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El cañón de Ásbyrgi, con sus paredes verticales de casi cien metros formando una herradura y un bosque de abedules en el fondo.

Destinos · Islandia · Nordurland

Dettifoss y el cañón de Ásbyrgi: guía del norte más salvaje de Islandia

El río Jökulsá á Fjöllum baja del mayor glaciar de Europa y ha excavado en el norte de Islandia un cañón de treinta kilómetros con la cascada más caudalosa del continente en un extremo y un anfiteatro de cien metros de altura en el otro. Es de las zonas menos visitadas del país y de las que más recompensan.

Lectura de 10 minutos

Hay una parte del norte de Islandia donde el paisaje deja de ser bonito y pasa a ser directamente hostil. Ocurre en el cañón de Jökulsárgljúfur, excavado por el río Jökulsá á Fjöllum, que nace en el Vatnajökull —más de ocho mil kilómetros cuadrados de hielo, el mayor glaciar de Europa— y baja hacia el mar arrastrando sedimento glaciar en cantidades que tiñen el agua de gris.

La NASA eligió este cañón para entrenar a los astronautas del programa Apolo antes de ir a la Luna. Basta estar allí cinco minutos para entenderlo: no hay vegetación, no hay suavidad, no hay ninguna concesión a la amabilidad del paisaje. Solo basalto, agua gris y ruido.

En sus treinta kilómetros de recorrido, este cañón concentra la cascada más caudalosa de Europa, un campo de formaciones basálticas con formas imposibles, unos montículos rojos que rompen la paleta de color de todo el entorno y un anfiteatro natural en forma de herradura con un bosque dentro. Todo ello dentro del parque nacional del Vatnajökull y con una fracción de los visitantes que tiene la costa sur.

Por qué lado del cañón acercarse: la decisión que hay que tomar antes

Esta es la primera pregunta y la que más problemas causa. Dettifoss no está en la Ruta 1: hay que salir del anillo y elegir orilla, y las dos opciones son muy distintas.

La carretera 862 rodea el cañón por el lado oeste, está asfaltada en su totalidad hasta el aparcamiento y es apta para cualquier vehículo, incluido un utilitario pequeño. Tiene aparcamiento amplio, señalización cuidada, aseos y senderos acondicionados hasta los miradores. Su único inconveniente es que no cuenta con servicio de mantenimiento invernal entre enero y principios de abril, así que en esos meses puede resultar impracticable.

La carretera 864 va por el lado este y es una pista de grava. No es una F-road y un coche normal puede circular por ella, pero está llena de baches profundos y tramos de piedra suelta, y suele estar cerrada desde octubre hasta junio. A cambio ofrece una perspectiva más cercana y bastante menos gente.

Mi recomendación, si conduces un vehículo convencional y es tu primera vez: la 862, sin dudarlo. La vista es magnífica desde ese lado, el acceso es cómodo y te ahorras un desgaste que después se paga en las paradas siguientes.

Dettifoss: la cascada más caudalosa de Europa

Desde el aparcamiento no se oye nada todavía. El sonido crece a medida que avanzas por el sendero, y no como el estruendo súbito de algo que aparece de golpe, sino como algo que va ocupando más espacio en el aire hasta que ya no cabe ningún otro sonido. Cuando por fin asomas al borde del cañón, el agua te domina por completo.

Los números explican parte de la impresión: cuarenta y cuatro metros de altura, casi cien de anchura y un caudal medio que ronda los doscientos metros cúbicos por segundo, con picos que en condiciones extremas superan los mil quinientos. Es la más caudalosa de Europa, y así aparece en mi clasificación de las cascadas de Islandia. Pero lo que más descoloca es el color. El agua no es blanca ni transparente: llega gris, turbia, cargada del sedimento que el río arrastra desde el interior del país. No es suciedad, es el Vatnajökull deshecho y en movimiento hacia el mar.

