y no está incluido en ningún abono, ni en el de veinticuatro horas, ni en el semanal, ni siquiera en la Budapest Card. Se compra en las máquinas de la parada o se paga con tarjeta en la canceladora al subir, que es lo más rápido.

La barata es la combinación del autobús 200E hasta el final de la línea M3 de metro y desde allí hasta el centro. Tarda algo más, obliga a un transbordo con maletas y no es tan directa, pero está íntegramente cubierta por cualquier abono urbano. La regla práctica es sencilla: si vas a comprar el abono nada más aterrizar, coge el 200E y el metro y te ahorras el coste del directo. Si llegas de madrugada, con mucho equipaje o sin ganas de complicaciones, paga el 100E y no lo pienses más.

Los taxis del aeropuerto funcionan con tarifa concertada y hay una parada oficial a la salida de la terminal. Es una opción legítima si viajáis varios y repartís el coste. Lo que no conviene es aceptar ofertas de conductores dentro de la terminal.

Metro, tranvías y las líneas que además son turismo

El metro tiene cuatro líneas y es rapidísimo, pero hay una que además es una atracción por sí misma. La M1, la línea amarilla, se inauguró en 1896, es la más antigua del continente europeo y la segunda del mundo después de Londres, y está declarada Patrimonio de la Humanidad. Los andenes miden apenas cincuenta metros, los techos son bajos y la decoración conserva el aire de finales del XIX. Recorre por debajo la avenida Andrássy desde el centro hasta la Plaza de los Héroes, así que la usarás igualmente. Hay un proyecto de reforma y ampliación en marcha, aunque todavía en fase preparatoria, así que de momento funciona con normalidad.

Entre los tranvías, el 2 merece mención aparte: recorre la orilla de Pest pegado al Danubio, con vistas al Parlamento, al Puente de las Cadenas y al castillo de Buda enfrente, y aparece habitualmente en las listas de trayectos urbanos más bonitos del mundo. Cuesta lo mismo que cualquier otro trayecto y es la manera más barata de hacer un tour panorámico. Los tranvías 4 y 6 recorren el gran bulevar y funcionan toda la noche, y el 47 y el 49 conectan el Mercado Central con el centro.

Para subir al barrio del castillo tienes el autobús 16 desde la plaza Deák Ferenc, incluido en el abono, y el funicular desde el puente de las Cadenas, que es bonito pero caro, dura dos minutos y no está cubierto por ningún abono. Salvo que te haga especial ilusión, el autobús cumple perfectamente.

En los meses cálidos, la BKK opera además unas líneas de barco por el Danubio que están incluidas en los abonos urbanos. Son transporte público, no crucero turístico, pero recorren el río con las mismas vistas que pagarías en una excursión. Es uno de los mejores trucos de la ciudad.

Salir de la ciudad: el suplemento de cercanías

Los trenes suburbanos, los HÉV, entran en el abono urbano pero solo dentro del término municipal. En cuanto cruzas ese límite necesitas un billete suplementario que se compra aparte y que hay que llevar encima además del abono.

El caso más frecuente es la línea H5, que va desde Batthyány tér hasta Szentendre: el abono cubre hasta Békásmegyer y el resto del trayecto se paga aparte. Lo mismo ocurre con la H8 hacia Gödöllő. El suplemento es barato, unos cientos de forintos, pero los revisores lo comprueban y la multa es la misma que por no llevar billete. Es, con diferencia, el error más común entre quienes hacen la excursión a Szentendre confiados en su abono de tres días.

Cuatro consejos finales

El primero, sobre el dinero: Hungría mantiene el forinto pese a pertenecer a la Unión Europea, y aunque prácticamente todo se paga con tarjeta, incluidas las máquinas de billetes y los autobuses del aeropuerto, conviene rechazar siempre la conversión a euros que ofrecen los cajeros y datáfonos en pantalla, porque el tipo de cambio que aplican es malo.

El segundo, sobre el calzado y las distancias: Budapest es más caminable de lo que parece en el plano. El centro de Pest, el barrio judío y la orilla del río se recorren perfectamente a pie, y muchos trayectos que resolverías con transporte se hacen antes andando. El transporte gana desde el momento en que hay que subir a Buda o cruzar hacia el parque de la ciudad.

El tercero, sobre la noche: la red nocturna de autobuses es amplia y fiable, y las líneas van marcadas con números de la serie 900. Los abonos son válidos también de noche.

Y el cuarto, sobre los taxis: en Budapest no se para un taxi levantando la mano en la calle, o al menos no es lo habitual ni lo recomendable. Se piden por aplicación o por teléfono, con Bolt y las compañías oficiales como opciones normales. Dicho esto, con este sistema de transporte y esta ciudad, es muy probable que no necesites ninguno en todo el viaje.