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Húsavík y el avistamiento de ballenas: guía práctica del mejor puerto del norte
Húsavík es un pueblo de dos mil quinientos habitantes en la bahía de Skjálfandi con una tasa de avistamiento de ballenas del noventa y siete por ciento acumulada en tres décadas. Es el mejor sitio de Europa para verlas, y también uno de los pocos lugares de Islandia donde uno puede bañarse en agua de mar caliente mirando cómo soplan.
Empiezo por el error, porque es el que quiero que nadie repita. Llegué a Húsavík una tarde después de una jornada larga por el cañón de Jökulsá y Dettifoss, y cuando miré los horarios de las salidas de avistamiento de ballenas las cuentas ya no salían: el último barco había zarpado. Lo había sabido una hora antes, cuando ya no había nada que hacer. Perdí también el museo de cetáceos, que cerraba poco después.
En Húsavík no se improvisa. Los barcos tienen hora de salida fija, se llenan en temporada alta y el pueblo entero funciona alrededor de esos horarios. Con quince minutos de planificación por la mañana, aquella tarde habría sido una de las mejores del viaje. Sin ellos, fue una cena estupenda y poco más.
Este artículo es lo que me habría gustado leer antes de llegar: cuándo ir, qué se ve, cómo son las salidas, qué hacer si el mar está revuelto y qué más ofrece el pueblo, que resulta ser bastante más de lo que su tamaño sugiere.
Por qué Húsavík y no otro sitio¶
La razón está en la bahía. Skjálfandi es amplia, profunda, tiene buena circulación de agua, abrigo natural de los vientos dominantes y poca variación de mareas. Esa combinación crea unas condiciones de alimentación excepcionales, y a ella acuden en verano una docena de especies de cetáceos. El pueblo lleva organizando salidas desde 1995 y ha acumulado en tres décadas una tasa de avistamiento del noventa y siete por ciento; en los meses centrales del verano, la fiabilidad se acerca al noventa y ocho o noventa y nueve por ciento.
Eso no significa garantía. Son animales salvajes y hay días en que no aparecen, pero la probabilidad es lo bastante alta como para que, si el avistamiento de ballenas está en tu lista de Islandia, este sea el sitio donde jugártela y no otro. Se puede hacer también desde Reikiavik o desde Akureyri, pero las tasas de éxito son sensiblemente menores y las salidas de la capital implican navegar bastante para llegar a aguas con menos actividad.
Húsavík está en la costa norte, a unos noventa kilómetros de Akureyri por la Ruta 85, algo menos de una hora y media de coche, y a unos cincuenta minutos del área de Mývatn. Encaja de forma natural en cualquier recorrido por el norte.
Cuándo ir y qué se ve¶
La temporada se extiende aproximadamente de abril a noviembre, con el pico entre junio y agosto. En esos meses hay varias salidas diarias, el mar suele estar más tranquilo y las horas de luz permiten incluso navegaciones nocturnas bajo el sol de medianoche, con barcos que zarpan hasta pasadas las diez de la noche. Fuera de ese periodo la oferta se reduce mucho, aunque algunos operadores mantienen salidas invernales desde otros puntos del norte.
La especie más habitual es el rorcual aliblanco, al que allí llaman minke, seguido del delfín de pico blanco y de la ballena jorobada, que es la que da las escenas más espectaculares porque salta y golpea el agua con la cola. Con suerte pueden aparecer orcas, rorcuales comunes o calderones. Y en junio hay una posibilidad real, aunque baja, de ver ballenas azules, que se alimentan en la bahía en ese periodo concreto: es el animal más grande del planeta y verlo es una lotería que solo se juega ese mes.
Si además te interesan los frailecillos, las colonias están activas hasta mediados de agosto y hay salidas combinadas que incluyen una isla de cría. A partir de esa fecha las aves inician la migración al Atlántico abierto y ya no vuelven a tierra hasta la primavera siguiente.
Cómo son las salidas¶
Hay tres formatos y conviene elegir con criterio. Las salidas tradicionales, de unas tres horas, se hacen en goletas de madera reconvertidas, antiguos barcos de pesca de roble con velas, y son la opción clásica: cómodas, estables, con espacio para moverse por cubierta y con la tripulación explicando lo que se ve. El sistema para señalar los avistamientos es de reloj, con la popa como las doce.
Las salidas en lancha neumática rígida son más cortas, más rápidas y bastante más movidas: llegan antes a las zonas de alimentación y permiten acercarse de otra manera, pero se pasa frío, se salta sobre el oleaje y no son recomendables para quien se marea con facilidad ni para quien viaje con niños pequeños. Y desde hace unos años hay también salidas en barco eléctrico, silenciosas, que tienen la ventaja evidente de no ahuyentar a los animales con el ruido del motor.
En todos los casos los operadores prestan monos térmicos impermeables, que hay que ponerse aunque el día parezca bueno: en el mar del norte de Islandia hace frío incluso en julio y la sensación térmica con el barco en marcha no se parece a la de tierra firme. Lleva gorro, guantes y algo para sujetar la cámara. Si te mareas, toma la pastilla antes de embarcar, no cuando ya notes el movimiento.
Los precios rondan los ochenta a ciento diez euros por adulto según el formato y el operador, y en temporada alta conviene reservar con antelación, sobre todo para las salidas de última hora de la tarde, que son las más solicitadas.
