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Cuándo viajar a Austria: temporadas, altitud y carreteras cerradas
En Austria la fecha del viaje no cambia solo el tiempo que va a hacer: decide qué se puede visitar y qué no. Media docena de las mejores cosas del país solo existen entre mayo y octubre, y conviene saberlo antes de comprar los vuelos.
La pregunta que hay que hacerse primero¶
Cuándo viajar a Austria no tiene una sola respuesta, porque no hay un solo país. Hay dos, y funcionan con calendarios opuestos.
Está la Austria urbana, la de Viena, Salzburgo, Graz y Linz, que se puede visitar los doce meses del año. Museos, palacios, cafés y ópera funcionan en enero igual que en agosto, y de hecho el invierno tiene sus propias ventajas.
Y está la Austria alpina, la del Tirol, Salzburgerland, Carintia y el Salzkammergut, que tiene dos temporadas separadas por dos periodos muertos. En verano funcionan las carreteras de montaña, los teleféricos, los lagos y el senderismo. En invierno funciona el esquí. Y entre una cosa y otra, en abril y noviembre, buena parte de la infraestructura turística cierra directamente.
Esa distinción es lo primero que hay que resolver, porque condiciona todo lo demás.
Lo que solo existe entre mayo y octubre¶
Esta es la lista que a mí me habría gustado tener clara antes de planificar, porque son cosas que la gente da por hechas y que sencillamente no están disponibles la mayor parte del año.
La Großglockner Hochalpenstraße abre de principios de mayo a principios de noviembre. El resto del año está cerrada por nieve, sin alternativa. Lo mismo ocurre con las demás carreteras alpinas de peaje: la Gerlos, la Nockalm, la Timmelsjoch, la Silvretta.
Las cuevas de hielo de Eisriesenwelt abren del 1 de mayo al 1 de noviembre, y con horarios muy restringidos incluso dentro de la temporada: la última visita guiada sale a media tarde.
Los barcos del Danubio en el Wachau y los ferries de los lagos del Salzkammergut funcionan aproximadamente de abril a octubre. El tren de cremallera al Schafberg, también.
Y los teleféricos alpinos suelen cerrar unas semanas por mantenimiento en primavera y en otoño, con fechas que varían cada año y que hay que comprobar en cada estación.
Si tu viaje incluye alguna de estas cosas, la ventana real es de junio a septiembre, con mayo y octubre como márgenes que funcionan pero exigen comprobar todo.
La luz, que también cuenta¶
Austria está más al sur que los países escandinavos o los Países Bajos, así que el contraste no es tan brutal, pero se nota.
En junio hay alrededor de dieciséis horas de luz, con amanecer antes de las cinco y claridad hasta pasadas las nueve de la noche. En diciembre son poco más de ocho, con el sol poniéndose alrededor de las cuatro de la tarde. Eso significa que un día de visita en verano cuadruplica en horas útiles a uno de invierno, y en la montaña la diferencia es todavía mayor porque los valles caen en sombra mucho antes que las cumbres.
En Innsbruck, por ejemplo, el sol desaparece detrás de las montañas bastante antes de la hora oficial del ocaso. Es un detalle que descoloca al planificar.
Mes a mes, con lo bueno y lo malo¶
De diciembre a febrero es temporada alta en la montaña por el esquí, con precios de alojamiento elevados en las estaciones y muy asequibles en las ciudades. Viena en invierno tiene un encanto real: los cafés llenos y calientes, los museos vacíos, la ópera en plena temporada y los mercados de Navidad, que abren aproximadamente desde mediados de noviembre hasta después de Navidad y que son de los mejores de Europa. Hace frío de verdad, con mínimas bajo cero, y hay pocas horas de luz.
Marzo y abril son el peor momento para un viaje alpino. La nieve ya no es fiable para esquiar, las carreteras de montaña siguen cerradas, muchos teleféricos están en mantenimiento y bastantes hoteles de montaña cierran unas semanas. Para las ciudades, en cambio, es buena época: precios bajos, poca gente y temperaturas subiendo.
Mayo y junio son excelentes. Las carreteras alpinas van abriendo, los prados están en flor, los días son largos y todavía no ha llegado la avalancha del verano. Junio es probablemente mi mes favorito para la montaña austriaca.
