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El castillo de Turaida, de ladrillo rojo

Destinos · Letonia · Riga

Qué ver en Riga en 3 días: la ciudad a fondo más una excursión al valle del Gauja

Dos días de ciudad a fondo y un tercero para el valle del Gauja: Sigulda y el conjunto de Turaida.

Lectura de 8 minutos

Riga es la mayor de las capitales bálticas y la que mejor recompensa una estancia larga. Con un día se ve el casco antiguo, con dos aparecen los mercados y la otra orilla del Daugava, y con tres da tiempo a salir de la ciudad hacia el valle del Gauja, que es donde está el paisaje más bonito de Letonia.

Este itinerario dedica las dos primeras jornadas a la ciudad y la tercera a la excursión a Sigulda y Turaida.

Antes de empezar

Transporte

El casco antiguo y el barrio modernista se recorren a pie. Para el resto, Riga tiene una red densa de tranvías, trolebuses y autobuses, con tarjeta electrónica recargable que se compra en quioscos y máquinas. Para tres días, saca abono el primer día.

Las estaciones de tren y de autobuses están juntas, junto al mercado central, lo que resulta muy práctico para la excursión del tercer día.

Dónde alojarse

El casco antiguo es cómodo, caro y ruidoso de noche. El centro nuevo, en la zona de Čaka, Barona o Tērbatas, sale claramente mejor de precio, queda a diez o quince minutos andando de Vecrīga y tiene ambiente de barrio real.

Qué llevar

Capa de abrigo e impermeable ligero incluso en julio. Y calzado cómodo: Riga es llana pero grande, y estos tres días suman bastantes kilómetros.

Día 1. Vecrīga y el modernismo

La mañana en el barrio art nouveau

Empieza por Alberta iela, el epicentro del mayor conjunto de arquitectura art nouveau de Europa. Alrededor de un tercio de los edificios del centro de Riga pertenecen a este estilo, fruto del crecimiento explosivo de la ciudad entre 1890 y 1914.

Las fachadas están cubiertas de rostros gigantescos, esfinges, máscaras, figuras femeninas y motivos vegetales, muchas obra de Mijaíl Eisenstein, padre del cineasta Serguéi. El conjunto continúa por Elizabetes y Strēlnieku.

Con tres días, entra al museo del art nouveau, instalado en un apartamento de época, que permite ver también los interiores y entender cómo se vivía en estos edificios.

El Monumento a la Libertad y el parque

Baja hasta el Monumento a la Libertad, columna de más de cuarenta metros coronada por una figura femenina con tres estrellas que representan las tres regiones históricas del país, levantada en 1935 con donaciones populares y superviviente de toda la etapa soviética.

Detrás está el parque de Bastejkalns, con su canal siguiendo el trazado del antiguo foso defensivo.

La ciudad vieja

Dedica la tarde a Vecrīga. La torre de la Pólvora y el Museo de la Guerra, gratuito. La Puerta Sueca. Los Tres Hermanos, en la calle Mazā Pils. La plaza de la Catedral. La casa de los Cabezas Negras, reconstruida en los años noventa sobre el edificio destruido en la guerra. Y, detrás de la iglesia de San Pedro, la escultura de los músicos de Bremen, regalo de la ciudad alemana en 1990, donde los animales se asoman a través del telón de acero en lugar de espiar el festín de los ladrones.

Termina subiendo a la torre de San Pedro al final de la tarde, con la luz baja.

Con tres días caben además dos visitas que en itinerarios cortos se quedan fuera: el castillo de Riga, junto al río, y el museo de la Ocupación de Letonia, junto a la plaza del Ayuntamiento, que es la visita histórica más importante de la ciudad.

Día 2. Mercados, la otra orilla y Mežaparks

El mercado central

Empieza temprano en el mercado central, porque cierra a media tarde. Ocupa cinco pabellones que en origen fueron hangares de zepelines del ejército alemán, desmontados tras la Primera Guerra Mundial y reensamblados aquí en los años treinta. Es uno de los mercados más grandes de Europa y tiene ambiente de mercado real.

Alrededor, la zona de almacenes de ladrillo de Spīķeri y, enfrente, la Academia de Ciencias, el rascacielos estalinista conocido como la Tarta de Cumpleaños de Stalin.

Cruzar el Daugava

Cruza por el puente Vanšu hacia la isla de Ķīpsala. Desde la otra orilla se ve el perfil completo de la ciudad y la anchura enorme del río, que aquí tiene escala casi marítima.

