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La torre de la Pólvora, en Riga

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Historia de Letonia: de la Livonia medieval a las barricadas de 1991

De la Livonia hanseática a las barricadas de 1991: la historia que explica el casco antiguo y también la Tarta de Cumpleaños de Stalin.

Lectura de 9 minutos

Letonia es un país de menos de dos millones de habitantes cuya historia se puede resumir en una frase incómoda: durante setecientos años, quien mandaba aquí hablaba otro idioma.

Alemanes, polacos, suecos y rusos gobernaron sucesivamente el territorio mientras la población letona permanecía mayoritariamente en el campo, en régimen de servidumbre y sin acceso al poder. La identidad nacional no se construyó desde el Estado, porque no había Estado, sino desde la lengua, el folclore y, muy literalmente, desde el canto.

Este artículo recorre esa historia por etapas, y cada una termina indicando qué se puede ver hoy.

Antes de la conquista

El territorio de la actual Letonia estaba habitado por varios pueblos: los letones, los semigalios, los curonios y los latgalios, todos ellos bálticos, y los livonios, de origen fino-úgrico y emparentados con los estonios y los finlandeses.

De ese sustrato viene el nombre de Livonia, que durante siglos designó al conjunto del territorio de las actuales Letonia y Estonia. La lengua livona, hoy prácticamente extinguida, se habló en la costa hasta el siglo XX.

La conquista alemana y la Riga hanseática

La cruzada del norte

A finales del siglo XII llegaron los misioneros alemanes y, tras ellos, las órdenes militares. La cristianización se hizo por la fuerza, en el marco de las llamadas cruzadas del norte.

El obispo Alberto de Riga fundó la ciudad en 1201 y creó la Orden de los Hermanos de la Espada, que en pocas décadas sometió el territorio. La élite germano-báltica que se estableció entonces mantendría el poder económico y social durante casi setecientos años, gobernara quien gobernase por encima.

La ciudad hanseática

Riga se integró en la Liga Hanseática y prosperó enormemente como puerto entre Rusia y Europa occidental. De esa época vienen las murallas, los gremios, la catedral y las casas de comerciantes del casco antiguo.

Qué visitar hoy: el casco antiguo de Riga, Patrimonio de la Humanidad; la catedral, la iglesia de San Pedro, la torre de la Pólvora y los Tres Hermanos; y los castillos de Turaida y Sigulda, en el valle del Gauja, ambos del siglo XIII.

Polacos, suecos y rusos

La desintegración del Estado livonio en el siglo XVI abrió un periodo de cambios de manos. El territorio pasó a la Mancomunidad de Polonia-Lituania, después a Suecia, y finalmente al Imperio Ruso a comienzos del siglo XVIII, tras la Gran Guerra del Norte.

En todos esos cambios hubo una constante: la nobleza germano-báltica conservó sus tierras y sus privilegios, y la población letona siguió siendo campesinado sin derechos. La servidumbre no se abolió hasta principios del siglo XIX, y la posibilidad real de comprar tierra llegó bastante después.

Qué visitar hoy: la Puerta Sueca de Riga, de 1698, único acceso original que queda de las murallas; y el castillo de Riga, junto al río, hoy residencia presidencial.

El despertar nacional y el canto

Los jóvenes letones

A mediados del siglo XIX surge un movimiento de despertar nacional impulsado por una primera generación de letones con acceso a la educación. Se recopila el folclore, se normaliza la lengua escrita y se publican periódicos en letón.

La pieza central de ese trabajo son las dainas, las canciones populares letonas: composiciones breves, orales, transmitidas durante siglos. Krišjānis Barons dedicó su vida a recopilarlas y llegó a reunir más de un millón. Es el corpus de literatura oral más extenso de Europa en relación con el tamaño del país, y es la base sobre la que se construyó la identidad nacional letona.

El Festival de la Canción

En 1873 se celebró el primer Festival de la Canción de Letonia. Desde entonces se repite cada pocos años y reúne a decenas de miles de cantores en un solo escenario.

Como en Estonia, esa tradición coral se convirtió en el vehículo principal de la identidad nacional, y guardarlo en mente es importante porque vuelve a ser decisivo un siglo después.

Riga, metrópoli

En paralelo, entre 1890 y 1914, Riga vivió un crecimiento explosivo como puerto del Imperio Ruso. Su población se multiplicó y se levantaron miles de edificios en el estilo dominante de la época, el art nouveau. De ahí viene el mayor conjunto de arquitectura modernista del mundo.

Qué visitar hoy: el barrio modernista de Riga, con Alberta iela a la cabeza; y el gran escenario del Festival de la Canción en el parque Mežaparks.

1918: la primera independencia

Letonia proclamó la independencia el 18 de noviembre de 1918, en el edificio del Teatro Nacional de Riga, en pleno desmoronamiento del Imperio Ruso.

Siguieron dos años de guerra en varios frentes: contra los bolcheviques, contra fuerzas alemanas irregulares y contra el ejército blanco. La guerra de independencia terminó en 1920 con el reconocimiento soviético.

Las dos décadas siguientes fueron las de la primera república, con una reforma agraria profunda que expropió las grandes propiedades de la nobleza germano-báltica y las repartió entre el campesinado letón. Fue, probablemente, el cambio social más importante de la historia moderna del país.

En 1935 se erigió el Monumento a la Libertad, financiado con donaciones populares. Su figura femenina sostiene tres estrellas que representan las tres regiones históricas: Kurzeme, Vidzeme y Latgale.

