
Qué ver en Riga en 1 día: la ruta esencial por Vecrīga y el modernismo
El barrio modernista por la mañana y Vecrīga por la tarde: la ruta esencial para quien solo tiene un día.
Riga es la mayor de las tres capitales bálticas y la que más cuesta abarcar. Su centro histórico es más extenso que el de Vilna o Tallin, tiene una escala claramente más urbana y, además del casco medieval, guarda la mayor concentración de arquitectura art nouveau de Europa.
Con un solo día no se ve todo, pero sí se puede recorrer un itinerario muy completo que combine las dos caras esenciales de la ciudad: la Riga hanseática y la Riga modernista. Esta guía propone esa ruta, entera a pie.
Antes de empezar¶
Cómo organizar el día
Son unos siete kilómetros repartidos a lo largo de la jornada, todos llanos. Riga no tiene cuestas.
Empieza temprano por el barrio modernista, que es lo que más gente deja para el final y donde la luz de la mañana funciona mejor sobre las fachadas. Deja el casco antiguo para el resto del día, porque tiene más oferta de comida y más vida por la tarde.
Calzado cómodo y una capa de abrigo aunque viajes en julio: en el Báltico el tiempo cambia varias veces al día y suele llover a ratos.
Cuánto cuesta
El recorrido es casi gratuito. El barrio modernista es una calle, el casco antiguo se recorre libremente, el mercado central es de entrada libre y el Museo de la Guerra, en la torre de la Pólvora, no cobra entrada.
El único gasto opcional relevante es la subida a la torre de la iglesia de San Pedro, que ronda los nueve euros.
Mañana: el barrio modernista¶
La mayor concentración de art nouveau de Europa
Empieza el día por lo que probablemente sea el mayor tesoro arquitectónico de Riga y lo que la distingue de cualquier otra ciudad báltica.
Alrededor de un tercio de los edificios del centro pertenecen al estilo art nouveau, fruto de un momento de crecimiento económico explosivo entre 1890 y 1914, cuando Riga era uno de los puertos más importantes del Imperio Ruso y se construía a un ritmo frenético. La guía completa del barrio modernista explica por qué existe este conjunto y qué mirar en cada fachada.
La calle Alberta
El epicentro está en Alberta iela, y es sencillamente impresionante. Fachadas cubiertas de rostros gigantescos, esfinges, máscaras, figuras femeninas, motivos vegetales, remates escalonados y una imaginación desbordada en cada centímetro de piedra.
Muchos de los edificios más espectaculares son obra de Mijaíl Eisenstein —padre del cineasta Serguéi Eisenstein—, que llevó el estilo hasta un exceso decorativo que resulta magnífico precisamente por lo poco que se contiene.
Camina despacio y mira hacia arriba, porque lo mejor está en las plantas altas y en los remates. En la misma calle hay un museo del art nouveau, instalado en un apartamento de época, para quien quiera ver también los interiores.
Elizabetes y Strēlnieku
El conjunto continúa por las calles Elizabetes y Strēlnieku, que salen de Alberta y mantienen el nivel. Es una de esas visitas en las que el monumento es la calle entera y no hay nada que pagar.
Mediodía: del parque a la ciudad vieja¶
El Monumento a la Libertad
Baja hacia el centro y llegarás al Monumento a la Libertad, la pieza simbólica fundamental del país: una columna de más de cuarenta metros coronada por una figura femenina que sostiene tres estrellas, las tres regiones históricas de Letonia.
Se levantó en 1935 con donaciones populares y, sorprendentemente, sobrevivió a toda la etapa soviética. Hay guardia de honor y cambio de guardia a horas fijas.
El parque de Bastejkalns
Justo detrás se extiende Bastejkalns, un jardín precioso atravesado por un canal que sigue el trazado del antiguo foso defensivo. Hay barquitas, puentes, paseos arbolados y una colina artificial con vistas.
Es la manera más agradable de pasar del centro nuevo al casco antiguo, y merece la pena hacerla despacio.
Tarde: Vecrīga, el casco antiguo¶
La torre de la Pólvora
Entra en Vecrīga por la calle Smilšu y la primera parada es la torre de la Pólvora, el único torreón que se conserva de las murallas medievales de Riga: un cilindro macizo de piedra de casi treinta metros que ha sido depósito de pólvora, prisión y sala de fiestas de una fraternidad estudiantil.
Hoy alberga el Museo de la Guerra de Letonia, que es gratuito y está muy bien montado. Recorre la historia militar del país con especial detalle en el siglo XX: los fusileros letones, la guerra de independencia, las dos ocupaciones, la resistencia partisana y la recuperación de la independencia en 1991. Con un solo día, si vas justo, al menos asómate.
