
Cómo moverse por Lisboa: metro, tranvías, abonos y del aeropuerto al centro
Lisboa tiene un transporte público barato, variado y con una particularidad que despista al recién llegado: la tarjeta recargable que hay que comprar antes de nada y los dos sistemas de pago que conviven en ella. Esta guía explica qué billete comprar según tu viaje, cómo llegar del aeropuerto al centro, qué líneas de tranvía interesan de verdad y en qué casos lo mejor es simplemente caminar.
Lo primero: la tarjeta que hay que comprar¶
En Lisboa no se compran billetes de papel para el uso normal del transporte. Lo que hay es una tarjeta física recargable, de coste simbólico —en torno a medio euro— que se adquiere en las máquinas de cualquier estación de metro y que se queda contigo para siempre. Sobre ella se cargan los títulos, y si vuelves a la ciudad años después la puedes reutilizar.
Sobre esa tarjeta conviven dos sistemas. El primero es el abono diario, válido veinticuatro horas desde la primera validación, que da viajes ilimitados en metro, autobuses, tranvías y funiculares. El segundo es el sistema de saldo, donde cargas una cantidad y se te va descontando cada viaje a un precio unitario algo más barato que el billete a bordo.
La regla práctica es sencilla: si vas a hacer tres o más trayectos en un día, el abono diario sale a cuenta; si vas a hacer uno o dos, el saldo. Y hay un matiz que inclina mucho la balanza: los funiculares y el Elevador de Santa Justa están incluidos en el abono diario, y comprados sueltos son caros. Con subir una sola vez al Santa Justa ya casi has amortizado el abono entero.
Cada persona necesita su propia tarjeta, porque no se pueden validar dos viajes con el mismo soporte, y hay que validar siempre al subir, también en los transbordos.
Del aeropuerto al centro¶
El aeropuerto Humberto Delgado está dentro de la ciudad, a pocos kilómetros del centro, y tiene estación de metro propia en la terminal. El trayecto hasta la zona centro ronda los veinte o veinticinco minutos según el destino y suele requerir un transbordo, y es la opción sensata en casi todos los casos: barata, rápida y sin depender del tráfico.
Las alternativas son el taxi y los VTC, que funcionan bien y tampoco son caros para estándares europeos, y que solo compensan si llegas de madrugada, si vas muy cargado de equipaje o si tu alojamiento está en una zona con mala conexión de metro, cosa que en Lisboa pasa más de lo que parece porque la red no cubre bien las colinas del casco antiguo.
Un detalle importante si tu alojamiento está en Alfama, Graça o el Bairro Alto: el metro te dejará relativamente cerca pero cuesta arriba, con adoquín y con maleta. En esos casos, el taxi desde el aeropuerto puede ser la diferencia entre empezar el viaje bien o empezarlo sudando. Y si llegas y te vas el mismo día, hay consigna en las principales estaciones.
El metro: útil, pero menos de lo que crees¶
La red de metro de Lisboa tiene cuatro líneas identificadas por colores y resuelve muy bien los desplazamientos largos: aeropuerto, Parque das Nações, el eje norte-sur de la Avenida da Liberdade, la zona de Cais do Sodré. Es limpio, moderno y varias de sus estaciones tienen intervenciones artísticas notables, con azulejos contemporáneos que merecen una mirada mientras esperas.
Lo que el metro no hace es subir colinas. El casco histórico —Alfama, Graça, el Bairro Alto, buena parte del Chiado— queda fuera de su alcance o solo se alcanza por la base, y ahí es donde entran los tranvías, los funiculares y los autobuses.
Por eso el error más común del visitante es planificar los días como si el metro cubriera la ciudad. Lo que cubre Lisboa de verdad son las piernas, con ayuda mecánica puntual.
Los tranvías: cuáles importan¶
Hay varias líneas, pero al visitante le interesan sobre todo dos, y conviene no confundirlas porque es el fallo más habitual.
El 28 es el famoso de los carteles. Funciona desde 1914 con los mismos vagones articulados de madera y conecta Campo Ourique con Martim Moniz pasando por Estrela, el Chiado, la Baixa y Alfama. Sube pendientes que parecen imposibles para un vehículo de ese tamaño y se mete por calles tan estrechas que desde la ventanilla se leen los azulejos de las fachadas. Es transporte y atracción a la vez.
Dos consejos que valen su peso en oro. Para conseguir asiento hay que subir en una de las paradas iniciales, porque a partir de la primera intermedia va lleno en temporada alta; la de Campo Ourique, junto al Cemitério dos Prazeres, es la mejor opción. Y hay que llevar la mochila delante y el móvil guardado, porque el 28 es el escenario preferido de los carteristas de la ciudad.
