
Qué ver en Riga en 2 días: casco medieval, art nouveau y la otra orilla
Vecrīga y el modernismo el primer día; mercados, la otra orilla del Daugava y Mežaparks, el segundo.
Riga es la mayor de las tres capitales bálticas y la que más se resiste a una visita corta. Su centro histórico es más extenso que el de Vilna o Tallin, su escala es claramente más urbana y, además del casco medieval, guarda la mayor concentración de arquitectura art nouveau de Europa.
Dos días permiten recorrerla sin agobios y, sobre todo, salir de Vecrīga, que es donde la ciudad se vuelve interesante de verdad. Este itinerario dedica la primera jornada al casco antiguo y al modernismo y la segunda a la Riga que casi nadie visita. Si de verdad solo tienes una jornada, la ruta esencial de un día prioriza lo imprescindible.
Antes de empezar¶
Cómo moverse
El casco antiguo y el barrio modernista se recorren a pie sin problema. Para la segunda jornada conviene usar el transporte público, porque Mežaparks, la Biblioteca Nacional y los mercados quedan repartidos por la periferia del centro.
Riga tiene una red densa de tranvías, trolebuses y autobuses. Se usa una tarjeta electrónica recargable que se compra en quioscos y máquinas, con billetes sueltos o abonos por días. Para dos jornadas, un abono suele compensar.
Qué llevar
Calzado cómodo y una capa de abrigo aunque viajes en pleno verano. Y un impermeable ligero, porque en Riga es habitual que llueva a ratos y escampe varias veces en la misma jornada.
Dónde alojarse
El casco antiguo es cómodo pero caro y bastante ruidoso por la noche. El centro nuevo, en la zona de las calles Čaka, Barona o Tērbatas, ofrece precios claramente mejores, queda a diez o quince minutos andando de Vecrīga y tiene el ambiente de un barrio real.
Día 1. Vecrīga y el barrio modernista¶
La mañana en la calle Alberta
Empieza por el barrio modernista, que es lo que distingue a Riga de cualquier otra ciudad báltica y donde la luz de la mañana funciona mejor.
Alrededor de un tercio de los edificios del centro pertenecen al art nouveau, fruto del crecimiento explosivo de la ciudad entre 1890 y 1914, cuando Riga era uno de los puertos más importantes del Imperio Ruso.
El epicentro es Alberta iela: fachadas cubiertas de rostros gigantescos, esfinges, máscaras, figuras femeninas y motivos vegetales, muchas de ellas obra de Mijaíl Eisenstein, padre del cineasta. El conjunto sigue por Elizabetes y Strēlnieku. Con dos días puedes permitirte entrar al museo del art nouveau, instalado en un apartamento de época, para ver también los interiores.
El Monumento a la Libertad y Bastejkalns
Baja hacia el centro hasta el Monumento a la Libertad, una columna de más de cuarenta metros coronada por una figura femenina que sostiene tres estrellas, las tres regiones históricas del país. Se levantó en 1935 con donaciones populares y sobrevivió a toda la etapa soviética.
Detrás está el parque de Bastejkalns, atravesado por un canal que sigue el trazado del antiguo foso defensivo, con barcas, puentes y paseos arbolados. Es la mejor manera de entrar en el casco antiguo.
La ciudad vieja
Entra por la calle Smilšu y dedica la tarde a Vecrīga.
La torre de la Pólvora es el único torreón que queda de las murallas medievales y alberga el Museo de la Guerra de Letonia, gratuito y muy bien montado, con un recorrido excelente por el siglo XX letón: los fusileros, la guerra de independencia, las dos ocupaciones y 1991.
Sigue por Aldaru hasta la Puerta Sueca, el único acceso original que se conserva, y por Mazā Pils hasta los Tres Hermanos, tres casas medievales adosadas que muestran la evolución de la arquitectura doméstica entre los siglos XV y XVII.
Desemboca en Doma laukums, la plaza de la Catedral, con la iglesia medieval más grande de los países bálticos. Y sigue hasta la plaza del Ayuntamiento, donde está la casa de los Cabezas Negras, sede de una cofradía de comerciantes solteros, con una fachada gremial extraordinaria que en realidad es una reconstrucción de los años noventa: el edificio original fue destruido en la guerra y arrasado después.
Detrás de la iglesia de San Pedro, en la calle Skārņu, no te pierdas la escultura de los músicos de Bremen, regalo de la ciudad alemana en 1990, donde los animales no espían el festín de los ladrones sino que se asoman a través del telón de acero.