Pasea por Klīversala y Āgenskalns, ajenos por completo al circuito turístico, y visita la Biblioteca Nacional de Letonia, el Castillo de la Luz de Gunnar Birkerts, inaugurado en 2014. El atrio interior es lo mejor del edificio.

Muy cerca, el barrio de Kalnciema conserva uno de los mejores conjuntos de casas de madera de la ciudad, con mercado de productores los fines de semana.

Mežaparks

Por la tarde, tranvía hacia el norte hasta Mežaparks: parque forestal y barrio a la vez, una de las primeras ciudades jardín de Europa, con villas de madera entre pinos y calles curvas.

El parque tiene bosque, praderas, zonas de aventura con circuitos de cuerdas y el gran auditorio al aire libre donde se celebra el Festival de la Canción letón, esa tradición coral masiva que fue el motor de la Revolución Cantada de finales de los ochenta.

Llega hasta la orilla del lago Ķīšezers, con su zona de playa y sus embarcaderos. Es un espacio pensado enteramente para los vecinos y de lo mejor de la ciudad.

Con tres días puedes rematar el día en el mercado de Vidzeme, en la calle Brīvības, un edificio de ladrillo imponente y mucho menos conocido que el central.

Día 3. Sigulda y Turaida

Cómo llegar

El tren a Sigulda tarda poco más de una hora desde Riga y los billetes cuestan alrededor de dos euros y medio por persona y trayecto. Sale de la estación central, junto al mercado.

Sigulda está en el corazón del Parque Nacional del Gauja, una zona de valles boscosos y afloramientos de arenisca roja que en Letonia llaman la Suiza de Vidzeme.

Llegar a Turaida

El castillo de Turaida está al otro lado del valle. Hay autobús desde la estación de Sigulda, pero conviene comprobar los horarios con cuidado, porque las frecuencias son bajas y una espera de dos horas se come media excursión.

La alternativa práctica es pedir un VTC, que por un trayecto de diez minutos cuesta menos de siete euros para dos personas. Es una decisión que recomiendo tener en la manga en todo el Báltico. La guía completa de Sigulda y Turaida tiene el resto de la logística y todo lo que hay que ver en el conjunto.

Turaida no es solo un castillo

Y aquí llega la sorpresa. Turaida no es un castillo, es un conjunto entero.

La fortaleza de ladrillo rojo fue construida en 1214 por el obispo de Riga sobre una colina que domina el valle del Gauja. Su torre principal, cilíndrica y de casi treinta metros, se puede subir para tener una panorámica extraordinaria. Pero el recinto tiene además un montón de edificaciones anexas visitables, con exposiciones sobre la historia de la región y sobre los livonios, el pueblo fino-úgrico que habitaba la zona antes de la conquista alemana.

Alrededor se extiende una reserva-museo con la iglesia de madera de Turaida, del siglo XVIII, y sobre todo el Dainu kalns, la Colina de las Canciones: un parque de esculturas dedicado a las dainas, las canciones populares letonas, con figuras de piedra repartidas entre los árboles. Es un espacio precioso y muy poco convencional en el que se puede pasar una hora larga sin darse cuenta.

En la zona está también la cueva de Gūtmanis, la mayor gruta natural del país, ligada a la leyenda de la Rosa de Turaida, una historia trágica de amor del siglo XVII que aquí conoce todo el mundo.

Calcula al menos cuatro o cinco horas para el conjunto.

Sigulda

Si te sobra tiempo, Sigulda tiene su propio castillo medieval en ruinas, un teleférico que cruza el valle del Gauja y una pista de bobsleigh construida en época soviética que se puede visitar y, en temporada, bajar.

La vuelta

Hay minibús que enlaza Turaida con la estación de Sigulda, y desde allí tren de vuelta a Riga. Con salir a media mañana y volver a última hora de la tarde, la excursión se resuelve sin prisas.

Si te sobra tiempo en la ciudad

Con tres días Riga queda bien cubierta, pero quedan cosas.

El Museo Etnográfico al aire libre, a orillas del lago Jugla, reúne más de un centenar de construcciones rurales tradicionales trasladadas desde todo el país. La playa de Jūrmala, la gran zona balnearia letona, está a media hora en tren y tiene un conjunto notable de arquitectura en madera. Y el barrio de Miera iela, al norte del centro, es la zona más alternativa y menos turística de Riga.

Tres días dan para todo lo esencial y para irse con la sensación de haber entendido una ciudad que a mucha gente le pasa desapercibida entre sus dos vecinas más fotogénicas.