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La proa tallada del barco vikingo de Oseberg, del siglo IX, expuesta en el antiguo Vikingskipshuset

Destinos · Noruega · Oslo

El Museo de Barcos Vikingos de Oslo: cerrado hasta 2027 y qué ver mientras tanto

Los barcos de Oseberg, Gokstad y Tune son los hallazgos vikingos mejor conservados del mundo, y ahora mismo no se pueden ver en ningún lugar de Noruega. El museo que los albergaba cerró en 2021 y reabrirá en 2027, con el triple de tamaño. Esto es lo que había dentro, lo que volverá a haber y dónde encontrar arqueología vikinga en Oslo mientras tanto.

Lectura de 6 minutos

Empecemos por lo que hay que saber antes de organizar nada. El Vikingskipshuset de Bygdøy, uno de los museos más visitados de Noruega durante casi un siglo, cerró sus puertas y está siendo reconstruido. Reabrirá como Museo de la Era Vikinga, en el mismo emplazamiento y con un edificio de aproximadamente el triple de superficie, con una fecha prevista en 2027.

Los tres barcos —Oseberg, Gokstad y Tune— permanecieron en conservación durante la obra y se trasladaron al edificio nuevo a lo largo de 2026, en una operación delicadísima que se completó en primavera. Pero eso no significa que puedan verse: siguen sin acceso público hasta la inauguración.

Es importante insistir en esto porque buena parte de las guías, los folletos y los blogs siguen recomendando el museo como imprescindible de Oslo, y hay viajeros que planifican la visita a Bygdøy entera alrededor de unos barcos que llevan años sin poder verse. Si tu interés por Noruega pasa por los vikingos, merece la pena saberlo antes de comprar los billetes, y valorar si conviene esperar a que reabra.

Dónde ver arqueología vikinga en Oslo ahora mismo

La alternativa real está en el centro de la ciudad: el Museo Histórico, en Karl Johans gate, expone los tesoros procedentes de la tumba de Oseberg. No están los barcos, pero sí buena parte del ajuar funerario que los acompañaba, que es material de primer nivel: objetos de orfebrería, textiles, útiles domésticos y piezas talladas que muestran hasta qué punto esta era una cultura de artesanos extraordinarios y no solo de guerreros.

La segunda opción es Viking Planet, en el centro, una experiencia inmersiva con realidad virtual y proyecciones sobre la era vikinga. Es un producto distinto —divulgación audiovisual, no arqueología— y funciona bien con niños o como complemento, pero conviene saber lo que se compra.

Y para quien tenga coche o tiempo, los túmulos funerarios de Borre, cerca de Horten, permiten ver el tipo de enterramiento del que salieron estos barcos, en el paisaje donde estaban.

Qué había dentro del museo, y qué volverá

El edificio antiguo, con planta en forma de cruz y una nave dedicada a cada barco, se inauguró por etapas entre los años veinte y los cincuenta. Estaba pensado para unos cientos de objetos y para las cifras de visitantes de su época, y llevaba tiempo desbordado: el nuevo museo se construye precisamente porque el edificio estaba deteriorando su propia colección.

Lo que albergaba, y volverá a albergar ampliado, son los hallazgos vikingos mejor conservados del planeta.

El barco de Oseberg es el más espectacular. Se construyó hacia el año 820 y se utilizó como nave funeraria en un enterramiento datado en 834, con dos mujeres a bordo; se ha especulado mucho con que una de ellas fuera la reina Åsa, de la dinastía Yngling, aunque el debate histórico sigue abierto. Lo que impresiona no es el tamaño sino las tallas: dragones, serpientes y motivos vegetales entrelazados con una precisión que desmonta de un plumazo la idea de que los vikingos eran únicamente guerreros. Eran también artistas de un nivel altísimo.

El barco de Gokstad, de hacia el año 890, es menos decorado pero más grande: algo más de veintitrés metros y dieciséis pares de remos, lo que lo convierte en el barco vikingo conservado más grande del mundo. Se excavó en 1880 cerca de Sandefjord. Representa el apogeo de la construcción naval vikinga, y los estudios han demostrado que era capaz de alcanzar unos doce nudos y de cruzar océanos. No es un detalle menor: los vikingos llegaron a América del Norte alrededor del año 1000 en barcos como este, cinco siglos antes que Colón.

El barco de Tune, excavado en 1867 en Rolvsøy, es el más fragmentario de los tres y su longitud original sigue discutiéndose entre los especialistas.

Junto a los barcos se exponían los objetos hallados en los túmulos: trineos ornamentados, camas, carros, herramientas y enseres personales. Toda la arqueología de una vida enterrada con sus dueños para que tuvieran lo necesario en el otro mundo. Los trineos de Oseberg, por cierto, son piezas tan frágiles que su traslado al nuevo edificio resultó más complicado que el de los propios barcos.

Por qué se conservaron tan bien

La razón es la misma que explica el Vasa de Estocolmo, aunque el mecanismo sea distinto. Estos barcos no pasaron los siglos en el agua, sino enterrados bajo túmulos funerarios de arcilla azul, un medio prácticamente anaeróbico. Sin oxígeno no hay bacterias que degraden la madera, y por eso sobrevivieron más de mil años bajo tierra.

Es una casualidad geológica que nadie planificó, exactamente como la baja salinidad del Báltico que preservó el Vasa. Dos de los grandes tesoros arqueológicos de Escandinavia existen porque el suelo y el mar de cada sitio resultaron ser, por accidente, buenos conservantes.

Esa fragilidad heredada es también la razón del cierre. La madera empapada y estabilizada hace un siglo con métodos de la época necesita hoy control estricto de humedad y temperatura, y el edificio antiguo no podía darlo. La reconstrucción no es un capricho de ampliación: es lo que hacía falta para que los barcos lleguen a la próxima generación.

Qué esperar cuando reabra

El Museo de la Era Vikinga ocupará el mismo emplazamiento de Bygdøy con un edificio de unos trece mil metros cuadrados, cerca del triple del anterior. Además de los tres barcos, expondrá varios miles de objetos de la era vikinga que hasta ahora no cabían, con plataformas de visita elevadas sobre el barco de Oseberg y condiciones climáticas controladas.

La fecha que maneja el museo es 2027, apuntando a la parte final del año, sin día confirmado. En proyectos de esta envergadura las fechas se mueven, así que lo sensato para quien planifique un viaje alrededor de esto es consultar la web del museo antes de reservar nada.

Cuando abra, será razón suficiente para volver a Oslo. Los tres barcos son objetos únicos en el mundo, y verlos con una museografía a la altura será una experiencia distinta a la que ofrecía el edificio antiguo, que ya se le había quedado pequeño hace décadas.

Mientras tanto, Bygdøy sigue mereciendo el viaje

Conviene no descartar la península por esto. Los otros museos siguen abiertos y son excelentes: el Museo Fram, con el barco que más lejos ha llegado hacia ambos polos y al que se puede subir a bordo; el Kon-Tiki, con la balsa de Thor Heyerdahl; y el Norsk Folkemuseum, cuyo conjunto al aire libre incluye la iglesia de madera de Gol, del año 1200, con sus dragones tallados en los aleros mezclando iconografía cristiana y ornamentación vikinga precristiana.

Esa iglesia, de hecho, es lo más cerca que se puede estar hoy en Bygdøy del mundo que produjo los barcos. Y está a diez minutos andando del edificio cerrado.

La guía completa de la península, con los tiempos y la logística del ferry, está en el artículo sobre Bygdøy. Y si el viaje es corto y esto obliga a replantear el plan, los itinerarios de dos días y tres días en Oslo ya están escritos contando con el cierre.