San Pedro al atardecer
Termina subiendo a la torre de la iglesia de San Pedro, cuya aguja de 123 metros domina el perfil de la ciudad. Hay ascensor hasta un mirador desde el que se ve Vecrīga entera, el Daugava, el mercado central y la Academia de Ciencias.
Con dos días, colócalo al final de la tarde, con la luz baja.
Día 2. Mercados, la otra orilla y Mežaparks¶
El mercado central
Empieza temprano por el mercado central, a diez minutos andando del casco antiguo, porque cierra a media tarde y hay que verlo con vida.
Es uno de los mercados más grandes de Europa y ocupa cinco pabellones gigantescos que en origen fueron hangares de zepelines del ejército alemán, desmontados tras la Primera Guerra Mundial y reensamblados aquí en los años treinta. Cada pabellón está dedicado a un producto y el ambiente es el de un mercado real, con clientela local y precios de barrio.
Alrededor se extiende Spīķeri, la antigua zona de almacenes de ladrillo rojo junto al canal, hoy rehabilitada como zona cultural, y enfrente se levanta la Academia de Ciencias, el rascacielos estalinista conocido como la Tarta de Cumpleaños de Stalin.
Cruzar el Daugava
Cruza después el río por el puente Vanšu, el atirantado que une el centro con la isla de Ķīpsala.
Ver Riga desde la otra orilla cambia por completo la percepción de la ciudad. Desde aquí se aprecia el perfil entero: la aguja de San Pedro, la catedral, el castillo, la Academia de Ciencias, y la anchura enorme del Daugava, que en este tramo es un río de escala casi marítima.
Pasea por Klīversala y Āgenskalns, en la orilla izquierda, una parte de la ciudad completamente ajena al circuito turístico y muy interesante justamente por contraste.
La Biblioteca Nacional
En esa misma orilla está la Biblioteca Nacional de Letonia, obra del arquitecto letón-estadounidense Gunnar Birkerts e inaugurada en 2014.
Se la conoce como el Castillo de la Luz: una mole asimétrica de vidrio y acero cuyo perfil evoca a la vez una montaña y una ola, y que en el imaginario letón está ligada a una vieja leyenda sobre un castillo hundido que emergería cuando el pueblo recuperase su libertad.
El interior, con su gran atrio de varias alturas, es lo mejor del edificio y es visitable en horario de apertura. Comprueba los horarios antes de ir, porque cierra pronto y en verano tiene jornada reducida.
Kalnciema y las casas de madera
Muy cerca, en el barrio de Kalnciema, se conserva uno de los mejores conjuntos de arquitectura doméstica en madera de la ciudad, con casas restauradas de los siglos XVIII y XIX. Los fines de semana hay mercado de productores.
Es la Riga que casi ningún visitante ve y una de las zonas más agradables para pasear. La guía de la Riga que no sale en las guías recorre esta orilla con más calma.
Mežaparks
Si el tiempo acompaña, vuelve a cruzar el río y coge el tranvía hacia el norte, hasta Mežaparks.
Es un parque enorme y a la vez un barrio: fue una de las primeras ciudades jardín de Europa, planificada a principios del siglo XX siguiendo el modelo británico, con villas de madera entre pinos y calles curvas. El parque público que lo acompaña tiene bosque, praderas, zonas de aventura y un gran auditorio al aire libre donde se celebra el Festival de la Canción letón. La guía completa de Mežaparks cuenta su historia entera.
Llega hasta la orilla del lago Ķīšezers, donde hay una zona de playa con arena y embarcaderos. Es un espacio pensado íntegramente para el disfrute de los vecinos, sin una sola concesión al turismo, y es de lo mejor de Riga.
Alternativas si llueve¶
Riga tiene lluvia con frecuencia y conviene tener plan B.
El mercado central resuelve varias horas bajo techo. El Museo de la Guerra, en la torre de la Pólvora, es gratuito y extenso. El mercado de Vidzeme, en la calle Brīvības, es un edificio de ladrillo imponente y mucho menos conocido que el central. Y el museo de la Ocupación de Letonia, junto a la plaza del Ayuntamiento, es una visita seria que exige tiempo.
Y si tienes un tercer día¶
La excursión clásica es Sigulda, en el valle del Gauja, a poco más de una hora en tren y por unos cinco euros ida y vuelta.
Al otro lado del valle está Turaida, que no es solo un castillo de ladrillo rojo del siglo XIII sino un conjunto enorme con edificaciones anexas, una iglesia de madera y el Dainu kalns, un parque de esculturas dedicado a las canciones populares letonas. Es una excursión completamente distinta de todo lo que se ve en la ciudad y de lo más recomendable del país. La guía completa de Sigulda y Turaida explica cómo organizar el día, igual que el itinerario de tres días por Riga.