El museo de las ballenas¶
Está en el propio puerto, a dos minutos de donde salen los barcos, y es uno de los mejores museos de cetáceos del mundo, lo cual sorprende bastante en un pueblo de este tamaño. Tiene esqueletos completos colgados del techo, modelos a tamaño real de distintas especies, incluida una ballena azul, y una sección dedicada a la historia de la industria ballenera islandesa con fotografías y testimonios de época.
Se ve en unos cuarenta minutos y funciona muy bien en dos escenarios: como complemento antes de embarcar, porque te da nombres y contexto para lo que vas a ver, o como plan de rescate si la salida se cancela por mal estado del mar, que ocurre con cierta frecuencia. La entrada ronda los quince euros e incluye audioguía.
GeoSea: bañarse en agua de mar caliente¶
Esta es la otra razón para quedarse una noche en Húsavík, y es una de las mejores instalaciones termales del país sin ser de las más conocidas. GeoSea está en lo alto del promontorio, sobre los acantilados que dominan la bahía, y su particularidad es que no usa agua dulce: llena sus piscinas de borde infinito con agua de mar geotermal procedente de perforaciones, mantenida entre treinta y ocho y treinta y nueve grados y sin ningún tratamiento químico.
El origen de la instalación tiene su gracia. Los vecinos descubrieron que el agua geotermal de la zona era demasiado salina para calentar viviendas, y en lugar de desaprovecharla montaron esto. Abrió como instalación moderna en 2018 y hoy funciona todos los días del año, con horarios que en verano se extienden hasta medianoche y en invierno van de mediodía a las diez de la noche.
La entrada de adulto cuesta unas 7.490 coronas, algo más de cincuenta euros, con tarifas reducidas para estudiantes, mayores y personas con discapacidad, unas 3.990 para niños de seis a dieciséis años y gratis para los menores de cinco. Incluye vestuarios, duchas, artículos de aseo y taquillas, el aparcamiento es gratuito y el aforo está limitado a unas ciento sesenta personas, así que en verano conviene reservar.
Lo mejor no es el agua sino lo que se ve desde ella. En verano se avistan jorobadas y rorcuales desde las propias piscinas —hay prismáticos disponibles— y en invierno es un mirador de auroras boreales de primer nivel, con el cielo oscuro del norte y sin contaminación lumínica. Y aquí aplica la norma islandesa de siempre: ducha desnudo y con jabón antes de entrar al agua, obligatoria y supervisada.
El pueblo, y dónde comer¶
Húsavík es pequeño y se recorre entero a pie en veinte minutos. El puerto está en el centro, con los barcos de avistamiento amarrados, y desde ahí todo queda cerca: el museo a dos minutos, la iglesia a tres, los restaurantes a cinco y GeoSea a un cuarto de hora andando cuesta arriba. La iglesia de madera, de principios del siglo XX, es una de las más bonitas del país y no se parece a las iglesias islandesas de hormigón que uno ve por todas partes; tiene su sitio en mi recorrido por las iglesias de Islandia.
Para comer, la recomendación es sencilla: pregunta en tu alojamiento. La mejor comida que hicimos en todo el viaje por Islandia fue en un restaurante del puerto que nos recomendó el personal del sitio donde dormíamos, un local sin carta fija que sirve exclusivamente lo que se ha pescado ese día. Esa fórmula, que en el norte de Islandia no es rara, da resultados muy por encima de lo que sugiere el precio. Se paga con tarjeta en todo el pueblo, incluidos museos y taquillas de los barcos.
Consejos prácticos para no repetir mi error¶
Mira los horarios de las salidas la mañana del día en que vas a llegar, no cuando aparques. Los operadores publican las franjas en sus webs y, si el mar se pone feo, cancelan o reprograman, así que conviene tener una alternativa mental preparada.
Reserva con antelación entre junio y agosto, especialmente las salidas de tarde y las combinadas con frailecillos. Calcula tres horas para la navegación tradicional más una hora larga para vestirte, embarcar y desembarcar, y no encadenes nada inmediatamente después.
Si el mar está demasiado movido y cancelan, el plan B está a dos minutos: museo, GeoSea y un paseo por el puerto llenan la tarde sin problema. Y si vienes desde el cañón de Jökulsá o desde Mývatn, calcula el tiempo de conducción por lo alto, porque en esa zona los desvíos comen más reloj del que parece en el mapa.
Cómo encaja en un itinerario más amplio¶
Húsavík es uno de los cuatro vértices del llamado Círculo del Diamante, junto con el área de Mývatn, Dettifoss y el cañón de Ásbyrgi. Con dos días bien repartidos se cubre el conjunto: una jornada para Mývatn y sus campos geotérmicos, otra para el cañón, y Húsavík como base para dormir y para meter la salida de ballenas en la tarde o a primera hora de la mañana.
Si haces la vuelta completa por la carretera del anillo en 10 días, este es un buen sitio para romper el ritmo. Después de días encadenando cascadas, glaciares y campos de lava, pasar una tarde en un barco mirando el mar y una noche en agua caliente con la bahía delante reajusta el cuerpo antes de seguir hacia el oeste.
Los precios y horarios de este artículo están comprobados en 2026, pero las tarifas se revisan cada temporada y las salidas dependen siempre del estado del mar. Confirma con el operador antes de contar con ello.