Julio y agosto traen el mejor tiempo y también toda la gente. Los lagos del Salzkammergut están a temperatura de baño, los refugios funcionan a pleno rendimiento y todos los teleféricos operan. A cambio, Hallstatt está desbordado, los alojamientos suben de precio y las ciudades pueden pasar calor: cada vez hay más olas de calor y muchos hoteles austriacos, sobre todo en edificios históricos, no tienen aire acondicionado, porque históricamente no hacía falta.
Septiembre es, en mi opinión, el mejor mes del año en Austria. El tiempo sigue siendo estable, la luz es magnífica, la afluencia baja de golpe cuando terminan las vacaciones escolares, todo sigue abierto y encima coincide con la bajada del ganado de los pastos de altura, el Almabtrieb, que en los valles alpinos se celebra con las vacas engalanadas con flores y campanas cruzando los pueblos. Es una fiesta local auténtica y muy poco turística.
Octubre todavía funciona, con el bosque en color y precios más bajos, aunque hay que comprobar cada teleférico y cada carretera porque empiezan a cerrar. Es también temporada del Sturm, el mosto en fermentación que solo se bebe unas semanas.
Noviembre es el mes que yo evitaría. Las carreteras alpinas ya han cerrado, la nieve todavía no ha llegado, muchos establecimientos de montaña están en pausa entre temporadas y el tiempo es gris. La excepción es la última parte del mes, cuando abren los mercados de Navidad.
El tiempo: lo que hay que asumir¶
Austria tiene clima continental y de montaña, lo que significa contrastes fuertes y bastante impredecibilidad, especialmente en altura.
En los valles alpinos puede hacer treinta grados en agosto y a dos mil quinientos metros estar a cinco con viento. Eso no es una curiosidad: es la razón por la que hay que llevar abrigo en la mochila aunque salgas en manga corta, tanto para un teleférico como para la Großglocknerstraße o para entrar en una cueva de hielo.
Las tormentas de tarde en verano son frecuentes en la montaña, así que las actividades de altura se hacen por la mañana. Y hay un fenómeno local que conviene conocer: el Föhn, un viento cálido y seco que baja de los Alpes, despeja el cielo de golpe y del que los austriacos culpan a los dolores de cabeza y al mal humor con una convicción que sorprende al principio.
Y la lección que yo aprendí a las malas: si el día amanece cubierto, no subas en teleférico. Pagar por asomarse a un muro de niebla es de las frustraciones más tontas de un viaje. Cambia el plan, haz algo en el valle y guarda la altura para cuando haya cielo. En un viaje de una semana casi siempre hay margen para reorganizar.
Fechas que suben los precios¶
Hay unas cuantas citas que conviene conocer, para buscarlas o para evitarlas según el caso.
El Festival de Salzburgo, entre finales de julio y agosto, llena la ciudad y dispara los precios del alojamiento. Si vas por el festival, perfecto; si no, evita esas semanas para visitar Salzburgo.
El Baile de la Ópera de Viena, a finales de invierno, tiene el mismo efecto a menor escala. Los mercados de Navidad llenan las ciudades desde mediados de noviembre. Y las vacaciones escolares austriacas y alemanas, especialmente las de febrero, colapsan las estaciones de esquí.
En sentido contrario, las semanas de después de Reyes y las de noviembre son las más baratas del año.
Entonces, ¿cuándo ir?¶
Si tu viaje es de ciudades, ve cuando quieras. Septiembre y mayo son los mejores por clima y afluencia, diciembre por ambiente navideño y enero o febrero por precio.
Si tu viaje es alpino de verano, ve entre junio y septiembre, con septiembre como primera opción si puedes elegir.
Si tu viaje es de esquí, de enero a marzo, evitando las semanas de vacaciones escolares centroeuropeas.
Y si estás pensando en combinar Viena con los Alpes, ten en cuenta que solo cuadra bien entre junio y septiembre, y que aun así son cuatro horas de tren entre una cosa y otra. Con menos de diez días, mi consejo sigue siendo elegir una de las dos Austrias y dejar la otra para el próximo viaje: la ruta en coche por el Tirol y Salzburgerland para la alpina, o el itinerario de Viena en tres días para la imperial.