El 15 es el que va a Belém desde la Praça da Figueira, unos veinte minutos pegado al Tajo. Es material moderno, más rápido y más capaz, y es el que necesitas para la jornada de los Jerónimos y la Torre. Mucha gente coge el 28 pensando que va a Belém y acaba en Alfama.
Además existen líneas menores como el 12, que hace un circuito corto por la colina del castillo, y el 24 y el 25, útiles para trayectos concretos y bastante menos concurridas.
Funiculares y ascensores¶
Lisboa lleva más de un siglo resolviendo sus desniveles con máquinas. Hay tres funiculares históricos —Glória, Bica y Lavra— y el Elevador de Santa Justa, todos en funcionamiento, todos incluidos en el abono diario y todos protegidos como patrimonio.
El más práctico es el da Glória, que conecta la Praça dos Restauradores con el Bairro Alto justo al lado del Miradouro de São Pedro de Alcântara. El más fotogénico, el da Bica. El más solitario, el da Lavra. Y el Santa Justa es el más famoso y el que peor relación ofrece entre lo que da y lo que cuesta en tiempo, porque a media jornada la cola puede pasar de una hora cuando arriba se llega andando en diez minutos.
Y hay un recurso que no aparece en casi ninguna guía y que conviene tener localizado: los ascensores públicos y gratuitos del Elevador Castelo, dos aparatos que arrancan cerca de la Praça da Figueira y suben hasta la Costa do Castelo, ahorrando una de las cuestas más duras de la ciudad. Existen sobre todo para los vecinos, están abiertos a cualquiera y no tienen cola.
Todo esto, con detalle y con criterio sobre cuáles coger, está en la guía de los elevadores de Lisboa.
Trenes, autobuses y barcos¶
Para las excursiones, dos estaciones. Los trenes a Sintra salen de Rossio, en pleno centro, y tardan unos cuarenta minutos. Los de Cascais salen de Cais do Sodré y siguen la costa durante buena parte del trayecto, con un recorrido que es en sí mismo agradable. Ambos son cercanías, se pagan con la misma tarjeta y no requieren reserva.
Para el norte del país, incluido el trayecto a Oporto, la estación es Santa Apolónia u Oriente, con el Alfa Pendular cubriendo la distancia en menos de tres horas. Ese sí conviene comprarlo con antelación para conseguir buen precio.
Los autobuses urbanos cubren lo que el metro no alcanza y son especialmente útiles para subir a los barrios altos y para moverse entre zonas alejadas del centro, como Ajuda o el Museo del Azulejo. Y hay una opción que casi ningún visitante usa: los ferris que cruzan el Tajo hasta Cacilhas y otros puntos de la orilla sur. Son transporte de cercanías, cuestan poco y ofrecen la mejor vista de Lisboa desde el agua, con el puente 25 de Abril y el Cristo Rei de fondo.
Cuándo no usar el transporte¶
Merece la pena decirlo claro, porque mucha gente compra abonos que no llega a amortizar. Para moverse dentro de la Baixa, entre la Praça do Comércio, el Rossio, la Sé y el arranque de Alfama, el transporte no sirve de nada: es una cuadrícula llana de menos de un kilómetro por lado.
Tampoco tiene sentido para ir del Chiado al Bairro Alto o de Alfama al Castelo, donde el problema no es la distancia sino la pendiente y donde los ascensores gratuitos resuelven mejor que cualquier billete.
Reserva el transporte para el aeropuerto, para Belém, para el Parque das Nações y el Museo del Azulejo, para las excursiones y para las subidas duras al final del día, que es cuando de verdad se agradece.
Un par de detalles finales¶
Portugal va una hora por detrás de la España peninsular, cosa que conviene tener presente al calcular horarios de vuelta al aeropuerto. El metro cierra en torno a la una de la madrugada, y en fechas señaladas como Nochebuena el servicio se retira antes de lo habitual para que los conductores puedan cenar con sus familias, así que si sales esa noche mira el último paso con margen.
Y sobre la Lisboa Card, que incluye transporte ilimitado además de entradas a monumentos, la respuesta corta es que depende de cuántos museos pienses visitar; está analizada en detalle en la guía sobre si merece la pena la Lisboa Card.
Cómo encaja todo esto en un viaje concreto está en los itinerarios de un día, dos días, tres días y una semana, y en la guía completa de qué ver en Lisboa. Tarifas y frecuencias cambian con regularidad, así que conviene confirmarlas en la web del operador antes de viajar.