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El gran auditorio al aire libre de Mežaparks

Destinos · Letonia · Riga

Mežaparks: el bosque, la ciudad jardín y el escenario donde Letonia cantó su independencia

El bosque, la ciudad jardín de 1901 y el escenario donde Letonia cantó su independencia.

Lectura de 7 minutos

A veinte minutos en tranvía del centro de Riga hay un sitio que reúne cosas que normalmente no van juntas: un bosque de pinos de varios cientos de hectáreas, uno de los primeros barrios de ciudad jardín de Europa, un zoológico centenario, una playa de lago y el auditorio al aire libre donde se celebra la tradición cultural más importante del país.

Se llama Mežaparks, que significa literalmente parque del bosque, y es de esos lugares que casi ningún visitante pisa y que la gente de Riga usa constantemente. Esta es una guía de qué es, qué se ve y por qué merece la pena.

Una ciudad jardín de 1901

El origen de Mežaparks es un experimento urbanístico y tiene fecha muy concreta.

A comienzos del siglo XX, Riga vivía un crecimiento explosivo como puerto del Imperio Ruso. La ciudad se llenaba de edificios de vivienda densa —los que hoy forman el conjunto art nouveau del centro— y una parte de la burguesía quiso lo contrario: casas unifamiliares con jardín, en un entorno de bosque, a distancia cómoda del centro.

En 1901 se puso en marcha el proyecto en un pinar situado al norte de la ciudad, en la orilla del lago Ķīšezers. El barrio se llamó entonces Kaiserwald, el bosque del emperador, y se planificó siguiendo el modelo de ciudad jardín que Ebenezer Howard había formulado pocos años antes en Inglaterra: parcelas amplias, calles curvas adaptadas al terreno, densidad baja y arbolado conservado.

Es, junto con algunos suburbios alemanes y británicos, uno de los ejemplos más tempranos de ese modelo en Europa, y probablemente el más antiguo del este del continente.

Las villas

Lo que se conserva es un conjunto residencial notable de villas de madera y piedra construidas entre 1901 y los años treinta, muchas de ellas en clave jugendstil o de romanticismo nacional letón: cubiertas inclinadas, miradores, galerías acristaladas, carpintería trabajada y materiales naturales.

Pasear por las calles residenciales del barrio es una experiencia arquitectónica en sí misma y no aparece en ninguna guía. Las casas están en estados dispares —algunas restauradas con mimo, otras esperando su turno— y conviven con obra nueva de calidad desigual.

Es una zona residencial en uso, así que el paseo se hace con la discreción que corresponde.

El gran escenario del Festival de la Canción

Dentro del parque está el elemento con más carga simbólica de todo el conjunto: la Lielā estrāde, la gran concha acústica donde se celebra el Festival de la Canción y la Danza de Letonia.

Qué es el festival

Se celebra desde 1873, cada cinco años, y es la manifestación cultural central del país. Reúne a decenas de miles de cantores procedentes de coros de toda Letonia, que actúan juntos sobre un mismo escenario ante públicos de decenas de miles de personas más.

La tradición está reconocida por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial, junto con los festivales equivalentes de Estonia y Lituania.

No es folclore decorativo. En un país que durante setecientos años estuvo gobernado por élites que hablaban otro idioma, y donde la identidad nacional no pudo construirse desde el Estado porque no había Estado, la canción popular fue el soporte de esa identidad. El corpus de dainas letonas recopilado en el siglo XIX supera el millón de composiciones.

El escenario y la independencia

Y esa tradición acabó teniendo un papel político directo. A finales de los años ochenta, con la apertura de Gorbachov, las reuniones masivas para cantar repertorio patriótico se convirtieron en la forma característica de protesta en los tres países bálticos, hasta el punto de que a todo el proceso se lo conoce como la Revolución Cantada.

Aquí, en este recinto, cantaron decenas de miles de personas en los años que precedieron a la declaración de independencia de 1990.