La Puerta Sueca y los Tres Hermanos
Sigue por la calle Aldaru hasta la Puerta Sueca, el único acceso original de la muralla que sigue en pie, un arco abierto en la planta baja de una casa del siglo XVII por el que todavía se pasa a pie.
Un poco más allá, en la calle Mazā Pils, están los Tres Hermanos: tres casas medievales adosadas que son los edificios residenciales más antiguos de la ciudad y que muestran, una junto a otra, la evolución de la arquitectura doméstica de Riga entre los siglos XV y XVII.
La plaza de la Catedral
Desemboca después en Doma laukums, la plaza de la Catedral, el gran espacio abierto del casco antiguo, presidido por la catedral de Riga, la iglesia medieval más grande de los países bálticos, con su mezcla de románico, gótico y barroco acumulada a lo largo de ocho siglos de reformas.
La plaza está llena de terrazas y es el punto de encuentro natural del barrio.
La casa de los Cabezas Negras
En la plaza del Ayuntamiento está uno de los edificios más fotografiados de Riga: la casa de los Cabezas Negras, sede de una cofradía de comerciantes solteros, con una fachada gremial de una riqueza extraordinaria.
Conviene saber que lo que se ve es una reconstrucción. El edificio original fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial y arrasado después por las autoridades soviéticas, y se reconstruyó por completo a finales de los años noventa.
Los músicos de Bremen
Justo detrás de la iglesia de San Pedro, en la calle Skārņu, hay una escultura que a cualquiera que creciera en la España de los ochenta le va a provocar un cortocircuito inmediato: el burro, el perro, el gato y el gallo subidos uno encima de otro. Los músicos de Bremen, que aquí conocemos sobre todo por la serie de dibujos animados Los Trotamúsicos.
Es obra de la artista alemana Christa Baumgärtel y fue un regalo de la ciudad de Bremen, hermanada con Riga, en 1990. Y tiene una lectura que conviene conocer: aquí los animales no están espiando el festín de los ladrones, como en el cuento de los Grimm, sino asomándose a través del telón de acero. La pieza se concibió con intención política explícita, en plena perestroika y a las puertas de la independencia letona.
La tradición dice que frotar los hocicos trae suerte, y que cuanto más arriba llegues, mejor. Se nota perfectamente cuáles están más pulidos.
La iglesia de San Pedro
La aguja de San Pedro, de 123 metros, domina el perfil de Riga. La torre actual es una reconstrucción en acero de los años setenta, porque la original ardió durante la Segunda Guerra Mundial, y tiene ascensor hasta un mirador desde el que se ve todo: los tejados de Vecrīga, el Daugava, el mercado central, la Academia de Ciencias y, con buen día, el mar a lo lejos.
Es el único gasto que yo recomendaría sin dudar en un día corto.
Final de tarde: el mercado central¶
Si te quedan fuerzas, baja hacia el sur, hacia el mercado central, que está a diez minutos del casco antiguo y es una de las visitas más sorprendentes de Riga.
Ocupa cinco pabellones gigantescos que en origen fueron hangares de zepelines del ejército alemán, desmontados tras la Primera Guerra Mundial y reensamblados aquí en los años treinta. Cada pabellón está dedicado a un producto y el ambiente es el de un mercado de verdad, con clientela local y precios de barrio.
Alrededor se extiende Spīķeri, la antigua zona de almacenes de ladrillo rojo junto al canal, hoy rehabilitada, y un poco más allá se ve la mole del edificio de la Academia de Ciencias, el rascacielos estalinista conocido popularmente como la Tarta de Cumpleaños de Stalin.
Ten en cuenta los horarios: el mercado cierra a media tarde, así que si quieres verlo con vida, colócalo antes en el itinerario.
Qué dejas fuera con un solo día¶
Un día en Riga da para el casco antiguo y una pincelada del modernismo, y poco más.
Se quedan fuera la otra orilla del Daugava, con las vistas de la ciudad desde Ķīpsala y Āgenskalns, la Biblioteca Nacional, el barrio de casas de madera de Kalnciema y el mercado de Vidzeme; el parque Mežaparks y su ciudad jardín; y el museo etnográfico al aire libre.
Con dos días entra la mayor parte. Con tres, además, una excursión a Sigulda y Turaida, en el valle del Gauja, que está a poco más de una hora en tren.
Pero si de verdad solo tienes un día, este recorrido cubre lo esencial de una ciudad que necesita bastante más tiempo del que casi nadie le dedica.