Calcula entre cuarenta minutos y una hora para la visita desde el aparcamiento, contando el paseo de ida y vuelta y el tiempo que uno se queda mirando, que siempre es más del previsto. El aparcamiento ha sido tradicionalmente gratuito en ambas orillas, con aseos disponibles, aunque cada vez más puntos del país han ido incorporando tarifa, así que conviene comprobarlo en la aplicación Parka antes de ir.

Selfoss: la que casi nadie camina a ver

A pocos minutos caminando aguas arriba desde Dettifoss está Selfoss, y la mayoría de los visitantes se marcha sin verla. Es un error fácil de evitar. El contraste entre las dos hermanas es inmediato: Selfoss tiene mucha menos altura y muchísima más anchura, con el agua desplegándose en una línea larga y quebrada antes de caer. Si Dettifoss impresiona por potencia bruta, Selfoss lo hace por la forma en que se extiende a lo ancho del cañón.

Aguas abajo, en la otra dirección, está Hafragilsfoss, menos visitada todavía y visible desde miradores en ambas orillas. Con las tres se completa la idea de lo que este río hace con la roca a lo largo de unos pocos kilómetros.

Cómo ir de Dettifoss a Vesturdalur sin cometer mi error

Este es el consejo más valioso del artículo y lo cuento porque lo hice mal. Para continuar hacia el norte, hacia Vesturdalur y Ásbyrgi, hay dos opciones: seguir por la pista de grava del lado este, que parece un atajo evidente en el mapa, o volver a la Ruta 1 y rodear por asfalto, lo que supone sumar unos ochenta kilómetros.

Yo tomé el atajo con un utilitario pequeño. Poco más de veinte kilómetros que tardé casi una hora, avanzando a velocidades que no habrían avergonzado a un ciclista en cuesta, con curvas ciegas, tierra suelta y el fondo del coche tocando piedra en varios puntos. El coche aguantó y no hubo daños visibles, pero el nivel de concentración sostenida durante una hora al volante de aquello tiene un coste, y ese coste lo pagué en la parada siguiente: llegué a Hljóðaklettar tan tenso que me moví por el sendero con la cabeza en otro sitio y no disfruté un lugar objetivamente hermoso.

Ochenta kilómetros de asfalto se hacen en poco más de una hora, sin desgaste mecánico, sin riesgo y llegando en condiciones de mirar las cosas. La aritmética es clara. Rodea.

Vesturdalur: Hljóðaklettar y Rauðhólar

Hljóðaklettar es un campo de formaciones basálticas que el agua y el viento han modelado durante milenios hasta darles perfiles que recuerdan vagamente a animales, arquitecturas y caras. El nombre significa algo así como las rocas del eco, y hay algo en la disposición del espacio que lo justifica: el sonido rebota de una manera peculiar entre las paredes.

Es un sitio que pide calma para recorrerse bien. Los senderos son cortos y no exigentes, pero la gracia está en detenerse a mirar cómo cambian las formas según el ángulo, y eso no se hace con prisa ni con el cuerpo todavía en tensión. Calcula una hora larga.

Un poco más adelante están los Rauðhólar, un conjunto de montículos de tierra roja que interrumpen bruscamente la paleta de grises y verdes del entorno. El contraste de color es tan repentino que parece artificial, como si alguien hubiera pintado esa parte del paisaje con otro pincel. Desde arriba las vistas abarcan buena parte del valle y la combinación de los montículos rojizos con el horizonte oscuro de la lava más allá es de las que hacen parar y no seguir durante un rato.

Ásbyrgi: el cañón en forma de herradura

Ásbyrgi cierra el conjunto por el norte y es completamente distinto a todo lo anterior. Tres kilómetros de largo, un kilómetro de ancho y paredes que suben casi cien metros en vertical, formando una herradura perfecta con un promontorio de roca en el centro. Y dentro, uno de los pocos bosques naturales de Islandia, con abedules que dan una sensación de recogimiento que no existe en ningún otro punto del cañón.

