
El mercado central de Riga: cinco hangares de zepelines llenos de comida
Cinco hangares de zepelines reconvertidos en el mercado más grande de Europa, y por qué sigue siendo uno de verdad.
A diez minutos andando del casco antiguo de Riga hay cinco naves gigantescas de cubierta curva alineadas junto al canal. Vistas desde fuera parecen lo que no son: hangares de aviación. Y en realidad es exactamente lo que fueron.
El mercado central de Riga es uno de los mercados más grandes de Europa, uno de los edificios más singulares de la ciudad y una de las visitas que más sorprenden a quien llega sin haber leído nada sobre él. Es gratuito, sigue siendo un mercado de verdad y merece bastante más tiempo del que le dedica la mayoría de los visitantes.
La historia: de zepelines a puestos de pescado¶
Durante la Primera Guerra Mundial, el ejército alemán construyó en Vaiņode, en el oeste de Letonia, una base de dirigibles con enormes hangares metálicos.
Terminada la guerra y desaparecido el interés militar por los zepelines, aquellas estructuras quedaron abandonadas. En los años veinte, cuando Riga necesitaba un mercado central para sustituir a los puestos dispersos por la ciudad, alguien tuvo la idea de desmontar los hangares, transportarlos y reensamblarlos junto al canal.
El mercado se inauguró en 1930 y en su momento fue el más grande y más moderno de Europa. Ocupa cinco pabellones, cada uno de más de setenta metros de largo, más una extensa zona exterior de puestos al aire libre.
Hoy forma parte del conjunto de Riga declarado Patrimonio de la Humanidad, y es un raro ejemplo de arquitectura militar reciclada para uso civil a una escala así.
Qué hay en cada pabellón¶
Los cinco pabellones están especializados, lo que hace que recorrerlos tenga sentido incluso si no vas a comprar nada.
El pabellón de la carne es el más impresionante visualmente, con mostradores continuos de embutidos, carnes ahumadas y despieces que en el sur de Europa no se ven.
El del pescado concentra lo que mejor define la despensa letona: arenque en todas sus formas, salmón y trucha ahumados, anguila, esprats en conserva y pescado seco. Es también el más oloroso, para lo bueno y para lo malo.
El de lácteos tiene quesos, mantequillas, cuajadas y una variedad de productos fermentados que merece exploración.
El de verduras y frutas cambia radicalmente según la temporada. En verano se llena de bayas del bosque —arándanos, frambuesas, moras, grosellas— a precios que en España resultan increíbles.
Y el de gastronomía es donde se concentra la comida preparada, con puestos de cocina letona y de otras procedencias donde se puede comer sentado.
En el exterior, alrededor de las naves, hay puestos de ropa, flores, productos del campo y una zona de mercadillo bastante caótica que también merece un paseo.
Cómo visitarlo¶
Horarios
Este es el punto crítico y donde más gente falla. El mercado central abre temprano y cierra a media tarde, con variaciones según pabellón y día de la semana. Algunos puestos empiezan a recoger antes.
Si llegas a última hora de la tarde te encontrarás medio vacío y sin ambiente. Colócalo por la mañana o a primera hora de la tarde.
Cuánto tiempo
Con una hora se recorre por encima. Con hora y media o dos se disfruta, sobre todo si comes allí.
Precio
La entrada es libre. Es un mercado en activo, no un espacio museístico.
Dónde está
Junto al canal, a diez minutos andando del casco antiguo por la calle Vaļņu o bajando desde la iglesia de San Pedro. Está pegado a la estación central de tren y a la estación de autobuses, lo que lo hace muy práctico como primera o última parada de un viaje.
Comer en el mercado¶
Es una de las mejores opciones de la ciudad para comer bien y barato.
El pabellón de gastronomía tiene puestos con mesas comunes donde se come cocina letona honesta por muy poco: sopas, guisos, carne con patata, encurtidos, pan negro de centeno. Y hay también propuestas más contemporáneas, porque el mercado ha ido incorporando locales de nueva generación sin perder los puestos de siempre.
Comparado con lo que cuesta comer en las terrazas del casco antiguo —que en Riga están claramente por encima del resto de la ciudad—, la diferencia es notable.
Algunos productos que merece la pena probar o llevarse: el pescado ahumado, especialmente el arenque y la anguila; el pan negro de centeno, denso y ligeramente dulce, que es un pilar de la cocina letona; los quesos de comino; y las bayas del bosque en verano.
Los alrededores: Spīķeri y la Academia de Ciencias¶
El mercado no está solo, y merece la pena dedicar un rato a lo que lo rodea.
Spīķeri es la antigua zona de almacenes de ladrillo rojo junto al canal, construida en el siglo XIX para las mercancías del puerto y hoy rehabilitada como distrito cultural, con galerías, salas de conciertos, restaurantes y oficinas. El conjunto de naves de ladrillo es magnífico y el paseo junto al canal, muy agradable.
Y enfrente se levanta la Academia de Ciencias de Letonia, un rascacielos estalinista de los años cincuenta que los rigueses conocen popularmente como la Tarta de Cumpleaños de Stalin. Es hermano menor de los siete edificios del mismo estilo de Moscú y una pieza clave para entender la etapa soviética de la ciudad.
Tiene además un mirador en la planta alta, con acceso de pago y precio muy razonable, desde el que se ve Riga entera desde un ángulo distinto al de la torre de San Pedro: aquí el casco antiguo queda a media distancia y se aprecia mejor la relación entre la ciudad histórica, el río y los barrios.
También cerca está el barrio de Maskavas forštate, la antigua zona del gueto de Riga, con el memorial correspondiente. Es una parte de la ciudad muy poco visitada y con una carga histórica considerable.
Por qué merece la pena¶
Los mercados son siempre el mejor sitio para entender qué come de verdad la gente de un lugar, pero el de Riga tiene además dos cosas que lo hacen especial.
La primera es el edificio, que es una historia en sí mismo. Pocos sitios en el mundo pueden decir que su mercado municipal fue antes una base de dirigibles militares.
Y la segunda es que sigue siendo un mercado de verdad. No se ha convertido en un mercado gourmet para visitantes, como ha pasado en tantas ciudades europeas. Aquí sigue viniendo a comprar la gente del barrio, los precios son de barrio y los puestos venden lo que se come en las casas.
Es, junto con el barrio modernista, una de las dos visitas que yo no me saltaría en Riga.
Está incluido en nuestros itinerarios de un día, dos días y tres días por Riga. La guía de los otros mercados de Riga recoge Vidzeme y Āgenskalns, mucho menos conocidos.