El escenario se renovó por completo hace pocos años y hoy es una estructura moderna de gran tamaño, con las gradas subiendo entre los pinos. Fuera de los días de festival está vacío y silencioso, y visitarlo así, con el bosque alrededor y la escala del sitio a la vista, tiene bastante más significado del que sugiere a primera vista.

Una nota histórica que conviene conocer

Hay una parte de la historia de este lugar que no aparece en los folletos y que merece mencionarse.

Durante la ocupación nazi, en 1943, se estableció en esta zona el campo de concentración de Kaiserwald, que tomó el nombre alemán del barrio. Por él pasaron los supervivientes del gueto de Riga y prisioneros judíos deportados desde Lituania, Hungría y otros países. Fue evacuado en 1944 ante el avance del Ejército Rojo. La historia de Letonia recoge el resto de esa etapa.

No queda prácticamente nada visible sobre el terreno, pero saberlo cambia la manera de recorrer el sitio. En este país, la capa amable y la capa terrible del siglo XX suelen ocupar exactamente el mismo espacio físico.

Qué más hay en el parque

El zoológico de Riga

Fundado en 1912, ocupa una parte del parque junto al lago. Es de los zoos más antiguos de la región y tiene entrada de pago independiente.

Nosotros no entramos, pero está bien situado y es una opción evidente si viajas con niños.

El bosque y las zonas de aventura

El parque es enorme, de varios cientos de hectáreas, y no se recorre entero ni queriendo. Hay pinar, praderas, caminos asfaltados y senderos de tierra, zonas de juegos, pistas deportivas y un parque de aventura con circuitos de cuerdas y tirolinas entre los árboles.

Es, sobre todo, un espacio de uso cotidiano: gente corriendo, familias en bicicleta, grupos de amigos con la manta puesta en el césped.

La playa del lago Ķīšezers

Siguiendo hacia el este se llega a la orilla del lago, donde hay una zona de baño con arena, servicios y bar. En verano se llena de gente local.

Continuando por el borde del agua se alcanza un embarcadero desde el que se ve el lago abierto y la otra orilla. El paseo entre la playa y el embarcadero es uno de los tramos más bonitos del parque.

Cómo visitarlo

Cómo llegar

En tranvía desde el centro de Riga, unos veinte minutos. La línea deja en la entrada del parque, junto al zoo.

Si tienes abono de transporte, el desplazamiento no cuesta nada adicional, y esa es una razón más para incluirlo en la visita.

Cuánto tiempo

Con dos o tres horas se ve una parte razonable: el escenario del festival, un tramo de bosque, las calles residenciales y la orilla del lago. El parque entero necesitaría un día completo.

Cuándo ir

Con buen tiempo, obviamente. Es un espacio íntegramente al aire libre.

Dicho lo cual, un aviso práctico nacido de la experiencia: si el pronóstico da chubascos, ten localizados los bares del parque antes de internarte. Las distancias son largas, no hay dónde resguardarse en muchos tramos y un aguacero te puede dejar media hora larga bajo la sombrilla de una terraza esperando a que escampe. Que tampoco es la peor manera de pasar media hora junto a un lago, todo sea dicho.

Qué llevar

Calzado cómodo, agua y algo de picar. Repelente de insectos en verano, porque cerca del agua hay mosquitos. Y bañador si te apetece el lago.

Por qué merece la pena

Riga tiene un casco antiguo hanseático y el mayor conjunto art nouveau del mundo. Con eso llena dos días y la mayoría de los visitantes se van sin ver nada más.

Mežaparks es lo contrario de todo eso. No hay monumentos, no hay entradas, no hay colas y no hay un solo grupo turístico. Hay una ciudad jardín centenaria que casi nadie sabe que existe, un bosque enorme, un lago con playa y un auditorio vacío donde un país entero cantó hasta recuperar su Estado.

Es de esos sitios que te hacen envidiar a la gente que vive en la ciudad. Y esa, para mí, es la mejor señal de que un lugar merece la visita.

Está incluido en nuestros itinerarios de dos días y tres días por Riga, y le dedico también unas líneas dentro de la guía de la Riga que no sale en las guías.