La explicación mitológica es que lo formó el casco de Sleipnir, el caballo de ocho patas de Odín, al tocar tierra. La geológica es bastante más violenta: el cañón fue excavado por inundaciones catastróficas, las llamadas jökulhlaup, hace unos tres mil años, cuando lagos subglaciares del Vatnajökull se vaciaron de golpe y descargaron por este valle un volumen de agua que no tiene equivalente fácil en la escala cotidiana.

Se puede recorrer por la parte baja, entre los árboles y hasta el pequeño estanque del fondo, o subir a la parte alta para ver la herradura desde el borde. Si el tiempo lo permite, merece hacer las dos cosas, porque desde arriba la escala se entiende de otra manera. Hay centro de visitantes, camping y aseos en la zona, lo cual en esta parte del país no es poca cosa.

Cómo organizar la jornada

Este conjunto se hace bien en un día completo, pero conviene decidir desde dónde. Desde el área de Mývatn —cubierta en el itinerario de Mývatn en un día—, Dettifoss está a unos cuarenta minutos por la 862; desde Egilsstaðir, en el este, el trayecto es de aproximadamente dos horas. Húsavík queda al otro extremo, hacia el noroeste, y es la base natural para dormir después: la guía de Húsavík y el avistamiento de ballenas explica cómo no repetir mi error de horarios.

El orden lógico si vienes del sur es Dettifoss y Selfoss por la mañana, cuando hay menos gente, después el regreso a la Ruta 1 y la subida por el asfalto hacia Vesturdalur, con Hljóðaklettar y Rauðhólar a mediodía, y Ásbyrgi por la tarde antes de continuar hacia Húsavík. Es una jornada larga, así que sal pronto.

Un aviso importante de logística: en toda esta zona no hay gasolineras, ni tiendas, ni prácticamente cobertura en algunos tramos. Sal con el depósito lleno desde Reykjahlíð o desde Egilsstaðir, lleva agua y comida y no cuentes con encontrar nada por el camino. Los aseos están en los aparcamientos principales y poco más.

Para quien camine, existe una ruta de senderismo que recorre el cañón entero desde Dettifoss hasta Ásbyrgi en dos jornadas, con pernocta intermedia en Vesturdalur. Es una de las rutas más recomendables del norte del país y requiere planificación previa, permisos de camping y transporte de vuelta organizado.

Cuándo ir

La ventana cómoda va de junio a septiembre, que es cuando ambas carreteras de acceso suelen estar abiertas y los senderos están practicables. En primavera el caudal de Dettifoss es máximo por el deshielo de las tierras altas, lo que da un espectáculo más impresionante a cambio de más incertidumbre en los accesos.

En invierno la zona se complica mucho. La 864 del lado este está cerrada, la 862 del oeste no tiene servicio de mantenimiento entre enero y principios de abril, y los senderos están helados. Se puede visitar con tour guiado en vehículo adecuado, pero no es terreno para improvisar con un coche de alquiler.

En cualquier época, la consulta obligatoria antes de salir es el estado de las carreteras en road.is y el parte en vedur.is. Aquí el tiempo no es un detalle estético: es lo que determina si llegas.

Por qué merece la pena

Después de la costa sur y del Círculo Dorado, esta zona del norte tiene algo que allí se ha perdido: espacio. Puedes estar delante de la cascada más caudalosa de Europa con una docena de personas alrededor, o caminar por Vesturdalur sin cruzarte con nadie durante media hora. Eso ya no ocurre en el sur del país en verano.

Si haces la vuelta completa al anillo —etapa 6 de la carretera del anillo en 10 días—, este tramo es de los que más justifican haber elegido la ruta larga. Y si dispones de dos días en la zona, la combinación de este itinerario con el área de Mývatn y con Húsavík forma lo que la promoción local llama el Círculo del Diamante, que es probablemente la mejor relación entre paisaje y masificación que ofrece hoy Islandia.

Los accesos y condiciones de este artículo están comprobados en 2026, pero las carreteras del norte cambian de estado con la estación y las tarifas de aparcamiento se están revisando en todo el país. Confirma en las fuentes oficiales antes de salir.