Qué visitar hoy: el Monumento a la Libertad y el Teatro Nacional de Letonia, ambos en el centro de Riga.

El siglo XX brutal

El pacto y la primera ocupación soviética

El pacto Mólotov-Ribbentrop de agosto de 1939 asignó los países bálticos a la esfera soviética. En junio de 1940 el Ejército Rojo ocupó Letonia y el país fue anexionado a la URSS.

En junio de 1941 se produjo la primera deportación masiva a Siberia, con más de quince mil personas enviadas en vagones de ganado.

La ocupación nazi y el Holocausto

Días después, Alemania invadió, y Letonia pasó de una ocupación a otra en cuestión de semanas.

La comunidad judía letona, que rondaba las setenta mil personas antes de la guerra y que tenía en Riga uno de sus centros más importantes, fue casi completamente exterminada. Los asesinatos en masa se cometieron en gran medida por fusilamiento en bosques cercanos a la ciudad, especialmente en Rumbula y en Biķernieki, con participación de unidades colaboracionistas locales.

Es una parte de la historia que la sociedad letona ha tardado décadas en abordar públicamente y que sigue siendo objeto de debate.

La segunda ocupación soviética

En 1944 el Ejército Rojo regresó y Letonia quedó integrada en la URSS durante casi medio siglo.

En marzo de 1949 se produjo la deportación más masiva de la historia del país: alrededor de cuarenta y dos mil personas fueron enviadas a Siberia en cuestión de días, la mayoría familias campesinas que resistían la colectivización forzosa.

Hubo también resistencia armada. Los hermanos del bosque mantuvieron una guerrilla en los bosques letones durante años, sin apoyo exterior.

Y hubo una transformación demográfica profunda, con la llegada masiva de población trasladada desde otras repúblicas soviéticas para trabajar en la industria. La proporción de letones en su propio país cayó por debajo del sesenta por ciento, y las consecuencias de aquello siguen siendo un asunto político central hoy.

Qué visitar hoy: el Museo de la Ocupación de Letonia en Riga; el Museo de la Guerra de Letonia, en la torre de la Pólvora, de entrada gratuita; los memoriales de Rumbula y Biķernieki; el memorial del gueto de Riga en el barrio de Maskavas forštate; y la Academia de Ciencias, el rascacielos estalinista conocido como la Tarta de Cumpleaños de Stalin.

La Revolución Cantada y las barricadas

El movimiento

Las políticas de apertura de Gorbachov permitieron a mediados de los ochenta la aparición de movimientos de oposición. En Letonia se articularon en torno al Frente Popular, y la protesta adoptó desde el principio una forma característica: los festivales de la canción y las reuniones masivas para cantar repertorio patriótico.

De ahí el nombre con el que se conoce todo el proceso báltico: la Revolución Cantada.

La Vía Báltica

El 23 de agosto de 1989, en el cincuenta aniversario del pacto Mólotov-Ribbentrop, alrededor de dos millones de personas formaron una cadena humana ininterrumpida de unos seiscientos setenta y cinco kilómetros que unió Tallin, Riga y Vilna. Fue una de las protestas pacíficas más impresionantes del siglo XX.

La declaración y las barricadas

Letonia declaró la restauración de la independencia el 4 de mayo de 1990, siguiendo a Lituania, que había dado el paso en marzo.

Como sus vecinos, Letonia no habla de secesión sino de restauración: sostiene que la anexión de 1940 fue ilegal desde el primer día y que el Estado nunca dejó de existir jurídicamente, tesis respaldada por el hecho de que la mayoría de países occidentales nunca reconocieron formalmente la incorporación a la URSS.

Y como en Lituania, la declaración no resolvió nada de inmediato. En enero de 1991, tras los ataques del ejército soviético en Vilna, la población de Riga salió a la calle y levantó barricadas alrededor de los edificios estratégicos: el parlamento, la radio, la televisión, los puentes. Miles de personas hicieron guardia día y noche durante semanas, con hogueras encendidas en las calles del casco antiguo, en lo que se conoce simplemente como las Barricadas.

Hubo enfrentamientos y varios muertos, entre ellos dos cámaras que estaban grabando los hechos.

La independencia se completó el 21 de agosto de 1991, tras el golpe fallido de Moscú. Las últimas tropas rusas abandonaron el país en 1994.

Qué visitar hoy: el Museo de las Barricadas de 1991, en el casco antiguo de Riga; las placas conmemorativas en el parque de Bastejkalns, donde murieron varias de las víctimas; y el Monumento a la Libertad, punto de encuentro de todas aquellas manifestaciones.

Letonia hoy

El país ingresó en la Unión Europea y en la OTAN en 2004 y adoptó el euro en 2014.

Riga es hoy la ciudad más grande de los países bálticos y un centro económico y logístico importante, aunque Letonia arrastra desde 1991 un problema demográfico serio: la emigración y la baja natalidad han reducido la población en cerca de un tercio desde la independencia.

Y la historia sigue muy presente. Está en la política lingüística, en el debate sobre la ciudadanía y sobre la comunidad rusoparlante —que ronda la cuarta parte de la población—, en la retirada de monumentos soviéticos y en la atención con la que se sigue lo que ocurre al otro lado de una frontera que está a menos de trescientos kilómetros de la capital.

Cuando uno pasea por Riga sabiendo todo esto, el casco antiguo deja de ser un decorado hanseático y la Academia de Ciencias deja de ser un edificio feo. Ambos cuentan la misma historia desde extremos distintos.